martes, 26 de abril de 2005

Horror en las Profundidades V: Preparativos



A la noche siguiente, Vladímir supervisó que todo el material que habia dejado encargado a Ambrosio y al resto de sus siervos estaba en perfectas condiciones. Reunió a sus compañeros de expedición, media docena de humanos con los que habia establecido contacto hacia ya tiempo, y con los que habia tenido diversos acuerdos de colaboración.

Se encargó de enseñarles qué eran cada una de las piezas de su equipo, como se manejaban, y consejos basicos de mantenimiento por si fueran necesarios. Mientras explicaba el amarre de los arneses, sintio un pequeño mareo, y donde veia antes a seis hombres, vio a seis cadaveres, mutilados y literalmente destrozados. Sacudió la cabeza, y prosiguió.

Demostró la preparacion y el uso del equipo haciendolo todo el mismo. Durante su juventud, cuando aun era humano, habia realizado algo de escalada y espeleología en su vieja patria. Las prefería a la noble afición de la caza. Asi tenia la oportunidad de estar solo, apartado del mundo, y sumirse en sus pensamientos. Sintio ahora una pequeña nausea, y se teletransportó a una estancia oscura. Una luz azulada muy al fondo. Olía y sentía la humedad en sus huesos. Un rugido bestial le devolvio a la realidad. Sus sicarios le miraban extrañados. Sabían que estaba algo loco, pero no habian presenciado un ataque jamás. "Ni lo harán hoy" se dijo Vladimir, recuperando la compostura.

Cuando terminó, aconsejo a los hombres portar armas: "Plata tanto en hojas como proyectiles. Estacas de madera. Fosforo blanco. Sanguijuelas y Lobos. No tengo que deciros nada al respecto, ya sabeis como funciona. Pero sin exagerar. Si finalmente no ocurre nada desagradable, no es conveniente que lleveis demasiado peso extra." Ambrosio entro en la sala.

- Señor, el taxi aguarda.

- Bien, recoged todo, y llevaoslo. Ambrosio os guiara a la salida. Mañana tendreis que estar aqui un poco antes. Antes de ir a los bosques, tendremos que pasar por el Castillo. Yo tengo asuntos que atender ahora. Caballeros. - con las manos a la espalda, realizo un saludo con la cabeza a los hombres, que le miraron con seriedad mientras se marchaba.

Vladimir tomo el taxi hasta el Castillo. Y descargó tres pesadas mochilas y una bolsa de viaje, que cargó hacia la puerta tras despedir al conductor, que contemplaba extrañado como uno hombre de esa complexion podía cargar con tanto peso tan cómodamente, y más aún, a esas horas, y al Castillo.

Cuando el taxi se perdió por una esquina, llamó a las puertas del Castillo.

Dorian abrió la puerta a sabiendas de quien se encontraba al otro lado.

- Adelante su excelencia. - Dijo cediendo el paso a Vladimir, normalmente, ayudaría a los invitados que fueran tan cargados como el vampiro, pero era plenamente consciente del mínimo esfuerzo que para las sanguijuelas requería portar tanto peso y de los dolores de espalda que el tendría. - Puede dejar esas mochilas en el despacho de la señora, iré a la armería a avisarla de su llegada.

El muchacho se encaminó hacia la armería donde su señora aún estaba preparando el arsenal para la noche siguiente. Cuando el mortal entró en la sala encontró a la lasombra sopesando un bello estoque de plata pura, una fina y brillante hoja rematada en una elaborada empuñadura.

- No pensarás llevar eso, ¿verdad?

- No quiero arriesgarme, es la mejor arma de plata que tengo... lamentaría que algo le pasara... pero no pienso arriesgarme. - Terminó la frase envainando la espada con firmeza. - ¿Ya has preparado tus pistolitas?

- Sí claro, ya está todo listo, por cierto, tienes visita, está en el despacho.

La mujer salió de la sala a paso ligero hacia el despacho, Dorian siguió sus pasos hasta llegar a la altura de las escaleras, dirigiéndose al segundo piso.

Cuando Giulietta entro en su despacho, encontró a Vladimir enfundado en neopreno, con guantes incluidos, unas botas, una mochila grande en su espalda, y un arnés en sus caderas.

- ¿Excelencia? - preguntó extrañada. - entendí que la expedición era mañana...

- He puesto vuestro traje de neopreno y el de Dorian sobre la mesa. Llamadlo y ponéoslos. Debo instruiros en su uso. Solo tenemos hasta antes del amanecer, así que daos prisa. - la gravedad del tono y gesto del Arzobispo dejaban claro que no estaba pidiendo, sino ordenando.

