domingo, 24 de abril de 2005

La Fiesta 1ª parte: Presentaciones


La fiesta tiene lugar el 24 de abril de 2005, comienza al anochecer


Cuando los invitados llegan al castillo, encuentran la puerta principal abierta y tres mayordomos (ninguno de ellos es Dorian), que tras guardar sus abrigos y enseres les guían amablemente hasta la sala de la fiesta donde se encuentran el resto de invitados.

La Gran Sala del Castillo de Santiago. Una gran sala de baile con una mesa d madera labrada en el centro, en ella multitud de copas del más fino cristal. En las paredes de la estancia hay pintados unos frescos con motivos de la naturaleza renacentista, aunque hay algo oscuro e inquietante en las pinturas… De fondo se oye música de violines, a un volumen lo suficientemente alto como para ser oída pero no como para molestar durante una conversación.
La sala está iluminada por candelabros en cada esquina y sobre la gran mesa, igualmente del techo cuelga antigua lámpara (también con velas) creando una atmosfera más bien lúgubre.


Giulietta va con un vestido blanco por la rodillas con pequeñas espirales de brillantes negros, la espalda abierta y sujeto al cuello. Los zapatos de punta y tacón, abiertos y sujeto al tobillo por dos finas correas, en color blanco. El peinado es un sencillo pero elegante recogido con dos palillos chinos color blanco. Lleva unos largos y simples pendientes de plata, no lleva nada al cuello; en la mano derecha un discreto anillo de plata con una esmeralda y lleva las uñas con manicura francesa.
Dorian lleva un traje de Armani color gris desteñido y una camisa grisácea sin corbata y con el primer botón desabrochado, lleva el pelo peinado hacia atrás.

Vestido de impecable blanco, tanto el traje como los zapatos, con una camisa negra abierta y sin corbata y el pelo suelto, aunque algo "echado" hacia atrás, Vladimir, Arzobispo de la ciudad, se encaminó hacia el Castillo.

Giulietta le había pedido por correo que estuviera allí antes de la hora de comienzo oficial, para terminar de ultimar detalles y dar conformidad a ciertos aspectos de la misma.

El malkavian esperaba que el acontecimiento saliera bien, divertirse (había ciertos detalles que esperaba que hicieran efecto), y que Marian no le fallara... se enfrentaría con ella de nuevo después de mucho tiempo, y la expectativa le excitaba.

Sumido en estos pensamientos, llegó finalmente al castillo, y llamo a las puertas.

Los mayordomos sabían de sobra a qué hora debían dejar las puertas abiertas para dar oficialmente comienzo a la fiesta, pero Giulietta les había dicho que un hombre llegaría antes de lo previsto, y así fue. Uno de los mayordomos abrió la puerta y le hizo una reverencia.

- Buenas noches señor, si me permite su abrigo mi compañero le guiara hasta la sala de la fiesta, donde aguarda la señora Strozzi.

Vladimir hizo lo propio y como prometió acudió a repasar los detalles de la fiesta. Poco después comenzaron a llegar los invitados.

Gaeth trato de aterrizar rápidamente, como de si un salto se hubiera tratado. Pero algo fallo en sus cálculos... Un pequeño gato se puso debajo de su trayectoria y tuvo que desviarse, con la mala fortuna de poner el pie mal en el suelo y caer estrepitosamente.

Tras levantarse del suelo, y limpiar su gabardina, busco al gato para darle una lección. Al verlo doblando la esquina, se paro. Era exactamente igual al gato de May, la chica que vivía en el pinar. Aquello lo dejo desconcertado. Jugar a ser dios, es jugar a un juego en el que la mayoría de las veces puedes salir perdiendo.

Volvió de su reflexión, y cruzo la esquina. El arzobispo ya habría entrado hace rato.

No le gustaba la idea de entrar en un emplazamiento del Sabbat. Es más, era la primera vez que se acercaba a uno. Todo lo que pudiera recordarle a los demonios, le hacía recordar su anterior vida mortal.

Gaeth acaricio un espejo de rara forma que pendía de su cuello. Lo oculto bajo su jersey negro. Y lo acaricio de manera casi obscena.

