
Aquella noche, Vladimir esperaba impaciente. Cuando el nosferatu se presentó, él ya le esperaba en el sofá, de la misma forma que varias noches atrás. A su lado estaban Ana, con un leve vestido de gasa, y su hermana gemela, Sonia, vesitda igual, aunque ya no pudiera decirse que fueran gemelas, ya que había sido curada y tratada, y probablemente sobreviviría, pero quedaria por siempre mutilada. Esa era la exigencia de Nikolai. Si Sonia era capaz de estar alli esa noche, era por la sangre de Vlad, y los medicamentos, que le daba fuerzas para resistir el dolor.
Nikolai se sentó en el sillón, sonriendo al ver el resultado de su obra, aun vendada. Se giro hacia Ana, y le dedicó una amplia sonrisa, enseñando sus deformes dientes. La mujer no pudo reprimir un temblor, fruto de la ira y el miedo.
- ¿Y bien? - preguntó el arzobispo mientras el otro bebía. Vlad envió a Sonia hacia el nosferatu, que la hizo sentarse sobre su pierna, y empezó a acariciar sus vendajes, mientras ella temblaba de terror.
- Es curioso, pareceis estar de suerte. He averiguado, y sabeis que mis fuentes y métodos son practicamente infalibles, que el Tremere se ha marchado de la ciudad, de retiro espiritual, o similar. - Tosió - Se marchó hace un mes, aproximadamente... poco despues de un incidente en una excavacion arqueológica. - sonrió - No me extrañaría que supierais algo de esto...
- Continua. - ordenó el arzobispo, contrariado por la altivez y falsa curiosidad del nosferatu, que seguramente sabía perfectamente todo lo relativo a la excavación. Al menos la versión del Tremere.
- Bien, otros miembros de la Camarilla siguen estando en la ciudad, pero ocupados en sus asuntos, nada serio, practicamente subsisten sin más, estan relajados y tranquilos, sin más. Se reunen alguna vez que otra, pero son reuniones más sociales que otra cosa. Parecen seguros de si mismos y del estado actual de las cosas.
- Comprendo. - hizo un gesto llamando a Sonia, que se incorporó y caminó lastimosamente hacia su señor, sentandose a su lado y descansando la cabeza sobre su hombro. - Ahora vamos a lo interesante... ¿qué es de la Principe y de su amiga, la Toreador?
- Como decís, es interesante... porque ambas están fuera de la ciudad. -El rostro de Vlad se iluminó .- La degenerada se marchó hara un par de días de viaje al centro de Europa, con toda su prole - entrecomilló la palabra - , y no se sabe bien cuando volverá. - Vlad, expectante, envió a Ana con Nikolai, para alentarlo a seguir hablando. Eran excelentes noticias. La mujer comenzó a gatear por el suelo hacia el nosferatu, que se preparó para recibirla.
- En cuanto a Marian, la Príncipe... ha sido algo más complicado. Si uno pregunta por ella en el Eliseo, te dicen que está reunida u ocupada, y no se puede acceder a ella. Sin embargo, sé que se ha retirado por un tiempo, llamemoslo vacaciones, a su tierra natal. Digamos que tengo métodos y maneras de conseguir mejores respuestas - sonrió toscamente. Cuando la mujer llegó a donde estaba, dejó que se arrodillara en el suelo, y comenzó a acariciar su pelo, como si de una mascota se tratara. Ella miraba a Vladimir.
- Bien, perfecto - el arzobispo estaba visiblemente contento. - Termina con eso, y te dare tu dinero, tengo cosas que hacer.
- Me temo que hay cambios en las tarifas, eminencia - el nosferatu tiró del pelo de la mujer, que se quejó.
- ¿Qué? Lo acordado.
- Lo acordado era lo acordado, pero ya no sirve. Necesito más dinero. Tanta tranquilidad afecta al negocio de la información, y tengo un estatus que mantener.
- Maldita seas, rata de cloaca. - el arzobispo se levantó, enfadado. Sonia se acurrucó en el sofá y comenzó a llorar - No pienso pagarte ni un euro más de lo acordado.