La mujer dejó el estoque sobre una silla de la entrada del despacho, cogió los trajes y salió nuevamente del despacho sin mediar palabra. Subió las escaleras, hasta la habitación de Dorian, abrió la puerta sin el más mínimo miramiento, el jóven estaba sentado ante el ordenador, le tendió uno de los trajes y entró en el baño del joven, donde con algo de dificultad consiguió introducirse en el ajustado traje, se recogió el pelo en un improvisado moño y una vez estuvo vestida bajó al despacho donde esperaban Vladimir y Dorian, que acababa de bajar.

- Bien. - dijo el Arzobispo situandose frente a la pareja - el traje de neopreno que llevais puesto tiene como misión evitar que necesiteis más ropa que pueda resultar incomoda. Además, nos protegerá del frio. Dorian, el suyo es algo mas grueso que el de Giulietta porque necesitará, por su condición, mas protección contra posibles congelaciones. Puede que al bajar a la tumba, nos encontremos con galerias inundadas, y por muy vampiros que seamos, la congelación de un miembro nunca es agradable. Además, - añadió realizando diversos gestos y movimientos - este es un modelo flexible, que una vez os acostumbreis, permitirá realizar la mayoria de los movimientos sin dificultad. Adelante.

Mientras el humano y la vampiresa ponian a prueba sus trajes, prosiguió explicando que estaban divididos en varias secciones: mangas, perneras, camisa y pantalon, para mejorar esa flexibilidad, y poder retirar las diversas secciones segun fueran necesarias, y mostró como debía hacerse para quitar y poner cada parte.

Después cogió las mochilas. Dió una a Dorian, y otra, más grande a Guilietta.

- Giulietta puede cargar con más peso, así que usted, Dorian, tendrá que redoblar sus esfuerzos habituales en guardar sus espaldas, ya que llevareis el equipo justo y necesario, aparte del armamento. Giulietta llevará la parte del equipo que usted no cargue, aparte del suyo propio. Así se complementarán.

- En la mochila llevaran linterna, pilas de recambio, cuerda, mosquetones, piquetas, una bolsa impermeable, y raciones. Comida en su caso - señaló a Dorian - y unidades de plasma en el nuestro. Y otras cosas, esta todo aqui dentro, - dijo sacando un cuchillo de combate y volviendolo a introducir en la bolsa. - Sacó un par de arneses. ¿Alguna duda, antes de que prosiga?

Dorian se desenvolvía perfectamente en el traje, hacía bastante tiempo que no utilizaba uno, pero esos años en la marina británica no fueron en vano... aunque aquello ya era parte del pasado, antes de entrar al servicio de Giulietta... no pudo evitar sentirse ligeramente nostálgico.

La cainita sin embargo no parecía tan cómoda embutida en el traje de neopreno, de hecho se mostraba inusualmente torpe... Dorian no puso más que esbozar una sonrisa casi imperceptible ante la "actuación" de su señora.

- Por favor, continuad. - Contestó la lasombra mientras cotilleaba en el interior de la mochila que se le habia asignado, sacaba los distintos objetos con la curiosidad de un niño pequeño.

El Malkavian notó que la vampiresa no parecía del todo cómoda, así que dio uno de los arneses a Dorian, que parecía más desenvuelto.

- Colóqueselo tal y como yo hago con su señora. - Se arrodilló frente a Giulietta, y separó partes del arnés. - ¿Os importaría levantar el pie?

La mujer parecía aún más incomoda que antes, con la nueva situación, y apoyando la mano en el hombro de un divertido Dorian, levanto lo sufiicientemente el pie para que Vladimir le pusiera parte del arnés. Hizo lo mismo cuando se le indicó que alzara el otro. Vladimir subió el arnés hasta la cintura de la cainita, y sujetándolo con una mano contra su vientre, apretó con la otra las sujecciones de uno de los muslos. Vio que Dorian hacia lo propio sin mayor problema. Intercambió las manos y repitió la operación en el lado contrario.

- Ya casi está - dijo, intentando tranquilizar a la mujer. Quizá no se sentía muy comoda con el Arzobispo tomandose esas "confianzas". Pasó una mano hacia la parte baja de la espalda, mientras con la otra seguia sujetando la parte frontal, realizó unos ajustes, y procedio a abrochar el ultimo enganche.

