domingo, 24 de abril de 2005

La Fiesta 6ª parte: el final

Gaethano procedió a dar un pequeño paseo hacia las afueras de la sala principal. Cuando llegó y vio a Vlad seguirlo, pudo reconocer a Clarisse. Parecía que se iba , y así lo demostró cuando se despidió de él. Miro al niño y de nuevo a la toreador y levanto la mano en señal de despedida.

Tras la escena, volvió a centrar su atención en Vlad.

- Y bien, ¿Que teníais que decirme? -Tomo una calada de su pipa y se apoyo su espalda en una pared cruzado de brazos.

- Bien, os rogaría que hablarais mucho más bajo, y que mirarais hacia la calle, no quiero que posibles fisgones lean lo que decimos en nuestros labios. Así mismo, gesticule de forma mínima.

Se puso de espaldas a la puerta, y metió las manos en los bolsillos.

- Lo que hablemos ahora no es que sea especialmente importante, al menos de momento, pero la posibilidad de que controlen cada palabra que digo... me da ganas de matar - tenía en su cabeza las miradas ávidas de información de algunos que estaban dentro, controlando cada gesto, cada palabra, buscando connotaciones, dobles sentidos y mensajes ocultos.

Agudizó sus oídos ligeramente para intentar detectar cualquier sonido en la proximidad, y que el ruido de la sala no le molestara demasiado.

- Bueno, vamos allá. He sabido de ciertas... investigaciones en... cierta zona de la ciudad, en las que, dada su condición de... erudito... podría usted estar ...envuelto. ¿Me equivoco?

A Gaeth no le impresiono lo más mínimo el que Vlad estuviera al corriente de sus movimientos. En cierta medida le pareció lógico.

- Hum - carraspeo en señal de asentimiento - En efecto, estoy embarcado en ciertas excavaciones. Pero no entiendo a qué viene tanto secretismo.

- Bien, he hallado ciertas piezas interesantes concernientes a lo que podría revelarse, y supuse que podríais estar interesado. Tanto como lo estoy yo. El secretismo... supongo que no le interesara que sea vox populi que vos, un miembro de la progenitura, un tremere, trate con el Sabbat, si es que llegáramos a colaborar en algo, ¿verdad?. Si estuvierais interesado, os ofrecería mi propia casa para citarnos y comentar el tema más abiertamente... pero quizás queráis proponer otro lugar, si lo veis necesario o conveniente por vuestra seguridad. Si os interesa, decid hora y lugar, si no, supongo que deberíamos hablar en voz alta sobre cualquier otro tema, por aquello de la apariencia y el disimulo.

- Mañana nos veremos en el pinar de la Algaida. Vos mismo veréis todo. – Gaeth tiro las cenizas que permanecían en su pipa. Los restos se dispersaron hacia la sala principal. Clavo sus ojos en la faz del arzobispo. - En el momento que se ponga el sol, debéis de llegar una pequeña colina, en cuyo lateral hay una abertura en la roca. No os será difícil llegar, pues hay un rastro inconfundible. Frente a la abertura en la roca divisareis un árbol seco y muerto. - Miro a Vlad con una sonrisa maniaca. - Y una advertencia, id solo. Que hayáis usado los dones no os hace digno de confianza en este momento. Espero que lo tengáis presente para la próxima fiesta. -comento divertido.

- Decidle a la anfitriona que todo ha resultado agradable. Aunque gran parte del merito seguramente lo tendréis vos. Se puso la gabardina y le dio un par de palmadas a Vlad. - Mañana veremos si sois tan listo como sospecho que sois. Se dio una vuelta y se marcho de la fiesta.

- Sea pues- contestó Vlad mientras el cainita se marchaba.

Se dio la vuelta para volver a entrar. Vio a Fiftenzo pelearse con el móvil.

- Vaya, malditos trastos, nunca funcionan cuando los necesitas ¿verdad? ¿Una copa?

Fiftenzo sonrió levemente al ver las medidas que tomaba Vladimir, pero después de todo era él arzobispo y no le sorprendió, asique seguó mirando al aparato y dijo:

-Muy cierto, solo funcionan cuando no se los necesita, pero después de todo da igual - metió el móvil en el bolsillo y miró a Vlad- solo quería cancelar una pequeña cita. Lo de la copa no es mala idea, pero ahora me apetece algo diferente- se acercó a una mesa y cogió dos copas, luego sacó una petaca de la chaqueta.

- Siempre llevo conmigo algo de mi receta especial - llenó las dos copas y ofreció una a Vlad. - Pero si no la quiere no se preocupe por los modales, me bebo yo las dos - sonrió torciendo la boca.

