
Cuando llegaron al grupito, carraspeo ligeramente.
- ¿Salvina? Tal y como prometí, he vuelto- sonrió. - Quisiera presentaros a la anfitriona.
Se apartó para dejar paso a Giulietta.
- Giulietta, esta es Salvina Nefer, y estos son Fiftenzo y el inefable señor LaTorre -, dijo señalando a cada cual con la mano abierta, sonrió pícaramente cuando presentó a LaTorre.
Javier miró a Vlad cuando pronunció "señor Latorre”, y una ligera sonrisa irónica dibujó sus labios.
- Oh! Vaya acontecimiento...ahora tengo la reputación de Señor...no me adule tanto señor ARZObispo... - comentó LaTorre.
Giulietta les ofreció una de sus más encantadoras sonrisas.
- Es un placer. Dijo dirigiéndose a todos en general.
Giulietta miro a LaTorre pensativa.
- Vos sois aquel que esperaba en la recepción de la Salle si no me equivoco... os pido disculpas por haber pasado antes que vos aquel día, pero tenía un poco de prisa y no muy buen humor... espero sepáis perdonarme.
- Es un placer conocerla, y no se preocupe por el incidente de la Salle, no tiene la menor importancia. Nunca importa esperar de más si es por una mujer como vos...
Dijo sin apartar su mirada penetrante de los ojos de Giulietta. Por un momento, miró la decoración de la sala.
- Por cierto...un castillo asombroso, que pena que en mi país no haya...y la decoración es exquisita, he de felicitarla por su buen gusto...
- Celebro que os guste el castillo, aunque en realidad a quien pertenece es al arzobispo, yo tan solo soy su nueva inquilina por decirlo de algún modo. - Fue su contestación a LaTorre.
- Por fin os conozco Salvina, es todo un placer. - Dijo dirigiéndose a Salvina
- Como siempre Vladimir, volvéis a cumplir vuestra palabra, y me alegro de ello. - Dijo la setita sonriendo sinceramente al malkavian, el cual acababa de solucionarle la papeleta de tener que buscar conversación entre los vástagos de la sala. Con el rabillo del ojo buscó a Martin, que llevaba mucho tiempo sin hacer nada. Después dedicó toda su atención a la Srta. Giulietta.
- Es un enorme placer conocerla al fin, gracias por la invitación a tan encantadora fiesta, es usted una gran anfitriona, aunque cuente con tan estimable ayuda.
Y alargó su mano para estrechar la de la lasombra en un gesto de cortesía diplomática a la vez que se acercaba con la intención de darle dos besos como era costumbre ahora entre humanos, Giulietta le correspondió con una amplia sonrisa. A Salvina le sentó bien que la Lasombra le respondiera a los dos besos de forma tan natural, y escuchó la nueva conversación que comenzaba Giulietta.
- Me alegro de que le esté gustando la fiesta, espero que lo esté pasando bien. Para seros sincera aquí el arzobispo ha hecho casi más que yo para organizarla, al fin y al cabo soy nueva en la ciudad y no sabía muy bien cómo hacer llegar la noticia a todos vosotros...
Cuando empezó el campeonato de halagos y aduladores, Vladimir comenzó a sentirse asqueado, y ligeras punzadas en su atrofiado estomago (o al menos, eso le decía su desquiciado cerebro) le reconcomían cada vez que era objetivo de algún "piropo". No se sentía con ganas de hablar, por no tener que aguantar las replicas de LaTorre, y aunque tenía que hablar con Salvina, prefería hacerlo a solas.
Esto pensaba cuando Giulietta terminó su frase.
- Ehem, bien, gracias a todos por apreciar mi labor, aunque la verdad es que no debería quitarse méritos, Giulietta. La maravillosa decoración es suya, así como la organización de toda la fiesta, solo he ayudado en ciertos pormenores de escasa importancia, y bueno, el anuncio, es solo un detalle sin importancia... -Levantó una ceja, y barriendo al grupo con la mirada, dijo:
- Después de todo, no soy tan importante, ni mucho menos...
