
Giulietta se acerco al Malkavian y puso su mano en su hombro dirigiéndose a él.
- Increíble, toda una fiesta con la nata y crema de la sociedad vampírica de la ciudad, y demás animales de compañía - esta frase fue pronunciada con cierta ironía haciendo referencia al invitado de Marian, - y nadie ha pedido un baile a la anfitriona...
Una sonrisa picara saludaba al arzobispo.
Aún sentado en el sillón, miró la mano que la cainita, quie se encontraba a su espalda, puso en su hombro. Era una mano de largos y afilados dedos, que daban el aspecto de ser, pese a todo, fuertes, según la presión, que en esa posición relajada, hacían sobre su hombro.
-Creo que el enviado de Marian hubiera bailado gratamente con vos, dado el ánimo con el que vino. Hubiera sido un detalle por parte de su señora - dijo sardónicamente mirando al infinito, recordando los grotescos momentos vividos aquella noche.
Tomó la mano de la mujer con la contraria, mientras se levantaba rápidamente y se daba la vuelta, en un mismo movimiento. Sintió la piel suave, aunque fría. Sintió también sus uñas, que largas y de puntas redondeadas, rozaban su piel.
Miró con una sonrisa afable a los ojos brillantes de la cainita, e inclinándose ligeramente a modo de pequeña reverencia
- Sea como deseéis, anfitriona, ¿me concederíais este baile?
Giulietta sonrió satisfecha, tenía su baile.
Con tan solo un pequeño gesto a la orquesta estos sabían que canción tocar, melodiosamente comenzó a sonar "En la cima del rey de la montaña" de Richard Wagner.
Mientras el suave inicio de la melodía sonaba, Giulietta dirigió al cainita hacia el centro del salón.
Interiormente, la máscara de seguridad de Vlad se rompió. Hacia siglos que no bailaba.
Aunque había aprendido de joven, asignatura obligatoria para el hijo de un conde, la manera en que se habían desarrollado los acontecimientos no le habían permitido practicar.
Conocía de sobra la pieza, y sabía que aunque empezaba suavemente, terminaba con un frenesí instrumental que, sinceramente, le parecía más adecuado para otras actividades en pareja que para un baile, según había comprobado personalmente alguna vez, pero claro, él era un pervertido, y llevaba demasiado tiempo sin bailar, así que cualquier otra actividad era más adecuada en ese momento.
Se dejó llevar hacia el centro por la cainita. Dejaría que ella llevara el ritmo, poniendo los cinco sentidos en seguirla, intentando no hacer el ridículo.
Creyó que la parte de la noche que más podría temer no había hecho sino comenzar, y ni siquiera se lo había visto venir....
Por un instante Giulietta pudo percibir cierta inseguridad en el arzobispo, solo fue un momento, pero lo saboreo como si hubiera durado horas, infundir dicho sentimiento en otros sin importar el cómo, era algo que le gustaba de sobremanera.
Vladimir bailaba lo suficientemente bien como para seguir el paso de Giulietta y hacer que ambos interpretaran un armonioso baile en el que se le veía plenamente concentrado, una concentración que Giulietta trataría de romper.
Pasando uno de sus brazos sobre el hombro del vampiro apoyo su mano en la espalda de él y apoyo la cabeza quedando su boca cerca del oído.
- ¿Que os ha parecido la fiesta? - La voz de Giulietta era un tanto melosa.
La señorita Strozzi se tomaba muchas confianzas, parecía ser que le gustaba el perreo, como decían los jóvenes actualmente. O eso, o buscaba desconcertarlo, lo cual llevaba camino de conseguir, y que errara en uno de los pasos. Eso era malo, pero al fin y al cabo, el pisotón se lo llevaría ella.
Respondiendo al juego, llevó su mano, en la cintura de la mujer, hacia atrás, a medio camino entre su espalda y donde ésta pierde su augusto nombre, quedando así ambos más cerca el uno del otro. Bajó el tono de su voz, para suavizarla.
- Sinceramente, y espero que apreciéis esto en el buen sentido, no se puede decir que haya resultado un éxito, para que engañarnos. -eran unas palabras algo duras, quizás, pero no iba con él mentir a ciertas personas sobre ciertas cosas y en ciertas situaciones, y sabía, o al menos así le gustaba pensar, que a Giulietta no le gustaba que le mintieran ciertas personas sobre según qué cosas y en ciertas situaciones. Sabía que con las mujeres esa sinceridad podía ser contraproducente, pero apeló al carácter de Giulietta, esperando que comprendiera su intención.