Si algo sale mal, podre sobrevivir. Si algo sale mal, podre sobrevivir. Si algo sale mal, podre sobrevivir... Decía el vástago a medida que se armaba de valor y caminaba hacia las puertas del castillo.

Por otro lado, León se acercó al castillo. Aunque odiaba las concentraciones de gente, una fiesta era un buen lugar para conocer posibles clientes y también...victimas...
Esta vez, vestía de manera completamente distinta de como lo hacía antes. En lugar de su habitual chaleco sin mangas, llevaba una camisa negra y había dejado todos sus...apartitos en la habitación del hotel. Por encima de todo, llevaba una gabardina también de color negro...

Se acercó a los mayordomos de la puerta.

- Buenas noches, ¿es aquí la fiesta de la señorita Strozzi?...

Gaeth se fijo en el recién llegado. No tenía muy buena pinta aquello, parecía que iban a empezar a llegar invitados de muy diversa índole. Pero aquello no debía amedrentarlo. Debía concentrarse en estudiar los movimientos del enemigo.

En la entrada, un mayordomo permanecía frente al nuevo vástago. Otro mayordomo pareció darle el encuentro, pero Gaeth lo miro fríamente, y el hombre pareció dudar de su integridad. Se aparto de su camino.

Antes de entrar en el castillo, dirigió su mirada al nuevo. Intento memorizar su apariencia. Este individuo también era digno de vigilar.

El interior del castillo estaba decorado adecuadamente, pero al llegar a la sala de la fiesta, vio un espectáculo que era inevitable contemplar. La oscuridad, el juego de luces, todo era muy lúgubre y extraño. La señorita Strozzi tenía más secretos de lo que parecía. Menos mal, que ya había cenado.

Busco al resto de invitados, esperando encontrar alguna cara amiga.

Dorian permanece de pie al fondo de la sala, apoyado en la pared y Giulietta se acerca a los recién llegados.

- Bienvenidos, habéis llegado muy pronto, mi nombre es Giulietta Strozzi.

- Encantado señora. Yo soy Gaethano de Moldav - Dijo el vástago tomando la mano de Giulietta, y haciendo una reverencia al estilo austriaco.

Comprobó que el arzobispo se hallaba entretenido examinando la sala para proseguir hablando.
Gaeth miro fijamente a los ojos de su interlocutora y sonrió afablemente.

- ¿De que región de Italia sois, señora? ¿Tal vez de L´Aquila o Milano? - pregunto divertido -
Apenas puedo reconocer el acento en vuestra voz.

- Soy de Roma, aunque cuando hablo castellano procuro evitar cualquier tipo de acento, ¿y vos? si no es indiscreción claro.

Giulietta sonreía, no parecía albergar ninguna mala intención en su interior, o al menos, eso es lo que mostraba.

- Praga, pero he sido bastante viajero. Conozco bien vuestra tierra. Durante años permanecí en Venecia y Florencia. Dijo con melancolía.

Gaeth volvió a estudiar el salón rápidamente. Hizo el ademan de andar hacia la pared, vigilando que Giulietta lo siguiera.

- Es extraño que abandonéis Roma, para venir hasta esta tierra. ¿No es así?

La sonrisa de Giulietta se torno imperceptiblemente más oscura... los invitados continuaban llegando, León, Salvina Nefer y Fiftenzo acababan de entrar en la sala.

- Al igual que vos yo también he viajado mucho, y lo sigo haciendo, quien sabe, puede que este no se mas que otro de mis destinos Giulietta rio. Supongo que cada uno tenemos nuestros motivos para estar aquí, al fin y al cabo, también estamos muy lejos de Praga...

- En efecto, tenéis razón. Veo que habéis decorado el castillo adecuadamente, pero ¿por qué un castillo para vivir? Es algo poco práctico, ¿no? - rio el vástago.

- Debéis de tener un poder adquisitivo realmente alto para poder permitiros un castillo como residencia temporal. ¿A qué os dedicáis, Giulietta? - pregunto Gaeth, desviando la mirada para comprobar cómo Salvina entraba en la sala.

