
Vladimir y Clarisse finalmente llegaron hasta el grupo de cainitas, Vlad interrumpió suavemente.
- Permitidme que os presente: Clarisse Erichkrause, Giulietta Strozzi, y él es Gaethanus, aunque no sé si ya os conocíais. -dijo señalando por turnos a las mujeres, para volver a centrarse en Gaeth.
- Por cierto, al parecer nuestra invitada de honor no va a tener la decencia de dejarse caer por aquí, según ha dejado caer descaradamente aquí la señorita. Una decepción, vaya. Ehem No me la imaginaba tan cobarde como para mandar a un lacayo -hizo especial énfasis en esa última frase.
Giulietta, finalmente consiguió aparentar la calma y tranquilidad apropiadas, a pesar del brillo de sus ojos; se giro primero hacia Vladimir.
- Efectivamente parece que el compromiso no es una de las virtudes de la príncipe, ya que le dijo a Dorian que vendría, y en su lugar a mandado a... bueno, a este... humano...
Esta vez se dirigió a la mujer.
- Es un placer conocerla Clarisse. - Giulietta sonreía.
- Hola de nuevo, Clarisse. - Dijo Gaeth mirando a la cainita a los ojos. Le horrorizaba que ella estuviera allí, tan cerca de aquel monstruo. Pero sin duda era una mujer fuerte. Intento no cambiar la expresión de su rostro.
Clarisse pasó absolutamente e inalterable de las frases del Arzobispo e intentó entregarle su regalo y responder a Giulietta.
Saludó a Gaeth acto seguido de que el dijese "hola", y después desvió la mirada del círculo, abrumada por la cantidad de vástagos que se concentraba en dos metros cuadrados.
Se separó un poco de aquel grupito para no llevarse ella los truenos de aquella tempestad y esperó paciente para entregar la bolsa.
Su vista fue a posarse en el grupito de Salvina y... allí estaba él. No dejó que la furia dominase su ser, pero aquel tipo, después de lo ocurrido en el cementerio y la descortesía que había mostrado en su dominio, iba a tener una larga charla con ella le gustase o no.
La mente del loco arzobispo no paraba de funcionar… Hmmm, si quizás hubiéramos establecido normas de Eliseo aquí, ¿temía acaso un ataque deliberado y abierto? ¿Teniendo aquí a toda la primogenitura? - Dio un vistazo alrededor de la sala, contando a los vástagos que había en la sala. Lo mires por donde lo mires, lo hubieran tenido muy bien en caso de montarse aquí un conflicto, salvo Giulietta y yo, todos aquí son Camarilla, excepto Salvina y su cohorte de perritos falderos, claro, pero nunca se sabe con los independientes.... La primogenitura casi al completo, cainitas poderosos, contra Giulietta y yo... y quizás alguno de esos... lo mires por donde lo mires... tendrían bastante ventaja. Entrecerró los ojos, mirando al vacio. Así que salvo compromiso de vital importancia, no me queda más que pensar que Marian es una cobarde... en fin... - Miró a Giulietta- A no ser claro, que su adoctrinamiento de Camarilla encontrara algún estúpido defecto de forma en la invitación...
Volvió a la realidad, pensando en que debería preguntar a Giulietta sobre lo último que había pensado. Se vio a sí mismo con Martin, con el que no le interesaba mucho entablar conversación, de momento. Vio a Clarisse, que estaba más pendiente de Giulietta y Gaeth que de otra cosa. Decidió que dejaría a Giulietta lidiar con la situación, era su fiesta, y si tenía aspiraciones...¿prueba numero uno?, pensó.
Se alejó del corrillo, pensando...nota mental: hablar con Martin, algo insustancial, para quedar bien, simplemente. Nota mental 2: hablar con Gaethanus, importante, averiguar si está interesado en la historia del lugar, con cuidado, para iniciar futuros contactos... se fue acercando al grupo de Salvina, del cual ella era centro y reina, y vio su habitual estilo provocativo, es usted un poco zorrona, ¿no, señorita Nefer?, Oh sí, me encanta tener a estos pavillos babeando a mi alrededor, pobrecillos.
El pequeño dialogo que había montado en su cabeza le resultó divertido, era por ello que se acercó con una sonrisa a la mujer.