Notó un pinchazo en la cabeza. Olía a pólvora, tierra y sangre. Fuego y oscuridad a su alrededor. Gritos. Rugidos. Disparos. Una figura huía inutilmente de una bestia que lo atrabapa y partia en dos como a un papel con las manos desnudas.

Otro pinchazo lo devolvio a la realidad. Tenía la frente apoyada bajo el ombligo de Giulietta, moviendola hacia un lado y otro, negando. Las manos sobre el arnes, temblorosas. Un hilo de saliva caia por su barbilla, de su garganta apenas salia un leve quejido continuo, apagado.

Dorian miraba al arzobispo con recelo, pero la lasombra no pudo evitar una suave sonrisa, tan poderoso y tan indefenso a la vez... la mujer tomó las manos del malkavian con firmeza e hizo que terminara de abrocharle el arnés, luego se puso de cuclillas y tomando la cara de Vladimir con la diestra la elevó hasta erguirla, mirándole a los ojos, preguntó:

- ¿Algo más? - aún sonriendo levemente.

La sonrisa de Giulietta se borró al ver los ojos del arzobispo, totalmente inyectados en sangre. Las pupilas, exageradamente dilatadas, reflejaban el fulgor verde de los ojos de Giulietta. Éstas volvieron rápidamente a su tamaño habitual. Vladimir soltó el arnés. Sorbió la saliva, y se limpio el mentón con el dorso de la mano, mientras se ponia de pie. Dió un paso hacia atrás. Mirando a Dorian, y su cara de asco, y a Giulietta, aun en cuclillas, mirando hacia él. Se tambaleó. Le dolía la cabeza. Cerro los ojos con fuerza. Las voces se reían de él. Estaba haciendo el ridículo. Pero habia algo más. Algunas gritaban de terror. Otras le advertían. Otras simplemente le miraban, moviendo la cabeza en gesto de reproche.

- Di... discúlpenme. He tenido un ... trance. A veces me pasa. - se quitó el pelo de la cara. - ponganse las mochilas, vayan cargándolas como les he indicado.

Se apoyó en la pared para no seguir tambaleándose, mientras los otros hacían lo que les dijo, lanzandole alguna furtiva mirada de vez en cuando, y mirándose entre ellos. Aunque tenia los ojos abiertos, Vlad estaba en su propio mundo, mirando al infinito, oyendo a las voces. De vez en cuando hacia un pequeño gesto para indicar a Giulietta qué piezas de equipo de Dorian debía cargar ella. Cuando terminaron, les hizo ponerse las mochilas y ajustarlas.

- Comprueben que pueden moverse con comodidad, estiren brazos y piernas... - estuvo un rato más explicando como utilizar ciertas piezas del equipo. Estaba algo ausente aún, aunque podía explicarse con cierta soltura. Sin embargo, podia notar la incomodidad del humano y la extrañeza de la cainita. Aún olía la sangre de la visión.

Giulietta estaba algo desconcertada, aunque teniendo en cuenta el clan al que Vladimir pertenecía tampoco le dió demasiada importancia, al fin y al cabo, nunca se sabe por donde puede salir un malkavian... Tanto ella como Dorian, ya más tranquilo, hicieron todo lo que arzobispo les indicó, ahora Giulietta mostraba una habilidad más desarrollada de la que dejó ver al principio de la sesión.

Una vez estuvieron totalmente equipados y dispuestos la mujer se acercó a la silla de la entrada del despacho, y cogiendo su estoque se dirigió a Dorian:

- Ve a por las armas.

El jóven asintió y sin mediar palabra salió de la habitación. Giulietta volvió al centro de la sala con el estoque en las manos, rebuscó entre el equipo que Vladimir había traído y encontró unas correas.

- Esto servirá...

Se puso el cinturón de la espada y sujetó la vaina a su muslo izquierdo con las correas cercionándose de que esta no le dificultara el movimiento.

Mientras la lasombra aún terminaba de ajustarse el estoque Dorian entró en la sala con una bolsa de deportes que dejó sobre el escritorio, abrió la cremallera y sacó unas gafas de visión nocturna AD2V que metió en su mochila, una magnum del 44 modelo desert eagle, un rifle AK-47 y cargadores de munición para ambas armas.

La lasombra se colocó otra correa doble en la pierna derecha en la que ajustó una hermosa daga de hoja curva y otra de filo serrado, ambas de plata. Finalmente, de la bolsa sacó una funda de cuero de la cual extrajo dos finas agujas de 25 centímetros. Se soltó el pelo y se hizo un nuevo recogido, esta vez utilizando ambas agujas para sostenerlo.