A los ojos del tremere aquello empezaba a parecer una emboscada, un nido de víboras...

Salvina, León y Fiftenzo comenzaron a charlar entre ellos, junto a Martin, quien se les unió poco después.

Mientras tanto Vladimir terminaba de repasar los detalles de la fiesta. Todo estaba bien, quizás hubiera cambiado algún pequeño detalle para hacerlo más acorde con sus gustos personales, pero era la fiesta de Giulietta, y lo había hecho muy bien. Se entretuvo en ello hasta la llegada de los primeros invitados.

Y no había visto a la anfitriona todavía.

Pregunto a los sirvientes por ella y supo que se encontraba en el gran salón con los invitados. Así que abandono las dependencias del servicio para hablar con ella. Cruzo la puerta y vio el salón iluminado, pequeños corros de gente se formaban aquí y allá, conforme la gente llegaba.

Que comience la farsa.

Le fue MUY fácil encontrar a Giulietta, toda vestida de blanco. Estaba conversando con alguien, pero decidió acercarse igualmente.

Mientras se dirigía hacia la pareja vio a Salvina, se recordó a si mismo que debía dedicarle unos instantes.

Llegó hasta donde Giulietta y el hombre conversaban, manteniéndose a una distancia prudencial marcada por las normas de la buena educación, para no irrumpir descaradamente en sus asuntos. Se llevó una mano a la espalda, de forma relajada, y la otra hacia la boca, y carraspeó ligeramente, para intentar llamar la atención de ambos.

Gaeth esperaba la respuesta de Giulietta, pero alguien interrumpió su conversación. Había sido el vástago de la puerta. Tal vez estuviera molesto, pero que mas daba. Volvió hacia Giulietta, pero pudo ver al arzobispo acercarse a ellos. Gaeth lo miro expectante de que alguien dijera algo.

- Ciertamente un castillo puede ser algo ostentoso para vivir, pero me encanta, y por el tema económico no ha sido ningún problema, el arzobispo me lo ha cedido temporalmente, y no dudéis que de dispongo de los recursos suficientes como para cuidar de el cómo merece... - Giulietta vio venir a Vladimir.

- Justo ahora mismo hablaba de vos y de este maravilloso castillo - se dirigió al arzobispo con una sonrisa.


Mientras tanto Giulietta no perdía detalle de lo que pasaba a su alrededor, vio a cada recién llegado, y pesar de no conocer a ninguno tenía ligeras sospechas de quien era quien. Mientras tanto Dorian seguía apoyado contra la pared al otro lado de la sala, observando todo, pero especialmente a Giulietta.

- Que por cierto está mucho mejor desde que vos lo ocupasteis y re-decorasteis. - Tomo la mano de la mujer y la besó suavemente, sin dejar de mirar sus ojos. - Y vos estáis particularmente encantadora esta noche. El blanco es tan... “rompedor” - dijo, moviendo el brazo de la mujer hacia el lado, y moviendo la cabeza para verla mejor. Estaba espectacular, y el hecho de vestirse ambos de blanco podía parecer una tontería, pero le gustaba, y esperaba expectante las reacciones de los invitados, todos vestidos de ese color negro tan original. Volvió a sus ojos, y sonrió.

Si hubiera sido posible Giulietta se hubiera sonrojado antes los alagos del arzobispo, pero siendo algo un tanto "imposible" se conformo con dedicarle un vergonzosa sonrisa.

- Sois un adulador. - Le miro de arriba a abajo y rio - Ciertamente el blanco es un buen color, me gusta vuestro estilo.- La cainita miro a su alrededor.- Me siento un tanto... cohibida entre tanto desconocido... y Dorian... debe de estar algo asustado entre tanta "sanguijuela" como el nos llama Giulietta - rio. Mientras tanto Dorian seguia en su mundo pensando ¿quien me mandaria a mi venir a una fiesta llena de sanguijuelas? esto va a ser un coñazo....