- ¿Sí? Bueno, he averiguado más cosas... el entorno de la Toreador es una mina de información ¿lo sabíais? Sé cosas, sobre vos, que podrían tener bastante valor, y que os prejudicarian bastante... - de repente, levanto la mano derecha, y la colocó imitando la cabeza de un animal. - el rostro del malkavian se torció. El nosferatu acerco la mano a la cara de Ana - ¿verdad que sí, guapa? - dijo, moviendo la mano como si esta hablara a la mujer - ¡cuac cuac!
El Arzobispo estalló. Con un grito caminó por encima de la mesa a la velocidad del rayo, avalanzándose sobre el nosferatu. Cayeron juntos al suelo, volcando el sillón. Ana aprovechó para quitarse de en medio. Vladimir golpeaba la cara del nosferatu con todas sus fuerzas, insultándole, mientras el otro trataba de zafarse y protegerse inutilmente.
Ambrosio entró apresuradamente en la sala, extrañado por los golpes. Al contemplar la escena, y sin que su señor mediara palabra, se dirigió a un cajón de la mesa del despacho, del que sacó una afilada estaca de madera. Volvió donde estaban los vampiros.
- ¡Señor! - alargó la mano con la estaca hacia Vladimir, que en un veloz gesto, la arrancó de ésta, para clavarla con todas sus fuerzas en el pecho del nosferatu.
El Arzobispo se levantó. Tenia los puños ensangrentados. Resopló y resopló con los ojos cerrados hasta calmarse. Se dirigió a las mujeres, que estaban abrazadas en un rincón.
- Marchaos a vuestros aposentos. - dijo en un tono suave y con una sonrisa. Las calmó. Obedecieron instantaneamente, abandonando a toda prisa la sala. - Ambrosio, tu puñal, dijo extendiendo la mano hacia el humano, que tambien obedeció sin dudarlo.
El malkavian se arrodilló, pensando que no merecia la pena devorar el alma de ese grotesco personaje. Pero no podia ir por ahi contando o vendiendo lo que sabia sobre tu faceta más vergonzosa. No podia dejarlo marchar. Clavó el cuchillo en su garganta, y comenzó a cortar, mientras la sangre le salpicaba y sonreía macabramente. Ambrosio se marchó discretamente, aterrorizado.
En apenas un minuto, terminó de cercenar la cabeza del vampiro, que se disolvió, convertido en polvo. Sólo quedaban unos restos de sangre en el suelo y en su ropa. En silencio, se levantó del suelo y se dirigió a la puerta. Al otro lado estaba Ambrosio. Tomó su mano, la abrio, y depositó en ella el cuchillo aun ensangrentado, con gesto torvo.
- Limpialo todo - ordenó. - He de enviar varios mensajes, convocar una cacería de sangre, - la sonrisa del vampiro hizo que a Ambrosio se le erizara el vello de la espalda - y reclamar esta ciudad para el Sabbat, de una maldita vez por todas.
Mientras Ambrosio limpiaba, el Arzobispo tomó papel, su pluma, y comenzó a escribir rápidamente:
Introdujo la hoja de papel en un pequeño sobre, donde escribio "T. V. ", y que cerró con cera, imponiendole el sello de su familia. Tomó otra hoja, y comenzó a escribir:
Nikolai se sentó en el sillón, sonriendo al ver el resultado de su obra, aun vendada. Se giro hacia Ana, y le dedicó una amplia sonrisa, enseñando sus deformes dientes. La mujer no pudo reprimir un temblor, fruto de la ira y el miedo.
- ¿Y bien? - preguntó el arzobispo mientras el otro bebía. Vlad envió a Sonia hacia el nosferatu, que la hizo sentarse sobre su pierna, y empezó a acariciar sus vendajes, mientras ella temblaba de terror.
- Es curioso, pareceis estar de suerte. He averiguado, y sabeis que mis fuentes y métodos son practicamente infalibles, que el Tremere se ha marchado de la ciudad, de retiro espiritual, o similar. - Tosió - Se marchó hace un mes, aproximadamente... poco despues de un incidente en una excavacion arqueológica. - sonrió - No me extrañaría que supierais algo de esto...