En aquel momento, Giulietta vio la bolsa que la toreador llevaba bajo el brazo, sentía algo de curiosidad y extrañeza al mismo tiempo... vio que se alejo del grupo, no era su intención hacerla sentirse desplazada, el propósito de esta fiesta no era crear enemistades, si no conocer a sus posibles enemigos y posible aliados. Así que incito a Clarisse a unirse nuevamente a ellos.
- Según tengo entendido sois amiga de la príncipe, tal vez sepáis el porqué de su ausencia... Giulietta pronuncio esta frase en un tono más casual que impertinente o inquisitivo.
- No, no sé sus motivos, hace tiempo que no trato con ella.
Pronunció fríamente mientras dejaba pasar el asunto de si eran amigas o no, que la gente hiciese conjeturas era cosa suya.
- Cuando recibo una invitación, suelo obsequiar de alguna manera al anfitrión, en este caso anfitriona, así que... espero que os guste.
Clarisse le tiende la bolsa, en la que se encuentra la lámina de un cuadro donde aparece representado un hermoso ángel, con ciertos toques de tenebrismo.
Giulietta contempló el cuadro, realmente le gustaba.
- Es un detalle precioso, realmente me gusta Clarisse, os aseguro que ocupara un lugar de honor en las paredes de este castillo. Giulietta estaba sonriente a la par que sorprendida por el detalle de la toreador. Inclinó la cabeza y ofreció una sonrisa a la vampira en señal de agradecimiento.
- Celebro que os guste mi pintura y, ahora, si me disculpáis...
Se imaginaba lo que pasaría a continuación y no estaba dispuesta a presenciar aquello, de modo que tomó del brazo al venerable Casimiro y se lo llevó fuera con ella. Por una vez en mucho tiempo, necesitaba tomar el aire.
- Espero que no os haya importado el que os sacase así de ahí dentro, pero me ha parecido necesario puesto que no ha sentado nada bien tu presencia ahí dentro.
Un escalón, otro...
De nuevo no...
La cainita entrecerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza, para pensar en otra cosa mientras comenzaban a pasear por los alrededores. Esperaba que no se tomasen el resto de la noche para cenar...
Esas personas, aquellos niños, muertos, a mis pies, sus cuencas vacías...
Se apoyó en (cualquier cosa, como cosa entiéndase árbol, banco, pared....) y se quedó allí mientras tomaba aire. Su semblante continuaba imperturbable pero era obvio que algo pasaba.
En el interior del castillo, Vladimir irrumpió la conversación del grupo donde se encontraban Salvina Nefer, Javier LaTorre y Fiftenzo.
- Aah, Salvina, tan deslumbrante como siempre! Disculpad que no haya venido antes, pero tenía deberes como co-anfitrion de la fiesta. - Froto el pulgar de la mano izquierda contra el dedo índice, y no pudo evitarlo:
- Veo que estáis en buena compañía. Amigos, ¿compañeros de negocios? – dijo dirigiéndose a Salvina mientras paseaba la mirada por los demás, con una sonrisa en la cara.
- Disculpadme vos a mí, que he sido tan descortés como para no saludaros yo, siendo el anfitrión, y a pesar de que llevo aquí ya algún tiempo, todavía no he ido a conocer a la anfitriona, la que supongo que es aquella dama - hizo un pequeño gesto disimulado señalando a Giulietta - que por lo ajetreada que la encuentro, tampoco creo que me haya echado de menos.
Se alegraba de ver al Arzobispo, y sobre todo con tan buen aspecto, en la última fiesta, el encantador malkavian, no estaba tan... así.
- Bueno, no sé si conocéis a mis amigos, este es León - dijo, haciendo un gesto con la mano en señal de presentación - este es Javier Wilkinson, y este es mi querido Fifentzo, ya os hable de él - anduvo y se situó junto al malkavian, para crear un corrillo y no darle la espalda a nadie.
- Señores este es Vladimir, el Sr. Arzobispo de la ciudad.
- El señor ARZObispo y yo ya nos conocemos, y de saber que él estaría aquí quizá no hubiera venido. No se puede decir que hayamos tenido un buen primer encuentro. Y deduzco que todo seguirá igual, ya que supongo que él, al igual que yo, no se retractará de sus palabras. -dijo LaTorre dirigiéndose a Salvina.