- La invitada de honor no se dignó a aparecer, -siguió en el mismo tono serio, aunque relajado. - Estropeando el ambiente con ese subhumano que envió. Por lo demás, nada que no esperara realmente, los invitados han estado demasiado a la expectativa, esperando algo así como el "espectáculo de sangre y destrucción del Sabbat". Supongo que muchos estarán decepcionados. Sin embargo, un par de ellos, la toreador, y el tremere, si se les ve... interesantes. Creo que podrían dar mucho juego ¿no creéis?
Dada la postura en la que se encontraban, mirar a los ojos a la cainita era anatómicamente imposible, así que por mirarla, miró su boca, esbozando una sonrisa para suavizar el tono de su discurso, esperando que ella se percatara de su gesto.
- Yo tampoco creo que la fiesta haya sido un éxito, más bien la podría catalogar de fracaso, pero aun así siempre se consigue algo, al menos ya conozco personalmente a la mayoría de cainitas de la ciudad, algo que no tenía antes de la fiesta... aunque precisamente la persona a la que mas ansias tenia de encontrarme cara a cara ni se ha presentado - un ligero resquemor recorría a Giulietta, - aunque eso es algo que no quedara así... no sé como... pero esto no ha hecho más que empezar, ya se ha convertido en algo personal... - sin darse cuenta la cainita aumento la velocidad del baile y la fuerza empleada, esto fue breve pero evidente, tras unos instantes de silencio la mujer se separo momentáneamente del cuerpo de Vladimir, le miro a los ojos y pareció relajarse volviendo nuevamente a la postura inicial.
- Disculpadme, empiezo a pensar en voz alta y a divagar... Al menos espero que esta fiesta no haya sido una gran pérdida de tiempo para vos... - La mujer soltó un obvio suspiro de pesadumbre al tiempo que el ritmo de la música aumentaba e involuntariamente el baile comenzaba a ser más rápido y la concentración era más necesaria.
La cosa se complicaba. Apenas había sido un pelele en manos de la cainita en la última sucesión de pasos, y ahora empezaba a acelerarse la pieza. Tendría que andarse con cuidado para no fastidiarla.
-Nah, no os torturéis, no ha sido tan grave - rió levemente.- Pese a todo, era vuestra fiesta, en la que os dabais a conocer, conoceríais a los demás, y en realidad... poco más. ¿Ese era el objetivo principal, no? No seréis recordada como la que mejores fiestas da en la ciudad, pero bueno, ya saben que estáis aquí, y que tenéis, al menos, un aliado - terminó, refiriéndose a sí mismo.
Mientras la música seguía ganando en intensidad, intentó estar atento para cualquier paso que diera su pareja.
-En cuanto a mí, tampoco esperaba gran cosa desde el momento en que apareció el criado de Marian.
Terminó susurrando al oído de Giulietta, con el tono levemente endulzado:
-Aunque debo deciros que creo que en los últimos minutos está mejorando bastante
Giulietta continuaba bailando, la velocidad de la música y el ritmo eran cada vez mayores, lo cual hacia que la postura en la que se encontraba dificultara el movimiento, que en estos momentos debía ser rápido y ágil, así que se ergio y quedo cara a cara con el arzobispo, mirándole a los ojos fijamente a la vez que continuaba la pieza que en breve tocaría a su fin.
- Me alegra saber que al menos uno de mis invitados disfruta de la "fiesta", y más aun si se trata de vos.
La música hacia que Giulietta bailara cada vez más rápido, tal vez en su subconsciente tratara que el arzobispo perdiera el ritmo, (aunque por el momento no lo había conseguido) o simplemente estuviera "viviendo" el ritmo de la música.
El ritmo seguía aumentando, y cada vez le resultaba más complicado seguir a Giulietta, que parecía no darse cuenta. No sabía si era porque estaba ensimismada, o ¿acaso pretendía hacerle dar un traspiés a posta? ¿Es que guardaba dentro de sí algún tipo de frustración por la fiesta, y tenía que descargarla sobre alguien? ¿No servían para eso los criados? ¿O tenía interés real en verle a él equivocándose?
Finalmente la pieza terminó. Vlad estuvo a punto de ponerse a besar el suelo. Pero estaba algo molesto
- Bueno, la agresividad era latente en los últimos pasos, cualquiera diría que hubierais querido verme con los pies hechos un nudo y rodando por el suelo. ¿Alguna frustración que necesitéis descargar sobre mí en vez de un criado, o tratas igual a todo el que baila contigo?