Mientras Dorian aún terminaba de acomodar sus armas la mujer miró a Vladimir.

- Bueno, ¿qué opinais?

Vlad volvía poco a poco a la realidad viendo a la mujer pertrecharse, como si su figura y movimientos fueran una baliza hacia un remanso de tranquilidad en mitad del infinito de su locura. Las llamas de sus ojos verdes terminaron de atar su mente a la realidad, como hipnotizándolo. El hecho de que ambos hicieran todo con las pesadas mochilas a cuestas le tranquilizó. No tendrian problemas.

- Bien. El asunto de las armas lo considero estrictamente personal, pero recomiendo no llevar demasiado peso, o llevar algo demasiado preciado, - apreció el bello estoque, y de paso, la pierna de la mujer - pues seria posible que tuvieramos que desprendernos de ello en algun momento cuando estemos ahi abajo, para aligerar peso. Así que consideren sus prioridades. - se sentó en uno de los sillones.

- Llevaré a media docena de hombres, también preparados y armados. Somos nueve entonces, superamos por poco en número al despacho del Tremere. Los traeré para sus "rituales". Espero que tenga algo tambien para ellos. ¿Ha hecho algun avance en la materia?

- Me temo que los rituales son estrictamente para cainitas, un humano no obtendría beneficio alguno de ellos, es más, un humano normal y corriente no lo soportaría... así que tan sólo vos y yo saldremos beneficiados de mis... "artes"... siempre y cuando vos también seais capaz de soportarlo - Giulietta rió, ya había visto antes la reacción de otros cainitas deconocedores de la magia vampirica... aunque nunca había topado con un malkavian en esas circunstancias, será interesante...

Mientras la lasombra hablaba Dorian abrió sacó un frasco de pastillas de un bolsillo interior de la bolsa de deportes y cuando su señora terminó de hablar se dirigió al arzobispo.

- Dele estas píldoras a sus hombres, bastará con que tomen una antes de salir. - Dijo extendiendo el frasco al vampiro. - En la marina las usabamos para las incursiones y maniobras de combate, reducen el tiempo de descanso necesario y contienen excitantes que mantienen alerta, les vendrán bien.

La lasombra asintió.

- Aunque dejan sabor... metalico en la sangre - añadió la mujer. - Por cierto, disculpad mi osadía, pero, ¿que armas portaréis? si necesitais algo tal vez pueda ayudaros...

El Malkavian esbozó media sonrisa. No le gustaba el interés enfermizo por las armas del que solía hacer gala la mayoria de cainitas con los que se topaba.

- Llevaré estacas de madera, que yo mismo he tallado. Es el arma más fiable para el cuerpo a cuerpo que he usado durante estos años, tanto contra humanos como contra vampiros, es excepcionalmente util para "ascender" en el escalafón. Llevaré un par de berettas de 9mm, una cargada con balas de plata y otra con balas de punta hueca, y un cargador de cada tipo adicional. Aunque solo se disparar a una mano -rió-. Si se diera el caso de que nos encontraramos con lupinos, espero que con las balas tenga suficiente. La experiencia me ha enseñado que si dejas que una de esas bestias se te acerquen lo suficiente, no tendras tiempo de recordar tu maravillosa hacha de plata que podria salvarte de *chof* -hizo un gesto con las manos y la boca como si algo reventara, y miró risueño el estoque de la mujer. - Eso sí, - añadió resuelto - , pienso diluir nitrato de plata en mi alimento y raciones. Si alguno de esos bichos tiene la suerte de tocarme, perderá la mano.

La mujer asintió satisfecha.

- Esta bien - dijo la mujer casi en un suspiro mirando las armas de fuego de Dorian, quien se percató de la mirada de la vampira y las apartó de su vista.

- Ni se te ocurra acercarte, no quiero llevarme otro tiro en el pie, gracias - dijo el joven divertido. De repente se dio cuenta de la familiaridad con la que había hablado a su señora ante su "distinguido" invitado y a su rostro volvió nuevamente la seriedad.

La lasombra se encogió de hombros inocentemente y se giró hacía el malkavian.

- Yo simplemente espero no tener que entrar en combate contra un garou... son consciente de mis inexistentes posibilidades - rio. El hecho de ser una inepta con las armas de fuego no ayudaba nada cuando se trataba de lidiar con criaturas de semejante fuerza y resistencia física. - Bien, ¿hay algo más que debamos saber antes de meternos en la boca el lobo?