Javier miró a Vladimir con cara de desprecio tras decir estas palabras, e incluso pasó por su mente la idea de escupirle a la cara, pero prefirió comportarse y no liarla. Después de todo era el Arzobispo e imponía respeto, aunque Latorre no le temía para nada. También anotó las palabras de Salvina : "...y este es mi querido Fifentzo, ya os hable de él...", luego entonces no sólo se trataba de su chico de los recados sino que además, Salvina trataba con el Sabbat...la noche se ponía interesante y puede que Javier descubriera más de lo que pensaba sin proponérselo.
- Ves chiquitín como sabía yo que volveríamos a vernos, si es que el mundo es un pañuelo... - Terminó diciendo Latorre de manera sarcástica.
Mientras escuchaba a Latorre hablar, la retorcida mente de Vladimir cortó el contacto visual con la realidad, proyectando en su mente la escena de 2001: Odisea en el Espacio, en la que el simio golpea el suelo con un garrote, mientras que el único sonido que le llegaba era la voz de Latorre. El símil le pareció gracioso, y solo pudo sonreír a Latorre cuando termino su bravata, aunque hubiera deseado reírse.
-Oh, por Dios "Mister Latorre", ¿sois del tipo que deja de ir a un sitio cuando alguien de allí no le agrada? No esperaba una actitud tan infantil por su parte... Y bueno, me reservo el derecho a corregirme cuando lo vea oportuno y necesario, mi mente es de todo menos cerrada, no lo sabíais? -dijo con una mueca de loco.
Pasó una mano por la cintura de Salvina, y se acercó más a su oreja, como si fuera a susurrarle algo. Sonriendo, y mirando a Latorre, dijo, aunque en un tono que todos pudieron oír:
- Tomad cuidado con el señor Wilkinson, al parecer es un hombre con contactos, y quien sabe a quien podría estar informando de cada nimio detalle que comentéis con él. ¿Verdad, grandote?
En un tono más bajo, cubriéndose la boca con la otra mano, susurro al oído de Salvina
- Que su aspecto de mastodonte tarado no te engañe- y rió divertido con ella.
Se separo de Salvina, volviendo a una posición normal. Tras un breve silencio… se despidió de sus nuevos contertulios y volvió junto a Giulietta, Martin y Gaeth.
Cuando el malkavian se acercó a ellos Giulietta le tendió la carta que el anciano Casimiro le había dado:
- Por cierto, esta ha sido la contestación de la Príncipe, ¿Qué os parece?
Conforme el arzobispo iba leyendo la carta, solo podía repetirse a sí mismo me lo temía. Había sido un tremendo fallo el no haber reparado en el lógico detalle de las normas del Eliseo, él mismo no se había dado cuenta, y se sentía mal, habiendo fallado a Giulietta, suponiéndose que él era el "super arzobispo". En resumidas cuentas, se sentía decepcionado consigo mismo, y preocupado por Giulietta.
-Mucho mejor así - dijo dejando escapar una leve sonrisa.
Giró la cabeza mirando a los cainitas que estaban allí, muchos de ellos contemplaban la escena. Veía a algunos susurrar como arpías, a otros con gesto divertido, y otros más expectantes, más preocupados. Qué grotesco, pensó.
- Bien, no hay razón para darle más vueltas, no hay nada que hacer respecto a Marian. Y creo que, aunque no hay necesidad de acabar con la vida de un inocente, sabes que hay mil maneras de hacer sufrir a un hombre, ¿verdad? - dijo con una mano en la barbilla, mientras sonreía a Giulietta, mirándola de lado..
-Quizás sería conveniente distender un poco el ambiente, algo que distraiga a la audiencia, no? ¿Qué se os ocurre? Unos... "aperitivos", quizás? - sonrió maliciosamente a la mujer.
- ¡Oh! Que horrible anfitriona, casi olvido el "banquete". Se dirigió a Dorian.
- Por favor Dorian, haz traer la comida, ya va siendo hora de saciar el hambre de nuestros invitados. Revisa que todo este tal y como lo ordene. Dorian asintió y salió de la sala.
Mientras esperaban Giulietta se dirigió a sus contertulios.