- Continua. - ordenó el arzobispo, contrariado por la altivez y falsa curiosidad del nosferatu, que seguramente sabía perfectamente todo lo relativo a la excavación. Al menos la versión del Tremere.
- Bien, otros miembros de la Camarilla siguen estando en la ciudad, pero ocupados en sus asuntos, nada serio, practicamente subsisten sin más, estan relajados y tranquilos, sin más. Se reunen alguna vez que otra, pero son reuniones más sociales que otra cosa. Parecen seguros de si mismos y del estado actual de las cosas.
- Comprendo. - hizo un gesto llamando a Sonia, que se incorporó y caminó lastimosamente hacia su señor, sentandose a su lado y descansando la cabeza sobre su hombro. - Ahora vamos a lo interesante... ¿qué es de la Principe y de su amiga, la Toreador?
- Como decís, es interesante... porque ambas están fuera de la ciudad. -El rostro de Vlad se iluminó .- La degenerada se marchó hara un par de días de viaje al centro de Europa, con toda su prole - entrecomilló la palabra - , y no se sabe bien cuando volverá. - Vlad, expectante, envió a Ana con Nikolai, para alentarlo a seguir hablando. Eran excelentes noticias. La mujer comenzó a gatear por el suelo hacia el nosferatu, que se preparó para recibirla.
- En cuanto a Marian, la Príncipe... ha sido algo más complicado. Si uno pregunta por ella en el Eliseo, te dicen que está reunida u ocupada, y no se puede acceder a ella. Sin embargo, sé que se ha retirado por un tiempo, llamemoslo vacaciones, a su tierra natal. Digamos que tengo métodos y maneras de conseguir mejores respuestas - sonrió toscamente. Cuando la mujer llegó a donde estaba, dejó que se arrodillara en el suelo, y comenzó a acariciar su pelo, como si de una mascota se tratara. Ella miraba a Vladimir.
- Bien, perfecto - el arzobispo estaba visiblemente contento. - Termina con eso, y te dare tu dinero, tengo cosas que hacer.
- Me temo que hay cambios en las tarifas, eminencia - el nosferatu tiró del pelo de la mujer, que se quejó.
- ¿Qué? Lo acordado.
- Lo acordado era lo acordado, pero ya no sirve. Necesito más dinero. Tanta tranquilidad afecta al negocio de la información, y tengo un estatus que mantener.
- Maldita seas, rata de cloaca. - el arzobispo se levantó, enfadado. Sonia se acurrucó en el sofá y comenzó a llorar - No pienso pagarte ni un euro más de lo acordado.
- ¿Sí? Bueno, he averiguado más cosas... el entorno de la Toreador es una mina de información ¿lo sabíais? Sé cosas, sobre vos, que podrían tener bastante valor, y que os prejudicarian bastante... - de repente, levanto la mano derecha, y la colocó imitando la cabeza de un animal. - el rostro del malkavian se torció. El nosferatu acerco la mano a la cara de Ana - ¿verdad que sí, guapa? - dijo, moviendo la mano como si esta hablara a la mujer - ¡cuac cuac!
El Arzobispo estalló. Con un grito caminó por encima de la mesa a la velocidad del rayo, avalanzándose sobre el nosferatu. Cayeron juntos al suelo, volcando el sillón. Ana aprovechó para quitarse de en medio. Vladimir golpeaba la cara del nosferatu con todas sus fuerzas, insultándole, mientras el otro trataba de zafarse y protegerse inutilmente.
Ambrosio entró apresuradamente en la sala, extrañado por los golpes. Al contemplar la escena, y sin que su señor mediara palabra, se dirigió a un cajón de la mesa del despacho, del que sacó una afilada estaca de madera. Volvió donde estaban los vampiros.
- ¡Señor! - alargó la mano con la estaca hacia Vladimir, que en un veloz gesto, la arrancó de ésta, para clavarla con todas sus fuerzas en el pecho del nosferatu.