- Ah, sí, el kevlar. He debido olvidarlos. Mañana les traeré dos chalecos de protección. Yo también llevaré uno. Puede resultar de ayuda en un momento dado. Bien, por mi parte ya está. Mañana vendre a primera hora para tomar parte en sus rituales - hizo un gesto condescendiente a la vampiresa - y partir hacia el punto de reunión, mientras les explico los pormenores tácticos, y ciertos detalles sobre la excavacion.

Se arrodilló y empezó a quitarse las botas.

- Espero que pueda estar todo preparado para entonces, Giulietta, y que los ritos no supongan demasiado retraso. Si hubiera algun cambio de planes de ultima hora, Ambrosio le avisará, Dorian. Si tiene alguna duda durante el día sobre el uso del equipo, consultele a él, esta perfectamente cualificado.

- Claro, no os preocupeis, el ritual durará una hora a lo sumo, y aunque no lo creais los resultados merecen la pena.

Vlad se dirigó al sillón, donde estaba su ropa, y su gesto se torció un poco, entre extrañado y divertido.

- Em...¿Dónde podría cambiarme? - antes se habia cambiado allí mismo, mientras Giulietta y Dorian lo hacian en las habitaciones. No sabia como se lo tomaría la mujer. Desde luego, iba en contra de todo protocolo y etiqueta...

- Si, por suspuesto. Dorian por favor, acompaña a su excelencia.

El joven asintió y con un gesto indicó al malkavian que le siguiera. Comenzó a andar, salió del despacho y tras cercionarse de que Vlad le seguía continuó andando hasta una pequeña habitación de la planta baja, abrió la puerta y cedió el paso al cainita.

Dejó la ropa sobre una silla, y comenzó a quitarse el traje, por partes. Era una tarea mecánica que le ayudaba a relajarse. No tenia que pensar, y no oiría a las voces. Contemplo su cuerpo semidesnudo frente al espejo, delgado, lampiño y pálido. Cerró varias veces un puño y vio como las venas se marcaban azules bajo su piel.

Comenzó a vestirse. Primero la camisa. La corbata. Se la ajustó en el espejo. Después los pantalones. Se sentó en la silla para abrocharse zapatos. Cuando terminó con el izquierdo, el espejo le sorprendió. Giulietta estaba en el espejo.

Pese a que la perspectiva no cuadraba, y que los Sombrillas no se reflejan, miró instintivamente a su espalda. No habia nada. Volvió a mirar el espejo. Vacío. Se quedó un instante mirándose en el espejo, negando con la cabeza. Se llevo un mechón de pelo tras la oreja, y volvió a sus zapatos.

Al levantar la vista, de nuevo vio a Giulietta. ¡Ahora la perspectiva cuadraba! Miró tras de sí, pero no estaba. Volvió al espejo. Ella seguía allí. Con las manos sobre sus hombros. Sentía las manos sobre sus hombros. Vladimir estaba clavado en la silla, mirando al espejo. Los ojos verdes no le dejaban moverse ni apartar la mirada. Giulietta llevó las manos a la cara de Vladimir, y le acarició. SENTÍA SUS MANOS. Se inclinó hacia delante, acercándose a su oído, susurró algo que no pudo oir, y le abrazó. Acto seguido, estalló en llamas.

Desde su despacho, Giulietta pudo oir un rugido. Soltó la mochila que aún llevaba a la espalda y salió corriendo hacia el origen del grito. Al abrir la puerta encontró a Vlad retorciéndose en el suelo ante el espejo, sin pensar en sus actos ni en las consecuencias se abalanzó sobre él, puso sus manos firmemente en sus hombros y, en vano, intentó hacer que se incorporará. El rostro de la lasombra reflejaba temor y preocupación.

Miró al espejo frente al que se encontraban, el reflejo de Vlad... y nada más.

Giulietta seguía forcejeando con el Arzobispo, que estaba fuera de sí, rugiendo. Su boca estaba completamente abierta, desencajada, con los colmillos fuera de sus fundas. Los ojos en blanco, inyectados en sangre, y los párpados agitándose a toda velocidad. De su fosas nasales brotaban dos hilos de sangre, que caían por su rostro. Sus piernas se movían espasmódicamente. Apoyaba los pies en el suelo, y las volvía a estirar sin control.

El rugido cesó por un momento, así como los temblores y espasmos. La cabeza del vampiro se dobló hacia atrás de forma practicamente antinatural, Giulietta solo podía ver su cuello, vulnerable... tan vulnerable... tan solo durante un segundo, un mísero segundo, la sangre cruzó la mente de la lasombra... sus colmillos asomaron levemente... pero solo fue un segundo...