Se acercó ligeramente a Giulietta, y le dijo en un tono que solo ella pudiera oír:
- Me temo que mientras la acompañe en la fiesta, le robaré protagonismo involuntariamente, y no hay nada que odie mas, no solo por usted, si no por mí mismo. Así pues, si me disculpa, revolotearé un rato por ahí. Disfrute.
Se volvió hacia el resto:
- Espero que aguardéis en el castillo a que todos los invitados se hayan ido antes de retiraros... fue la furtiva respuesta de la italiana, y un gesto de afirmación con la cabeza, y una cálida sonrisa fueron lo único que obtuvo como respuesta.
- Bien, les dije que les traería a la anfitriona, y cumplí. Ahora, si me disculpan, les dejo con ella, supongo que querrán ponerla al día de lo que se cuece por Sanlúcar... así como probablemente, conspirar contra un alto cargo de la ciudad, un malvado sabbatista por ejemplo. - Guiñó el ojo a los presentes, sonriendo. - Disfruten de la fiesta, y de la anfitriona- dijo, mientras se alejaba distraídamente.
Vlad se retiró del grupo, no sabía si salir fuera, donde había visto salir a la Toreador antes del brindis, o pararse a hablar con Dorian. Mientras se decidía y no, vio a la pelirroja cuya sangre había bebido antes... en una fracción de segundo, cientos de posibles planes que la incluían a ella y a él pasaron por su cabeza, en flashes con gritos, gemidos, y sangre. Extrañamente (o no), todos acababan igual de mal... para ella.
Giulietta se dirigió nuevamente al resto del cainitas, bebió un ligero sorbo de la copa del brindis (aun quedaba algo de sangre en ella) y se dirigió a sus contertulios en general.
- Bueno, ¿alguien podría ponerme al corriente de cómo van las cosas por esta ciudad?
Giulietta sonreía y pasaba su brillante mirada por los ojos de los que ante ella se encontraban, el tono de su voz era más curioso que inquisitivo, más que una osadía parecía una forma de intentar comenzar una conversación interesante.
- Como en todas partes supongo, a unos les va bien y a otros mejor, sobre todo ahora que la guerra está un tanto estancada - miro un segundo a su alrededor - hablando de guerras y guerreros, habéis visto a una pequeña gangrel, May se llama, no le he visto y a ella le encantan las fiestas, que raro.
- Para seros sincera, con una Príncipe de la Camarilla como la que parece tener esta ciudad no entiendo como puede ser tan apacible... - el rostro de la cainita se oscureció por un breve momento.
- ¿May? No me suena de nada, aunque eso es algo que tampoco ha de extrañaros, desde mi llegada a la ciudad apenas he salido de este castillo. Pero tranquila, si la encontrara os avisaría... ¿acaso la pequeña se ha metido en algún lio?
¿Pequeña gangrel?... Pensó Fiftenzo, debía ser aquella que había visto en la playa, aunque en su encuentro no parecía que fuese muy amiga de fiestas. De todos modos le interesaba más lo que había dicho la anfitriona, esbocé una media sonrisa y dije:
-Bueno, todos tenemos nuestros líos, no he conocido a nadie que no tuviese un solo problema.
- ¡Por supuesto que sí! al fin y al cabo la "no-vida" sería demasiado aburrida si no le diéramos un poco de emoción, ¿no? - Giulietta rio y bebió un pequeño sorbo de la copa.
Un cambio de tema, algo es algo, por fin se dejaban las cosas importantes para que la gente se relajase un poco, aunque fuese solo una simple frase, aunque yo nunca solía relajarme(ni una sola letra acostumbraba a soltar sin pensar) dije una pequeña frase sobre mí mismo, suponiendo que nadie preguntaría nada más y estando seguro de poder abstenerse de contestar si alguien lo hacía.
-Muy cierto, a decir verdad yo he estado buscándome problemas toda mi vida.
Giulietta pareció pensar pacientemente sus palabras antes de hablar.
- Bueno, todos acabamos encontrándonos con problemas, en ocasiones los buscarnos y otras veces simplemente vienen a nosotros, es entonces cuando realmente hay que tener cuidado... cuando vienen sin ser llamados alguien los ha mandado...