-Hmmm, temo que he de declinar vuestra oferta. No creo que el uso de estupefacientes mezclados con sangre me convenga, tengo que mantener la compostura como coanfitrion de la velada, ¿sabe? Tiendo a... desmadrarme. Uhum. - Contestó el arzobispo.

Carraspeó ligeramente.

-Cuénteme, ¿qué tal con Salvina? Le dio la acogida adecuada cuando llego a la ciudad?

Fiftenzo suponía que el arzobispo no sabía que trabajara para Salvina, debió suponerlo, aunque tampoco le importaba que lo supiese.

-Como quiera, si cambia de opinión solo tiene que decírmelo - bebió la copa de un trago, pero despacio, luego la dejé en la mesa y se quedó con la otra - La verdad es que la señorita Salvina me dio una acogida mejor de lo que esperaba y puede que de lo que me merezca- dejó salir una pequeña sonrisa y miró a Salvina, la cual no parecía muy entretenida- ¿pero como no iba a hacerlo?

Fiftenzo calló dejando en el aire aquella retórica que no se sabía a qué venía y mirando a los ojos a su interlocutor.

No le gustaba mucho que la gente con la que hablaba dejara las cosas en el aire, con ese aire de "por favor pregúntame que me muero por responder"... así que fue algo tajante, dando una respuesta neutra.

- Ya, supongo que Salvina es una buena anfitriona, dada la fiesta que consiguió montar, y que claro, regenta un hotel... tendrá un don para eso.

Al decir eso, pensó en que la fiesta no había resultado tan "buena" como había esperado. Aunque tampoco le extrañaba. No es que hubiera un ambiente distendido precisamente. Por suerte, quedaban ya pocos, y terminaría pronto.

- Voy a unirme al grupo, ¿venís?- Se refería a Giulietta, Salvina y demás.

Fiftenzo empezó a andar hacia el grupo que Vlad había mencionado mientras daba un pequeño trago a la copa.

-Si, la verdad es que no se le puede tachar de escatimar medios.

Giulietta veía a la gente ir y venir, ahora los que llegaban eran Fiftenzo acompañado del Arzobispo y LaTorre a parte. La cainita esperaba que alguno hiciera o dijera algo interesante, pero a la vista estaba que ninguno parecía estar por la labor.

- Ya creía que se habían marchado... - Dijo la mujer en un tono divertido que rayaba el sarcasmo.

Giulietta al ver su copa vacía, asió de la muñeca a uno de los jóvenes desnudos que pasaban cerca y derramo su sangre en la copa. La naturalidad con la que bebía de ellos era asombrosa.

Sostuvo la copa unos instantes y tomo un pequeño trago, miro a los cainitas.

- ¿Y bien?

- Ya lo habría hecho de no ser por mis "obligaciones" -devolvió el sarcasmo Vladimir. - No quedan muchos, y los pocos que hay andan ligeramente amuermados.

Se acercó mucho a la cainita. Mas. Bastante más que eso. Si, podría escuchar su respiración, si respirara...

- Si os soy sincero, espero que se vayan pronto. Me aburro horriblemente -susurró al oído de la mujer.

Lo cierto es que Giulietta hacia ya rato que había comenzado a aburrirse, la fiesta había resultado ser menos entretenida de lo previsto. Nunca le habían gustado ese tipo de reuniones sociales llenas de victimas y depredadores, siempre había preferido las pequeñas reuniones privadas, uno contra uno, ahí es cuando realmente se podía sacar provecho...

- No creo que falte mucho, la gente empieza a aburrirse tanto como... tu. - Fue la susurrada respuesta de la mujer a Vladimir.

Giulietta dio un paso atrás y miro al resto de invitados, el arzobispo no se equivocaba, aquella fiesta estaba ya un tanto muerta.

- Obligaciones... sí, claro. - La cainita bebió nuevamente mientras sonreía.

- Hum. -sonrió divertido - Si, obligaciones. Estaría feo que la, por desgracia, estrella de la velada, se marchara, y más siendo el coanfitrion. -dijo en un tono teatral al referirse a sí mismo. Seguía hablando en un tono bajo, casi solo para Giulietta, comenzando a dar unos pasos alrededor de ella.

- Aunque, oh, mi ego está dolido hoy. Pese a mis denodados esfuerzos, la estrella ha sido, sin lugar a dudas, Casimiro. Pobre abuelo. - sabia que, pese al teatro, jugaba con fuego con ese tema con Giulietta, pero en el fondo, el viejo le había divertido, una nota pintoresca, sin duda.

- ¡Ah! Obligaciones, obligaciones, obligaciones...- siguió en un tono teatral, mas alto, gesticulando con los brazos, gestos de abatimiento y dolor.