Las manos del arzobispo agarraron los antebrazos de la cainita, y apretaron de forma inhumana, provocándole un terrible dolor. Sus uñas se clavaron en el neopreno, y de no ser por este, ya habría brotado la sangre. Giulietta inentaba romper la presa de Vladímir, asustada. Si aquello era el Frenesí, era una presa facil.

La cabeza del arzobispo se volvió hacia delante rápidamente. Sus ojos, aunque aun inyectados en sangre, dejaban ver su iris y pupilas, clavados en los de Giulietta.

- ¡Ayúdame, Sarah! - rugió el cainita, que solo veía enfrente suya a su sire.

- Yo no... - acertó a balbucear la cainita. Las uñas que vladimir le clavaba empezaban a ser más que una simple molestia. La cainita alzó la voz con firmeza. - Vlad... - concentraba su sangre - Vlad... - su fuerza aumentaba - Basta! - tiró de los brazos de Vlad y con esfuerzo consiguió deshacerse de la presa del malkavian. Con la diesta sujetó fuertemente al arzobispo por el hombro... tiene la vista nublada... movió la siniestra hacía atrás y con fuerza abofeteó la cara del vampiro. - DESPIERTA!!!

Vladímir no pudo soportar que su sire, después de haberlo abandonado hacia tantos años, volviera de repente. Y mucho menos que le tocara la cara. El olor de su propia sangre le advertía del peligro y le nublaba la razón. Volvió a emitir un terrorífico rugido, agarrando el brazo que Giulietta tenía en su hombro y doblándolo fácilmente, como un junco. Saltó sobre ella, agarrando la otra mano con la suya, y la tiró de espaldas al suelo.

Sentado a horcajadas sobre ella, y haciendo fuerza con sus caderas y muslos para que no se moviera, mantenía la presa sobre los brazos de la cainita, que se agitaba y pataleaba inutilmente, mostrando sus colmillos, tratando de amenazarlo.

Con un rápido gesto, el Arzobispo junto las manos de su sire, y con una sola mano, las sujetó por encima de la cabeza de la mujer. Con la otra mano, le sujetó la cara.

Giulietta pudo ver las dilatadas pupilas de Vladímir cuando este acercó su cara a la suya. Dos insondables pozos negros la observaban sin verla realmente. Emepezó a sentir algo parecido al miedo, mientras intentaba hablar a Vladimir, pero su boca, deformada por la mano del vampiro, solo emitía balbuceos sin sentido.

El hombre giró la mano, para dejar al descubierto el cuello de la cainita. Se acercó. Dejó que sus labios rozaran la piel de su sire. Apoyó ligeramente los colmillos y los movio por el cuello, para que su sire notara al fin el destino inevitable que le habia reservado durante años. La cainita, cada poco, volvía a forcejear. Humedeció con su aliento el cuello de su sire, y sonrió. Aspiró profundamente, saboreando su victoria.

Cuando los colmillos comenzaban a hundirse en la carne, justo antes de que brotara la sangre, se dio cuenta. Su sire NO OLÍA como antes. Habia saboreado y nadado en su peculiar olor dulzón innumerables veces, y ¡AQUELLA MUJER NO OLÍA IGUAL!

Las sombras de la habitación comenzaron a concentrarse en las dos figuras que forcejeaban en la oscuridad, cada vez mas oscuras y rápidas... de repente cinco brazos surgieron de ellas agarrando a Vladimir del cuello y los brazos, tirando de él hacia arriba, intentándo despegarle de la cainita.

Vladimir la miró frente a frente, observando la cara de Giulietta, y vió sus ojos, verdes, llameantes. Entonces cobró consciencia de sí mismo, volviendo a la realidad.

En ese momento apareció Dorian, que había oído los gritos desde el salón. Cuando vió a su señora bajo las garras de aquella sanguijuela sus ojos se encendieron con rabia y se abalanzó sobre él.

Justo cuando tenía al malkavian a su alcanze uno de los tentáculos que lo sujetaban salió disparado violéntamente hacía el mortal lanzándole a un par de metros de distancia de la pareja, fuera de la habitación.

- ¡Largate! - dijeron los fulgurantes ojos verdes. El joven se arrastró sobre sí mismo unos pasos para luego ponerse en pie y salir corriendo por el pasillo.