Giulietta comenzaba a estar un poco cansada, no lo mostraba en absoluto, ya que su aspecto seguía igual de alegre y jovial que el resto de la noche, pero uno de los principales propósitos de la fiesta era averiguar cosas sobre sus invitados, saber si llegado el momento podría o no usarlos, conocerles, encontrar sus puntos débiles y averiguar de parte de quien estaban, era evidente que la cainita no pretendía conseguir todos aquellos propósitos en una sola noche, pero primaba el entablar una relación que a corto plazo pudiera satisfacer su curiosidad. De hecho, aunque no lo pareciera, ya había conseguido más de lo que al principio de la noche se había propuesto...
Fue en ese momento cuando Clarisse volvió a entrar en la sala, y tras contemplar el panorama durante unos instantes se acercó a Giulietta.
- Señorita Strozzi... - Dijo para llamar su atención. - ¿Podría pedirle algo?
La toreador se volvió de nuevo hacia el grupo tras haber mirado fijamente los ojos de la Sabbat.
Giulietta se vio prontamente interrumpida por la toreador, aunque fue algo que no pareció incomodarla en absoluto ya que se giro hacia ella con una sonrisa.
- Decidme de que se trata y le diré que es lo que puedo hacer.
- ¿Los vendéis?
No se iba a andar con sutilices al hablar con gente de la otra secta, pues por todos era sabido el trato que le daban a los humanos.
- Si es así me gustaría compraros aquel niño.
La mujer miró decidida hacia el pequeño oriental que estaba medio escondido en el grupo. Giulietta no pudo ocultar su asombro. Miro al niño al que se refería Clarisse.
- No, no está en venta. Podéis llevároslo, no hace falta que me deis nada a cambio, si lo deseáis a partir de este momento es vuestro.
La lasombra dejo de mirar al pequeño y fijo su brillante mirada en los ojos de la cainita, estaba seria.
- Siento curiosidad, decidme, ¿queréis a ese pequeño humano por algún motivo en especial? - La seriedad que reinaba en el rostro de la mujer desapareció. - Si no es indiscreción claro. - Dijo esbozando una sonrisa.
Esta conversación atrajo la atención de Vladimir quien se acercó disimuladamente para no perder detalle de la respuesta de la toreador.
La mujer asintió y acto seguido le hizo un gesto a Giulietta para que esperase un segundo.
Se desplazó hasta el grupo de ganado, mientras se desabrochaba la chaqueta, y al llegar ante el niño le miró fijamente a los ojos. De pronto su mirada cambió y se llenó de dulzura ante la pequeña criatura que apenas le llegaba un poco más allá de la rodilla a la alta morena. Se quitó la prenda que la cubría y la echó sobre el niño, quedándose ella con una camiseta de manga larga y diseño moderno que lo único que dejaba ver era los hombros y el escote justo de la chaqueta. Se agachó y le tomó entre sus brazos dejándole sentado sobre su derecho.
Volvió a donde estaba unos segundos atrás y miró al Arzobispo, con su mirada de siempre, que parecía sumamente interesado en la escena.
- De algún lado tengo que sacar a mis modelos.
Levantó el rostro del pequeño con un gesto sutil de sus dedos. Lo cierto era que se parecía al ángel del cuadro que había obsequiado a la anfitriona, pero lo mismo se podría decir de cualquier otro varón con aquellos rasgos.
A pesar de que no te haya visto en años, sigues ahí, siempre has estado ahí, en sus rostros.
Giulietta noto la presencia del arzobispo pero prefirió continuar prestando su atención a Clarisse, cuando volvió con el niño en su regazo... nadie trataría tan bien a un simple modelo... ¿o sí? estos artistas... de todos modos creo que hay algo mas, algún otro motivo por el que Clarisse quiera al pequeño... tal vez para salvarlo de las garras de una salvaje Sabbat... jajajajajaja Giulietta reía para sus adentro...
- En ese caso espero que os sea útil, aunque cuando no se le controla ni se le presta atención este pequeño tiende a ser demasiado alborotado y ruidoso, aunque estoy segura de que vos sabréis como evitarlo. - La lasombra rio.
- Tenlo por seguro.
Dijo fijando sus azules ojos en los verdes de ella.
- Bueno, y ¿cómo se llama? Porque supongo que ya tendrá un nombre.