- Oh, no os hagáis la inocente, querida.- dijo volviendo a centrar su atención en la mujer - Palabras más o menos bonitas, dependiendo del personaje, alguna indirecta bien puesta, y podréis separar fácilmente el trigo de la paja. Sé que os desenvolveréis sin problemas. - guiñó un ojo a la mujer.

Recordó al contertulio de Giulietta.

- Oh, disculpadme, ando algo difuso con todo esto. Creo recordaros de la fiesta de Salvina en fin de año, aunque no pudimos hablar mucho, y no recuerdo mucho de entonces. Sunpogo que sabreis quien soy, pero supongo que es mejor presentarse personalmente, - extendio la mano a Gaeth. - Encantado de conoceros, soy Vladimir




Miró un poco alrededor

- Veo que nuestra invitada de honor no ha llegado aún. Su educación como siempre brilla por su ausencia... Pobre Dorian, si lo llego a saber, podría haber dicho a Ambrosio que viniera, dadas sus funciones, creo que hubieran congeniado fácilmente...
Giulietta sonrió y picardía con malicia a Vladimir.

- Hacerse la inocente es una buena forma de conseguir cosas.

Miro a los invitados.


- Estoy segura de que vendrá, no la conozco, aunque lo estoy deseando...

Miro a Dorian.

- Ciertamente podrías haber traído a Ambrosio, así por lo menos Dorian no sería el único mortal... aunque no le confundáis, es algo más que un mayordomo

- Un ghoul entonces... Me asombra el trato que tenéis su eminencia y vos - dijo Gaeth mirando a Vlad. - Mi nombre es Gaethano, y si vos sois Vlad, eso quiere decir que me encuentro ante el Arzobispo - anuncio sonriendo - Estará muy ocupado su eminencia dando la bienvenida a tanto recién llegado, ¿no? - pregunto distraído. - Se está acumulando mucho bobalicón por estos lares.

Un viejo hace aparición en la fiesta. Sus ropas son un poco anacrónicas, más bien pasadas de moda. El estilo es elegante, pero conserva mucho del clásico estilo de los gangsters de los años '20. Lleva un bastón en la mano derecha y un sobre de papel en la izquierda. Hizo los saludos pertinentes y se acercó a Dorian:

- ¿Quién es tu señora, jovencito?-.Dorian se incorporo y presto atención al anciano... este no es una sanguijuela... ¿qué diablos hace aquí?

- ¿Para qué desea saberlo buen hombre? - Pregunto el joven con amabilidad.

El viejo habló con Dorian con propiedad y tranquilidad. Se dirigió educadamente al tipo:

- Venía a verla, conocerla y presentarle mis respetos por estar de invitado en su fiesta, espero que esto sea posible esta noche y no esté demasiado ocupada, caballero .

Esperó impacientemente la respuesta del joven, no sin antes interponer otra frase:

- Bueno, que mala educación, mi nombre es Casimiro, encantado. -Dorian mirando con cara extrañada al anciano le tendió la mano.

- Mi nombre es Dorian. Casimiro... no he oído hablar de vos, aunque bueno, supongo que aquí hay muchos de los que no he oído hablar...

Dorian estaba cada vez mas intrigado ¿invitado? ese anuncio era especifico para cainitas, ¿esto qué es? ¿Una sanguijuela del pleistoceno?

Casimiro dio la mano a Dorian y le contestó:

- Claro, si que ha oído de mi, incluso me ha visto antes, ¿recuerda que coincidimos en el Botánico cuando trajo esta invitación?

Después de decir esto hizo gestos con la invitación que tenía en la mano.

- Espero no les incomode mi visita aquí. . .

- Mi señora es la mujer de blanco que se encuentra con el arzobispo y otros invitados. De todos modos, no es por ser impertinente, pero la invitación estaba dirigida a Marian....

- Sí, se que la invitación estaba dirigida a Mariam, pero el compromiso de venir me fue legado a mi por otras razones. . .