Entonces el arzobispo cobró consciencia de sí mismo. Volviendo a la realidad se sentó en el suelo, retrocediendo como podia hasta la pared, con un gesto de terror en su rostro, desencajado, mirando a la mujer y a la puerta de hito en hito, como si no la pudiera reconocer. Los tentáculos desaparecieron y las sombras volvieron a su lugar, Giulietta se dejó caer al suelo, estaba herida y asustada. Poco a poco sus heridas fueron desapareciendo... la mujer se incorporó y giró la cabeza hacia el despojo que ahora parecía el arzobispo, hundido en la oscuridad y la confusión.

- Soy yo... Giulietta... - como un susurro... ¿qué ha ocurrido aquí?... no estaba segura de como reaccionar, ¿realmente queria matarla? no, no... no era él, no estaba aquí... se apoyó contra el espejo desconcertada... ¿cómo me ha llamado?

Ambos permanecieron cada uno a un lado de la habitación un par de minutos más. El arzobispo, aun sin tener muy claro que había pasado, comenzó a hacerse una idea. Otra vez... Se llevo las manos a la cara y frotó sus ojos. Se atusó el pelo, observando a la cainita, temblorosa, contra el espejo, mirándolo asustada, cogiéndose un hombro con la mano, y con un reproche en el gesto.

Vladímir se levantó del suelo. Instantaneamente, la mujer se puso en guardia, intentando alejarse más del arzobispo. Él cerró los ojos, buscando tocar la agitada alma de Giulietta con la suya.

La inestable y temblorosa mancha carmesí que era su alma se estiró hacia una mancha verde esmeralda, que parecía estirarse, a punto de partirse, se deformaba y tomaba formas picudas, agresivas, belicosas, tomando a veces forma de anillo.

Giulietta tuvo un pequeño espasmo, y no pudo evitar mirar a los lados, como buscando a alguien. Cuando la mancha carmesí hizo contacto con la verde, esta comenzó a cambiar más aceleradamente, clavándose en la otra, empujándola, intentando expulsarla, aunque la carmesí insistía, acariciando con aquellas partes con las que la masa verde le atacaba. Giulietta solo podía ver a Vlad, de pie, con los ojos cerrados y la cara alzada, en silencio. El resto de la habitación estaba borroso. Seguía nerviosa, y temblaba, pero notaba además algo extraño. No podía apartar la mirada del arzobispo.

Algo estaba interfiriendo en la mente de la mujer, luchaba contra esa presencia, no quería que nadie entrara en su mente... aunque esa presencia era en cierto modo tranquilizadora, no parecía querer dañarla.

Poco a poco, la agitación de la esfera verde disminuía. Seguía atacando a la esfera carmesí, pero tardaba cada vez más en repetir su intento de agresión. Las esfera carmesí, que desprendía un icor rojizo allá donde habia sido golpeada o perforada por la verde, se extendía para envolver a la otra, acariciando y suavizando sus extremos, controlando los apéndices que surgían, para modelar de nuevo una esfera perfecta.

Las fuerzas de Giulietta mermaban y sus ganas de luchar también, estaba más tranquila, así que simplemente se dejó llevar... la mancha verde se calmó y dejó de moverse por completo, se expandió y dejó hacer a la pequeña mancha carmesí.

Qué facil resultaba destruir, encolerizar y maltratar sicológicamente a otros, más aún cuando eran humanos. Podía ver las emociones como cuerdas de piano, y golpear y tirar las precisas. Pero justo el proceso contrario, era mucho más complicado. Había que saber tocar las cuerdas armoniosamente, o inventar nuevas imágenes mentales de las situaciones que pudieran simplificar el proceso. Esto era totalmente necesario con los vampiros, cuyas almas, esencialmente humanas, estaban cubiertas por algo que las hacía realmente difíciles de manipular.

Vladímir se sentó en la silla, cansado. Todavía no habia terminado el trabajo, aunque le quedaba poco. El lazo de dominio sobre Giulietta estaba practicamente roto. Solo podía esperar haber hecho lo suficiente.

La presencia carmesí desapareció por completo de la mente de Giulietta, quien se puso en pie lentamente, aquella noche aún no había comido y el gasto de sangre empezaba a hacer mella en ella. Se apoyó en el espejo, que tan solo refleja la figura de Vladimir al otro lado de la habitación.

- Di mi nombre... - dijo la mujer casi en un suspiro, tenía que asegurarse de que volvía a ser él.

Vladímir tenía la boca seca. Movió la lengua dentro de su boca cerrada. Se levantó y se puso la chaqueta.