La cainita no apartó la mirada de los ojos de Strozzi.
Al final va a resultar una fiesta útil...
A Giulietta le gustaba que sus contertulios mantuvieran la mirada directa, muchos solían evitar sus ojos, especialmente los humanos, a los que en ocasiones podía llegar a aterrorizar. Era consciente de que sus ojos más que un don eran una maldición, pero había aprendido a "vivir" con ello y a sacarle partido.
- Su nombre es Kei, le encontré en un pueblo al norte de Tokio, como supondréis solo habla japonés, pero estoy segura de que eso no supondrá ningún problema para vos.
La toreador tuteaba a la lasombra, esta no se lo tomo ni bien ni mal, tal vez sus propias costumbres eran un tanto arcaicas, pero en el fondo era algo que le gustaba. Procuraba tutear solo a aquellos con los que tenía cierta confianza, y por el momento este no era el caso.
Gaeth, nuevamente en la sala de baile, miro la escena escéptico. Sin duda aquel niño merecía un destino mejor que el que Giulietta le hubiera asignado, pero la tutela de un niño era algo inconcebible para un vástago. No sabía hasta que punto Clarisse podía brindarle de nuevas oportunidades. En fin, el destino decidiría.
Vio al arzobispo con extraña repulsión. Su semblante era distraído, pero por momentos, brillaban en sus ojos chispas de inteligencia. Parecía escrutar toda la sala, y en especial, se podía entrever que estudiaba a Giulietta cada poco tiempo. Tal vez estuvieran asistiendo a una especie de examen en sociedad.
Los demás vástagos vagabundeaban por la sala, manteniendo conversaciones que le parecían irrisorias. Tal vez pudiera conocer alguien digno de su atención antes de marcharse.
El Arzobispo vio la escena, y se dio cuenta de que OTRA MALDITA VEZ, demasiados ojos se fijaban en el. Le cansaba que estuvieran pendiente de él. Si querían espectáculo, lo daría, buscó la mente de la criatura, le resultó fácil, tenía un don especial con los críos. Encontró su pequeña psique, y se sumergió en ella.
La encontró adormecida, algo entumecida y confusa. Vio sus sentimientos, y se fijó especialmente en sus miedos. Encontró una veta de nerviosismo, y la potenció, volcándose en ella. La notó crecer, y crecer, era tan fácil con un crio, como rasguear una cuerda de guitarra. No se sentía realizado, pero no tenía nada mejor que hacer en ese momento.
El llanto de la criatura fue la señal. Berreaba como un condenado...
Se acercó a Clarisse, sonriendo.
-Vaya, pobrecito- dijo acariciando su cabecita. -Espero que no os dé mucha guerra, y podáis darle lo que merece y necesita... -mientras hablaba, seguía dentro de la mente del crio, y aplastó el pánico que el mismo había potenciado, tocó las cuerdas de la tranquilidad y la paz y vio a la madre del niño en su mente -...verdad, ¿pequeñín?.
El niño lo miraba con ojos húmedos llenos de pánico, pero estaba tranquilo, ya no lloraba, y vio que el sueño empezaba a apoderarse de él. Rompió el vínculo, pero la imagen de la madre permaneció durante unos instantes...
-Si me disculpáis... -dijo a Clarisse para luego cruzar la sala y dirigirse a Gaeth
-Os dije antes que me gustaría hablar con vos a lo largo de la noche. ¿Sería posible ahora? Me gustaría salir fuera un poco, y conversar tranquilamente. -miró al resto de los presentes, con una mirada reprobatoria en sus ojos.
- De momento no tengo inconveniente, pero estaba a punto de retirarme. Espero que sea algo importante. Saco su pipa y aderezo. Aunque creo que vos sois de los pocos presentes que pueden decir algo interesante.- comento Gaeth mientras miraba la sala, y señalo a Salvina con una mirada, tras la que volvió a mirar a Vlad con una sonrisa cómplice.
-Bien, la importancia de lo que hablemos depende tanto de vos como de mí. -dijo, devolviendo la sonrisa. -Y de que los presentes no importunen, claro -sacó los dientes y frunció el entrecejo durante un momento.
Hizo un gesto al cainita invitándolo a salir, y comenzó a caminar.