- Espero que disfruten de la cena...
- Permitidme que os presente: Clarisse Erichkrause, Giulietta Strozzi, y él es Gaethanus, aunque no sé si ya os conocíais. -dijo señalando por turnos a las mujeres, para volver a centrarse en Gaeth.
- Por cierto, al parecer nuestra invitada de honor no va a tener la decencia de dejarse caer por aquí, según ha dejado caer descaradamente aquí la señorita. Una decepción, vaya. Ehem No me la imaginaba tan cobarde como para mandar a un lacayo -hizo especial énfasis en esa última frase.
Giulietta, finalmente consiguió aparentar la calma y tranquilidad apropiadas, a pesar del brillo de sus ojos; se giro primero hacia Vladimir.
- Efectivamente parece que el compromiso no es una de las virtudes de la príncipe, ya que le dijo a Dorian que vendría, y en su lugar a mandado a... bueno, a este... humano...
Esta vez se dirigió a la mujer.
- Es un placer conocerla Clarisse. - Giulietta sonreía.
- Hola de nuevo, Clarisse. - Dijo Gaeth mirando a la cainita a los ojos. Le horrorizaba que ella estuviera allí, tan cerca de aquel monstruo. Pero sin duda era una mujer fuerte. Intento no cambiar la expresión de su rostro.
Clarisse pasó absolutamente e inalterable de las frases del Arzobispo e intentó entregarle su regalo y responder a Giulietta.
Saludó a Gaeth acto seguido de que el dijese "hola", y después desvió la mirada del círculo, abrumada por la cantidad de vástagos que se concentraba en dos metros cuadrados.
Se separó un poco de aquel grupito para no llevarse ella los truenos de aquella tempestad y esperó paciente para entregar la bolsa.
Su vista fue a posarse en el grupito de Salvina y... allí estaba él. No dejó que la furia dominase su ser, pero aquel tipo, después de lo ocurrido en el cementerio y la descortesía que había mostrado en su dominio, iba a tener una larga charla con ella le gustase o no.
La mente del loco arzobispo no paraba de funcionar… Hmmm, si quizás hubiéramos establecido normas de Eliseo aquí, ¿temía acaso un ataque deliberado y abierto? ¿Teniendo aquí a toda la primogenitura? - Dio un vistazo alrededor de la sala, contando a los vástagos que había en la sala. Lo mires por donde lo mires, lo hubieran tenido muy bien en caso de montarse aquí un conflicto, salvo Giulietta y yo, todos aquí son Camarilla, excepto Salvina y su cohorte de perritos falderos, claro, pero nunca se sabe con los independientes.... La primogenitura casi al completo, cainitas poderosos, contra Giulietta y yo... y quizás alguno de esos... lo mires por donde lo mires... tendrían bastante ventaja. Entrecerró los ojos, mirando al vacio. Así que salvo compromiso de vital importancia, no me queda más que pensar que Marian es una cobarde... en fin... - Miró a Giulietta- A no ser claro, que su adoctrinamiento de Camarilla encontrara algún estúpido defecto de forma en la invitación...
Volvió a la realidad, pensando en que debería preguntar a Giulietta sobre lo último que había pensado. Se vio a sí mismo con Martin, con el que no le interesaba mucho entablar conversación, de momento. Vio a Clarisse, que estaba más pendiente de Giulietta y Gaeth que de otra cosa. Decidió que dejaría a Giulietta lidiar con la situación, era su fiesta, y si tenía aspiraciones...¿prueba numero uno?, pensó.
Se alejó del corrillo, pensando...nota mental: hablar con Martin, algo insustancial, para quedar bien, simplemente. Nota mental 2: hablar con Gaethanus, importante, averiguar si está interesado en la historia del lugar, con cuidado, para iniciar futuros contactos... se fue acercando al grupo de Salvina, del cual ella era centro y reina, y vio su habitual estilo provocativo, es usted un poco zorrona, ¿no, señorita Nefer?, Oh sí, me encanta tener a estos pavillos babeando a mi alrededor, pobrecillos.
El pequeño dialogo que había montado en su cabeza le resultó divertido, era por ello que se acercó con una sonrisa a la mujer.