Pese a esto, no la había soltado, y la agarraba algo más fuerte. Su rostro reflejaba más extrañeza que enfado, pese a su discurso.
Giulietta no podía evitarlo, intento contenerse, pero lo necesitaba, así que soltó una irreprimible risa ante las palabras del arzobispo.
- Lo siento mucho, - seguía riendo, aunque con más tranquilidad, intentaba contenerse pues no quería que Vladimir pensara que se estaba riendo de él, en el fondo lo único que le hacía gracia era la situación y su reacción. Entra tanta risa también percibió que el malkavian volvía a tutearla. Finalmente las risas terminaron. - No pretendía molestarte, es cierto que por un momento sentí algo de frustración, pero no fue más que eso, un sentimiento momentáneo del que me olvide a los pocos segundos... Esta es una pieza muy especial, con fuerza, no se a ti, pero adoro su ritmo caótico... - El silencio reinaba en la estancia. Giulietta recupero la compostura totalmente. - Te pido mil disculpas.
Cuando la cainita comenzó a reír, se le quedó una "cara de gilipollas impagable". Soltó su mano y su cintura, incomodado, y esperó a que Giu terminara su cháchara.
-En fin, no dramaticemos, la verdad es que el final de la pieza es un auténtico "clímax" - hizo el gesto de las comillas con las manos, mirando distraídamente al techo, después saco la lengua en un gesto descarado de burla. Se cruzó de brazos.
- Y bien, pensando en cosas más interesantes. Contadme, ¿algo de especial interés que hayáis aprendido o en lo que os hayáis fijado hoy, aparte de mis escasas dotes para el baile?
Sonrió sardónicamente, pero sus ojos prestaban atención a cada detalle.
Giulietta sabia que la reacción del arzobispo era una de las más probables, no le gusto, pero ella se lo había ganado al no haber podido reprimirse, aunque su intención no era mala, algo que Vladimir debió de percibir de algún modo ya que podría habérselo tomado mucho peor.
La Lasombra se acerco a la banda y les ordeno que tocaran algo tranquilo, algo ambiental, luego se dirigió a unos divanes del fondo de la sala e hizo un gesto al cainita para que la acompañara, una vez allí se acomodo, y con serenidad y carácter comenzó a hablar.
- Increíble, toda una fiesta con la nata y crema de la sociedad vampírica de la ciudad, y demás animales de compañía - esta frase fue pronunciada con cierta ironía haciendo referencia al invitado de Marian, - y nadie ha pedido un baile a la anfitriona...
Una sonrisa picara saludaba al arzobispo.
Aún sentado en el sillón, miró la mano que la cainita, quie se encontraba a su espalda, puso en su hombro. Era una mano de largos y afilados dedos, que daban el aspecto de ser, pese a todo, fuertes, según la presión, que en esa posición relajada, hacían sobre su hombro.
-Creo que el enviado de Marian hubiera bailado gratamente con vos, dado el ánimo con el que vino. Hubiera sido un detalle por parte de su señora - dijo sardónicamente mirando al infinito, recordando los grotescos momentos vividos aquella noche.
Tomó la mano de la mujer con la contraria, mientras se levantaba rápidamente y se daba la vuelta, en un mismo movimiento. Sintió la piel suave, aunque fría. Sintió también sus uñas, que largas y de puntas redondeadas, rozaban su piel.
Miró con una sonrisa afable a los ojos brillantes de la cainita, e inclinándose ligeramente a modo de pequeña reverencia
- Sea como deseéis, anfitriona, ¿me concederíais este baile?
Giulietta sonrió satisfecha, tenía su baile.
Con tan solo un pequeño gesto a la orquesta estos sabían que canción tocar, melodiosamente comenzó a sonar "En la cima del rey de la montaña" de Richard Wagner.
Mientras el suave inicio de la melodía sonaba, Giulietta dirigió al cainita hacia el centro del salón.
Interiormente, la máscara de seguridad de Vlad se rompió. Hacia siglos que no bailaba.
Aunque había aprendido de joven, asignatura obligatoria para el hijo de un conde, la manera en que se habían desarrollado los acontecimientos no le habían permitido practicar.
Conocía de sobra la pieza, y sabía que aunque empezaba suavemente, terminaba con un frenesí instrumental que, sinceramente, le parecía más adecuado para otras actividades en pareja que para un baile, según había comprobado personalmente alguna vez, pero claro, él era un pervertido, y llevaba demasiado tiempo sin bailar, así que cualquier otra actividad era más adecuada en ese momento.
