domingo, 24 de abril de 2005

La Fiesta 4ª parte: Hora del brindis

Al poco rato Dorian volvió a entrar en la sala, pero no venia solo... iba seguido por los cuerpos desnudos de cerca de una veintena de humanos de la mirada perdida, deambulan de un lado a otro lentamente sin saber exactamente a donde van, donde están, ni de dónde vienen. Tanto hombres como mujeres constituyen un grupo bastante variopinto, sus edades oscilan entre los 5 y 35 años, de distintas razas, pesos y tamaños, y cada uno muy distinto del otro, todos alimentados y habituados a distintas cosas para conseguir diferenciar más aun su sangre (pueden encontrarse desde vírgenes hasta prostitutas, desde abstemios hasta alcohólicos…).

Por fin hecho de que en la mesa del centro de la sala abundaran las copas vacías cobraba sentido, ahora había sangre fresca con que llenarlas...

Gaethano había contemplado la escena serenamente. Miro a Martin pausadamente y enarco las cejas. Tomo asiento en uno de los sillones y prosiguió fumando de su pipa y mirando a todos los presentes.

Salvina y el grupo de pequeñines parecían muy divertidos con los recientes acontecimientos. Martin parecía intentar no perder detalle. Clarisse, bueno, nunca sabía lo que podía estar pensando. Y por ultimo contemplo a Giulietta y Vlad. Le gustaría saber que contenía aquella nota.

Podía adivinar que Mariam había dado rienda suelta a su imaginación, y había lanzado el guante públicamente. Le parecía una manera muy poco sutil. El factor sorpresa es esencial en cualquier conflicto. El hubiera aparentado y después atacar fieramente. Pero jamás habría retado a nadie, para después no tomar medidas serias.

De todas formas, seguía confiando en Mariam. Y su reciente belicosidad le beneficiaba mucho. Nadie se hacía preguntas sobre su persona. Nadie lo había tomado en cuenta, y aquello era algo que lo llenaba de regocijo. Todo iba según sus cálculos. Cada vez se iba acercando mas el día de su metamorfosis.

El fuego de su pipa se había extinguido, procedió a remediarlo.

El mismo mayordomo que le dijo a LaTorre que no se podía fumar se acerco a Gaethano.

- Disculpe caballero, me temo que está prohibido fumar aquí. - Dijo educadamente el hombre.
Gaeth miro al mayordomo con la más siniestra de las expresiones que el odio y la ira podía producir.

- Lárgate ahora mismo, y no me molestes mas con tus necedades.

Volvió a fumar tranquilamente y mirando de reojo al servicio(mayordomos, camareros...), por si algún idiota mas quería decirle algo, pero nadie más lo hizo.

Vlad observó la reticencia con la que algunos miraban al ganado.

- ¿Crees que necesitan un tutorial? -preguntó entre extrañado y divertido a la cainita. -Yo mismo haría una demostración, pero como sabéis, no soy capaz de alimentarme de forma... serena. Aun así, si pudiera conseguir la copa ya llena, creo que podría brindar sin montar un numerito -dijo, esperando que Giulietta no lo tomara como una orden ("traed mi copa"!), sino como la sencilla sugerencia, casi mas una petición, que era.

- Es una buena idea, tal vez los aquí presentes necesiten un incentivo...

La lasombra se acercó a la gran mesa y cogió dos copas, entre todas las de la mesa había dos que destacaban en belleza y delicadeza, una era la copa de Giulietta, la otra era la copa que hacía no mucho había utilizado el Arzobispo en su anterior visita.

Se acercó a una de las mujeres desnudas que deambulaban por la sala, se detuvo ante una muchacha pelirroja de unos 16 años, de cuerpo esbelto y bien formado, su cuerpo desnudo era exuberante, una mujer que sin duda había despertado la pasión de muchos. Con gran habilidad paso su mano por la muñeca de la joven y derramo su sangre en ambas copas, tras esto con rapidez y delicadeza al mismo tiempo se llevo la muñeca de la joven a los labios.

Con una copa en cada mano se acerco a Vladimir y le extendió la suya con una picara sonrisa.
Devolvió la sonrisa a Giulietta, contento por la buena elección de la mujer. Al tomar la copa entre sus dedos, los recuerdos de aquella noche asaltaron su mente. Su pulso se aceleró, y la voz de una joven se alzó entre las demás, acusándolo. Apartó la vista de la joven de la cual iba a beber su sangre, ¿sería capaz de controlarse? Pensó que no pondría la mano en el fuego afirmando eso... de hecho, nunca pondría la mano en el fuego.