En aquel momento, Giulietta vio la bolsa que la toreador llevaba bajo el brazo, sentía algo de curiosidad y extrañeza al mismo tiempo... vio que se alejo del grupo, no era su intención hacerla sentirse desplazada, el propósito de esta fiesta no era crear enemistades, si no conocer a sus posibles enemigos y posible aliados. Así que incito a Clarisse a unirse nuevamente a ellos.
- Según tengo entendido sois amiga de la príncipe, tal vez sepáis el porqué de su ausencia... Giulietta pronuncio esta frase en un tono más casual que impertinente o inquisitivo.
- No, no sé sus motivos, hace tiempo que no trato con ella.
Pronunció fríamente mientras dejaba pasar el asunto de si eran amigas o no, que la gente hiciese conjeturas era cosa suya.
- Cuando recibo una invitación, suelo obsequiar de alguna manera al anfitrión, en este caso anfitriona, así que... espero que os guste.
Clarisse le tiende la bolsa, en la que se encuentra la lámina de un cuadro donde aparece representado un hermoso ángel, con ciertos toques de tenebrismo.
Giulietta contempló el cuadro, realmente le gustaba.
- Es un detalle precioso, realmente me gusta Clarisse, os aseguro que ocupara un lugar de honor en las paredes de este castillo. Giulietta estaba sonriente a la par que sorprendida por el detalle de la toreador. Inclinó la cabeza y ofreció una sonrisa a la vampira en señal de agradecimiento.
- Celebro que os guste mi pintura y, ahora, si me disculpáis...
Se imaginaba lo que pasaría a continuación y no estaba dispuesta a presenciar aquello, de modo que tomó del brazo al venerable Casimiro y se lo llevó fuera con ella. Por una vez en mucho tiempo, necesitaba tomar el aire.
- Espero que no os haya importado el que os sacase así de ahí dentro, pero me ha parecido necesario puesto que no ha sentado nada bien tu presencia ahí dentro.
Un escalón, otro...
De nuevo no...
La cainita entrecerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza, para pensar en otra cosa mientras comenzaban a pasear por los alrededores. Esperaba que no se tomasen el resto de la noche para cenar...
Esas personas, aquellos niños, muertos, a mis pies, sus cuencas vacías...
Se apoyó en (cualquier cosa, como cosa entiéndase árbol, banco, pared....) y se quedó allí mientras tomaba aire. Su semblante continuaba imperturbable pero era obvio que algo pasaba.
En el interior del castillo, Vladimir irrumpió la conversación del grupo donde se encontraban Salvina Nefer, Javier LaTorre y Fiftenzo.
- Aah, Salvina, tan deslumbrante como siempre! Disculpad que no haya venido antes, pero tenía deberes como co-anfitrion de la fiesta. - Froto el pulgar de la mano izquierda contra el dedo índice, y no pudo evitarlo:
- Veo que estáis en buena compañía. Amigos, ¿compañeros de negocios? – dijo dirigiéndose a Salvina mientras paseaba la mirada por los demás, con una sonrisa en la cara.
- Disculpadme vos a mí, que he sido tan descortés como para no saludaros yo, siendo el anfitrión, y a pesar de que llevo aquí ya algún tiempo, todavía no he ido a conocer a la anfitriona, la que supongo que es aquella dama - hizo un pequeño gesto disimulado señalando a Giulietta - que por lo ajetreada que la encuentro, tampoco creo que me haya echado de menos.
Se alegraba de ver al Arzobispo, y sobre todo con tan buen aspecto, en la última fiesta, el encantador malkavian, no estaba tan... así.
- Bueno, no sé si conocéis a mis amigos, este es León - dijo, haciendo un gesto con la mano en señal de presentación - este es Javier Wilkinson, y este es mi querido Fifentzo, ya os hable de él - anduvo y se situó junto al malkavian, para crear un corrillo y no darle la espalda a nadie.
- Señores este es Vladimir, el Sr. Arzobispo de la ciudad.
- El señor ARZObispo y yo ya nos conocemos, y de saber que él estaría aquí quizá no hubiera venido. No se puede decir que hayamos tenido un buen primer encuentro. Y deduzco que todo seguirá igual, ya que supongo que él, al igual que yo, no se retractará de sus palabras. -dijo LaTorre dirigiéndose a Salvina.