El Arzobispo se levantó. Tenia los puños ensangrentados. Resopló y resopló con los ojos cerrados hasta calmarse. Se dirigió a las mujeres, que estaban abrazadas en un rincón.
- Marchaos a vuestros aposentos. - dijo en un tono suave y con una sonrisa. Las calmó. Obedecieron instantaneamente, abandonando a toda prisa la sala. - Ambrosio, tu puñal, dijo extendiendo la mano hacia el humano, que tambien obedeció sin dudarlo.
El malkavian se arrodilló, pensando que no merecia la pena devorar el alma de ese grotesco personaje. Pero no podia ir por ahi contando o vendiendo lo que sabia sobre tu faceta más vergonzosa. No podia dejarlo marchar. Clavó el cuchillo en su garganta, y comenzó a cortar, mientras la sangre le salpicaba y sonreía macabramente. Ambrosio se marchó discretamente, aterrorizado.
En apenas un minuto, terminó de cercenar la cabeza del vampiro, que se disolvió, convertido en polvo. Sólo quedaban unos restos de sangre en el suelo y en su ropa. En silencio, se levantó del suelo y se dirigió a la puerta. Al otro lado estaba Ambrosio. Tomó su mano, la abrio, y depositó en ella el cuchillo aun ensangrentado, con gesto torvo.
- Limpialo todo - ordenó. - He de enviar varios mensajes, convocar una cacería de sangre, - la sonrisa del vampiro hizo que a Ambrosio se le erizara el vello de la espalda - y reclamar esta ciudad para el Sabbat, de una maldita vez por todas.
Mientras Ambrosio limpiaba, el Arzobispo tomó papel, su pluma, y comenzó a escribir rápidamente:
Cuatro de Junio del año dos mil y cinco después de CristoMi señora Vykos:
Esta misiva es para informaros de que la ciudad en la que me confinasteis ya es nuestra. La Camarilla la tiene abandonada, y por tanto, la reclamo para el Sabbat, y la noche de mañana, convocaré una caza de sangre para limpiar las calles y dejar claro quienes son los nuevos amos.
He de informaros además de que he encontrado a alguien para el cargo de Obispo. Se trata de Giulietta Strozzi, miembro del clan Lasombra, llegada desde Italia. Me ha demostrado ampliamente su ambición, colaboración, capacidad y solvencia, y es por ello que el cargo debe ser suyo. Incluso pienso que podría ser mi sustituta cuando decida marcharme, pero es algo que no depende solo de mí, aparte de ser un tema para discutir en otro momento.
Se despide, esperando que estas nuevas sean de vuestro agrado,
Vladimir von Thremischeck
Introdujo la hoja de papel en un pequeño sobre, donde escribio "T. V. ", y que cerró con cera, imponiendole el sello de su familia. Tomó otra hoja, y comenzó a escribir:
Mi estimada Giulietta:Mis sospechas se han confirmado: la Camarilla prácticamente ha abandonado esta ciudad. La victoria, al fin, es nuestra. Nuestra, porque quiero que seas mi Obispo. Te sentarás a mi derecha en esta nueva éra, me ayudarás a dominar esta ciudad, y extender los dominios del Sabbat en esta región cuando llegue el momento.
Mañana en la noche, a las once, te impondré el cargo en la Iglesia de San Francisco. Te ruego que estes algo antes, para los preparativos. Convocaré alli para que lo presencien a todos los hijos de Caín afines a nuestra causa, y tras un Abrazo masivo, lanzaremos la cacería de sangre, pasando esta ciudad a sangre y fuego, para proclamar el yugo del Sabbat sobre la misma.
Mañana será una gran noche.
Afectuosamente,
Vlad
Repitió la misma operación que con la nota anterior, salvo porque escribió "G. S. " en el sobre.
- Ambrosio, - llamó al humano, que habia terminado de limpiar y esperaba órdenes junto a la puerta - cuando termines, necesito que entregues esta nota a la señorita Strozzi, y que envíes esta otra con caracter urgente por el canal habitual.
