
Y finalmente la última invitada de la velada hizo su aparición. Se había pensado mucho el ir o no a la fiesta pero al final, pensó que sería adecuada su presencia, no sería de buena educación ir a una y a otra no cuando se había enterado casi del mismo modo con la salvedad de que la setita la había visto en el bosque.
Se acercó hasta allí a pie, había dejado a Mateo en casa cuidando de Elaine.
En una bolsa de papel azul oscuro llevaba el obsequio para la anfitriona, ignoraba si le iba a gustar o no, pero esperaba que sí.
Una vez estuvo frente al castillo, sus nervios se dispararon.
Vuelve al presente, no pienses en eso, vuelve al presente, vuelve al presente, no pienses en eso!!!
Un escalón, otro... otro...
Asió las asas de la bolsa con más fuerza mientras el sonido de sus tacones llegaban a su cerebro exageradamente graves. El sonido de los violines que nítidamente retumbaba en sus tímpanos, las conversaciones, la suave respiración de aquellos tres hombres, la trajo de nuevo a la realidad y mantuvo la calma.
- Buenas noches.
Iba vestida con un traje de chaqueta y pantalón en color blanco y con raya diplomática en negro, sin camisa. La chaqueta iba recatadamente cerrada con un elegante broche en el pecho. Se había hecho ondular el pelo y recogido parcialmente detrás al gusto renacentista.
Al no llevar abrigo, los mayordomos se limitaron a saludarla y hacerla pasar.
Al llegar a la sala donde estaban todos los invitados observó su alrededor y supuso que la anfitriona era la mujer que estaba rodeada de caras conocidas, charlando animadamente.
Lo dejó estar por el momento y se limitó a observar el entorno desde la posición en la que estaba, justo a la entrada de la habitación.
No le desagradó en exceso el modo en que habían decorado aquello, pero la estancia pedía mucha más luz para mostrar mejor su grandiosidad.
Mientras tanto Gaeth se tomo una pausa para preparar su pipa. Le habían sorprendido los recién llegados, sobre todo aquel anciano. Creía haberlo visto en los jardines de Mariam. Parecía que la cainita tenía una forma muy particular de lanzar el guante al Sabbat.
Pero, espero que el viejo no sufriera las incontinencias de la anfitriona, pensó mientras miraba al arzobispo y a su compañera.
Volvió a acariciar aquel amuleto que colgaba tras jersey de cuello de cisne.
Pese a que Vladimir se estaba portando bien e intentaba arreglar las cosas, Martin no ponía nada de su parte. Aun así, pensó que era muy pronto para andar a la gresca retirando la mano, lo dejó estar, al menos de momento, volvió su atención hacia Giulietta.
- Esta bien así entonces, me dirigiré a saludar a algunos invitados que he reconocido, dejo de interrumpir vuestra conversación - sonrió a la mujer mirándola a los ojos, y volvió su mirada hacia Gaeth.
- Y espero poder conversar largamente con vos después, creo que podríamos tener temas interesantes que tratar.
Hizo una leve inclinación a todos menos a Martin, y se dirigió con paso firme y rápido hacia el grupito que se había formado alrededor de Salvina, pero vio una mancha blanca entre tanto negro, y se sorprendió. Reconoció a la mujer que había tocado aquella pieza musical la noche de fin de año. Cambio su rumbo para dirigirse hacia ella, con un gesto afable en el rostro, estaba metido de lleno en su papel de co-anfitrion:
- Bienvenida seáis,- tomo su mano y dio un suave beso en su dorso. - No recuerdo que hayamos sido presentados, mi nombre es Vladimir, y si no me equivoco, vos sois Clarisse...¿no es así?
Su azulada mirada se posó en los ojos del hombre.
- Así es, Arzobispo.
Le había resultado curioso su gesto, hacía siglos que nadie saludaba así, pero le agradó igualmente.
- Una pena que no haya venido la Príncipe, ¿verdad?
El recuerdo lamentable del comportamiento de Mariam con aquel Sabbat volvió de nuevo a su mente. Esperaba que los juegos estúpidos que se traían entre manos aquellos dos fuesen zanjados, no era propio de tal cargo tratar así con el que, se suponía, era su enemigo en potencia.
No desvió la mirada de los ojos de aquel cainita.