Volvió a mirar a Giulietta y sonrió, aquí no ha pasado nada. Golpeo algunas veces la copa con la uña del dedo índice, llamando la atención de los presentes.

- Ehem, estimados invitados, me gustaría realizar un brindis, así que si son tan amables de servirse una copa...

Mientras esperaba a los cainitas, se dio cuenta de que ni Clarisse ni Casimiro estaban en la sala.

Gaethano se incorporo de su asiento, y cogió una copa. No tenía la intención de beber, así que se retiro a una distancia prudencial, desde la que nadie se percatara de su presencia. Volvió a tomar unas caladas de su pipa a la espera de ver qué discurso daba Vlad.

Latorre se levantó y cogió una copa. No estaba dispuesto a beber, pero aún así la cogió para hacer el paripé. Javier no solía beber sangre que no hubiera cazado él mismo. Fiftenzo se limitó a coger una copa y servirse como buenamente pudo.

Tras haber observado la acción de la Lasombra, Salvina hizo lo mismo, llenado 2 copas elegidas al azar entre las de la mesa, y las llenó con la sangre de un cuerpo cualquiera, se acercó de nuevo a su posición, y le ofreció una copa a Javier, puesto que Fifentzo ya bebía y por cierto muy mal por su parte de no tener el detalle de servirle una copa a ella.

- Tomad, da mala suerte brindar con copas vacías - luego se acercó más a Javier y acercándose a su oído le dijo en un susurro - deberías tranquilizarte y dejar de tomar notas, estas en una fiesta, y las fiestas son para divertirse, como las habitaciones de los hoteles - y dio un beso en el cuello, justo en la parte posterior al lóbulo de la oreja, después se separó y esperó el brindis.

Javier cogió la copa que Salvina le ofrecía, sonrió y esperó para el momento del brindis. Algo inquieto, porque realmente no se fiaba mucho de entorno en el que se encontraba, pero que sitio era seguro cuando eres un vampiro...si no hubiera sido por la invitación de Salvina a venir, lo más probable es que no hubiera venido.

Ahora que todos se habían servido, Vladimir decidió comenzar el discurso. Se aclaró la garganta...
- Antes de nada, quisiera dar las gracias a todos los que esta noche estáis aquí con nosotros. Habéis demostrado tener bastante más educación y clase que ciertas celebridades que han decidido no venir, para su propio mal, ... -hizo una pausa, terminando esa frase de un modo tétrico- ellos se lo pierden ¿no? - sonrió afablemente.

- Bien, solo puedo pediros que disfrutéis esta noche, y que os sintáis algo liberados de las normas que seguís habitualmente la mayoría de vosotros...siempre que no olvidéis las normas básicas de educación, etiqueta, protocolo y cortesía. Quiero que, pese a la fama y reputación que nos preceden a mí, y a los que comparten conmigo mí... filosofía de la no-vida, disfrutéis de esta noche en paz, sin malas avenencias, en un ambiente cordial. Ya llegará el tiempo de la violencia, la destrucción y el odio, eso os lo puedo asegurar.- sus ojos relampaguearon al terminar esta frase, y una sonrisa maliciosa se dibujo en su rostro.

- Para terminar, y concerniente al motivo de nuestra reunión aquí, quisiera dar la bienvenida de forma "oficial" -hizo el gesto de las comillas con la mano libre- a nuestra maravillosa anfitriona, Giulietta Strozzi. Espero que sepáis darle la calurosa bienvenida que merece, y que su estancia en esta ciudad sea prospera y beneficiosa. Gracias a todos.

Se giró hacia la cainita, y la miró a los ojos:

- Sin más, brindo por vos. Sed bienvenida.

Tocó ligeramente la copa de la mujer con la suya, y bebió su contenido, disfrutando al sentir su bestia removerse plácidamente en su sueño. Pensó que quizás sería conveniente quitar a la exuberante pelirroja de en medio, no fuera que perdiera los papeles...

Giulietta sonreía, cuando el arzobispo se dirigió a ella inclino casi imperceptiblemente la cabeza en un gesto mezcla de respeto y agradecimiento, y tras el brindis bebió dejándose llenar por la sangre de la muchacha... bajó la copa y se dirigió al resto de invitados.

- Espero que estéis disfrutando de la fiesta, os pido disculpas a aquellos ante los que aun no he podido presentarme formalmente, realmente me gustaría poder conversar tranquilamente con todos vosotros, si no hoy, otro día... - ya es hora d conocer a las posibles amenazas o alianzas... pensaba la mujer.

