viernes, 29 de abril de 2005

Horror en las Profundidades XIV: Homo Chiroptera


Dorian pasó todo el día en la obra que se había montado ante el lugar de la excavación, había alquilado una excavadora y contratado a seis hombres para que despejaran la entrada de la cueva, según le habían asegurado a última hora de la tarde la cueva sería totalmente accesible.

A media mañana, mientras los obreros continuaban con su trabajo Dorian salió con el coche a comprar algunas cosillas que vendrían bien para la noche, algo en lo que no había pensado antes.

Cuando volvió todo iba mejor de lo esperado, al parecer los hombres estaban poniendo todo su empeño en terminar lo antes posible, menos mal, pensó el joven, con lo que les voy a pagar bien lo merece... A las 7 de la tarde los obreros habían terminado el trabajo, la entrada a la cueva estaba totalmente despejada.

Dorian volvió al castillo y aprovechó para dormir un par de horas antes de que Giulietta despertara, intuía que iba a ser una noche muuuuuuuy larga.

Una vez se hubo ocultado el último rayo de sol del dia Giulietta abrió los ojos, ha llegado la hora.

Se vistió rápidamente y bajó a buscar a Dorian, que ya estaba cargado las mochilas en la furgoneta.

- Buenas noches... parece que está todo listo - dijo satisfecha la cainita - ¿y la entrada de la cueva? ¿esta...?

- Si, totalmente accesible y despejada.

- Buen trabajo Dorian - la noche empezaba muy bien para Giulietta.

Montarón en la furgoneta y Dorian condujo hacia la excavación, aparcando en las inmediaciones de la misma.

- Por cierto - comentó mientras caminaban hacía la entrada - te he traido dos dagas y otro estoque, y aunque las dagas son de plata el estoque no lo es...

- Perfecto, aunque lo cierto es que ayer encontre la daga y estoque que perdí... bueno, el estoque necesitará una repación profunda... gracias por traerme repuestos - guiñó un ojo a Dorian.

- Y tengo algo más que te va a gustar - al llegar a la entrada de la cueva Dorian se agachó y abrió la bolsa de deportes que traía en la mano, le dio a Giulietta las dagas y el estoque, dosis de sangre, bengalas y tubos de luz. También sacó un extraño rollo de cuerda unido a lo que parecía una bateria, colocó el rollo y la bateria entre piedras para protegerlo, cogió un extremo de la cuerda y se la enganchó a un pequeño artilugio del cinturón. - Este es un cable de fibra óptica, muy resistente y ligero, iremos dejándolo a nuestro paso para marcar el camino. - dijo satisfecho el joven.

Giulietta le abrazó con una sonrisa. Se puso en pie sin decir nada, guardó todo lo que Dorian le había dado e inició la marcha.


En las profundidades de la tierra, Vlad despertaba. Sus heridas estaban completamente curadas. Pero tenía hambre. Muchísima hambre. Antes de que pasara más tiempo, decidió poner en marcha su plan. Si queria salir de alli, tendria que matar a la bestia en la sala abovedada. No podia arriesgarse a ser a sorprendido en la oscuridad de la laberíntica galería. Recogió el cuaderno de Miguel, su mechero, la mochila, y se tiró al agua.


En cuanto se hubieron internado en la cueva tuvieron que encender las pequeñas lámparas halógenas. Giulietta caminaba lentamente mirando todo lo que tenía alrededor, Dorian caminaba a su derecha un par de pasos por detrás, sujetando la lámpara con una mano y palpando con la otra la funda de la desert eagle.



Vladimir salió del agua al otro lado, silenciosamente, y se cercioró de que el hombre-murciélago no estaba por allí. Con los pies cubiertos unicamente por el neopreno, para hacer menos ruido, se dirigió al centro de la bóveda.



Cerca de una de las paredes Giulietta encontró unos viales vacíos, una piqueta rota y objetos totalmente chamuscados e inservibles.

- Esto era parte de nuestros equipos, y este sin duda era de Vlad - dijo cogiendo uno de los viales - son como las unidades de plasmas que me dio. - Esta vivo, y está aquí, rió para sí misma. - Sigamos.

Unos metros más adelante Dorian le mostró a Giulietta un reloj de pulsera, que encontró en el suelo, posiblemente fuera de Vlad.


