Dorian entro en el despacho de Giulietta y se acerco a ella.- ¿Querías algo?
- Si, por favor, ve a entregar estas cartas. -Contesto la cainita sin levantar la mirada de lo que estaba escribiendo.
- Creía que te había creado una cuenta de correo precisamente para ahórrame estos viajecitos estúpidos.
- No son unas simples cartas y quiero que las entregues en mano, ¿acaso tendría que darte alguna explicación mas?
La mujer dejo de escribir y miro a Dorian con seriedad y algo de enfado.
- No estamos de muy buen humor esta noche, ¿eh?.
Cogió las cartas y se dirigió a la salida.
- Sabes que hare todo lo que me pidas, así que no te enfades conmigo. - Fueron sus últimas palabras antes de abandonar la estancia.
Giulietta siguió escribiendo, las cartas estaban en camino, ahora solo faltaba ultimar los detalles de la dichosa fiesta...
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Dorian (hasta los cojones de ir de un lado para otro repartiendo cartas cual Isabel Gemio), se detuvo (otra vez) ante las puertas de La Salle (otra vez), y llamo a la puerta (otra vez), esperando a que su "compañero de fatigas" Ambrosio le abriera (otra vez).
Ambrosio estaba tan hasta la polla de la puerta que estaba pensando en algún sistema para evitar este trajín continuo.
Abrió la mirilla y al ver quién era, abrió la puerta.
- Que... una noche movidita no? Anda que si no fuera por nosotros...
Dorian suspiro.
- Ya ves, parece que no tienen piernas... En fin, cartita para el señorito de la señorita. Le tendió la carta a Ambrosio (otra vez).
“Estimado Vladimir, la fiesta tendrá lugar el XX de XXXXX en la gran sala del Castillo de Santiago, cuento con vuestra presencia, así que no me falléis. Estoy segura de que será de vuestro agrado y que tendremos una fantástica velada.
También os he mandado un correo electrónico donde os pongo al día de los pormenores de la noche.
Atentamente: Giulietta Strozzi.”
La carta estaba escrita en un papel antiguo pero bien conservado, el texto escrito en tinta roja (o tal vez sangre). Ambrosio entregó la carta a su señor, que la leyó y archivó convenientemente.
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Dorian bajo del coche en el Jardín Botánico, llevaba la carta destinada a la Príncipe en el bolsillo interior de su abrigo. Bueno... a ver si encuentro a esta, le doy a carta y me largo de aquí de una vez, que esto de hacer de cartero no va conmigo....
Dorian se adentro en el jardín, caminaba sin saber exactamente a donde iba, pero tampoco tenía prisa, así que se lo tomo con calma.
Un viejo estaba entre los jardines, con una pica recogiendo papeles y diversas basuras del suelo. Para ser tan grande, el sitio estaba muy limpio. Miró con curiosidad al recién llegado y se dispuso a darle la bienvenida. Soltó sus aperos a un lado y se acercó educadamente a él:
- Buenas noches, ¿Qué desea, joven?-
- Hola, tan solo estoy esperando a una persona que me han dicho frecuenta estoy jardines.
- Bueno, pues puede esperar bastante, ya que la única persona que frecuenta estos jardines soy yo - La pronunciación del viejo era clara, salvó cuando remarcó la palabra persona con cierto miedo y asco a la vez-.
Volvió a recoger sus aperos y siguió trabajando mientras con la mirada curioseaba y examinaba al maleducado chico recién llegado que ni siquiera se había presentado.
A Dorian no le paso inadvertida la actitud del viejo, Marian no debería andar muy lejos... Dorian continúo paseando por el jardín.
Una joven estaba sentada en un banco frente a una pequeña fuente. Disfrutaba con el agua mientras la veía caer y salpicar. Disfrutaba y bastante de aquel placentero y tranquilo sitio. Escuchó los pasos del joven y levantó la mirada hacia él:
- Buenas tardes - Le dijo con seductora y dulce voz -.
Dorian estaba más que acostumbrado a la actitud provocadora de las vampiras, al fin y al cabo llevaba mucho tiempo viviendo con Giulietta y prácticamente se había hecho inmune, además de que tenía sus propios intereses...
- Buenas noches señorita, intuyo que es usted Marian, ¿me verdad?
Miró curiosa y divertida al recién llegado, parecía bastante torpe.
- Sí, intuye bien, ¿que desea?, señor. . . Creo que no se me ha presentado, ¿verdad? -.