Se situó a la espalda de Giulietta, y susurro a su oído, poniendo sus manos suavemente en los brazos de la cainita:

- Si alguna vez aspiráis a ocupar un cargo, tened bien claras vuestras obligaciones en él, y haced balance sobre si realmente merece la pena... - pese al tono teatral, lo último había sondado algo más severo, con cierto aire de consejo, añoranza y anhelo.

En otras circunstancias Giulietta apenas hubiera podido reprimir la "satisfacción" de oír mencionar un "cargo", pero ahora tenía que jugar bien sus cartas, no era tonta y sabia que la ciudad necesitaba un obispo, y que tarde o temprano ese puesto sería ocupado...

- No os preocupéis por mí, si me veo en la situación tened por seguro que podre hacerme cargo de ello... respondió al cainita.

Vlad sintió con un escalofrío el atisbo de ansia de poder que recorrió a Giulietta. Y no puede decirse que la experiencia le disgustara.

Se pegó mas a la cainita, el pecho contra su espalda. Podía oler su pelo. Apretando ligeramente sus brazos con las manos, le susurro, con una sonrisa, en tono algo risueño:

-¿Sí? Que tus obras hablen por ti.

Besó furtivamente la mejilla de la cainita, y se soltó. Se dirigió, alegre y pizpireto, canturreando, hacia un lugar poco concurrido de la sala, y se sentó en un sillón, deleitándose con la música, tanto la de ambiente, como la que radiaba su locura.

Giulietta permaneció divertida ante la actuación del arzobispo cuando este se retiro, no estaba segura de si jugaba o simplemente estaba loco... tal vez una peligrosa combinación de ambas cosas.... El caso es que fuera lo que fuera, ella pensaba seguirle el juego. Le miraba divertida, sentado en el sillón junto a la orquesta, realmente era un hombre peculiar.

La música le llevaba en volandas por líneas de pensamiento dispares. Sabía que su actuación no habría dejado indiferente a la cainita, esperaba ver su reacción.

Miró hacia donde estaba, y la vio despedirse de LaTorre. Este, antes de salir, se dio la vuelta y le miró, susurrando algo. No sabía leer los labios. Pero no hacía falta ser un erudito tremere para saber que no le estaba deseando dulces sueños. Le importaba bien poco lo que pudiera decirle.

Volvió a fijarse en Giulietta, y observó que le miraba divertida, se paró a mirar fijamente en sus fulgurantes ojos verdes, con un gesto de confianza y desasosiego en su rostro. Qué lejos le quedaba el día en que no se atrevió a mirarla a los ojos tras aquel espectáculo.... Intentaba imaginarse a si mismo desde el otro lado de esos verdes ojos, conocer sus intenciones y pretensiones.

Tras ese fugaz instante, desvió la mirada hacia la orquesta. Se reclinó hacia delante, apoyando los codos en las rodillas y la barbilla en las manos unidas, mirando a la orquesta... estaba ensimismado realmente. Solo podía esperar a que Giulietta moviera ficha. Mientras tanto, dejaría que la música se lo llevara. Cerró los ojos. Y se centró en sus oídos.

A Salvina le gustó observar los juegos del Malkavian con la Lasombra, sobretodo la tranquilidad de ella, así que ahora que Vladimir se había alejado decidió acercarse a ella.

- Perdone mi actitud de hace un momento, pero de pronto una mala sensación no me hizo sentir muy bien - sonrió a la mujer - ¿qué le trae por aquí? espero que no le moleste la pregunta.

La sonrisa de la Lasombra era cándida y sincera.

- No preocupéis, no estoy molesta en absoluto. Para seros sincera hacía muchos años que quería trasladarme a España, estuve un temporada viviendo en Madrid hace ya tiempo... - Giulietta parecía divagar, su mirada se perdía en el tiempo recordando momentos mejores. - Y bueno, tras ver el panorama actual del Sabbat y la Camarilla en el país, decidí venir aquí, pensé que podría ser una experiencia... interesante. - La cainita rio y término la copa que dejo sobre un mesa cercana.

Tal vez hubiera sido demasiado indiscreta con la Setita, aunque eso no era algo que le preocupara, antes de instalarse en la ciudad sabia que las relaciones de Salvina con la Príncipe no eran precisamente amigables. Y al fin y al cabo, tampoco había revelado nada del otro mundo, estaba claro que era una Sabbat, y como tal, había llegado a la ciudad para sembrar discordia y tratar de hundir a la Camarilla, aunque claro, hay formas y formas de decir las cosas...

- Como dijo... bueno realmente no sé quien lo dijo, pero cualquier tiempo pasado fue mejor. Recuerdo cuando el Sabbat estaba al mando, las cosas eran más tranquilas o por lo menos para mí lo eran.