Javier miró a Vladimir con cara de desprecio tras decir estas palabras, e incluso pasó por su mente la idea de escupirle a la cara, pero prefirió comportarse y no liarla. Después de todo era el Arzobispo e imponía respeto, aunque Latorre no le temía para nada. También anotó las palabras de Salvina : "...y este es mi querido Fifentzo, ya os hable de él...", luego entonces no sólo se trataba de su chico de los recados sino que además, Salvina trataba con el Sabbat...la noche se ponía interesante y puede que Javier descubriera más de lo que pensaba sin proponérselo.
- Ves chiquitín como sabía yo que volveríamos a vernos, si es que el mundo es un pañuelo... - Terminó diciendo Latorre de manera sarcástica.
Mientras escuchaba a Latorre hablar, la retorcida mente de Vladimir cortó el contacto visual con la realidad, proyectando en su mente la escena de 2001: Odisea en el Espacio, en la que el simio golpea el suelo con un garrote, mientras que el único sonido que le llegaba era la voz de Latorre. El símil le pareció gracioso, y solo pudo sonreír a Latorre cuando termino su bravata, aunque hubiera deseado reírse.
-Oh, por Dios "Mister Latorre", ¿sois del tipo que deja de ir a un sitio cuando alguien de allí no le agrada? No esperaba una actitud tan infantil por su parte... Y bueno, me reservo el derecho a corregirme cuando lo vea oportuno y necesario, mi mente es de todo menos cerrada, no lo sabíais? -dijo con una mueca de loco.
Pasó una mano por la cintura de Salvina, y se acercó más a su oreja, como si fuera a susurrarle algo. Sonriendo, y mirando a Latorre, dijo, aunque en un tono que todos pudieron oír:
- Tomad cuidado con el señor Wilkinson, al parecer es un hombre con contactos, y quien sabe a quien podría estar informando de cada nimio detalle que comentéis con él. ¿Verdad, grandote?
En un tono más bajo, cubriéndose la boca con la otra mano, susurro al oído de Salvina
- Que su aspecto de mastodonte tarado no te engañe- y rió divertido con ella.
Se separo de Salvina, volviendo a una posición normal. Tras un breve silencio… se despidió de sus nuevos contertulios y volvió junto a Giulietta, Martin y Gaeth.
Cuando el malkavian se acercó a ellos Giulietta le tendió la carta que el anciano Casimiro le había dado:
- Por cierto, esta ha sido la contestación de la Príncipe, ¿Qué os parece?
Conforme el arzobispo iba leyendo la carta, solo podía repetirse a sí mismo me lo temía. Había sido un tremendo fallo el no haber reparado en el lógico detalle de las normas del Eliseo, él mismo no se había dado cuenta, y se sentía mal, habiendo fallado a Giulietta, suponiéndose que él era el "super arzobispo". En resumidas cuentas, se sentía decepcionado consigo mismo, y preocupado por Giulietta.
-Mucho mejor así - dijo dejando escapar una leve sonrisa.
Giró la cabeza mirando a los cainitas que estaban allí, muchos de ellos contemplaban la escena. Veía a algunos susurrar como arpías, a otros con gesto divertido, y otros más expectantes, más preocupados. Qué grotesco, pensó.
- Bien, no hay razón para darle más vueltas, no hay nada que hacer respecto a Marian. Y creo que, aunque no hay necesidad de acabar con la vida de un inocente, sabes que hay mil maneras de hacer sufrir a un hombre, ¿verdad? - dijo con una mano en la barbilla, mientras sonreía a Giulietta, mirándola de lado..
-Quizás sería conveniente distender un poco el ambiente, algo que distraiga a la audiencia, no? ¿Qué se os ocurre? Unos... "aperitivos", quizás? - sonrió maliciosamente a la mujer.
- ¡Oh! Que horrible anfitriona, casi olvido el "banquete". Se dirigió a Dorian.
- Por favor Dorian, haz traer la comida, ya va siendo hora de saciar el hambre de nuestros invitados. Revisa que todo este tal y como lo ordene. Dorian asintió y salió de la sala.
Mientras esperaban Giulietta se dirigió a sus contertulios.
- Espero que disfruten de la cena...
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