jueves 28 de abril de 2005

Horror en las Profundidades IX: En la seguridad del refugio

Dorian conducía a gran velocidad siempre atento de que no les siguieran, así parecía ser, así que fue directo hacía el castillo. Hechó un vistazo al asiento de atrás, volvió a mirar al frente y pisó a fondo el acelerador.

No tardaron en llegar a la entrada del Castillo de Santiago, llevó la furgoneta a la parte de atrás, apagó al motor y aún nervioso cogió a la vampira en brazos y entró al castillo, subiendo las escaleras de dos en dos llegó rápidamente al segundo piso. Dejó a Giulietta sobre la cama de una de las lúgubres habitaciones y volvió a correr escaleras abajo, llegó hasta el sótano.

De él salió tirando del brazo de un joven adolescente de mirada perdida.

- ¡Vamos maldita sea! - gritaba Dorian, tirando del joven que se movía lentamente.

Dorian tiraba de él, le llevaba casi a rastras, al llegar ante las escaleras sujetó con fuerza al joven y le subió casi en volandas, le llevó hasta la habitación donde la lasombra esperaba tumbada en la cama con los ojos entreabiertos, Dorian sentó al muchacho al borde de la cama, le hizo un corte en la muñeca y puso esta sobre la boca de Giulietta.

La vampira agarró con fuerza el brazo del joven mientras bebía con ansia, paró cuando se sació por completo.

Concentró la recién adquirida sangre y sus heridas comenzaron a curarse lenta, pero visiblemente.

Dorian suspiró aliviado al ver como se curaban las heridas de la cainita, por un momento llegó a pensar que no lo conseguiría...

Salió de la habitación y fue a darse una buena ducha.

Sintió el agua caliente en su piel, se sentía reconfortado. El leve canturreo de la ducha le relajaba, ahora que estaba más tranquilo pensó en lo ocurrido en la excavación... con la cabeza apoyada en la pared cerró el puño derecho con fuerza... No debí dejarla sola... ¡joder! golpeó fuertemente contra el azulejo. Permaneció unos minutos bajo la ducha.

Giulietta se encontraba algo mejor, sus heridas más superficiales estaban totalmente curadas, pero las garras del hombre lobo habían destrozado su pierna, aun necesitaría tiempo para recuperarse del todo.

Se incorporó un poco y se sentó en la cama.

- Dorian - llamó en voz alta, no hubo respuesta. - ¡Dorian!

El joven creyó oir algo, cerró el grifo y escuchó su nombre al otro lado del pasillo. Rápidamente salió de la ducha y tras secarse se puso un pantalón de chandal y una camiseta que tenía sobre la cama. Salió corriendo hacia la habitación.

Al llegar vio a la mujer sentada en la cama, tenía mejor aspecto, aunque su pierna tenía una pinta horrible.

- ¿Dónde está el arzobispo? - preguntó la mujer. Dorian titubeó. - ¿Dónde está el arzobispo? - su tono era más serio ahora.

- No salió de la excavación... hubo un despendimiento en la entrada de la cueva...

- ¿Estás diciendo que le dejaste allí? - preguntó la mujer atónita.

- No se podía hacer nada por él...

Como si no escuchara las palabras de Dorian la mujer fue al borde de la cama y apoyándose trató de ponerse en pie ¡mierda!.. cuando intentó apoyarse sobre la pierna herida cayó al suelo, Dorian rodeó la cama y cogiendola en brazos volvió a tumbarla.

- Aún estas débil, tienes que descansar, además la zona debe estar plagada de lupinos... - el volumen de su voz fue descendiendo para terminar la frase con un susurro.

- Si está vivo tenemos que ir a por él...

- ¿y si está muerto? - se aventuró a interrumpir el mortal.

- Si está muerto querré saberlo - sentenció la mujer. Se recostó en la cama y continuó concentrándose en su pierna. Dorian permaneció en silencio, resignado comenzó a quitarle las botas a la mujer, luego los calcetines y las perneras; la mujer sintó un espasmo de dolor cuando Dorian le quitó cuidadosamente el neopreno de la pierna herida, continuó con las mangas y finalmente el chaleco. El traje estaba totalmente destrozado, hará falta comprar uno nuevo si realmente pretende volver allí...

Se sentó a los pies de la cama mirando a Giulietta.

- ¿Has pensado en lo que pasaría si no encontramos mañana a la sanguijuela esa? - preguntó con fingida inocencia.

La mujer se sorprendió ante la pregunta y estaba a punto de responderle cuando se quedo en blanco... ¿qué pasaría si hubiera muerto? la ciudad se quedaría sin arzobispo... ¿quién podría ocupar su lugar? mmm... no se... vamos a ver... jajajajajaja aquello sonaba bien, pero...

- ¿Y si no estubiera muerto? ¿y si siguiero vivo, agonizando entre los escombros? - se sorprendió a sí misma haciendo esa pregunta, ¿acaso le importaba lo que le pasara al malkavian?

- Bueno... sinceramente dudo que pudiera sobrevivir a los hombres lobo y a un derrumbamiento... y en caso de que lo hubiera hecho... en fin, eso podría solucionarse...

¿Está insinuando que acabemos con él?

- ¿Te estas escuchando? ¿Estas hablando de matarle así por las buenas?

- ¿Desde cuando te preocupas tanto? Vamos, es el momento, si esta muerto el cargo es tuyo, y si está vivo haremos que deje de estarlo, como si hubiera muerto por el ataque de los lupinos, y el puesto será igualmente tuyo

Giulietta estaba confusa, tras unos instantes de silencio habló.

- Necesito descansar, es mejor que te vayas - mientras hablaba se acercó al joven de mirada perdida, le mordió el cuello y bebió nuevamente de él.

Dorian se puso en pie y salió de la habitación, era hora de que él también descansara.

La cainita terminó de beber del humano, acabando con su sangre y son su vida, al soltarlo cayó al suelo como un peso muerto.

Se intentó poner en pie, aún con dificultad, pero consiguiéndolo esta vez, tras dar un par de pasos se dejó caer en el sillón que estaba contra la pared. Aún dolía.

Si estaba muerto el cargo era suyo, si no lo estaba... no puedo... tal vez la idea de matar a un alto cargo era demasiado fuerte para ella... no, no es eso... se apiadaba de su sufrimiento... ¿porqué iba a hacerlo? ¿porqué iba a preocuparme lo que le pasara?

Miró al frente, otro puto espejo, que reflejaba un sofá vacio... cogió un pequeño reloj de la mesa junto al sofá y lo lanzó fuertemente contra el espejo maldita sea, ¡¡¡estoy aquí!!! el espejo estalló en mil pedazos que cubrieron la alfombra de la habitación. A los pocos segundos Dorian irrumpió en la habitación.

- Preparate porque mañana al anochecer volveremos a la zona de la excavación. Si está muerto quiero asegurarme.

El mortal asintió y volvió a su cuarto cerrando la puerta tras de sí.

Giulietta pasó las pocas horas que quedaban hasta el alba sentada en el sofá, rodeando las piernas con los brazos y la cabeza apoyada sobre las rodillas, meditabunda. Escasos minutos antes del amanecer se tumbó en la cama, con el dosel de túpido terciopelo negro corrido, los ojos ya cerrados... y un último pensamiento que atravesó su mente antes de caer en la inconsciencia...

Aguanta...