Que importaba contarle estas cosas a la lasombra, ella ya estaría al tanto por el arzobispo de su pequeña alianza, además, los tiempos antes de una guerra siempre son mejores que la propia guerra.

- Y después esa guerra absurda... pero bueno, hablemos de termas más amables, ¿qué le parece la ciudad? - continuó Salvina.

- Bueno, aun no he tenido mucho tiempo para pasear por sus calles y merodear por sus alrededores. Desde que he llegado mi principal ocupación ha sido principalmente encontrar y adecuar un lugar donde alojarme, pero bueno, pretendo comenzar a tomarme las cosas con más calma y empezar a hacer un poco mas de vida social - Giulietta rio.

- Bueno, podría haberse quedado mucho más tiempo en el hotel y así habría tenido de ver esta maravilloso lugar. La verdad es que no tiene mucho monumentos ni lugares famosos, pero para quien sabe mirar y encontrar resulta maravilloso. -La Setita pensó durante un segundo, mientras recordaba las ciudades en las que había estado, sonrió a Giulietta y prosiguió:

- Desde luego que yo puedo asegurarle eso, he estado en Inglaterra, El Cairo, Italia, Alejandría, ya ve, he estado en las más famosas ciudades para al final quedarme en esta ciudad - ahora la que rio fue Salvina.

- Para seros sincera si no me quede en el hotel es porque amo demasiado mi intimidad como para vivir cerca de tanta gente.

Giulietta miro a su alrededor, no le gustaba la gente, nunca le había gustado, tal vez si en pequeñas dosis, agradecía la compañía de una o dos personas de vez en cuando, pero mas... era algo que le venía desde que era tan solo una niña humana.

- Espero poder llegar a descubrir poco a poco lo que se esconde en esta ciudad y llegar a cogerle cierto "cariño", yo también he viajado bastante, es uno de mis... llámemoslo pasatiempos, aunque por lo general no suelo pasar mucho tiempo en el mismo sitio, donde más tiempo he permanecido ha sido en Inglaterra y en mi quería Italia.

- Espero poder ayudarla en lo que pueda para que se sienta bien en este lugar, si necesita algo, lo que sea, hágamelo saber, e intentaré ayudarla en la manera que me sea posible. - A Salvina le gustaba aquella mujer, a pesar de que la conversación era vacía y carecía de algún interés, se sentía muy a gusto con el simple hecho de estar a su lado.

- ¿De que parte de Italia es usted?, si no es muy indiscreta la pregunta me gustaría saberlo.

- Sois muy amable Salvina, agradezco vuestra ayuda. Si hay algo que yo pueda hacer por vos no dudéis en decírmelo, hare lo que esté a mi alcance... Y no es indiscreción ninguna, soy de Roma, una ciudad de la que siempre estaré enamorada... ¿y vos? ¿Cual es vuestra procedencia? - Giulietta sonreía.

Giulietta estaba deseando que la fiesta terminara, no había sacado tanto en claro como deseaba, pero al menos había tenido la oportunidad de conocer a algunos de los cainitas de la ciudad, con lo cual más adelante seria más fácil poder citarse con ellos, o al menos eso era lo que la Lasombra esperaba...

- La verdad es que casi nadie lo sabe, por el simple hecho de que no lo pidieron con la misma cortesía, con la que lo ha hecho usted. Soy inglesa, aunque no nací en Inglaterra, sino en Alejandría cuando esta era un colonia del gran reino.

- ¿Alejandría? Increíble, debe ser todo un honor pertenecer a una tierra que en su momento fue tan rica y exuberante.

¿Cuantas horas llevaba ya en la fiesta? el tiempo se le paso en un suspiro. De reojo para no molestar a su anfitriona Salvina miro su reloj, ya era tarde y tocaba despedirse.

- Bueno Señorita Giulietta, espero que me disculpe pero queda poca para el alba y tengo que hacer unas diligencias, su fiesta ha sido encantadora.

Giulietta agradeció que la cainita decidiera irse por voluntad propia antes de ponerla en el aprieto que invitarla a marcharse sin ser descortés.

- Ha sido un placer conocerla Salvina, espero tener la oportunidad de hablar con vos de nuevo. - Las palabras de la Lasombra eran sinceras, e hizo un pequeña reverencia en señal de respeto.

Salvina devolvía la reverencia y se dirigía a la puerta. Antes de marcharse se despidió de Fifenzo, por si este se quedaba o marchaba con ella. Después se marchó al hotel.

Finalmente todos los invitados se fueron yendo tranquilamente tras la "interesante pero poco productiva" fiesta.

Quedando tan sólo Vladimir y Giulietta.

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