De repente, dos y dos sumaron cuatro en la cabeza del Arzobispo...el viejo...el retraso de la príncipe... y ahora la Toreador daba por supuesto que no había venido, su tono de voz denotaba que sabía de que hablaba...
No pudo evitar que su semblante cambiara. Apartó los ojos momentáneamente hacia donde estaba el viejo, con el ceño fruncido, y los puños cerrados, apretados. Apretó también los labios y las mandíbulas, y empezó a girarse hacia donde estaría el ghoul, respirando profunda y sonoramente...
...pero decidió que lo dejaría para más tarde... tenía una invitada a la que atender, y no pensaba dejar que Marian le perdiera. De momento...
- Vaya, pues si que es una pena, parece que los señores de la Camarilla andan en horas bajas, hoy día cualquiera es príncipe...ja - el papel de cínico y mordaz no le estaba saliendo, se notaba descaradamente que hablaba falsamente, para ocultar otras palabras que tenia más ganas de decir... tenía que encontrar algo con lo que sacar eso de su mente...
- Oh! -dijo al ver el bulto que traía la mujer. -Veo que traéis algo... hmmm, ¿quizás sea para la anfitriona?. Estaré encantado de llevaros hasta ella para que podáis dárselo personalmente. Y así también podréis conocerla, ¿porque no han sido ustedes presentadas verdad?
Se giró, ofreciéndole el paso con una mano. Al hacerlo no pudo reprimir mirar al viejo, ni que su ceño se frunciera de nuevo durante un segundo. Volvió a mirar a la Toreador.
- ...por favor... - dijo amablemente, invitándola.
Si aún conservase algo de alegría hubiera sonreído satisfecha al comprobar la reacción del rubio, pero no era así. Su rostro continuó inmutable mientras pensaba lo ridículamente fácil que era enervar al gran cargo del Sabbat.
El baile de máscaras continúa...
- Estaré encantada de conocerla y espero que mi regalo sea de su agrado.
Caminó hacia el grupito en el que se incluía Gaeth, suponía que aquella mujer con la que charlaba era la anfitriona.
Mientras tanto, Giulietta conversaba con Gaethano y Martin, cuando vio al anciano Casimiro acercarse a ellos, así que con educación y algo de descaro de dirigió a él:
- Buenas noches, decidme, ¿qué os ha traído esta hermosa noche al Castillo de Santiago?
Miró curioso a la mujer, tanto como hablaba bien de ella Dorian, y no era gran cosa. Realmente tenía un toque hermoso, pero acostumbrado a su señora y a la Toreador. . .
- No sé, realmente creo que ha sido la fiesta que habéis organizado, ¿no?
- Efectivamente he organizado una fiesta a la que están invitados todos los "cainitas" de la ciudad, entre ellos evidentemente vuestra señora, a la cual iba dirigida mi invitación, y no a vos.
- Bueno, como puede ver, ella no ha venido, y la invitación la porto yo. Mi señora, con sus motivos y razones, ha decidido enviarme a mí a sustituirla. Espero sea razonable y comprenda este hecho. . .
¿Que la príncipe no va a venir? le dijo a Dorian que lo haría, ¿y me manda a su "perro lacayo" como sustituto? que desfachatez, incluso para ser de la camarilla..., estos eran los pensamientos de Giulietta, a quien el anciano jardinero no le gustaba lo mas mínimo...
- Me parece una falta de respeto por parte de su señora no asistir tras haberse comprometido a hacerlo. Aun así podéis quedaros si lo deseáis, aunque entre tanta... diversidad, no me puedo responsabilizar de su seguridad... - terminó la frase con una suave sonrisa que dejaba entrever unos afilados colmillos.
- Según ella misma, mi seguridad debería estar más que garantizada, además me ha sido encomendado darle esta nota a vuesa merced. . .
Giulietta estaba calmada, el jardinero era irritante, pero nada de lo que preocuparse. Extendió la mano para que el viejo le diera la nota que decía tener para ella. Mientras tanto, Dorian continuaba en su puesto prestando toda su atención al anciano que tan mal le había caído.
- Por cierto, si estuviera en su lugar yo no estaría tan convencida de que mi seguridad estuviera garantizada. - Dijo con una risa sardónica.
