
La noche anterior Giulietta había dispuesto todo para el ritual, el tiempo apremia.
Las mochilas con el equipo y las armas estaban en la entrada, Dorian se había ocupado de que todo estuviera listo para salir tras el ritual. El joven vestía ya el traje de neopreno que Vladimir les había dado la noche anterior, Giulietta vestía una túnica de raso rojo sin mangas y larga hasta los pies descalzos.
- Cuando lleguen quédate con los humanos en el despacho y que Vladimir salga al jardín.
Dorian asintió y acudió a la entrada a esperar al arzobispo.
La luna llena brillaba en el cielo practicamente despejado, había una visibilidad excelente en la noche. Una hoguera en el centro del jardín, a su alrededor un círculo de piedras, y en el borde exterior una pequeña mesa con una daga ritual y un cuenco de barro con sangre. En un banco cercano, en la oscuridad bajo un arbol dos humanos de mirada perdida sentados, sin moverse o hablar.
La cainita se sentó en el suelo junto a la hoguera a la espera de la llegada del malkavian, aprobechando el momento de soledad para concentrarse y prepararse mentalmente.
A los pocos minutos llamaron a la puerta, un grupo de seis hombres con Vladimir a la cabeza llegaron al castillo donde Dorian les recibió.
- Giulietta le espera en el jardin, debeís poneros esto - dijo dirigiéndose de forma fría a la par que educada a Vladimir y extendiéndole unas telas negras - ustedes acompáñenme por favor. - Esta vez habló al grupo de humanos mientras con la mano les indicaba que le siguieran hasta el despacho.
Vladímir tomó la prenda, y ordenó a sus hombres, completemente pertrechados y debidamente dopados que llevaran sus cosas y acompañaran a Dorian, a quien entregó los chalecos de Kevlar prometidos.
Entró en un pequeño cuarto de aseo, evitando por todos los medios mirar el espejo. Se desvistió de forma ordenada, doblando la ropa, que dejó alli. Se ajustó la falda, y se estiró varias veces.
Una vez listo salió al patio donde vio a Giulietta levantarse en el centro del circulo de piedras.
La escena le pareció como de cuento. Una enorme luna llena, con un cielo límpido. Una hoguera, un circulo ritual, y una mujer de rojo, pálida, y con dos llamaradas verdes por ojos. Y él, semidesnudo, prestándose a realizar extraños rituales. Algo a lo que se habria negado de contar con una manada en condiciones. Pero los tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, se dijo a sí mismo. Mirando a Giulietta, que le esperaba, entró en círculo de piedra. Giulietta se puso frente a él evitando mirarle a los ojos.
La mujer tomó la mano del vampiro y la extendió.
- Sólo serán unas gotas, no os dolerá - dijo cogiendo la daga de la mesa y el cuenco con sangre, se acercó nuevamente, al ver la desconfianza en el rosto del arzobispo decidió iniciar ella misma el proceso, se hizo un corte en la muñeca con la daga y su sangre cayó al cuenco, mezclándose con la ya derramada, se lamió la herida y limpió el filo de la daga con la túnica. - Su turno... - dijo haciendo un corte similar en la muñeca del malkavian.
No pudo reprimir un arco reflejo casi involuntario al sentir el corte. Pero la mujer sujetaba su mano con fuerza. Contrajo los músculos del brazo varias veces mientras miraba fascinado como la sangre manaba del corte y caía en el cuenco. Cuando la vampiresa soltó su mano, se la llevó a la boca para cerrar la herida, tal y como hiciera ella. No hizo ningun comentario, ella parecía muy concentrada y no quería romper "la magia" de la ceremonia.
Con la punta de la daga la lasombra removió la sangre, luego dejó ambos objetos en la mesa. Nuevamente se acercó al cainita.
- No hay tiempo para escepticismos ni extensas explicaciones. Así que no opongais resistencia, para... facilitar las cosas. - Cerró lo ojos y se concentró unos instantes...
