
Giulietta se acerco al umbral de la puerta, y llamo suavemente esperando a que Ambrosio le abriera. Éste abrió la puerta.
- ¿Viene a ver al Arzobispo? Esta siendo una noche muy ajetreada, por favor acompáñeme
Dejó a la dama en la sala de espera con otros dos caballeros que esperaban sentados. Dentro del despacho, Vladimir había terminado su carta. Hizo llamar a Ambrosio, que se personó a través de la puerta lateral.
- Señor, la señora Strozzi se encuentra en la sala de espera
- ¿La sombrillita? Hmm, se me acumula el trabajo... Toma, haz llegar esto a la Serpentina a la mayor brevedad - Entregó a Ambrosio un sobre lacrado.
- ¿Serpentina? Temo que no...
- A Salvina Nefer... dijo distraídamente.
- Si señor, enseguida señor
Cuando Ambrosio se hubo ido se atuso el pelo y la camisa, e hizo abrir la Puerta Negra.
Mientras tanto, Giulietta, en la sala de espera, entablaba conversación con uno de los hombres, que se puso en pie y se presentó ante ella como LaTorre.
- Buenas noches señora.
Giulietta miro al hombre y después miro a la gran puerta de ébano abriéndose lentamente.
- Buenas noches caballero, si me disculpa tengo asuntos que atender, tal vez podamos hablar en otra ocasión y sonriente inclino levemente la cabeza antes de entrar en la gran sala del arzobispo.
Una vez dentro espero cautelosamente a que reparara en ella el arzobispo, quien, de hecho, estaba esperando que entrara. Presionó un botón para que la puerta negra se cerrara.
- Ultima en llegar, primera en ser atendida... hmm da igual... ¿en qué puedo ayudaros?
Giulietta se acerco a Vladimir.
- Puede que esos dos tengan toda la eternidad para esperar, pero yo no. Se quito las gafas de sol y miro directamente al arzobispo. ¿Os puedo hablar con franqueza?
- Si - contesto el arzobispo.
- Bien, no quiero parecer pretenciosa, pero creo que vos me necesitáis a mi tanto como yo a vos. Si he llegado a parar a esta ciudad no ha sido por azares del destino, si no porque hasta Italia me llego noticia de que el Sabbat agonizaba en esta región, por lo tanto, creo que nos conviene ayudarnos mutuamente... el tono de la cainita era rotundo, esperaba una respuesta...
Vladimir se puso en pie tirando la silla al suelo, con los brazos en alto y los puños cerrados
- ¡POR FIN! -una sonrisa enorme cruzaba su cara. - Entre tantos aduladores, mequetrefes, inútiles, sabandijas, camarillas y conspiradores, vienes a mí, en los albores de la tempestad, dejando de lado las medias tintas y diciendo verdades. Y con ánimo de colaborar, por lo que parece.
Puso la silla en su sitio, y tomó otra de más atrás para ponerla al otro lado de la mesa.
- Siéntate- dijo señalando la silla.
Mientras sacaba de un armarito una botella y un par de copas, siguió parloteando
- Desde que Vykos me condenó a pudrirme en este lugar, he soñado, suspirado, anhelado, rezado y maldecido, esperando la llegada de esta hora. - Sirvió una copa a la mujer y otra para sí. Se sentó en el borde de la mesa, frente a la silla de la invitada. - Pensé que moriría condenado al ostracismo aquí, esto sería menos aburrido si pudiera visitar a la Príncipe sin temor a que me aniquilaran, pero por fin, algo interesante. Ciertamente, el Sabbat no hace mucho por aquí. De hecho, hasta hace MUY poco yo era el único Sabbatista de este lugar... - Se detuvo en seco, se llevo una mano a la barbilla - Creo que me he desviado del asunto un poco... en fin... dígame, ¿Cúal es su propuesta?
Giulietta sonrió satisfecha ante la reacción del arzobispo, se lo había jugado todo en una carta, pero la jugada salió bien, tomo asiento en la silla que Vladimir le indico.
- Lo que quiero es probablemente lo mismo que queréis vos, que el Sabbat sea quien controle esta ciudad, acabar con el monopolio de la Camarilla y dominar la región. Eso es algo, que muy difícilmente podréis llevar a cabo vos solo, ellos nos superan en número y por lo que me dijeron en Italia esa principito es alguien a tener en cuenta, por lo tanto podéis contar conmigo para cualquier cosa que os propongáis. Evidentemente, a cambio pido tanto vuestra confianza como vuestra lealtad, de igual modo que vos tendréis la mía, hablando en plata, quiero que seamos socios.
- Bene bene... no nos perdamos, todo eso de paz amor comprensión y buen rollito está muy bien. Pero nadie ofrece nada sin saber que puede obtener a cambio...
El Arzobispo unió las yemas de los dedos de ambas manos, a la altura de la boca... aunque quería obviar parte de la conversación y concretar más, sabía que la parte más complicada estaba por llegar.
- No pretendo engañaros, soy fiel al Sabbat y pocas cosas me satisfarían más que tomar la ciudad. Eso es lo que quiero, y bueno, para llevar eso a cabo hará falta tiempo, por lo que pretendo instalarme aquí indefinidamente, como comprenderéis no puedo pasar los días encerrada en la habitación de un hotel donde no hace más que entrar y salir gente, necesito un refugio propio, si no propio al menos solo para mí y quien yo crea oportuno, algo a mi altura... como el castillo de Santiago...
Giulietta se apoyo en el reposa brazos de la silla y su cabeza sobre la mano, mirando fijamente al arzobispo con una picara sonrisa en los labios esperando una respuesta...