Se quitó la parte superior del traje de neopreno, y la dejó en el suelo. Dejó también las botas y la mochila. Conservó las estacas de su brazo izquierdo. Ató la cuerda a los garfios de escalada y a una de las estacas de su brazo, y se puso la cuerda cruzaada alrededor del torso, como una bandolera. Se miró una de las muñecas, y la mordió hasta que brotó la sangre. Dejó que un abundante chorro bañara sus botas y el neopreno. Cerro la herida con saliva. Estaba tremendamente hambriento. Casi le costaba pensar con racionalidad. Para terminar de poner el cebo. Cogió varias piedras del suelo, las lanzó con fuerza hacia el agujero de la pared, y gritó varias veces. Salió corriendo, y se refugió en el hueco donde durmiera dos noches atrás.


Continuaron andando hasta llegar a una pendiente no demasiado pronunciada que descendieron con cautela, según andaban el techo no hacía más que bajar, tras un acusado descenso llegaron hasta una estrecha grieta, por la que solo podrían pasar arrastrándose por el suelo. Giulietta miró la estrecha entrada con aprensión, acto seguido a miró a Dorian.

El joven se quitó la mochila y se tumbó en el suelo boca abajo, a pesar de entrar muy justo en el agujero el mortal se movía con habilidad y llegó al otro lado sin dificultad.

- Pásame la mochila - así lo hizo la cainita - ahora tumbate y estira los brazos hacia mí - Dorian estiró los brazos al interior de la grieta, Giulietta se tumbó en el suelo y entiró los brazos, pero había demasiada distancia entre ambos, no le quedó más remedio que reptar hasta él, afortunadamente el hueco no era demasiado pequeño para ella y podía moverse sin demasiada dificultad, cuando Dorian sintió sus manos tiró de ella con ciudado. Una vez fuera, la lasombra se pusó en pie y se sacudió el traje de neopreno, de forma más maniática que práctica, maldito sea, ¿no podía esperar en la entrada como la gente normal?

Continuaron agachados por la galería, había agua en el suelo, cada vez más, como un pequeño riachuelo subterráneo. Llegaron hasta una especie de galeria que se separaba en dos caminos.

- ¿Y ahora? - preguntó Dorian.

Giulietta miró a su alrededor, estaba segura de que el equipo que habían encontrado en la entrada era de Vlad, aunque de lo que no estaba tan segura era de si se le habría ocurrido dejarle alguna pista... o simplemente se había deshecho del equipo inservible.

- Por aquí - dijo con decisión la cainita señalando el túnel de la derecha.

- ¿Qué te hace estar tan segura? - preguntó extrañado Dorian. La respuesta de Giulietta se limitó a señalarle una pequeña flecha roja pintada en el suelo, que marcaba el túnel por el que ahora se adentraba la mujer.


Pasaron varios minutos de tensa espera, hasta que Vlad escuchó uno de los peculiares gritos del hombre murciélago. Ya viene, pensó. Al poco, agudizó el oido, escuchó un sonido de algo arrastrandose, y ¿pasos? ¿voces? Pensó que el hambre le jugaba una mala pasada. Al poco, vio que la criatura salia por el agujero. Se incorporó y olisqueo el aire, emitiendo otro chirrido al poco. Caminando, y parando cada poco para olisquear el aire, acabó por dirigirse hacia la trampa. En ese momento, y tras concentrarse para invocar el poder de la sangre Vlad salió de su escondite a toda velocidad, cogiendo la cuerda.

Justo cuando el monstruo dejó de lamer la sangre del suelo al darse cuenta de que el vampiro corria hacia él, este salto sobre su espalda. Dio varias vueltas a la cuerda alrededor del cuello de la bestia, tirando con todas sus fuerzas. Mientras la bestia se revolvía, Vlad cogio con la mano derecha la estaca atada a la cuerda, y la clavó en el cuello de su adversario, que gritó de dolor.


Continuaron caminando por la gruta, cada vez que llegaban a una bifurcación o encrucijada encontraban una sangrienta flecha que les marcaba el camino. De repente, Giulietta escucho unos chasquidos. El intercominicador que le dio Vlad recibía señal. Lo cogió rápidamente y dijo varias veces el nombre del vampiro, pero solo podía oir gruñidos y gritos. La vampiresa echó a correr, seguida por Dorian.


Vladímir notó que el auricular sonaba, pero estaba demasiado concentrado en mantener la cuerda tensa alrededor del cuello de la bestia. Ésta se agitó de un lado a otro, consiguiendo tirar al vampiro, que no soltó la cuerda. Este se levantó de un salto, y tiró de la cuerda con todas sus fuerzas, mientras se movia buscando la espalda de la criatura.

