lunes, 25 de abril de 2005

Horror en las Profundidades I: Preludio


Vladimir madrugó aquella noche. Tenía un compromiso pendiente con el Tremere, Gaethanus, relativo a unas excavaciones que este estaba llevando a cabo en la zona boscosa a las afueras de la ciudad.

Con la cabeza aún en Giulietta y el "fin de fiesta", y pensando en las implicaciones de todo lo que discutió la noche anterior con la Sombrillita, pidió a Ambrosio que le preparara algo de beber, mientras terminaba de repasar sus anotaciones y documentos. Si quería llegar a un acuerdo con el Mago, tendría que jugar bien sus cartas en cuanto a la información que poseía sobre la historia de aquel lugar. Tenía que atraer su interés, para forzarle a hacer un pacto por el "botin", fuera lo que fuera, aunque temía que simplemente serían piedras, ruinas, y restos que servirían más a Gaethanus que a él mismo.

Aún así, ya que tenía la oportunidad, debía jugar sus bazas, para desequlibrar el status quo Camarilla-Sabbat de la ciudad. Si conseguía llevar a buen término un pacto con el Primogénito Tremere, podría crear una fisura en la cohesión de la Camarilla local. Si además, conseguía algo material, diría que habria sido un éxito.

Por otro lado estaba la Cainita, ansiosa por subir en el escalafón y hacerse notar. De momento, preferiría dejarla aparte. Demasiado le habia dado ya en tan poco tiempo. Tenia que ver los proximos movimientos de la mujer antes de dar el proximo paso.

Ambrosio sirvió el desayuno de su amo silenciosamente, mientras éste terminaba de introducir documentación y libros varios en un maletín de piel. El vampiro vació la gran copa en varios tragos, mirando al infinito en cada pausa, pensando.

- ¿Pensais que podreis obtener algo de ese Tremere, señor? - preguntó Ambrosio, rompiendo el silencio. Vladimir se encaminó a la salida, seguido del humano.

- No lo tengo claro. Parto de la base de que Gaethanus conoce sobre esto más que yo. Así que primero tendría que tratar de averiguar si hay algun agujero en sus planes que pueda llenar. En el mejor caso, me necesitará para llevar a cabo sus planes.

- ¿Y en el peor? Ambrosio parecía preocupado.

- Probablemente seré un peón más en su juego. Como todos. -sonrió.

- Ande con cuidado entonces, señor. - dijo, cerrando las puertas cuando salió su amo.

Vladimir miró al cielo impoluto. La luna estaba en cuarto creciente, y en apenas dos dias llegaría la luna llena. Resopló, y montó en el taxi que le esperaba para llevarlo al Palacio de Medina Sidonia.

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