Cuando la normalidad volvía a la fiesta, los invitados volvían a hablar entre ellos y un murmullo volvía a reinar en la sala Giulietta se dirigió divertida a Vladimir.

- Parece que estáis muy acostumbrado a hablar en público, tanto que incluso parecéis el verdadero anfitrión de la velada. - Giulietta guiño un ojo al cainita y rio.

Salvina alzó la copa ante las palabras del Arzobispo y como las normas de cortesía exigen, bebió justo después que él lo hiciese. Después observó a la Lasombra que se encontraba feliz siendo el centro de atención.

Ahora solo le quedaba observar a los demás y elegir con quien se le apetecía hablar en esos momentos.

Ya llegará el tiempo de la violencia, la destrucción y el odio, eso os lo puedo asegurar...o claro que llegará....-Pensó Javier LaTorre mientras una malévola sonrisa dibujaba su rostro que fijaba su mirada en el Arzobispo.

Tras el discurso alzó la copa, miró al resto mientras bebían, y él dejó su copa llena en una mesa cercana...después de todo, no tenía hambre.

Vlad dejó que una sonrisa surcara sus labios, y miró a Giulietta con unos ojos calmos y seguros, al verla por fin calmada y algo más segura.

- Bien, es tu, perdón, vuestra fiesta.- La había tuteado sin darse cuenta, no tenía muy claro si tomarse esa confianza ya. - A decir verdad, estoy deseando ver como tomáis las riendas...- hizo una pausa intencionada, llevándose dos dedos a los labios, en gesto pensativo, entrecerrando los ojos, recordando algo que había dicho antes, en la misma fiesta. - Aunque si no se os ocurre nada, yo ya había pensado algo...

- En realidad me gusta como estáis... estas llevando la situación, aunque se les ve bastante tranquilitos. - Giulietta miraba lentamente a los cainitas desperdigados por la sala entre los cuerpos desnudos del ganado. Luego volvió a mirar a los ojos del arzobispo.

- Tenía pensado acercarme a hablar con Salvina Nefer, aunque parece una mujer muy solicitada... ¿qué tienes en mente?


Giulietta se había dado cuenta del pequeño fallo de Vladimir al tratarla de tu, pero no le molesto en absoluto, es más, lo agradeció, ya que al fin y al cabo le interesaba mantener una relación mas personal con el arzobispo. Al mismo tiempo, la mujer ansiaba ver si la reacción del cainita ante la iniciativa de tutearse era buena o mala...

Se dio cuenta de que ella le tuteo intencionadamente. Y le gustó, y así lo hizo notar en su rostro, que se ilumino durante un instante.

Aún así, pensó que sería conveniente seguir tratándola de usted, durante un tiempo al menos, ya que pese a que quería que fuese al contrario, no la conocía mucho, y por tanto no tenia clara su postura hacia él: si lo veía como un instrumento con el que obtener poder, puesto que era capaz de vislumbrar el deseo de poder en ella, como un superior, un igual, alguien al que eliminar para ascender, o si tenía algún interés "extra profesional", algo así como entablar amistad. ¿Era eso posible entre cainitas, y sabbatistas?

Todo esto paso en decimas de segundo por su cabeza, tras lo que miró a Giulietta (sus ojos estaban mirándola, pero perdidos en el infinito), sonrió, y dijo.

- Ah! Parece que leáis mi pensamiento, y eso que el "loco" aquí soy yo, jaja. Bien, os iba a proponer exactamente lo mismo. Así que si me acompañáis...

Hizo un gesto con la mano, como abriendo el paso para ella. Seguiría hablándole de usted, y dependiendo de si ella insistía en tutearle, y su actitud, se plantearía tratarla igualmente.

El examen continua, señorita Strozzi, nunca lo olvide, pensó para sí mismo.

Giulietta estaba algo confundida, cuando tuteo al arzobispo creyó vislumbrar que eso le agradaba, fue tan solo un momento, pero esa fue la sensación que le dio, aunque él seguía tratándola "de usted"... tal vez ella estaba equivocada, o tal vez que el prefería hablar así delante del resto de cainitas, al fin y al cabo ostentaba un puesto importante y no podía permitirse esas familiaridades en público.

- Como queráis - fue lo único que contesto, en un tono entre serio y divertido, tras una breve inclinación de cabeza, la lasombra paso ante el malkavian y se dirigió hacia Salvina.

Vladimir apreció en ella un leve rastro de confusión. Le había salido bien la jugada.

Comenzó a caminar tras de la cainita, para terminar caminando un paso por delante de ella, llegaría primero hasta Salvina, para hacer las presentaciones.

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