De repente alzó la cabeza y abrió los ojos fijando su mirada en los de Vladimir... dios santo, su mente está destrozada por completo... la lasombra fue, al menos en parte, consciente de lo mucho que aquella mente había sido maltratada, quien sabe si por sí misma o por acción de otros...
- Harás lo que te diga e indique, permanecerás en estado de trance hasta oir la palabra fin, en ese momento curarás tus heridas y saldrás del dominio recordando todo lo ocurrido, tranquilo y relajado. - su voz era fría y totalmente neutral, cuando terminó de hablar los ojos del malkavian perdieron parte de su brillo, como si un velo blanco los cubriera.
Unos segundos después Giulietta comenzó a entonar un mantra repitiendo la palabra fuerza en latín una y otra vez, su concentración era absoluta, tenía que mantener el dominio sobre una mente desquiciada mientras recitaba un mantra y llevaba a cabo el ritual. Sin perder el contacto visual con Vladimir comenzó a andar de espaldas lentamente, sin dejar de cantar, al llegar junto a la mesa extendió el brazo izquierdo para coger el cuenco con la sangre, lo sostuvo con ambas manos y volvió a andar hacía el mesmerizado vampiro.
Sin dejar de cantar manchó su dédo índice en la sangre y comenzó a pintarle la cara, los dibujos eran arcaícos símbolos tribales, principalmente líneas que daban a su rostro un aspecto más amenazador, continuó haciendo los mismos dibujos en su propia cara, sin dejar de mirar a los ojos de Vladimir en ningún momento.
Volvió a mojar el dedo en la vitae para dibujar una línea en los brazos del cainita, partiendo del hombro hasta el dedo corazón de cada mano. Mojando esta vez tres dedos en la sangre dibujó tres líneas verticales en los pectorales del vampiro.
Se agachó lentamente, mirando siempre hacia arriba, a aquellos ojos lechosos, dejó el cuenco en el suelo y se elevó lentamente, tomó al hombre de las manos y ambos andaron hacia la hoguera, el fuego casi les quemaba la piel, Giulietta sentía el calor abrasador y por los pulsos que la mente de Vlad emitía sabía que el también lo notaba, y no era de su agrado. Aún con las manos de Vladimir entre las suyas Giulietta aumentó notablemente la velocidad del mantra, este era uno de los momentos más duros del ritual, donde no podía cometer el más mínimo error... diminutas gotas de sangre comenzaban a ser visibles en la frente de la cainita...
Cuando a causa de la velocidad las palabras de la mujer parecían ya practicamente indistinguibles soltó las manos de Vladimir con fuerza y dejó de cantar; dio un paso atrás.
Las mochilas con el equipo y las armas estaban en la entrada, Dorian se había ocupado de que todo estuviera listo para salir tras el ritual. El joven vestía ya el traje de neopreno que Vladimir les había dado la noche anterior, Giulietta vestía una túnica de raso rojo sin mangas y larga hasta los pies descalzos.
- Cuando lleguen quédate con los humanos en el despacho y que Vladimir salga al jardín.
Dorian asintió y acudió a la entrada a esperar al arzobispo.
La luna llena brillaba en el cielo practicamente despejado, había una visibilidad excelente en la noche. Una hoguera en el centro del jardín, a su alrededor un círculo de piedras, y en el borde exterior una pequeña mesa con una daga ritual y un cuenco de barro con sangre. En un banco cercano, en la oscuridad bajo un arbol dos humanos de mirada perdida sentados, sin moverse o hablar.
La cainita se sentó en el suelo junto a la hoguera a la espera de la llegada del malkavian, aprobechando el momento de soledad para concentrarse y prepararse mentalmente.
A los pocos minutos llamaron a la puerta, un grupo de seis hombres con Vladimir a la cabeza llegaron al castillo donde Dorian les recibió.