El humano, simplemente asintió y tomó las notas, abandonando la sala diligentemente.
Vladímir se recostó en el sillón y cerró los ojos. Se conectó a la Red Malkavian. Tomó el teléfono y marcó un número.
- Sí, soy Vladimir, necesito que des aire a este mensaje. - En ese momento, comenzó a hablar, transmitiendo al mismo tiempo para la Red, y dando el mensaje a su interlocutor -
- Ambrosio, - llamó al humano, que habia terminado de limpiar y esperaba órdenes junto a la puerta - cuando termines, necesito que entregues esta nota a la señorita Strozzi, y que envíes esta otra con caracter urgente por el canal habitual.
El humano, simplemente asintió y tomó las notas, abandonando la sala diligentemente.
Vladímir se recostó en el sillón y cerró los ojos. Se conectó a la Red Malkavian. Tomó el teléfono y marcó un número.
- Sí, soy Vladimir, necesito que des aire a este mensaje. - En ese momento, comenzó a hablar, transmitiendo al mismo tiempo para la Red, y dando el mensaje a su interlocutor -
"Vástagos, esta ciudad ha caído. La infame Camarilla ha fallado, y el Sabbat la reclama legítimamente bajo sus dominios. Convoco a todos los vástagos que aprecien su no-vida en la sede del Arzobispado para la proxima noche, a las diez, para proclamar nuestra victoria, y seguidamente, limpiar las calles de la escoria Camarilla, y enseñar a los humanos quienes son los dueños de este mundo. Sin más, se despide vuestro Arzobispo, Vladímir Von Thremischeck"
Cuando colgó, se levantó y tomo la botella de vitae de la mesilla. Se dirigió a los aposentos de las gemelas, canturreando alegremente. La ocasión merecía celebrarlo, se sentía con ánimo de acoger dos nuevas almas en su mente.
Mientras tanto, tras entregar al mensajero la misiva a Vykos, Ambrosio llegaba al Castillo de Santiago. Llamó a la puerta, y esperó a que Dorian abriera.
- Buenas noches, Dorian - saludó al humano - traigo esta carta de mi señor para la señora Strozzi. Creo que son buenas noticias - dijo sonriendo y extendiendo la carta al otro.
- Hola Ambrosio - Dorian parecía dormido, estaba despeinado y bostezaba - ¿estos no saben lo que es el telefono? - dijo extendiendo la mano para tomar el sobre - se lo daré ahora mismo, gracias.
Volvió al interior del castillo hacia el despacho, de camino se cruzó con Giulietta que se dirigía al mismo sitio.
- Ambrosio ha traido esto - le tendió el sobre mientras hablaba - dice que parecen buenas noticias...
Sorprendida la lasombra abrió el sobre y leyó la carta, según avanzaba en su contenido su rostro se iluminaba con una sonrisa.
Mientras tanto, tras entregar al mensajero la misiva a Vykos, Ambrosio llegaba al Castillo de Santiago. Llamó a la puerta, y esperó a que Dorian abriera.
- Buenas noches, Dorian - saludó al humano - traigo esta carta de mi señor para la señora Strozzi. Creo que son buenas noticias - dijo sonriendo y extendiendo la carta al otro.
- Hola Ambrosio - Dorian parecía dormido, estaba despeinado y bostezaba - ¿estos no saben lo que es el telefono? - dijo extendiendo la mano para tomar el sobre - se lo daré ahora mismo, gracias.
Volvió al interior del castillo hacia el despacho, de camino se cruzó con Giulietta que se dirigía al mismo sitio.
- Ambrosio ha traido esto - le tendió el sobre mientras hablaba - dice que parecen buenas noticias...
Sorprendida la lasombra abrió el sobre y leyó la carta, según avanzaba en su contenido su rostro se iluminaba con una sonrisa.
- Dorian, a partir de hora tendrás que llamarme "excelencia" - reía la lasombra - y puede que dentro de poco algo más que eso... - continuó andando hacia el despacho cerrándo la puerta tras de sí.
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