Tras contemplar la escena del viejo y Giulietta, Gaeth no pudo más que confirmar la sospecha de que la príncipe era una incompetente. El mandar allí un hombre para ser sacrificado era un desperdicio. Si quería haber insultado al Sabbat, que directamente no hubiera ido a la fiesta. En fin, aquella era la senilidad del poder. Vio como la seguridad de aquel hombre empezaba a peligrar. Sabía que después de que entregara su nota, la suerte de aquel desdichado pendería de un fino hilo. Normalmente no haría nada por el estilo, pero no le gustaba que la gente muriera innecesariamente. Se dirigió al anciano y dijo:
- Dele la nota y váyase inmediatamente de esta fiesta. No está en posición de exigir nada, jovencito.
El viejo dio la nota a Giulietta e inmediatamente se dio la vuelta y se acercó a la pista de baile. Ignoró los brillantes ojos de Giulietta, nada que esta intentara podía intimidarle después de haber vivido tanto tiempo con su señora.
En la nota decía con letra clara y hermosa:
Según Giulietta iba avanzando en la lectura de la epístola su ira iba en aumento, sus ojos emanaban rabia, posiblemente sus contertulios lo estuvieran notando, pero en aquel instante eso le traía sin cuidado, quien también lo noto fue Dorian.
Cuando el joven llego al lado de su señora le puso la mano sobre el hombro como solía hacer para tranquilizarla, pero esta vez no funciono, Giulietta le quito bruscamente la mano del hombro.
Poco a poco se iba calmando. Le gusto la reacción de Gaethano, ella también deseaba que el viejo se largara lo antes posible, pero al mismo tiempo disfrutaría acabando con su vida... y aunque estaba segura de poder hacerlo con total discreción sin la menor dificultad, no era el momento, y aunque jamás lo reconocería ante nadie ni ante sí misma tenia cierto temor ante las represalias...
Se acercó hasta allí a pie, había dejado a Mateo en casa cuidando de Elaine.
En una bolsa de papel azul oscuro llevaba el obsequio para la anfitriona, ignoraba si le iba a gustar o no, pero esperaba que sí.
Una vez estuvo frente al castillo, sus nervios se dispararon.
Vuelve al presente, no pienses en eso, vuelve al presente, vuelve al presente, no pienses en eso!!!
Un escalón, otro... otro...
Asió las asas de la bolsa con más fuerza mientras el sonido de sus tacones llegaban a su cerebro exageradamente graves. El sonido de los violines que nítidamente retumbaba en sus tímpanos, las conversaciones, la suave respiración de aquellos tres hombres, la trajo de nuevo a la realidad y mantuvo la calma.
- Buenas noches.
Iba vestida con un traje de chaqueta y pantalón en color blanco y con raya diplomática en negro, sin camisa. La chaqueta iba recatadamente cerrada con un elegante broche en el pecho. Se había hecho ondular el pelo y recogido parcialmente detrás al gusto renacentista.
Al no llevar abrigo, los mayordomos se limitaron a saludarla y hacerla pasar.
Al llegar a la sala donde estaban todos los invitados observó su alrededor y supuso que la anfitriona era la mujer que estaba rodeada de caras conocidas, charlando animadamente.
Lo dejó estar por el momento y se limitó a observar el entorno desde la posición en la que estaba, justo a la entrada de la habitación.
No le desagradó en exceso el modo en que habían decorado aquello, pero la estancia pedía mucha más luz para mostrar mejor su grandiosidad.
Mientras tanto Gaeth se tomo una pausa para preparar su pipa. Le habían sorprendido los recién llegados, sobre todo aquel anciano. Creía haberlo visto en los jardines de Mariam. Parecía que la cainita tenía una forma muy particular de lanzar el guante al Sabbat.
Pero, espero que el viejo no sufriera las incontinencias de la anfitriona, pensó mientras miraba al arzobispo y a su compañera.
Volvió a acariciar aquel amuleto que colgaba tras jersey de cuello de cisne.
Pese a que Vladimir se estaba portando bien e intentaba arreglar las cosas, Martin no ponía nada de su parte. Aun así, pensó que era muy pronto para andar a la gresca retirando la mano, lo dejó estar, al menos de momento, volvió su atención hacia Giulietta.
- Esta bien así entonces, me dirigiré a saludar a algunos invitados que he reconocido, dejo de interrumpir vuestra conversación - sonrió a la mujer mirándola a los ojos, y volvió su mirada hacia Gaeth.