- Giulietta le espera en el jardin, debeís poneros esto - dijo dirigiéndose de forma fría a la par que educada a Vladimir y extendiéndole unas telas negras - ustedes acompáñenme por favor. - Esta vez habló al grupo de humanos mientras con la mano les indicaba que le siguieran hasta el despacho.
Vladímir tomó la prenda, y ordenó a sus hombres, completemente pertrechados y debidamente dopados que llevaran sus cosas y acompañaran a Dorian, a quien entregó los chalecos de Kevlar prometidos.
Entró en un pequeño cuarto de aseo, evitando por todos los medios mirar el espejo. Se desvistió de forma ordenada, doblando la ropa, que dejó alli. Se ajustó la falda, y se estiró varias veces.
Una vez listo salió al patio donde vio a Giulietta levantarse en el centro del circulo de piedras.
La escena le pareció como de cuento. Una enorme luna llena, con un cielo límpido. Una hoguera, un circulo ritual, y una mujer de rojo, pálida, y con dos llamaradas verdes por ojos. Y él, semidesnudo, prestándose a realizar extraños rituales. Algo a lo que se habria negado de contar con una manada en condiciones. Pero los tiempos desesperados requieren medidas desesperadas, se dijo a sí mismo. Mirando a Giulietta, que le esperaba, entró en círculo de piedra. Giulietta se puso frente a él evitando mirarle a los ojos.
La mujer tomó la mano del vampiro y la extendió.
- Sólo serán unas gotas, no os dolerá - dijo cogiendo la daga de la mesa y el cuenco con sangre, se acercó nuevamente, al ver la desconfianza en el rosto del arzobispo decidió iniciar ella misma el proceso, se hizo un corte en la muñeca con la daga y su sangre cayó al cuenco, mezclándose con la ya derramada, se lamió la herida y limpió el filo de la daga con la túnica. - Su turno... - dijo haciendo un corte similar en la muñeca del malkavian.
No pudo reprimir un arco reflejo casi involuntario al sentir el corte. Pero la mujer sujetaba su mano con fuerza. Contrajo los músculos del brazo varias veces mientras miraba fascinado como la sangre manaba del corte y caía en el cuenco. Cuando la vampiresa soltó su mano, se la llevó a la boca para cerrar la herida, tal y como hiciera ella. No hizo ningun comentario, ella parecía muy concentrada y no quería romper "la magia" de la ceremonia.
Con la punta de la daga la lasombra removió la sangre, luego dejó ambos objetos en la mesa. Nuevamente se acercó al cainita.
- No hay tiempo para escepticismos ni extensas explicaciones. Así que no opongais resistencia, para... facilitar las cosas. - Cerró lo ojos y se concentró unos instantes...
De repente alzó la cabeza y abrió los ojos fijando su mirada en los de Vladimir... dios santo, su mente está destrozada por completo... la lasombra fue, al menos en parte, consciente de lo mucho que aquella mente había sido maltratada, quien sabe si por sí misma o por acción de otros...
- Harás lo que te diga e indique, permanecerás en estado de trance hasta oir la palabra fin, en ese momento curarás tus heridas y saldrás del dominio recordando todo lo ocurrido, tranquilo y relajado. - su voz era fría y totalmente neutral, cuando terminó de hablar los ojos del malkavian perdieron parte de su brillo, como si un velo blanco los cubriera.
Unos segundos después Giulietta comenzó a entonar un mantra repitiendo la palabra fuerza en latín una y otra vez, su concentración era absoluta, tenía que mantener el dominio sobre una mente desquiciada mientras recitaba un mantra y llevaba a cabo el ritual. Sin perder el contacto visual con Vladimir comenzó a andar de espaldas lentamente, sin dejar de cantar, al llegar junto a la mesa extendió el brazo izquierdo para coger el cuenco con la sangre, lo sostuvo con ambas manos y volvió a andar hacía el mesmerizado vampiro.