Por desgracia, para poder mantener la presa sobre la garganta del monstruo, tenia que estar cerca de él. Con una estaca en la mano, y manejando la cuerda, consiguió esquivar un par de zarpazos, pero su agilidad estaba mermada por la falta de sangre. La bestia volvió a lanzar sus garras, que consiguieron herirle de lleno en el pecho, haciendo brotar la sangre. De repente, toda la visión de Vladímir se tió de rojo.


Giulietta y Dorian al avanzar por el pasillo creyeron oir algo, la mujer aceleró el ritmo, seguida de Dorian llegaron a una bóveda iluminada con una mortecina luz azul. En el centro pudieron ver, en penumbra, una mole oscura revolviendose y chillando, frente a una figura humana que rugió poderosamente, y se abalanzó sobre la bestia.

La lasombra paró en seco al entrar en la sala y complemplar la grotesca escena, como si fuera una simple espectadora se acercó perpleja a las figuras combatientes.

Giulietta observó como Vladímir hundía la estaca en el pecho de la criatura con fuerza inhumana, pero la estaca se partió, no llegando a clavarse completamente. La bestia rugió, apartando al vampiro con su poderoso brazo.

Ahora podía reconocer a la bestia con la que se enfrentaba Vladimir... no puede ser... una sola palabra salió de su boca...

- Nictucu... - hasta que no dijo el nombre de la criatura en voz alta no fue enteramente consciente de la situación en la que se encontraba y del peligro que corría el malkvian. Momentáneamente el pánico hizo presa de ella obligándola a gritar.

Craso error atraer la atención de un vampiro en frenesí. El vampiro la miró por un instante, suficiente momento de despiste para que la bestia le embistiera y le mordiera entre el cuello y el hombro.

El vampiro rugió hasta desencajarse la mandíbula, golpeando, pateando al monstruo. Cogió una de las estacas de su pierna, y la clavó en el vientre de su adversario, que solto la presa de su boca lo suficiente para que el vampiro pudiera meter la mano, y clavandose los colmillos de la criatura, separar sus mandíbulas. La criatura, que le golpeaba con sus zarpas, provocandole numerosos cortes, no pudo evitar que el vampiro le mordiera el cuello.

Dorian no movió ni un músculo, jamás había visto una criatura como aquella... no fue capaz de reaccionar hasta que vió a Giulietta corriendo al centro de la sala... hacia ellos con una daga en cada mano, seguida por una abrumadora masa de oscuridad, inquieta y agresiva, como fuego negro. La oscuridad comenzó a envolverla según avanzaba, cuatro brazos de sombras le surgieron del torso y el abdomen, al igual que dos noches antes antes, la vampira realizó lo que sus congéneres habían bautizado como metamorfosis negra, solo que esta vez, estaba preparada. La mujer pareció duplicar su tamaño a causa del efecto creado por las sombras que ahora cubrían casi todo su cuerpo.

¡NOOO! estaba bebiendo su sangre, no debía beber su sangre, nunca bebas su sangre...

La tóxica sangre del monstruo le supo a gloria, hasta que empezó a sentir el picor y el ardor por debajo de su piel. Notaba arder su cerebro, y las voces de su interior gritaban de dolor. La criatura seguía gritando y revolviendose, sin poder sacudirse a la sanguijuela, que seguía bebiendo ansiosamente, arrancando la carne con los dientes y la mano libre para que el flujo de sangre fuera mayor. Seguía lacerando su cuerpo con las zarpas, la espalda del vampiro era una pulpa sanguinolenta. Se sentía mas fuerte, con los sentidos amplificados. Tan fuerte que no sentía el dolor de los colmillos de la bestia clavados en su mano. Siguió empujando. Los colmillos atravesaban su mano. Siguió empujando. *CRACK* La bestia cayó al suelo de lado, con el cuello doblado hacia atrás de forma antinatural. Vlad siguió encima, saciándose. Giulietta pudo ver como de los hombros y omoplatos del vampiro surgían pequeñas puntas de hueso, el vampiro parecía tener zarpas en lugar de manos humanas.

Giulietta no había llegado a tiempo para impedir que Vladimir se alimentara del nictucu y ahora... ¿que le ha ocurrido? Vladimir había mutado, su aspecto era casi diabólico, como si su alama se hubiera desprendido de la poca humanidad que pudiera tener, practicamente era una bestia...