El castillo de Santiago era uno de los emplazamientos Sabbat de la ciudad, y que él mismo hubiera "adoptado" como suyo si hubiera dispuesto del tiempo suficiente... el Sombrilla le iba a putear finalmente en esto.
Soltó el aire por la nariz sonoramente, y se levantó de la mesa para ir a sentarse a su silla, copa en mano. Tomo asiento y cruzo las piernas... estaba pensando la jugada... de algún modo, necesitaba seguir manteniendo cierto control sobre el lugar, pero también la necesitaba a ella...
- Hmmm... Está bien... podéis estableceros allí. Pero, levantó el dedo índice, el castillo sigue siendo mi propiedad. Podéis hacer lo que queráis, obras, fiestas, torturas, pero si yo lo reclamara, lo dejareis sin rechistar. Consideradlo un alquiler con privilegios.
Levantó otro dedo.
- Haréis las mínimas modificaciones en el aspecto exterior del mismo, puedo aseguraros que nadie se quejara de lo que haya dentro, pero por fuera hay que mantener las apariencias, aunque seamos Sabbat, un poco de sentido común es necesario.
Levanto un tercer dedo
- Ahora viene lo que YO quiero. Quiero colaboración por vuestra parte, cualquier cosa que averigüéis, o asunto en el que os metáis que afecte a la ciudad y al equilibrio de poder, me lo haréis saber. Habrá algo de reciprocidad en esto.
Un cuarto dedo se alzó en su delgada mano.
- Además deberéis estar disponible para cualquier asunto que haya de emprender, por si requiriera vuestra ayuda o presencia. No entendáis esto como ser mi perro. Si no mi ayudante.
Cerró los dedos en un rápido movimiento y estos crujieron.
- Y bien... ¿qué decís?
Giulietta sonrió satisfecha: objetivo número uno conseguido.
- Desde luego que el castillo sigue siendo vuestro, jamás pondré eso en duda, podéis estar tranquilo al respecto, en cuanto a cambios en el exterior no tenía pensado hacer nada, me gusta tal y como es, lo que probablemente si remodele un poco a mi estilo será el interior, aunque no será nada irreversible.
La sonrisa de la italiana desapareció para dar paso a una fría seriedad a la hora de negociar.
- En cuanto a la información... tened por descontado que sabréis lo que yo sepa o pueda llegar a saber, pero no me conformo con "algo de reprocidad", si queréis que sea eficiente debéis darme toda la información, así será mucho mas fácil, si os preocupa que me la sonsaquen o q yo misma la divulgue, disipad ese miedo, y también olvidaos q actué por mi cuenta sin vuestro consentimiento en temas relacionados con nuestra nueva "relación".
Esta vez fue la cainita la que se levanto de la silla y se sentó sobre la mesa del arzobispo, cogió la segunda copa y sin beber continúo hablando.
- Respecto a lo de ser vuestra "ayudante"... veréis, no considero esto un trabajo, si no un deber, igual q lo es para vos, por lo tanto, no seré ayudante ni secretaria de nadie, pero si puedo ser vuestra socia y confidente.
Giulietta extendió la mano hacia Vladimir.
- ¿Trato hecho? - Una inocente sonrisa se dibujo en su rostro.
- Bien, como supondrá, todo esto puede cambiar con el tiempo. - Se levantó, y estrechó fuertemente la mano de la mujer mirándola a los ojos.
- Pórtese bien conmigo y yo lo hare con usted. - Sonrió inclinando la cabeza.
- Pórtese mal, y yo me portare peor.
Soltó la mano, y puso los brazos en jarras, mirando a la copa de la mujer con cierto aire de disgusto
- Haría bien en beberse la copa, es sangre de virgen con un pequeño "toque feerico". ¿Va a empezar despreciando mi "vino"? - Termino la frase sonriendo.
Giulietta sonrió triunfante: objetivo número 2 en camino... por buen camino...
- Brindemos pues por la supremacía del Sabbat y porque lo hablado aquí esta noche llegue a buen puerto...
Tras alzar la copa en un brindis la cainita bebió, primero tanteando el liquido d la copa, tal vez para degustarlo o tal vez para percibir cualquier señal nociva, tras esto bebió lentamente...
Miró complacido como la mujer tragaba la sangre de la copa, más que en la mujer, en su cuello, su movimiento al tragar. Empezó a sentirse inquieto.
- Hmmm, bien, y después de cerrar un trato, ¿supongo que tendréis cosas que hacer no? No es por ser maleducado, pero tengo gente que atender... y vos una mudanza que hacer... así que, ehem... - sonrió de forma nerviosa. - Hacedme saber si necesitáis ayuda con la mudanza, y avisad cuando estéis establecida, para ir a devolveros la visita
Giulietta, dejo la copa sobre la mesa y se levanto.
- No os preocupéis, de hecho tengo mucho que hacer antes d q salga el sol, así que sin mas dilación, os dejo para que terminéis de... entrevistar a los... individuos que le esperan ahí fuera. Mientras se ponía las gafas d sol Giulietta le guiño un ojo al arzobispo, se dio media vuelta y con paso firme pero ligero se dirigió a la gran puerta de ébano, antes de salir le dijo a Vladimir con tono un tanto jocoso:
- Si me necesitáis ya sabéis donde encontrarme
Y salió. En la sala d espera continuaban los hombres ante los cuales se había colado descaradamente momentos antes, les dirigió una mirada y sin dejar de caminar, inclino la cabeza levemente.
- Buenas noches caballeros.
Y se fue. Vlad se revolvió el pelo resoplando, estaba algo cansado... pero quería terminar con las visitas antes de retirarse...no, iría de caza antes del alba, le habían entrado ganas. Así que tenía que terminar con esos tipejos.
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