Sin dejar de cantar manchó su dédo índice en la sangre y comenzó a pintarle la cara, los dibujos eran arcaícos símbolos tribales, principalmente líneas que daban a su rostro un aspecto más amenazador, continuó haciendo los mismos dibujos en su propia cara, sin dejar de mirar a los ojos de Vladimir en ningún momento.
Volvió a mojar el dedo en la vitae para dibujar una línea en los brazos del cainita, partiendo del hombro hasta el dedo corazón de cada mano. Mojando esta vez tres dedos en la sangre dibujó tres líneas verticales en los pectorales del vampiro.
Se agachó lentamente, mirando siempre hacia arriba, a aquellos ojos lechosos, dejó el cuenco en el suelo y se elevó lentamente, tomó al hombre de las manos y ambos andaron hacia la hoguera, el fuego casi les quemaba la piel, Giulietta sentía el calor abrasador y por los pulsos que la mente de Vlad emitía sabía que el también lo notaba, y no era de su agrado. Aún con las manos de Vladimir entre las suyas Giulietta aumentó notablemente la velocidad del mantra, este era uno de los momentos más duros del ritual, donde no podía cometer el más mínimo error... diminutas gotas de sangre comenzaban a ser visibles en la frente de la cainita...
Cuando a causa de la velocidad las palabras de la mujer parecían ya practicamente indistinguibles soltó las manos de Vladimir con fuerza y dejó de cantar; dio un paso atrás.
El rito marcial ha terminado...
...que empiece el ritual de sigilo
...que empiece el ritual de sigilo
- Cuando toque tu frente arrancarás la punta de mi lengua con tus dientes y la escupirás al fuego. - Ordenó tajante la cainita.
Puso sus manos en las frías mejillas de Vladimir haciendo algo de presión para que abriera la boca y mordió con fuerza la lengua del vampiro arrancándole la punta con fiereza, en un leve momento de debilidad la lasombra no pudo evitar saborear fugazmente la sangre, con un ligero regusto a metal, del vampiro antes de escupir la carne al fuego.
Elevó su mano y acarició la frente de Vlad, se acercó a la mujer y mordió su lengua igual que ella habia hecho, cuando su sangre le entró en la boca del malkavian Giulietta sintió un ligero espásmo en la mente dominada, escupió la lengua al fuego y continuó inmovil.
- El ritual ha llegado a su fin. - Sentenció la mujer.
En cuanto dijo la palabra clave la herida en la lengua de Vlad comenzó a curarse y el blanquecino velo que cubría sus ojos desaperció , aún con sabor a sangre en la boca, Vlad recuperó la consciencia de sí mismo. Miró a los lados como si se hubiera perdido algo. Parpadeó varias veces, se frotó la frente con la mano y vio su propia sangre. Notó el sabor a sangre en la boca y tras observar su cuerpo pintado, miró a Giulietta extrañado, saboreando la poca sangre de su boca.
Giulietta, sin decir nada, simplemente le devolvió media sonrisa de confianza. Ambos podían sentir la fuerza fluir por sus cuerpos, la adrenalina fundiéndose con su sangre, eran más ágiles, sus movimientos más precisos y silenciosos.
Antes de volver al interior del castillo la mujer se acercó a los dos humanos que no se habían movido desde el comienzo del ritual.
- Venid aquí.
Ambos se pusieron en pie y caminaron hasta ellos, un joven frente a cada vampiro.
- Bebed hasta saciaros, toda precaución es poca y es mejor que contemos con la mayor cantidad de sangre posible. - Y sin más clavó sus finos colmillos en el humano que tenía frente a sí, inclinándose sobre él y bebiendo hasta casi agotar la vida del joven.
Vladimir observó a Giulietta alimentarse durante un momento antes de hacer lo propio. Mientras bebía la sangre del humano, reflexionó sobre el hecho de haber sido dominado por la lasombra, y de forma tan sencilla. Cuando empezó, ni siquiera se planteó el hecho de resistirse. Debía ser por el hecho de estar dipuesto a seguir a la mujer en lo que hiciera. Pero le preocupó más que la sacerdotisa no hubiera encontrado problemas para dominarlo. Era consciente del laberinto que era su mente, y que no debía ser agradable para nadie tratar con ella. Aún así, ella lo había hecho, y tan fácilmente. Tendría que tener cuidado con ella en el futuro. Cuando vió que Giulietta dejaba al humano, hizo lo mismo.