- ¿Salvina? Tal y como prometí, he vuelto- sonrió. - Quisiera presentaros a la anfitriona.
Se apartó para dejar paso a Giulietta.
- Giulietta, esta es Salvina Nefer, y estos son Fiftenzo y el inefable señor LaTorre -, dijo señalando a cada cual con la mano abierta, sonrió pícaramente cuando presentó a LaTorre.
Javier miró a Vlad cuando pronunció "señor Latorre”, y una ligera sonrisa irónica dibujó sus labios.
- Oh! Vaya acontecimiento...ahora tengo la reputación de Señor...no me adule tanto señor ARZObispo... - comentó LaTorre.
Giulietta les ofreció una de sus más encantadoras sonrisas.
- Es un placer. Dijo dirigiéndose a todos en general.
Giulietta miro a LaTorre pensativa.
- Vos sois aquel que esperaba en la recepción de la Salle si no me equivoco... os pido disculpas por haber pasado antes que vos aquel día, pero tenía un poco de prisa y no muy buen humor... espero sepáis perdonarme.
- Es un placer conocerla, y no se preocupe por el incidente de la Salle, no tiene la menor importancia. Nunca importa esperar de más si es por una mujer como vos...
Dijo sin apartar su mirada penetrante de los ojos de Giulietta. Por un momento, miró la decoración de la sala.
- Por cierto...un castillo asombroso, que pena que en mi país no haya...y la decoración es exquisita, he de felicitarla por su buen gusto...
- Celebro que os guste el castillo, aunque en realidad a quien pertenece es al arzobispo, yo tan solo soy su nueva inquilina por decirlo de algún modo. - Fue su contestación a LaTorre.
- Por fin os conozco Salvina, es todo un placer. - Dijo dirigiéndose a Salvina
- Como siempre Vladimir, volvéis a cumplir vuestra palabra, y me alegro de ello. - Dijo la setita sonriendo sinceramente al malkavian, el cual acababa de solucionarle la papeleta de tener que buscar conversación entre los vástagos de la sala. Con el rabillo del ojo buscó a Martin, que llevaba mucho tiempo sin hacer nada. Después dedicó toda su atención a la Srta. Giulietta.
- Es un enorme placer conocerla al fin, gracias por la invitación a tan encantadora fiesta, es usted una gran anfitriona, aunque cuente con tan estimable ayuda.
Y alargó su mano para estrechar la de la lasombra en un gesto de cortesía diplomática a la vez que se acercaba con la intención de darle dos besos como era costumbre ahora entre humanos, Giulietta le correspondió con una amplia sonrisa. A Salvina le sentó bien que la Lasombra le respondiera a los dos besos de forma tan natural, y escuchó la nueva conversación que comenzaba Giulietta.
- Me alegro de que le esté gustando la fiesta, espero que lo esté pasando bien. Para seros sincera aquí el arzobispo ha hecho casi más que yo para organizarla, al fin y al cabo soy nueva en la ciudad y no sabía muy bien cómo hacer llegar la noticia a todos vosotros...
Cuando empezó el campeonato de halagos y aduladores, Vladimir comenzó a sentirse asqueado, y ligeras punzadas en su atrofiado estomago (o al menos, eso le decía su desquiciado cerebro) le reconcomían cada vez que era objetivo de algún "piropo". No se sentía con ganas de hablar, por no tener que aguantar las replicas de LaTorre, y aunque tenía que hablar con Salvina, prefería hacerlo a solas.
Esto pensaba cuando Giulietta terminó su frase.
- Ehem, bien, gracias a todos por apreciar mi labor, aunque la verdad es que no debería quitarse méritos, Giulietta. La maravillosa decoración es suya, así como la organización de toda la fiesta, solo he ayudado en ciertos pormenores de escasa importancia, y bueno, el anuncio, es solo un detalle sin importancia... -Levantó una ceja, y barriendo al grupo con la mirada, dijo:
- Después de todo, no soy tan importante, ni mucho menos...
Se acercó ligeramente a Giulietta, y le dijo en un tono que solo ella pudiera oír:
- Me temo que mientras la acompañe en la fiesta, le robaré protagonismo involuntariamente, y no hay nada que odie mas, no solo por usted, si no por mí mismo. Así pues, si me disculpa, revolotearé un rato por ahí. Disfrute.
