
Ella va delante, y el, un joven alto y fornido la sigue de cerca. La mujer se acerca a la mesa de recepción.
- Hola, buenas noches, ¿que desea? - dijo la recepcionista en un tono amable, mientras miraba a la pareja de una forma curiosa.
Giulietta respondió con una sonrisa a la recepcionista.
- Buenas noches, desearía hospedarme aquí. Dígame, ¿tienen habitaciones individuales conectadas entre sí? Mi acompañante y yo desearíamos alojarnos juntos pero no es la misma habitación, ¿es eso posible?
- Lo siento, pero no tenemos habitaciones interconectadas, pero lo que si tenemos son habitaciones que constan de dos dormitorios, si gusta hay un par de ellas disponibles.
Giulietta ladeo la cabeza y sin pensárselo mucho contesto.
- Está bien, deme una de esas habitaciones, la mejor que tenga disponible por favor.
- Con vistas a la playa, o sin vistas. Yo le recomendaría la de las vistas, pues aunque ambas tienen el mismo precio, esta última creo que le será mucho más cómoda. - Tecleo en al ordenador - ¿Sabe el tiempo que residirá con nosotros, o es indefinido¿ - una pausa - ¿pagará con tarjeta o al contado?
- Con vistas a la playa sería perfecto... no sé cuánto tiempo vamos a quedarnos por aquí, pero posiblemente una buena temporada... y pagaremos en efectivo. - Al decir esto el joven que aún no había hablado se acerco al mostrador.
Un hombre entró en el Hotel ...con un cigarrillo en la boca... tenía prisa... seguramente dentro de poco amanecería... y desde pequeño había tenido poco predilección por el sol... Su color había sido siempre el negro...el que siempre iba con él... Se acercó a recepción...
-Una habitación... por favor-Miraba alrededor, la curiosidad podía con él. Dio una calada más y hecho el humo esperando una respuesta.
Giulietta miro no con buenos ojos al recién llegado, ¿donde se habrá dejado los modales? pensó, ¿acaso no se da cuenta de que la recepcionista esta atendiéndome a mí? y encima el humo de ese asqueroso cigarrillo...
- Disculpe caballero, ¿le importaría aguardar un momento y evitar echarme el humo encima mientras esta amable señorita me atiende?
Giulietta no podía ocultar la indignación en el tono de su voz. De igual modo, el recién llegado pudo observar la desaprobadora mirada que el acompañante de la vampira le ofrecía de soslayo.
El recién llegado miró indiferente a aquella mujer...
- Mm....- miró a su acompañante y a ella repetidas veces.... - Lo siento... - pero como contradiciendo lo dicho - ¿tiene alguna habitación libre?
Ni se percataba de su poca vergüenza... dio una calada más y cerró los ojos dejando que el alquitrán llenara sus pulmones... Con los ojos cerrados hecho, sin querer, el humo en la cara de su inesperada acompañante...
Los ojos de Giulietta se incendiaron de ira bajo sus gafas de sol, ¿cómo osaba aquel individuo provocarla de semejante modo? era inadmisible, cuando pareció que la mujer iba a actuar Su acompañante simplemente se limito a colocar lentamente su mano sobre el hombro de la mujer, como si de ese modo pudiera tranquilizarla.
La cainita, sin más dilación cogió el cigarro de las manos del recién llegado y tras tirarlo al suelo lo aplasto con la punta de su zapato.
Miró el cigarrillo en el suelo...Seguidamente a esa mujer...
-Oye...eso cuesta dinero, ¿sabes?
Aún sabiendo lo que podría ocasionar esto... saco otro cigarrillo más y sacó el mechero Zippo... Lo destapó y encendió el nuevo cigarrillo...
- Perdone Señor. –Interrumpió la recepcionista. - Pero aquí la dama tiene razón, ella estaba antes y además, si se fija encontrará varios carteles de prohibido fumar. Así que apague el cigarrillo, y espere su turno, por favor. - La chica sonrió.
- Perdone la interrupción señorita, si le molesta alguna vez más solo avise y ya se tomarán medidas. Su habitación es la 54, en la segunda planta, espero que le guste. - Sonrió a la vez que le entregaba la llave-tarjeta.
Giulietta cogió la tarjeta llave con una sonrisa de manos de la recepcionista.
- Muy amable, ahora quisiera descansar, mañana a primera hora mi acompañante vendrá y pagara los primeros días de estancia por adelantado si no le parece mal.
- Dorian - dirigiendose a su acompañante - por favor, sube el equipaje
- ¿Todo?
- No, solo lo imprescindible. Mañana podrás traer el resto.
- De acuerdo.
Dorian marcho hacia la entrada del hotel pasando junto al desconsiderado fumador sin quitarle un ojo de encima. Mientras Giulietta se encamino hacia el ascensor. El fumador permaneció un rato pensativo..."Mierda...tengo que cambiar un poco"... Pensó que toda la gente de aquí no sería como los de Dos Hermanas...
Antes de que la mujer se fuera apagó el cigarrillo con los dedos índice y pulgar(cosa que seguidamente lamento)
-Perdone mi comportamiento estúpido...-Se acercó a ella y le ofreció la mano-Erik...encantado... - Seguidamente dedicó una sonrisa y asintió
Giulietta se detuvo ante el vampiro y fríamente el observo de arriba a abajo, vio su mano extendida hacia ella, pero prefirió no estrecharla, por lo que se limito a decir.
- Giulietta.
-Lo siento... siento mi comportamiento infantil. Comprendió entonces que así no conseguiría nada... -Miró a la recepcionista... debía ser lo más amable posible- ¿Tiene alguna habitación libre?