En ese momento oyó el sonido de algo grande que cayendo al suelo, y un grito. Había otra criatura en la sala.

¡Dorian!

Al girarse vió a otra de aquellas criaturas caer a escasos metros del humano que desenfundaba el subfusil dispuesto a disparar al monstruo. Giulietta sabía que si lo hacía sería su final, así que gritó, más que un grito fue un aullido lo que salió de la oscuridad donde debía estar su boca, la voz ni se parecía a la suya propia, era gutural, oscura, inhumana. Y fue más que suficiente para desvíar la atención del nictucu hacia ella.

El monstruo inició la carrera hacia la figura de sombras, que a su vez comenzó a correr hacia su objetivo, los brazos sombrios perdieron grosor para aumentar su longitud, se situaron frente a Giulietta, totalmente estirados. Estaban a punto de enzarzarse en lo que hubiera supuesto la muerte para la vampira cuando los sombríos brazos se aferraron al suelo, la mujer saltó por encima del monstruo clavando ambas dagas en su espalda. Los brazos permanecieron agarrados al suelo hasta que la mujer volvió a pisar firme reanudando la carrera en la misma dirección en la que la había iniciado. El nictucu chilló furioso hacia la masa de sombras que ahora se alejaba de él.

- ¡Dispara Dorian! - el joven no puedo reconocer la voz de su señora en aquellas palabras, pero no dudo en hacer caso e iniciar una ráfaga de disparos sobre la criatura, que recibió los impactos en uno de sus costados, tambaleándose mientras se giraba hacia el humano.

Vladímir ya habia agotado toda la sangre de su enemigo. Se incorporó, rugiendo de dolor. Su cabeza iba a estallar. Las Voces giraban y gritaban alrededor de él, descomponiéndose, fusionandose, creando nuevas personalidades, nuevos seres, nuevas víctimas. Sus oidos restallaban con sus alaridos, y sus propios gritos. Se llevó las manos a la cabeza, como intentando sacarse su propio cerebro. Se hirió a sí mismo, clavandose las uñas, y bajándo hasta la mandíbula. Seguía tambaleándose de un lado a otro. Aún tenía hambre. Su sangre ardía. Sangraba por la nariz y los oidos. Vio las estalacticas y estalagmitas fusionarse en un caleidoscopio de sonidos, luces y chispas de colores. Se tapo los ojos con las palmas.

¡Sí, sí! ¡Los numeros cuadraban! Había tantas estalacticas como estalagmitas! El orden perfecto del universo desvelaba sus secretos ante él, abriéndose como una flor, ofreciendo sabiduria y terroríficas revelaciones en cada pétalo. Los pétalos exteriores eran asumibles, datos que habia barajado durante mucho tiempo, pero que ahora cobraban sentido real, y le llevaban a la siguiente capa de pétalos, cuyas verdades eran aún más terribles, y antes de que pudiera digerir el dolor y la locura que entrañaban esos conocimientos, le llevaban a la siguiente capa.

Demasiado dolor, necesitaba alimentarse. Sí, sí, la sangre me calmará. Solo necesito sangre para salir de este estado. Vió tres figuras, y reconoció a su adversario entre una de ellas. El Homo Chiroptera, aquello en lo que no debía convertirse. La imagen viva de lo que era.
¡No puedes convertirte en eso! Rugiendo encolerizado para acallar las Voces, corrió, saltando sobre la criatura. Con las garras abrió su cuello, y hundio su cara en el para seguir bebiendo. Su cuerpo seguía ardiendo, pero el beber le reconfortaba. Tenía espasmos, le doĺía todo el cuerpo, pero no podía dejar de beber.

Giulietta fue sorprendida por la rapidez del vástago, una masa sanguinolentea temblorosa casi más aterradora que la de la bestia de la que se alimentaba. Estaba deformado. Unas manos enormes, y una espalda anormalmente ancha. De sus hombros, cuello, omoplatos y espina dorsal emergían unas afiladas puntas de hueso de un dedo de largo. Giulietta no podía creer lo que veían sus ojos, Vladimir mutaba y se transformaba ante ella, como un auténtico demonio tzimisce, la lasombra comtemplaba el cuerpo del malkavian con asombro y entusiasmo, era como si un maestro de la vicisitud estuviera trabajando con su cuerpo en aquel mismo instante... las cualidades de la sangre del nictucu eran tan sorprendentes como letales...