Se volvió hacia el resto:
- Espero que aguardéis en el castillo a que todos los invitados se hayan ido antes de retiraros... fue la furtiva respuesta de la italiana, y un gesto de afirmación con la cabeza, y una cálida sonrisa fueron lo único que obtuvo como respuesta.
- Bien, les dije que les traería a la anfitriona, y cumplí. Ahora, si me disculpan, les dejo con ella, supongo que querrán ponerla al día de lo que se cuece por Sanlúcar... así como probablemente, conspirar contra un alto cargo de la ciudad, un malvado sabbatista por ejemplo. - Guiñó el ojo a los presentes, sonriendo. - Disfruten de la fiesta, y de la anfitriona- dijo, mientras se alejaba distraídamente.
Vlad se retiró del grupo, no sabía si salir fuera, donde había visto salir a la Toreador antes del brindis, o pararse a hablar con Dorian. Mientras se decidía y no, vio a la pelirroja cuya sangre había bebido antes... en una fracción de segundo, cientos de posibles planes que la incluían a ella y a él pasaron por su cabeza, en flashes con gritos, gemidos, y sangre. Extrañamente (o no), todos acababan igual de mal... para ella.
Giulietta se dirigió nuevamente al resto del cainitas, bebió un ligero sorbo de la copa del brindis (aun quedaba algo de sangre en ella) y se dirigió a sus contertulios en general.
- Bueno, ¿alguien podría ponerme al corriente de cómo van las cosas por esta ciudad?
Giulietta sonreía y pasaba su brillante mirada por los ojos de los que ante ella se encontraban, el tono de su voz era más curioso que inquisitivo, más que una osadía parecía una forma de intentar comenzar una conversación interesante.
- Como en todas partes supongo, a unos les va bien y a otros mejor, sobre todo ahora que la guerra está un tanto estancada - miro un segundo a su alrededor - hablando de guerras y guerreros, habéis visto a una pequeña gangrel, May se llama, no le he visto y a ella le encantan las fiestas, que raro.
- Para seros sincera, con una Príncipe de la Camarilla como la que parece tener esta ciudad no entiendo como puede ser tan apacible... - el rostro de la cainita se oscureció por un breve momento.
- ¿May? No me suena de nada, aunque eso es algo que tampoco ha de extrañaros, desde mi llegada a la ciudad apenas he salido de este castillo. Pero tranquila, si la encontrara os avisaría... ¿acaso la pequeña se ha metido en algún lio?
¿Pequeña gangrel?... Pensó Fiftenzo, debía ser aquella que había visto en la playa, aunque en su encuentro no parecía que fuese muy amiga de fiestas. De todos modos le interesaba más lo que había dicho la anfitriona, esbocé una media sonrisa y dije:
-Bueno, todos tenemos nuestros líos, no he conocido a nadie que no tuviese un solo problema.
- ¡Por supuesto que sí! al fin y al cabo la "no-vida" sería demasiado aburrida si no le diéramos un poco de emoción, ¿no? - Giulietta rio y bebió un pequeño sorbo de la copa.
Un cambio de tema, algo es algo, por fin se dejaban las cosas importantes para que la gente se relajase un poco, aunque fuese solo una simple frase, aunque yo nunca solía relajarme(ni una sola letra acostumbraba a soltar sin pensar) dije una pequeña frase sobre mí mismo, suponiendo que nadie preguntaría nada más y estando seguro de poder abstenerse de contestar si alguien lo hacía.
-Muy cierto, a decir verdad yo he estado buscándome problemas toda mi vida.
Giulietta pareció pensar pacientemente sus palabras antes de hablar.
- Bueno, todos acabamos encontrándonos con problemas, en ocasiones los buscarnos y otras veces simplemente vienen a nosotros, es entonces cuando realmente hay que tener cuidado... cuando vienen sin ser llamados alguien los ha mandado...
