lunes, 18 de abril de 2005

Mudanza al Castillo de Santiago


Giulietta entro con una gran sonrisa en la estancia.

- Dorian, nos mudamos.

- ¿Dorian? - ¿donde se había metido? Entró en la habitación contigua y le encontró rehaciendo el equipaje.

- ¿Como lo sabías? - preguntó sorprendida al joven.

- Jamás dude de que lo conseguirías. Ya está casi todo listo, cuando quieras nos vamos al... Castillo de Santiago, ¿verdad?

- Efectivamente, ahí nos dirigimos.

- Oye, ese sitio es muy grande, no pretenderás que yo...

- Vamos Dorian, claro que no, contrataremos a alguien que lo adecue y servicio, pero tendrás que dirigirles.

- Eso está hecho. - Cogió las pocas maletas que habían subido, unas 5 o 6 (pocas en comparación con el resto del equipaje, sin mencionar el que faltaba por llegar).

Ambos se dirigieron al mostrador de información para avisar que su marcha y pagar su corta estancia.

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Y de esto modo, Dorian y Giulietta llegan al Castillo de Santiago que a partir de ahora será su nueva morada...

- Dorian, para mañana por la noche esto debe parecer un sitio decente, por favor, ponte a ello lo antes posible, es posible que mañana por la mañana lleguen nuestros pintores de Italia, quiero que el castillo esté listo lo antes posible, ya sabes cómo.

- Descuida, yo me encargo.

En poco tiempo Giulietta y Dorian adecentaron el interior del castillo y se instalaron en el.

El Castillo de Santiago, gigantescos y altos muros de piedra se levantan sobre el punto más alto de Sanlúcar para formar el amurallado recinto de nuestro Castillo de Santiago. Gigantescas piedras sobre una ligera colina sita en la parte superior de un alta cuesta. Decenas de minaretes asoman entre los muros exteriores del castillo como ojos escudriñando la noche. Dentro de un amplio patio de armas con una puerta orientada al Este, en la parte superior de la colina, existe un antiguo pozo, comunicado bajo tierra y por pasadizos, con la llamada Casa Rosa, en el otro extremo de la asfaltada calle. Entonces es cuando llegamos a la puerta interior del castillo, de altas paredes de enormes piedras también. Todo un sinfín de pasillos, estancias, recovecos, habitaciones y recamaras se abren en el interior para aquellos avispados ojos que quieran observarlos.

En el interior la entrada es sencilla pero elegante, suelo de madera, un gran espejo con un hermoso marco plateado con diferentes escenas grabadas en el cuelga de una d las paredes, estas pintadas con esponja en distintas tonalidades d pálidos amarillos, las cortinas color gris oscuro de las grandes cristaleras están siempre echadas y una alfombra marrón cruza el suelo hacia una parte más amplia de la estancia donde hay una "improvisada sala de espera" con sofás de cuero marrón oscuro (casi negro) formando un cuadrado abierto.

Mas allá la alfombra lleva a una gruesa puerta finamente tallada con motivos bíblicos (más concretamente como su fuera la puerta del purgatorio). A la derecha un par de altas puertas de caoba con pomos plateados.

Y finalmente al fondo unas escaleras conducen a un segundo piso casi en penumbras.

Tras las puertas del purgatorio una espaciosa sala con las oscuras paredes color piedra prácticamente cubiertas por estanterías repletas de libros de todo tipo y antigüedad y diversos cuadros. Al fondo un cómodo sillón de cuero negro tras un amplio escritorio de robusta madera de roble, ante el cual hay un par de sillas de altos respaldo tapizadas en rojo burdeos. Por toda la estancia hay varios candelabros de extrañas formas con velas que la iluminan lo suficiente como para leer tranquilamente pero no tanto como para molestar a los ojos más delicados.

Tras unos días de interminables jornadas de trabajo en el interior del castillo las obras habían terminado, cada una de las estancias había sido decorada de acuerdo con los gustos de la italiana por algunos de los mejores de su país natal.

Ahora que todo estaba listo pensó que no estaría mal presentarse oficialmente a la ciudad. Llamo a Dorian.

- Entrégale esta carta al arzobispo por favor.

El joven volvió a poco rato con la respuesta de Vladimir.


Bien, ahora solo tenemos que hacer llegar la noticia al resto de no-muertos de la ciudad...

- Dorian, entrega esta carta en La Salle por favor.

- Será un placer.

El joven salió del castillo, subió al coche y se encamino hacia el arzobispado.

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Toc toc. Dorian llama a la puerta de La Salle.

Ambrosio ya no sabía si cortarse las venas o dejárselas largas, si darse un tiro o dos si eran pequeños... etc. Descorrió la mirilla y vio a Dorian

- Ahm, es usted, ¿que desea?

Dorian extendió a Ambrosio un sobre.

- Una carta d mi señora a su señor.

- Gracias

Ambrosio se dirigió rápidamente hacia el despacho de su señor. Sabía que todo lo proveniente de la Señorita Strozzi tenía prioridad máxima. Entro, como era habitual por la puerta lateral del despacho. El señor se encontraba reunido, pero entro sin hacer ruido, dejo el sobre en el escritorio y se marchó sin hacer ruido.

- Gracias Ambrosio.

Vlad tomó el sobre.

- Si me disculpa, señor Latorre.

Abrió el sobre y leyó su contenido.

“Ya me instalado en el Castillo de Santiago, os invito a que vengáis a verme cuando lo deseéis.
He pensado en realizar una pequeña fiesta invitando a todos los cainitas de la ciudad, ¿qué os parece la idea?

Espero me respondáis lo antes posible.

Atentamente: Giulietta Strozzi.”


El Arzobispo sonrió. Tomo pluma y papel, he hizo llamar a Ambrosio.

“Estimada Señora Strozzi:

Me siento muy halagado por su invitación. Pasaré en cuanto pueda para hacerle una visita privada, a título personal.

Así mismo, la idea de su fiesta me ha encantado. Le ayudaré gustoso en todo lo que necesite para dicho menester.

En otro orden de cosas, para su conocimiento y efectos, le hago conocedora de donde puede contactarme, si así lo necesitara. En la dirección de correo electrónico:

cuaccuac@somosmalos.net

O en mi teléfono particular

6xx-xx-xx-xx

Se despide afectuosamente,

Vlad”

Introdujo el mensaje en un sobre y lo selló con cera negra y su anillo. Escribió en una pomposa versalita A la atención de la Señora Strozzi, y entrego el sobre a Ambrosio, que ya estaba en la sala. Una vez tuvo el bore, Ambrosio se dirigió a la puerta, abrió, y vio que Dorian aun estaba allí.

Ah, me ahorra usted un viaje, ¿sería tan amable de entregar esto a la señora Strozzi? - dijo, mientras extendía el sobre al hombre.

Dorian cogió la carta de manos de Ambrosio.

- Ahora mismo se la llevare, muchas gracias.

Y sin más Dorian se encamino hacia el Castillo de Santiago.

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