- Me llamo Dorian, vengo a entregarle una carta de parte de mi señora, Giulietta Strozzi. Es posible que aun no sepa quién es, acaba de llegar a la ciudad.
Dorian saco el sobre del bolsillo interior de la chaqueta y se lo entrego con seguridad a la cainita. Giulietta le había enseñado como tratar con los d su especie.
- No, realmente no conozco a su señora, espero conocerla próximamente. Puede que resulte tan interesante como vos, caballero
Tomó el sobre con un elegante gesto y lo leyó con cierta cara de indiferencia. Miró de nuevo al joven, sin levantarse aún de su asiento.
- ¿Es hermosa vuestra señora? -
Dorian arqueo una ceja extrañado ante la pregunta de la mujer, pero en ningún momento se ruborizo ni mostro nerviosismo alguno.
- Hay algo en ella que no la hace pasar desapercibida, se mueve con gran elegancia y su voz... tiene una voz muy bella, así que si podríamos decir que sí.
- Es distinto que sea hermosa a que os parezca hermosa, ¿qué os parece a vos? - Miró con cada vez mayor curiosidad a su interlocutor - ¿Os resulta educada y refinada?-.
Dorian empezaba a estar un poco harto del interrogatorio de tercer grado al que el príncipe le estaba sometiendo, pero guardo la compostura y permaneció tranquilo.
- Solo puedo deciros lo que a mí me parece, pero si tan interesada estáis en el aspecto de mi señora ¿porque no acudís a la fiesta y lo comprobáis por vos misma?
- Sí, probablemente acuda, pero quería saber qué opinaba uno de sus perros lacayos acerca de ella. . .
Las palabras salieron de manera acusatoria y violenta de su boca, parecían más escupidas que habladas.
- Podéis marchar si queréis, a menos que tengáis algo más, interesante claro, que decirme
Dorian sonrió hacia sus adentros, lo que exteriormente resultó ser una cínica sonrisa, inclinó levente la cabeza, dio media vuelta hacia a la salida.
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Ahora tocaba ir a la zona independiente de la ciudad, a Bajo de Guía.
Dorian se acerco a las puertas de la mansión, debe de ser aquí, pensó, a ver si termino rápido, esto de hacer se chico de los recados es un coñazo.. Llamo al timbre.
El ama de llaves, después de su roce con Martin fue apresurada a la puerta y por el telefonillo:
- Si, quien es.
- Buenas noches, traigo una carta urgente para la Señorita Nefer.
- Oh, sí.
Se abrieron las puertas y salió la mujer.
- ¿Desea dársela en mano? o si no yo puedo entregársela, es que la señora ahora mismo está ocupada.
- Lo cierto es que me han pedido que la entregue en mano, así que si la señorita Nefer está ocupada puedo volver más tarde o si no es inconveniente esperar aquí
Dorian ofreció a la mujer una encantadora sonrisa.
- No, pase no creo que se moleste si es algo importante.
Hizo un gesto para que el caballero entrase y lo dirigió al gran salón donde se encontraba la anfitriona.
- Muchas gracias. Dorian siguió a la mujer y espero de pie en la sala, nunca te sientes hasta que te lo ofrezcan recordó.
Al entrar en la sala, ves a una mujer junto a la chimenea bajo un cuadro impresionante, vestida con un elegante traje de chaqueta rojo, frente a ella y de espaldas a ti un hombre.
- Eva - dijo en un tono de voz en el que la mujer ya sabía que no había hecho lo correcto.
- El caballero le trae una carta, que debe darle en mano.
- Este bien, espera junto a la puerta.
Ahora la setita miro a Dorian, le gustó, era un hombre atractivo.
- Perdone, ¿que deseaba señor?....
Dorian dio un paso al frente pero guardo las distancias, hizo una leve inclinación de cabeza y se dirigió a la cainita mirándola fijamente a los ojos.
- Mi nombre es Dorian. Siento haberla importunado. Traigo esta carta para usted de parte de mi señora Giulietta Strozzi.
Extendió la mano con la carta dirigida a la vampira.
- Giulietta Strozzi, no me suena.
Alargó la mano y tomo la carta.
- Gracias.
La abrió y sacó el contenido leyendo minuciosamente las palabras que contenía la carta de aquella desconocida.