- Giulietta... no, no sé que ha pasado... yo... - pensó en acercarse a la mujer, pero recapacitó - he tenido visiones... trances... durante toda la noche... han ido a peor... no, no se que os he hecho... pero... os pido disculpas...

Su rostro, gacho, oscurecido, reflejaba una mezcla de vergüenza y arrepentimiento, aunque no sabría decir en que proporciones.

La mujer suspiró claramente aliviada, parece que solo ha sido un manifestación de su locura... menos mal... aunque tendré que tener más cuidado de ahora en adelante...

Apoyada como estaba de espaldas al espejo se dejó caer hasta sentarse en el suelo, apoyó las manos y se relajó.

- Nunca había vivido un episodio de locura como ese... no os preocupeis, ahora deberíais descansar y relajaros - se inclinó hacía delante - tal vez la presión de lo que nos espera mañana os esté haciendo una mala jugada... - se puso lentamente en pie.

- Si lo deseais podeis descansar y pasar el día aquí, si no Dorian puede llevarle a La Salle...

- No deseo importunaros más, Giulietta, ni a Dorian. Marcharé a La Salle ahora. Espero que podais descansar. - abrió la puerta de la habitación y la invitó a salir.

Vladímir se dejó guiar por la vampiresa hasta las puertas del castillo. Miraba a los lados, sin saber si decir lo que estaba pensando. Giulietta parecía demasiado cansada como para hacer mucho caso. Pero aún así lo consideró necesario. No podría descansar tranquilo.

- Giulietta, antes de retirarme, quiero encomiaros a que mañana extremeis las precauciones, y no hagais ningun tipo de estupidez. - dijo seriamente.

- Gracias, pero no hace falta que os preocupeis ... - la mujer se extraño, tanta seriedad de repente, resultaba macabro.

- Giulietta, - la interrumpió - esta noche, en mis visiones, os he visto morir a todos. No quiero pensar que sean premoniciones, pero... no esta de más ir sobre aviso. Buenas noches.

Vladimir abrió la puerta de entrada al castillo y dejó allí a la vampiresa, que se quedó algo sorprendida por las ultimas palabras del arzobispo. Lo siguió un momento con la mirada, y cerró la puerta.

El cainita se marchó andando hacia La Salle. Siempre son premonitorias, pensaba. Estaba muy preocupado por lo que pudiera acontecer la noche siguiente. Pero más aún por la última visión. Giulietta, abrazándome ¿que me susurró? Y después las llamas. ¿Giulietta piensa eliminarme? ¿Con fuego? ¿Va a ser ella mi perdición?

Se perdió en sus pensamientos, retorcidos como las callejuelas por las que caminaba, iluminado por la luna, completamente llena, apenas manchada por un jirón de nubes.

Cuano Vladimir salió por la puerta del castillo la mujer fue hacia el despacho. Os he visto morir a todos... Repitió mentalmente las palabras del arzbobispo. Os... no se ha visto a sí mismo... permaneció pensativa unos instantes... claro, como iba a verse morir a sí mismo, no son más que las alucionaciones de un loco, abrió el mueble bar y bebió una botella de vitae entera de una vez. Se sentía mucho mejor.

Giulietta no creía en las visiones, no creía que se pudiera predecir el futuro y no tenía miedo de las palabras del arzobispo.

Tras meditar unos minutos salió del despacho y fue en busca de Dorian.


- ¿Qué demonios ha pasado ahí dentro? - preguntó aún enfurecido el humano.

- Vladimir es un loco, ya lo sabes. Lo que has visto ha sido un ataque propio de los suyos... - respondió con pesadumbre la lasombra - es su maldición, ya te expliqué que todos tenemos una.

- ¡Ha estado a punto de matarte! - sujetó a Giulietta por los hombros y la zarandeó, le frustaba que no le diera importancia.

- No vuelvas a intentar interponerte cuando esté así, es peligroso. - Replicó con serenidad.

- ¡Ya sé que es peligroso! y tu también corres peligro, ¿es que no te das cuenta? ¿y quieres que nos metamos en una cueva con ese tio? - soltó a su señora y se sentó sobre la cama.

- No volverá a pillarme desprevenida, además, el que haya pasado una vez no quiere decir que vaya a repetirse mañana, de todas formas, no le quites el ojo de encima, si eso te deja más tranquilo. - cuando terminó la frase salió de la habitación.

- No hace falta que lo digas, pensaba hacerlo. - dijo elevando gradualmente la voz mientras la cainita se alejaba.

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