Se dejó llevar hacia el centro por la cainita. Dejaría que ella llevara el ritmo, poniendo los cinco sentidos en seguirla, intentando no hacer el ridículo.
Creyó que la parte de la noche que más podría temer no había hecho sino comenzar, y ni siquiera se lo había visto venir....
Por un instante Giulietta pudo percibir cierta inseguridad en el arzobispo, solo fue un momento, pero lo saboreo como si hubiera durado horas, infundir dicho sentimiento en otros sin importar el cómo, era algo que le gustaba de sobremanera.
Vladimir bailaba lo suficientemente bien como para seguir el paso de Giulietta y hacer que ambos interpretaran un armonioso baile en el que se le veía plenamente concentrado, una concentración que Giulietta trataría de romper.
Pasando uno de sus brazos sobre el hombro del vampiro apoyo su mano en la espalda de él y apoyo la cabeza quedando su boca cerca del oído.
- ¿Que os ha parecido la fiesta? - La voz de Giulietta era un tanto melosa.
La señorita Strozzi se tomaba muchas confianzas, parecía ser que le gustaba el perreo, como decían los jóvenes actualmente. O eso, o buscaba desconcertarlo, lo cual llevaba camino de conseguir, y que errara en uno de los pasos. Eso era malo, pero al fin y al cabo, el pisotón se lo llevaría ella.
Respondiendo al juego, llevó su mano, en la cintura de la mujer, hacia atrás, a medio camino entre su espalda y donde ésta pierde su augusto nombre, quedando así ambos más cerca el uno del otro. Bajó el tono de su voz, para suavizarla.
- Sinceramente, y espero que apreciéis esto en el buen sentido, no se puede decir que haya resultado un éxito, para que engañarnos. -eran unas palabras algo duras, quizás, pero no iba con él mentir a ciertas personas sobre ciertas cosas y en ciertas situaciones, y sabía, o al menos así le gustaba pensar, que a Giulietta no le gustaba que le mintieran ciertas personas sobre según qué cosas y en ciertas situaciones. Sabía que con las mujeres esa sinceridad podía ser contraproducente, pero apeló al carácter de Giulietta, esperando que comprendiera su intención.
- La invitada de honor no se dignó a aparecer, -siguió en el mismo tono serio, aunque relajado. - Estropeando el ambiente con ese subhumano que envió. Por lo demás, nada que no esperara realmente, los invitados han estado demasiado a la expectativa, esperando algo así como el "espectáculo de sangre y destrucción del Sabbat". Supongo que muchos estarán decepcionados. Sin embargo, un par de ellos, la toreador, y el tremere, si se les ve... interesantes. Creo que podrían dar mucho juego ¿no creéis?
Dada la postura en la que se encontraban, mirar a los ojos a la cainita era anatómicamente imposible, así que por mirarla, miró su boca, esbozando una sonrisa para suavizar el tono de su discurso, esperando que ella se percatara de su gesto.
- Yo tampoco creo que la fiesta haya sido un éxito, más bien la podría catalogar de fracaso, pero aun así siempre se consigue algo, al menos ya conozco personalmente a la mayoría de cainitas de la ciudad, algo que no tenía antes de la fiesta... aunque precisamente la persona a la que mas ansias tenia de encontrarme cara a cara ni se ha presentado - un ligero resquemor recorría a Giulietta, - aunque eso es algo que no quedara así... no sé como... pero esto no ha hecho más que empezar, ya se ha convertido en algo personal... - sin darse cuenta la cainita aumento la velocidad del baile y la fuerza empleada, esto fue breve pero evidente, tras unos instantes de silencio la mujer se separo momentáneamente del cuerpo de Vladimir, le miro a los ojos y pareció relajarse volviendo nuevamente a la postura inicial.
- Disculpadme, empiezo a pensar en voz alta y a divagar... Al menos espero que esta fiesta no haya sido una gran pérdida de tiempo para vos... - La mujer soltó un obvio suspiro de pesadumbre al tiempo que el ritmo de la música aumentaba e involuntariamente el baile comenzaba a ser más rápido y la concentración era más necesaria.
La cosa se complicaba. Apenas había sido un pelele en manos de la cainita en la última sucesión de pasos, y ahora empezaba a acelerarse la pieza. Tendría que andarse con cuidado para no fastidiarla.