- Y espero poder conversar largamente con vos después, creo que podríamos tener temas interesantes que tratar.
Hizo una leve inclinación a todos menos a Martin, y se dirigió con paso firme y rápido hacia el grupito que se había formado alrededor de Salvina, pero vio una mancha blanca entre tanto negro, y se sorprendió. Reconoció a la mujer que había tocado aquella pieza musical la noche de fin de año. Cambio su rumbo para dirigirse hacia ella, con un gesto afable en el rostro, estaba metido de lleno en su papel de co-anfitrion:
- Bienvenida seáis,- tomo su mano y dio un suave beso en su dorso. - No recuerdo que hayamos sido presentados, mi nombre es Vladimir, y si no me equivoco, vos sois Clarisse...¿no es así?
Su azulada mirada se posó en los ojos del hombre.
- Así es, Arzobispo.
Le había resultado curioso su gesto, hacía siglos que nadie saludaba así, pero le agradó igualmente.
- Una pena que no haya venido la Príncipe, ¿verdad?
El recuerdo lamentable del comportamiento de Mariam con aquel Sabbat volvió de nuevo a su mente. Esperaba que los juegos estúpidos que se traían entre manos aquellos dos fuesen zanjados, no era propio de tal cargo tratar así con el que, se suponía, era su enemigo en potencia.
No desvió la mirada de los ojos de aquel cainita.
De repente, dos y dos sumaron cuatro en la cabeza del Arzobispo...el viejo...el retraso de la príncipe... y ahora la Toreador daba por supuesto que no había venido, su tono de voz denotaba que sabía de que hablaba...
No pudo evitar que su semblante cambiara. Apartó los ojos momentáneamente hacia donde estaba el viejo, con el ceño fruncido, y los puños cerrados, apretados. Apretó también los labios y las mandíbulas, y empezó a girarse hacia donde estaría el ghoul, respirando profunda y sonoramente...
...pero decidió que lo dejaría para más tarde... tenía una invitada a la que atender, y no pensaba dejar que Marian le perdiera. De momento...
- Vaya, pues si que es una pena, parece que los señores de la Camarilla andan en horas bajas, hoy día cualquiera es príncipe...ja - el papel de cínico y mordaz no le estaba saliendo, se notaba descaradamente que hablaba falsamente, para ocultar otras palabras que tenia más ganas de decir... tenía que encontrar algo con lo que sacar eso de su mente...
- Oh! -dijo al ver el bulto que traía la mujer. -Veo que traéis algo... hmmm, ¿quizás sea para la anfitriona?. Estaré encantado de llevaros hasta ella para que podáis dárselo personalmente. Y así también podréis conocerla, ¿porque no han sido ustedes presentadas verdad?
Se giró, ofreciéndole el paso con una mano. Al hacerlo no pudo reprimir mirar al viejo, ni que su ceño se frunciera de nuevo durante un segundo. Volvió a mirar a la Toreador.
- ...por favor... - dijo amablemente, invitándola.
Si aún conservase algo de alegría hubiera sonreído satisfecha al comprobar la reacción del rubio, pero no era así. Su rostro continuó inmutable mientras pensaba lo ridículamente fácil que era enervar al gran cargo del Sabbat.
El baile de máscaras continúa...
- Estaré encantada de conocerla y espero que mi regalo sea de su agrado.
Caminó hacia el grupito en el que se incluía Gaeth, suponía que aquella mujer con la que charlaba era la anfitriona.
Mientras tanto, Giulietta conversaba con Gaethano y Martin, cuando vio al anciano Casimiro acercarse a ellos, así que con educación y algo de descaro de dirigió a él:
- Buenas noches, decidme, ¿qué os ha traído esta hermosa noche al Castillo de Santiago?
Miró curioso a la mujer, tanto como hablaba bien de ella Dorian, y no era gran cosa. Realmente tenía un toque hermoso, pero acostumbrado a su señora y a la Toreador. . .
- No sé, realmente creo que ha sido la fiesta que habéis organizado, ¿no?
- Efectivamente he organizado una fiesta a la que están invitados todos los "cainitas" de la ciudad, entre ellos evidentemente vuestra señora, a la cual iba dirigida mi invitación, y no a vos.