“Mi nombre es Giulietta Strozzi, soy una recién llegada en la ciudad, y con la intención de darme a conocer entre los cainitas que aquí habitan, he organizado una fiesta en mi nueva residencia, el Castillo de Santiago, dicha fiesta tendrá lugar el XX del XX, y por supuesto vos estáis invitada.
Espero veros allí.
Atentamente: Giulietta Strozzi”
- Decidle a vuestra anfitriona que asistiré gustosa a su fiesta, y que agradezco su invitación. Además si puedo hacer algo por ella solo tiene que decirlo.
Soltó la carta y el sobre encima de la mesa.
- Muchas gracias señorita Nefer. Ahora si me disculpa no quisiera hacerla perder más tiempo, siento la interrupción. Volvió a inclinar la cabeza y se dirigió a la salida. Antes de salir giro y se digirió a la mujer:
- Nos veremos en la fiesta.
- Eso espero.
Dorian salió y una vez en la calle se dirigió al Palacio de Medina Sidonia última parada del tren cartero, piiiiiii piiiiiii piiiiiiiiiiiiiiiiiii, allí se dirigió.
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Dorian se acerca a las puertas de la cafetería, por fin, el ultimo, a ver si esta la entrego rapidito y me largo d una vez pensaba Dorian mientras se acercaba a las puertas del palacio.
En las puertas de palacio, sentado contemplando las estrellas, se encontraba Gaeth, cuando el hombre apareció por allí. El elegante sobre que tenía en la mano solo podía ser para él.
Estiro la mano en gesto de coger el sobre.
Tras leer su contenido, miro al joven, y se quito la pipa de la boca.
- Allí estaré.
Dorian dio media vuelta y entró en el coche. ¡Así me gusta! rápido y directo para no hacerme perder el tiempo, y volvió al castillo de Santiago.
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Dorian entro al despacho y se sentó sobre el brazo del sillón sobre el cual se encontraba Giulietta leyendo un libro, aunque esta no prestó atención al joven hasta unos segundos después, cuando coloco la marca páginas en el libro y lo cerró.
- ¿Y bien? pregunto la mujer.
- Las cartas ya están entregadas contesto el joven.
- Gracias, ahora cuéntame, ¿que opinión te merecen sus destinatarios?
- Bueno... - Dorian se recostó un poco sobre el respaldo libre del gran sillón y se puso las manos tras la cabeza... - La primera carta que entregue fue la del arzobispo.
- No hace falta que me digas nada sobre "esa carta", sabes de sobra que te estoy preguntando por las otras 3.
- Seguidamente fui al Jardín Botánico donde entregue la carta a "Príncipe", me pregunto que si eras hermosa - Dorian hablaba con toda naturalidad.
- Extraña pregunta.
- Tras decirle lo que pensaba, le pregunte que para que quería saberlo, su respuesta fue algo así como "solo quería saber lo que su perro lacayo opinaba de su ama" - dijo imitando la voz de Marian - en fin, una mujer extraña, no me gusta, puede que sea la Príncipe y todo eso, pero aun así podría guardar la compostura y ser educada con aquellos que la tratan correctamente y ...
- Dorian, - Giulietta corto al joven antes de que empezara a desviarse del tema como de costumbre. - No sé porque estas tan sorprendido, no podrías esperar un trato mejor yendo de parte de quien ibas... bueno, ¿y las otras 2?
- Luego fui a la Mansión de la señorita Nefer en Bajo de Guía, parece simpática, tampoco pude hablar mucho con ella porque cuando llegue estaba con otra sanguijuela, así que para no molestar entregue la carta y me fui a mi último destino, la cafetería de la herencia, donde Gaeth simplemente cogió la carta, la leyó y dijo que vendría. Eso es todo.
- Bien, muchas gracias, puedes retirarte, todo está listo para la fiesta, así que puedes hacer lo que te plazca hasta entonces.
- ¡Por fin! ya era hora de un descansito
- Deja de quejarte y desaparece de mi vista. - Respondió la cainita entre risas mientras recogía el libro que tenía sobre la mesa.
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Un anuncio por palabras, escondido en lo mas profundo del periodico, perdido entre las paginas de economia, reza asi:
Giulietta Strozzi se complace en invitar a todos los cainitas de la ciudad a su presentacion en sociedad asi como la de la remodelacion que ha realizado en el Castillo de Santiago. Aseguramos una velada agradable y selecta, dada la asistencia de cainitas locales de renombre, como el Arzobispo. Se ruega etiqueta o media etiqueta.
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