No podía permitir que Vladímir siguiera alimentandose del monstruo, pues sabía que su sangre acabaría por consumirlo y matarlo. O quizás sí... Vladimir se acaba de convertir en un sujeto de estudio más que interesante, la admiración de Giulietta por los tzimisce y su habilidad de moldear la carne y el hueso resurgió en su interior, hacía tiempo que no tenía una oportunidad como aquella, además poder estudiar los efectos de la sangre de un ser supuestamente mitológico como un nictucu en un vampiro... y no en uno cualquiera... si no en el mismísimo arzobispo...

Tenía que hacer algo, no podía quedarse esperando a que terminara con la vida del monstruo para que luego arremetiera contra ella, el tiempo apremiaba, miró a su alrededor, Dorian se cubría tras una roca mirando a su señora a la espera de que le diera alguna orden, el mortal no sabía que hacer, estaba totalmente perdido. Vladimir continuaba alimentándose y mutando mientras el nictucu desgarraba su maltrecho cuerpo... no sabía como... miró nuevamente al nictucu y la solución se presentó ante ella... perfecto.

Volvió hacia el monstruo, tanto él como Vlad estaban demasiado ocupados enfrentándose entre ellos como para reparar en la masa de sombra que les acechaba... Giulietta concentró su sangre, las sombras de la estancia parecieron cobrar vida propia, adoptando formas pseudo humanoides comenzaron a arrastrarse como almas en pena hacia los dos monstruos hasta rodearles, en ese momento Giulietta saltó hacía el nictucu, sus sombríos brazos le apresaron con fuerza haciendole una presa de la que dificilmente podría zafarse, arrancó una de las estacas que Vladimir había clavado en su putrefacta carne. En ese momento las sombras que les rodeaban apresaron al malkavian, inmovilizando sus piernas comenzaron a trepar por su cuerpo, Vladimir intentaba inútilmente zafarse de los sombríos espectros, pero era inútil, las sombras de toda la bóveda alimentaban a aquellos seres que le oprimían e inmovilizaban. Las sombras que durante toda la pelea habían formado el nuevo cuerpo de la mujer comenzaron a desprenderse de ella y a reptar hacia el cuerpo del nictuco, Giulietta volvía a tener el aspecto de siempre, con esos fulgurantes ojos verdes mirando a un deformado Vladimir. Cuando las sombras cubrieron por completo el cuerpo del murcielago comenzaron a tirar de él para separarle de los cainitas.

- ¡Acaba con él! - Dorian salió de su cobertura y vació el cargador sobre el moribundo murcielago, que se derrumbó como un cascarón vacío.

Los cuerpos sombríos rodeaban por completo a Vladimir, estaba totalmente a merced de la oscuridad... el vampiro intentaba zafarse gritando y maldiciendo, la lasombra permanecía en pie frente a él.

- ¡VAMOS ZORRA! ¡DAME MUERTE! - increpó el vampiro, mirándola fijamente con odio e ira desde los dos oscuros pozos que eran sus ojos, escupió sangre en su dirección.

La lasombra abrió los ojos desmesuradamente y dió un paso atrás confusa.

- ¡Aprovecha tu oportunidad, sanguijuela! ¡Hazte con el puesto que tan jodidamente ansías! ¡Púdrete tu en este agujero! ¡Hazme libre, y condenate! ¡VAMOS!

Desenvainó el estoque y lo colocó rozando el cuello de Vlad... ¡vamos!

El cainita rugió, y su rugido se tornó grito de dolor, y el dolor en llanto. Los negros ojos se enrojecieron con lágrimas de sangre, mientras miraban a Giulietta implorantes.

- ¡Por favor! ¡No mas dolor, por favor! No te he hecho nada para que me hagas esto. ¡Por favor, GIULIETTA! ¡Tu no puedes hacerme esto! ¡Sabía que vendrías a por nosotros, confiaba en ti! ¡No nos hagas daño, por favor! ¡Tu no!

El cainita sollozó, y su llanto se tornó risa, y después carcajada.