- Bueno, como puede ver, ella no ha venido, y la invitación la porto yo. Mi señora, con sus motivos y razones, ha decidido enviarme a mí a sustituirla. Espero sea razonable y comprenda este hecho. . .
¿Que la príncipe no va a venir? le dijo a Dorian que lo haría, ¿y me manda a su "perro lacayo" como sustituto? que desfachatez, incluso para ser de la camarilla..., estos eran los pensamientos de Giulietta, a quien el anciano jardinero no le gustaba lo mas mínimo...
- Me parece una falta de respeto por parte de su señora no asistir tras haberse comprometido a hacerlo. Aun así podéis quedaros si lo deseáis, aunque entre tanta... diversidad, no me puedo responsabilizar de su seguridad... - terminó la frase con una suave sonrisa que dejaba entrever unos afilados colmillos.
- Según ella misma, mi seguridad debería estar más que garantizada, además me ha sido encomendado darle esta nota a vuesa merced. . .
Giulietta estaba calmada, el jardinero era irritante, pero nada de lo que preocuparse. Extendió la mano para que el viejo le diera la nota que decía tener para ella. Mientras tanto, Dorian continuaba en su puesto prestando toda su atención al anciano que tan mal le había caído.
- Por cierto, si estuviera en su lugar yo no estaría tan convencida de que mi seguridad estuviera garantizada. - Dijo con una risa sardónica.
Tras contemplar la escena del viejo y Giulietta, Gaeth no pudo más que confirmar la sospecha de que la príncipe era una incompetente. El mandar allí un hombre para ser sacrificado era un desperdicio. Si quería haber insultado al Sabbat, que directamente no hubiera ido a la fiesta. En fin, aquella era la senilidad del poder. Vio como la seguridad de aquel hombre empezaba a peligrar. Sabía que después de que entregara su nota, la suerte de aquel desdichado pendería de un fino hilo. Normalmente no haría nada por el estilo, pero no le gustaba que la gente muriera innecesariamente. Se dirigió al anciano y dijo:
- Dele la nota y váyase inmediatamente de esta fiesta. No está en posición de exigir nada, jovencito.
El viejo dio la nota a Giulietta e inmediatamente se dio la vuelta y se acercó a la pista de baile. Ignoró los brillantes ojos de Giulietta, nada que esta intentara podía intimidarle después de haber vivido tanto tiempo con su señora.
En la nota decía con letra clara y hermosa:
“Querida Giulietta:
A la lectura de ésta, ya habrás conocido a Casimiro. Él es un hombre educado y reservado, y muy bien enseñado en las artes vampíricas, es mi más fiel y aplicado criado.
Espero que su presencia allí en tu Castillo no te incomode, al menos no tanto como la invitación de Dorian podía haberme molestado a mí. Espero comprendas que mis motivos para no participar en una fiesta sabbatista no reglada son obvios debido a mi cargo. Además está aquel detalle de la falta de escrúpulos como para haberme mandado a un perrito faldero a traer la invitación.
Sin embargo, mi ausencia tampoco debería suponer nada negativo para tu fiesta, de hecho, el arzobispo disfrutará más de ella en mi ausencia casi seguro. Respecto a mis primogénitos, he de acertar que tanto Martin, como Gaethano como Clarisse han de andar por ahí. Simplemente te recomiendo la conversación de Martin y la música de Clarisse.
Sinceramente espero que disfrutéis de vuestra fiesta, así como yo disfruto de ésta ausencia. Y de todas maneras, espero conocerla en próximas fiestas, señorita.
Un amable saludo,
Mariam Dosantos.”
Según Giulietta iba avanzando en la lectura de la epístola su ira iba en aumento, sus ojos emanaban rabia, posiblemente sus contertulios lo estuvieran notando, pero en aquel instante eso le traía sin cuidado, quien también lo noto fue Dorian.
Cuando el joven llego al lado de su señora le puso la mano sobre el hombro como solía hacer para tranquilizarla, pero esta vez no funciono, Giulietta le quito bruscamente la mano del hombro.
Poco a poco se iba calmando. Le gusto la reacción de Gaethano, ella también deseaba que el viejo se largara lo antes posible, pero al mismo tiempo disfrutaría acabando con su vida... y aunque estaba segura de poder hacerlo con total discreción sin la menor dificultad, no era el momento, y aunque jamás lo reconocería ante nadie ni ante sí misma tenia cierto temor ante las represalias...
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