Giulietta continuó hacia el ascensor, mientras andaba, paro, y sin darse la vuelta, advirtió al recién llegado (no sin cierto tono de rencor en su voz).
- Tened más cuidado la próxima vez puede que no tengáis tanta suerte. - Tras entrar en el ascensor las puertas se cerraron ante ella.
Giulietta entro a la habitación recién alquilada en el Hotel Doñana, tras una exhaustiva inspección de la misma decidió que no estaba mal, al menos por el momento. Al poco llego Dorian cargado de maletas.
- He subido lo imprescindible, como me pediste, mañana por la mañana subiré el resto. Dijo el joven.
- Gracias, mañana quiero que adecentes esto un poco, compra lo que haga falta y haz lo que creas oportuno, quiero que por la noche este todo a mi gusto.
- No hay problema, te prometo que cuando despiertes te gustara lo que encuentres aquí.
- Eso espero, por cierto, toma esto - le tendió un sobre cerrado que Dorian cogió y guardo en el bolsillo de su cazadora. Ya sabes qué hacer con él.
- ¿Cuando quieres que vaya?
- A ser posible ahora, me gustaría estar un rato a solas.
- Como quieras, no tardare.
Tras decir esto Dorian salió de la habitación y Giulietta se tendió pensativa en la cama.
Dorian se acerco umbral de San Francisco, donde se cruzo con otro hombre q ya se iba, al ver que la puerta estaba abierta y que alguien estaba a punto de cerrarla se acerco corriendo.
Perdone, solo le robare un momento, tan solo deseo que le haga llegar esta carta al arzobispo Vladimir Von Thremischeck, de parte de mi señora. Ambrosio tomo la carta que le deslizó el hombre.
- De acuerdo, buenas noches - se dirigió diligentemente al despacho del arzobispo.
- Traigo un mensaje para vos, señor
- Pasad entonces, Ambrosio
La puerta negra se abrió, y con la mirada fija en el suelo, cruzo la habitación hasta llegar a la mesa del Vladimir. Extendió el sobre y lo dejo en la mesa. Se quedo erguido, esperando.
- Gracias Ambrosio, podéis retiraros
El hombre inclino la cabeza respetuosamente y se fue por donde vino. Vladimir tomó el sobre y lo abrió. Leyó su contenido, y quemó la carta en el fuego de una vela cercana, con extremo cuidado. La breve carta rezaba así: “Por si necesitáis algo de mi sabed que me hospedo en la habitación 54 del Hotel Doñana. Atentamente Giulietta Strozzi.”
Cuando Dorian abrió la puerta de la habitación encontró a su señora peinándose ante un espejo, el joven jamás comprendía como podía hacer eso si no tenia reflejo alguno, en el espejo tan solo se veía un cepillo en movimiento.
- Has tardado menos de lo que esperaba -dijo la vampira dejando el cepillo sobre el tocador.
- Si, no he tenido que esperar, en cuanto llegue le entregue tu carta al que parecía ser el mayordomo del arzobispo, me dijo que él se la haría llegar. Mientras hablaba cogió el cepillo y comenzó a peinar a Giulietta con delicadeza para hacerle un bello recogido.
- He estado pensando... creo que no hará falta que mañana subas el resto del equipaje a la habitación, no me siento del todo cómoda aquí, así que creo que lo mejor será encontrar algo mas... estable, creo que en un par de días puedo tenerlo solucionado, con un par de llamadas a Italia conseguiría el dinero suficiente como para comprar una propiedad en esta ciudad e instalarnos en ella. ¿Qué te parece?
- Una idea excelente, como siempre.
- Dorian - dijo ella tras un breve silencio.
- ¿Si?
- Quiero q salgas por la ciudad y averigües a quien pertenece el casillo... castillo de Santiago ¿era ese su nombre?
- Si, creo que ese es su nombre
- Pues quiero que me digas de quien es lo antes posible
- ¿En serio estas pensando en adquirirlo?
- Me gusta, y si entra dentro de mis posibilidades... quien sabe
- Esta bien, me pondré a ello de inmediato. ¿Qué vas a hacer tú mientras tanto?
- No lo sé
- Deberías salir de esta habitación y relacionarte un poco, no todo el mundo es como te piensas, seguro que hay gente interesante en esta ciudad... tiene que haberla
- Sabes que tienes razón, en fin, tal vez lo haga, pero no te prometo nada, ahora vete, tienes trabajo que hacer.
Dorian salió de la habitación y Giulietta se sentó al borde de la cama pensativa.
Unas horas después, Dorian entro a la habitación sin llamar, Giulietta se extraño de que hubiera tardado tan poco en conseguir la información que precisaba.
- ¿Que has conseguido?
- Algo que te va a gustar... Dorian sonreía con picardía.
- Esa sonrisa me da mala espina, suéltalo ya.
- El Castillo de Santiago en el que tan interesada estas... bueno, no puedo asegurártelo al 100 por 100, pero tiene dueño, y es el mismo que La Salle.
Giulietta se desplomo sobre la cama
- Puff..... En fin, tendré que volver a ver al arzobispo... ¿esto no es tan fácil como parece sabes?
Dorian se acerco a la cama y se sentó junto a Giulietta
- No exageres, además, tampoco tienes nada que perder - le dijo mientras le acariciaba el cabello - sabes tan bien como yo porque elegiste esta ciudad, así que ve a por todas.
- Tienes razón - Giulietta se incorporo y se acerco al espejo, - ¿qué tal estoy?
- Tan radiante como siempre.
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