Giulietta comenzaba a estar un poco cansada, no lo mostraba en absoluto, ya que su aspecto seguía igual de alegre y jovial que el resto de la noche, pero uno de los principales propósitos de la fiesta era averiguar cosas sobre sus invitados, saber si llegado el momento podría o no usarlos, conocerles, encontrar sus puntos débiles y averiguar de parte de quien estaban, era evidente que la cainita no pretendía conseguir todos aquellos propósitos en una sola noche, pero primaba el entablar una relación que a corto plazo pudiera satisfacer su curiosidad. De hecho, aunque no lo pareciera, ya había conseguido más de lo que al principio de la noche se había propuesto...
Fue en ese momento cuando Clarisse volvió a entrar en la sala, y tras contemplar el panorama durante unos instantes se acercó a Giulietta.
- Señorita Strozzi... - Dijo para llamar su atención. - ¿Podría pedirle algo?
La toreador se volvió de nuevo hacia el grupo tras haber mirado fijamente los ojos de la Sabbat.
Giulietta se vio prontamente interrumpida por la toreador, aunque fue algo que no pareció incomodarla en absoluto ya que se giro hacia ella con una sonrisa.
- Decidme de que se trata y le diré que es lo que puedo hacer.
- ¿Los vendéis?
No se iba a andar con sutilices al hablar con gente de la otra secta, pues por todos era sabido el trato que le daban a los humanos.
- Si es así me gustaría compraros aquel niño.
La mujer miró decidida hacia el pequeño oriental que estaba medio escondido en el grupo. Giulietta no pudo ocultar su asombro. Miro al niño al que se refería Clarisse.
- No, no está en venta. Podéis llevároslo, no hace falta que me deis nada a cambio, si lo deseáis a partir de este momento es vuestro.
La lasombra dejo de mirar al pequeño y fijo su brillante mirada en los ojos de la cainita, estaba seria.
- Siento curiosidad, decidme, ¿queréis a ese pequeño humano por algún motivo en especial? - La seriedad que reinaba en el rostro de la mujer desapareció. - Si no es indiscreción claro. - Dijo esbozando una sonrisa.
Esta conversación atrajo la atención de Vladimir quien se acercó disimuladamente para no perder detalle de la respuesta de la toreador.
La mujer asintió y acto seguido le hizo un gesto a Giulietta para que esperase un segundo.
Se desplazó hasta el grupo de ganado, mientras se desabrochaba la chaqueta, y al llegar ante el niño le miró fijamente a los ojos. De pronto su mirada cambió y se llenó de dulzura ante la pequeña criatura que apenas le llegaba un poco más allá de la rodilla a la alta morena. Se quitó la prenda que la cubría y la echó sobre el niño, quedándose ella con una camiseta de manga larga y diseño moderno que lo único que dejaba ver era los hombros y el escote justo de la chaqueta. Se agachó y le tomó entre sus brazos dejándole sentado sobre su derecho.
Volvió a donde estaba unos segundos atrás y miró al Arzobispo, con su mirada de siempre, que parecía sumamente interesado en la escena.
- De algún lado tengo que sacar a mis modelos.
Levantó el rostro del pequeño con un gesto sutil de sus dedos. Lo cierto era que se parecía al ángel del cuadro que había obsequiado a la anfitriona, pero lo mismo se podría decir de cualquier otro varón con aquellos rasgos.
A pesar de que no te haya visto en años, sigues ahí, siempre has estado ahí, en sus rostros.
Giulietta noto la presencia del arzobispo pero prefirió continuar prestando su atención a Clarisse, cuando volvió con el niño en su regazo... nadie trataría tan bien a un simple modelo... ¿o sí? estos artistas... de todos modos creo que hay algo mas, algún otro motivo por el que Clarisse quiera al pequeño... tal vez para salvarlo de las garras de una salvaje Sabbat... jajajajajaja Giulietta reía para sus adentro...
- En ese caso espero que os sea útil, aunque cuando no se le controla ni se le presta atención este pequeño tiende a ser demasiado alborotado y ruidoso, aunque estoy segura de que vos sabréis como evitarlo. - La lasombra rio.
- Tenlo por seguro.
Dijo fijando sus azules ojos en los verdes de ella.
- Bueno, y ¿cómo se llama? Porque supongo que ya tendrá un nombre.
La cainita no apartó la mirada de los ojos de Strozzi.