Ahora alimentado, Vlad dejó que la mujer le guiara de nuevo al castillo. Entraron en la estancia donde estaban Dorian y sus seis hombres, y les pidió su equipo. Con una secuencia de movimientos profundamente estudiada, casi ceremonial y extreamadamente precisa, se puso el neopreno, pieza a pieza, como una armadura.
Revisó uno por uno todos los elementos de su mochila, antes de colocarse dos cintos con afiladas estacas de unas 23cm de largo y unos 4cm de grosor. Uno en el brazo derecho, y otro en el muslo izquierdo. Siete estacas en total.
Se ajustó un cinturón que albergaba dos pistolas que quedaron situadas a la derecha, accesibles para su mano buena. A la izquierda, en fundas separadas, cuatro cargadores. Nunca hay munición de sobra. Revisó los cargadores y el mecanismo de ambas armas, y las guardó.
Tras esto, se ajustó el chaleco de kevlar, y cerró la mochila. La sopesó con una sola mano. Pese a toda la carga, se sentia excepcionalmente liviano y ágil. Quizá, después de todo, Giulietta llevara algo de razón.
La mujer se vistió en la habitación donde Vladimir lo hiciera la noche anterior, allí había dejado su equipo y armas, al salir de la habitación Dorian se acercó a ella con el kevlar en la mano, la lasombra se limitó a extender los brazos ante el mortal mientras este le ajustaba el chaleco.
- ¿Preparados? - preguntó Vladimir gravemente a sus hombres, mirandolos a los ojos uno por uno, mientras ellos asentían con la cabeza.
La mujer se limitó a observar con detalle a cada uno de los humanos, estos no van a durar ni dos asaltos... comenzó a andar hacia la entrada del castillo. Dorian asintió con fuerza ante la pregunta de Vladimir y siguió a su señora hasta el exterior.
Al salir del castillo, dos furgonetas les esperaban. Vlad, que ya había preparado con Roberto, el lider de la escuadra, el plan de despliegue, sus pormenores y posibilidades, iría en una de ellas con Dorian y Giulietta, para hacer lo propio con ellos, acompañados por Miguel, que conduciría. El resto irían en el otro vehículo, que iría por delante.
Tras cargar el equipo, y subir, El malkavia se sentó de copiloto. Detras iban el humano y la lasombra. Dio la señal a Miguel, que hizo largas al otro vehiculo, que acto seguido emprendió la marcha.
Puso sus manos en las frías mejillas de Vladimir haciendo algo de presión para que abriera la boca y mordió con fuerza la lengua del vampiro arrancándole la punta con fiereza, en un leve momento de debilidad la lasombra no pudo evitar saborear fugazmente la sangre, con un ligero regusto a metal, del vampiro antes de escupir la carne al fuego.
Elevó su mano y acarició la frente de Vlad, se acercó a la mujer y mordió su lengua igual que ella habia hecho, cuando su sangre le entró en la boca del malkavian Giulietta sintió un ligero espásmo en la mente dominada, escupió la lengua al fuego y continuó inmovil.
- El ritual ha llegado a su fin. - Sentenció la mujer.
En cuanto dijo la palabra clave la herida en la lengua de Vlad comenzó a curarse y el blanquecino velo que cubría sus ojos desaperció , aún con sabor a sangre en la boca, Vlad recuperó la consciencia de sí mismo. Miró a los lados como si se hubiera perdido algo. Parpadeó varias veces, se frotó la frente con la mano y vio su propia sangre. Notó el sabor a sangre en la boca y tras observar su cuerpo pintado, miró a Giulietta extrañado, saboreando la poca sangre de su boca.