- ¡Son iguales! ¡Son iguales! ¡Hay tantas estalactitas como estalagmitas! ¡Hay las mismas! ¡Porque son iguales! - una tétrica carcajada resonó en toda la bóveda- ¿No lo ves, querida Giu? - parecía que sus ojos iban a salirse de sus órbitas, y sus labios a romperse, de tan desencajado que era su gesto. - ¡Son lo mismo! ¡Todo depende de cómo y desde donde las mires! ¡Una estalactita es una estalagmita si estas colgando del techo! ¡El mismo número! ¡Todas iguales! ¿Concavo y convexo? ¡Lo mismo! ¿Loco, cuerdo? ¡Es exactamente lo mismo! ¿No lo veis? - dijo justo antes de vomitar un chorro de sangre negruzca. La cabeza del cainita quedó colgando, derrotado, sin fuerdas para levantarla.

Con la mano libre Giulietta asió con firmeza la estaca de madera y sin pensárselo dos veces atravesó con ella el pecho de vampiro, alcanzando su corazón. Las sombras desaparecieron y Giulietta cayó al suelo de rodillas, agotada, diminutas gotas de sangre resbalaban por su pálida frente. Vladimir permanecía en pie, con la vampira mirándole fijamente... mirando a esos ojos ahora tan negros como la noche más oscura... se desplomó. La lasombra soltó el estoque y se acercó a él, estaba gravemente herido, no había un palmo de su cuerpo que no estuviera cubierto de cortes y arañazos de los que no paraba de manar la sangre, la mandibula totalmente desencajada mostrando sus afilados colmillos, los ojos abiertos de par en par, tomó una de las manos de Vlad entre las suyas, sus dedos eran ahora garras de hueso, pasó un dedo por la punta, comenzó a sangrar... curioso, se llevó el dedo a la boca para cerrar la herida y continuó mirando el cuerpo del ¿arzobispo?... ya veremos...

Giulietta se quitó la mochila y buscó los viales de vitae que Dorian le había dado, bebió de ellos con avidez, mucho mejor... se puso en pie y se acercó al nictucu, ahora que estaba muerto parecía casi mas terrible que cuando estaba vivo, desenvainó su estoque e hizo un profundísimo corte en su cuello, un icor espeso y negro comenzó a brotar de él, Dorian miraba con asco a la criatura, luego a Vlad y finalmente posó su mirada en Giulietta.

- ¿Y ahora que hacemos?

- Tenemos que salir de aquí, no falta mucho para el amanecer y no pienso arriesgarme a pasar el día aquí abajo. - La mujer cogió al murciélago por las patas arrastrándole hacia su congénere también muerto. - Recoge todo lo que encuentres, tenemos que irnos ya.

Cuando los dos cadáveres estuvieron juntos Giulietta les prendió fuego y volvió hacia Vladimir, concentró su sangre para aumentar su fuerza, se agachó e hizo el ademán de ir a cogerle, pero se quedó unos segundos en cuclillas mirandole... imágenes de Vladimir asaltaron su mente... su primera visita a La Salle... aquel baile tras la fiesta... alimentándose de la joven adolescente en su despacho... los pensamientos de Giulietta estaban plagados de dudas, pero no era el momento de pensar, si no de salir. Tomó al cainita entre sus brazos y con dificultad se puso en pie cargando con él sobre sus hombros, concentró má sangre, y comenzó a desandar el camino que les había llevado hasta allí.

Esta vez era Dorian quien iba en cabeza, alumbrando con la linterna y recogindo el cable que les conduciría a la salida. Fue dificil llegar a la entrada de la cueva, sobretodo volver por aquella estrecha grieta arrastrando a Vladimir entre los dos.

Finalmente llegaron a la salida, montaron en la furgoneta y Dorian condujo hacia el castillo. Faltaba muy poco para el amanecer, menos de un hora, debía darse prisa.

- ¿Qué vas a hacer con él? - preguntó Dorian mientras conducía, a penas habían cruzado una palabra desde que emprendieron el camino de regreso, pero la lasombra se limitó a guardar silencio, no contestó al muchacho, aún no sabía la respuesta a su pregunta.

Al llegar bajaron a Vladimir al sótano, aún con la estaca en el pecho le introdujeron en un polvoriento ataúd de metal, parecía muy viejo pero resistente, una vez cerrado Giulietta cerró la tapa con un candado y colgó la llave en su cuello de una cadena.

- Deberías ir a descansar, el sol está a punto de salir. - Dorian parecía cansado.

- Pasaré el día aquí - dijo moviendo la tapa de un ataúd de madera - y también la noche, cuando salgas quiero que cierres la puerta con llave. Ve a descansar.

Giulietta se tumbó en el ataúd y esperó a oír el pestillo de la puerta antes de cerrar la tapa y desjarse llevar por el sueño diurno.



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