-Nah, no os torturéis, no ha sido tan grave - rió levemente.- Pese a todo, era vuestra fiesta, en la que os dabais a conocer, conoceríais a los demás, y en realidad... poco más. ¿Ese era el objetivo principal, no? No seréis recordada como la que mejores fiestas da en la ciudad, pero bueno, ya saben que estáis aquí, y que tenéis, al menos, un aliado - terminó, refiriéndose a sí mismo.
Mientras la música seguía ganando en intensidad, intentó estar atento para cualquier paso que diera su pareja.
-En cuanto a mí, tampoco esperaba gran cosa desde el momento en que apareció el criado de Marian.
Terminó susurrando al oído de Giulietta, con el tono levemente endulzado:
-Aunque debo deciros que creo que en los últimos minutos está mejorando bastante
Giulietta continuaba bailando, la velocidad de la música y el ritmo eran cada vez mayores, lo cual hacia que la postura en la que se encontraba dificultara el movimiento, que en estos momentos debía ser rápido y ágil, así que se ergio y quedo cara a cara con el arzobispo, mirándole a los ojos fijamente a la vez que continuaba la pieza que en breve tocaría a su fin.
- Me alegra saber que al menos uno de mis invitados disfruta de la "fiesta", y más aun si se trata de vos.
La música hacia que Giulietta bailara cada vez más rápido, tal vez en su subconsciente tratara que el arzobispo perdiera el ritmo, (aunque por el momento no lo había conseguido) o simplemente estuviera "viviendo" el ritmo de la música.
El ritmo seguía aumentando, y cada vez le resultaba más complicado seguir a Giulietta, que parecía no darse cuenta. No sabía si era porque estaba ensimismada, o ¿acaso pretendía hacerle dar un traspiés a posta? ¿Es que guardaba dentro de sí algún tipo de frustración por la fiesta, y tenía que descargarla sobre alguien? ¿No servían para eso los criados? ¿O tenía interés real en verle a él equivocándose?
Finalmente la pieza terminó. Vlad estuvo a punto de ponerse a besar el suelo. Pero estaba algo molesto
- Bueno, la agresividad era latente en los últimos pasos, cualquiera diría que hubierais querido verme con los pies hechos un nudo y rodando por el suelo. ¿Alguna frustración que necesitéis descargar sobre mí en vez de un criado, o tratas igual a todo el que baila contigo?
Pese a esto, no la había soltado, y la agarraba algo más fuerte. Su rostro reflejaba más extrañeza que enfado, pese a su discurso.
Giulietta no podía evitarlo, intento contenerse, pero lo necesitaba, así que soltó una irreprimible risa ante las palabras del arzobispo.
- Lo siento mucho, - seguía riendo, aunque con más tranquilidad, intentaba contenerse pues no quería que Vladimir pensara que se estaba riendo de él, en el fondo lo único que le hacía gracia era la situación y su reacción. Entra tanta risa también percibió que el malkavian volvía a tutearla. Finalmente las risas terminaron. - No pretendía molestarte, es cierto que por un momento sentí algo de frustración, pero no fue más que eso, un sentimiento momentáneo del que me olvide a los pocos segundos... Esta es una pieza muy especial, con fuerza, no se a ti, pero adoro su ritmo caótico... - El silencio reinaba en la estancia. Giulietta recupero la compostura totalmente. - Te pido mil disculpas.
Cuando la cainita comenzó a reír, se le quedó una "cara de gilipollas impagable". Soltó su mano y su cintura, incomodado, y esperó a que Giu terminara su cháchara.
-En fin, no dramaticemos, la verdad es que el final de la pieza es un auténtico "clímax" - hizo el gesto de las comillas con las manos, mirando distraídamente al techo, después saco la lengua en un gesto descarado de burla. Se cruzó de brazos.
- Y bien, pensando en cosas más interesantes. Contadme, ¿algo de especial interés que hayáis aprendido o en lo que os hayáis fijado hoy, aparte de mis escasas dotes para el baile?
Sonrió sardónicamente, pero sus ojos prestaban atención a cada detalle.
Giulietta sabia que la reacción del arzobispo era una de las más probables, no le gusto, pero ella se lo había ganado al no haber podido reprimirse, aunque su intención no era mala, algo que Vladimir debió de percibir de algún modo ya que podría habérselo tomado mucho peor.
La Lasombra se acerco a la banda y les ordeno que tocaran algo tranquilo, algo ambiental, luego se dirigió a unos divanes del fondo de la sala e hizo un gesto al cainita para que la acompañara, una vez allí se acomodo, y con serenidad y carácter comenzó a hablar.
1 comentario:
guaaa!! me encanta el blog, siempre encuentro temas muy interesantes.
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