Giulietta, sin decir nada, simplemente le devolvió media sonrisa de confianza. Ambos podían sentir la fuerza fluir por sus cuerpos, la adrenalina fundiéndose con su sangre, eran más ágiles, sus movimientos más precisos y silenciosos.
Antes de volver al interior del castillo la mujer se acercó a los dos humanos que no se habían movido desde el comienzo del ritual.
- Venid aquí.
Ambos se pusieron en pie y caminaron hasta ellos, un joven frente a cada vampiro.
- Bebed hasta saciaros, toda precaución es poca y es mejor que contemos con la mayor cantidad de sangre posible. - Y sin más clavó sus finos colmillos en el humano que tenía frente a sí, inclinándose sobre él y bebiendo hasta casi agotar la vida del joven.
Vladimir observó a Giulietta alimentarse durante un momento antes de hacer lo propio. Mientras bebía la sangre del humano, reflexionó sobre el hecho de haber sido dominado por la lasombra, y de forma tan sencilla. Cuando empezó, ni siquiera se planteó el hecho de resistirse. Debía ser por el hecho de estar dipuesto a seguir a la mujer en lo que hiciera. Pero le preocupó más que la sacerdotisa no hubiera encontrado problemas para dominarlo. Era consciente del laberinto que era su mente, y que no debía ser agradable para nadie tratar con ella. Aún así, ella lo había hecho, y tan fácilmente. Tendría que tener cuidado con ella en el futuro. Cuando vió que Giulietta dejaba al humano, hizo lo mismo.
Ahora alimentado, Vlad dejó que la mujer le guiara de nuevo al castillo. Entraron en la estancia donde estaban Dorian y sus seis hombres, y les pidió su equipo. Con una secuencia de movimientos profundamente estudiada, casi ceremonial y extreamadamente precisa, se puso el neopreno, pieza a pieza, como una armadura.
Revisó uno por uno todos los elementos de su mochila, antes de colocarse dos cintos con afiladas estacas de unas 23cm de largo y unos 4cm de grosor. Uno en el brazo derecho, y otro en el muslo izquierdo. Siete estacas en total.
Se ajustó un cinturón que albergaba dos pistolas que quedaron situadas a la derecha, accesibles para su mano buena. A la izquierda, en fundas separadas, cuatro cargadores. Nunca hay munición de sobra. Revisó los cargadores y el mecanismo de ambas armas, y las guardó.
Tras esto, se ajustó el chaleco de kevlar, y cerró la mochila. La sopesó con una sola mano. Pese a toda la carga, se sentia excepcionalmente liviano y ágil. Quizá, después de todo, Giulietta llevara algo de razón.
La mujer se vistió en la habitación donde Vladimir lo hiciera la noche anterior, allí había dejado su equipo y armas, al salir de la habitación Dorian se acercó a ella con el kevlar en la mano, la lasombra se limitó a extender los brazos ante el mortal mientras este le ajustaba el chaleco.
- ¿Preparados? - preguntó Vladimir gravemente a sus hombres, mirandolos a los ojos uno por uno, mientras ellos asentían con la cabeza.
La mujer se limitó a observar con detalle a cada uno de los humanos, estos no van a durar ni dos asaltos... comenzó a andar hacia la entrada del castillo. Dorian asintió con fuerza ante la pregunta de Vladimir y siguió a su señora hasta el exterior.
Al salir del castillo, dos furgonetas les esperaban. Vlad, que ya había preparado con Roberto, el lider de la escuadra, el plan de despliegue, sus pormenores y posibilidades, iría en una de ellas con Dorian y Giulietta, para hacer lo propio con ellos, acompañados por Miguel, que conduciría. El resto irían en el otro vehículo, que iría por delante.
Tras cargar el equipo, y subir, El malkavia se sentó de copiloto. Detras iban el humano y la lasombra. Dio la señal a Miguel, que hizo largas al otro vehiculo, que acto seguido emprendió la marcha.
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