Al final va a resultar una fiesta útil...
A Giulietta le gustaba que sus contertulios mantuvieran la mirada directa, muchos solían evitar sus ojos, especialmente los humanos, a los que en ocasiones podía llegar a aterrorizar. Era consciente de que sus ojos más que un don eran una maldición, pero había aprendido a "vivir" con ello y a sacarle partido.
- Su nombre es Kei, le encontré en un pueblo al norte de Tokio, como supondréis solo habla japonés, pero estoy segura de que eso no supondrá ningún problema para vos.
La toreador tuteaba a la lasombra, esta no se lo tomo ni bien ni mal, tal vez sus propias costumbres eran un tanto arcaicas, pero en el fondo era algo que le gustaba. Procuraba tutear solo a aquellos con los que tenía cierta confianza, y por el momento este no era el caso.
Gaeth, nuevamente en la sala de baile, miro la escena escéptico. Sin duda aquel niño merecía un destino mejor que el que Giulietta le hubiera asignado, pero la tutela de un niño era algo inconcebible para un vástago. No sabía hasta que punto Clarisse podía brindarle de nuevas oportunidades. En fin, el destino decidiría.
Vio al arzobispo con extraña repulsión. Su semblante era distraído, pero por momentos, brillaban en sus ojos chispas de inteligencia. Parecía escrutar toda la sala, y en especial, se podía entrever que estudiaba a Giulietta cada poco tiempo. Tal vez estuvieran asistiendo a una especie de examen en sociedad.
Los demás vástagos vagabundeaban por la sala, manteniendo conversaciones que le parecían irrisorias. Tal vez pudiera conocer alguien digno de su atención antes de marcharse.
El Arzobispo vio la escena, y se dio cuenta de que OTRA MALDITA VEZ, demasiados ojos se fijaban en el. Le cansaba que estuvieran pendiente de él. Si querían espectáculo, lo daría, buscó la mente de la criatura, le resultó fácil, tenía un don especial con los críos. Encontró su pequeña psique, y se sumergió en ella.
La encontró adormecida, algo entumecida y confusa. Vio sus sentimientos, y se fijó especialmente en sus miedos. Encontró una veta de nerviosismo, y la potenció, volcándose en ella. La notó crecer, y crecer, era tan fácil con un crio, como rasguear una cuerda de guitarra. No se sentía realizado, pero no tenía nada mejor que hacer en ese momento.
El llanto de la criatura fue la señal. Berreaba como un condenado...
Se acercó a Clarisse, sonriendo.
-Vaya, pobrecito- dijo acariciando su cabecita. -Espero que no os dé mucha guerra, y podáis darle lo que merece y necesita... -mientras hablaba, seguía dentro de la mente del crio, y aplastó el pánico que el mismo había potenciado, tocó las cuerdas de la tranquilidad y la paz y vio a la madre del niño en su mente -...verdad, ¿pequeñín?.
El niño lo miraba con ojos húmedos llenos de pánico, pero estaba tranquilo, ya no lloraba, y vio que el sueño empezaba a apoderarse de él. Rompió el vínculo, pero la imagen de la madre permaneció durante unos instantes...
-Si me disculpáis... -dijo a Clarisse para luego cruzar la sala y dirigirse a Gaeth
-Os dije antes que me gustaría hablar con vos a lo largo de la noche. ¿Sería posible ahora? Me gustaría salir fuera un poco, y conversar tranquilamente. -miró al resto de los presentes, con una mirada reprobatoria en sus ojos.
- De momento no tengo inconveniente, pero estaba a punto de retirarme. Espero que sea algo importante. Saco su pipa y aderezo. Aunque creo que vos sois de los pocos presentes que pueden decir algo interesante.- comento Gaeth mientras miraba la sala, y señalo a Salvina con una mirada, tras la que volvió a mirar a Vlad con una sonrisa cómplice.
-Bien, la importancia de lo que hablemos depende tanto de vos como de mí. -dijo, devolviendo la sonrisa. -Y de que los presentes no importunen, claro -sacó los dientes y frunció el entrecejo durante un momento.
Hizo un gesto al cainita invitándolo a salir, y comenzó a caminar.
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