El viejo observó entre la multitud a la que debía ser la señora Giulietta, la anfitriona de esta velada. La observó detenidamente, era hermosa de manera distinta a como lo eran las otras vástagos de la ciudad. Salvina era provocativa, Clarisse dulce y bella, su señora era simplemente firme y seductora pero aquella mujer tenía un nosequé que la hacía en cierto modo hermosa, era como un toque de misterio y misticismo. Decidió esperar que esta terminara su conversación para dirigirse a ella, por lo que prosiguió hablando con el joven.

- Espero comprendáis mi presencia aquí y la incapacidad de Mariam para venir por esos. . . motivos, que os he comentado. . .

Dorian sabía que la noticia de que Mariam no asistiera a la fiesta no iba a ser del agrado ni del Arzobispo ni de Giulietta.

- En realidad no, no me habéis explicado los motivos, pero bueno, no es a mí a quien tengáis que darle ninguna explicación, como ya os he dicho mi señora se encuentra allí. - Señalo a la cainita con la cabeza.

Casimiro hizo un gesto de aceptación y agradecimiento a Dorian.

- Gracias, iré a hablar con ella, ha sido un placer conocerle .

Se despidió de este y se acercó a Giulietta sin interrumpirla en su posiblemente interesante conversación con los otros cainitas. Esperó pacientemente a que la atención se desviara hacia él.

Giulietta vio entrar al anciano que ahora hablaba con Dorian, no le gustaba, así que prefirió no perder detalle, lo cual la hacía parecer un tanto distraída en la conversación con el resto de invitados, prácticamente al mismo tiempo llego otro desconocido mas y se acerco al pequeño grupo de Giulietta, Gaethano y Vladimir, se giro hacia él, aunque la mujer parecía un tanto distraída, algo casi imperceptible.

- Buenas noches caballero, mi nombre es Giulietta Strozzi. Dedico una sonrisa al recién llegado.

- Mi nombre es Martin... y perdone que me presente aquí sin haber sido invitado. Leí su anuncio en el periódico y creí conveniente que yo participara de esta fiesta.

Esperó a ver si la anfitriona tendía la mano para algún tipo de saludo, y ella le correspondió. Así que siguió saludando a los demás del corrillo. Primero saludo a Gaeth ya que este era el otro que tenia inmediatamente a su lado. Lo hizo con un fuerte apretón de manos mientras lo miraba a los ojos. Al arzobispo lo saludo mencionando su rango mientras lo miraba también fijamente a los ojos:

- Su eminencia...

Y espero la reacción de este para decidir como saludarle.

Vladimir percibió que Giulietta había abandonado la conversación. Supuso que se debería a la llegada de aquel anciano que hablaba con Dorian. Carraspeó para llamar su atención y dijo:

- Si necesitáis atender algún asunto, id sin miedo. Mientras, podre ir conociendo al señor Gaethano. Espero que el sepa comprenderlo ¿verdad? Por mucho que planees, siempre hay algún cabo que queda suelto - miró a Gaethano buscando su aprobación.

Cuando el otro llegó, se giró hacia él al oír como era nombrado.

- Buenas noches, caballero, no recuerdo si fuimos presentados... pero si recuerdo que tuvimos una cuasi rencilla en el festejo de año nuevo de la señorita Nefer. No estaba muy en mis cabales aquella noche - como casi siempre, pensó para sí, - Así que quizás sufristeis injustamente algo que otro, u otra, debería haber recibido. Espero que sepáis disculparme, y podamos hacer "borrón y cuenta nueva" como suele decirse.

- Aunque suene raro, esto es importante para mí - dijo mientras tendía la mano - Un placer conoceros, soy Vladimir.

- Digamos que en la fiesta de la Srta. Nefer, todos teníamos los ánimos muy crispados. Tal vez fuera por el ambiente, demasiado común para mi gusto - Dijo Gaeth mirando a Martin, y enarcando las cejas mientras sonreía.

- Parecíamos una reunión de fiscales cuarentones y quinceañeros consentidos. - Volvía a mirar a Vlad. - Solo se salvaban algunas honrosas excepciones, como Martin - Y procedió a presentar a sus contertulios.

Parecía que Vlad se forzaba por resultar educado. Tal vez solo era un lobo con piel de cordero. En cualquier caso, tendría que verlo por sí mismo.

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