miércoles 15 de junio de 2005

Caceria de Sangre



Ha llegado la noche...

Giulietta estaba lista para salir hacia La Salle, vestía un ajustado jersey negro de cuello de cisne, unos vaqueros oscuros y unas botas, el pelo recogido en una coleta y las gafas de sol. Tan solo llevaba una cosa consigo, una afilada daga en la bota derecha, y esperaba no tener que usarla. La noche anterior le había dado a Dorian el dia libre, bajo la estricta condición de que no saliera del castillo bajo ningún concepto...

Acababa de anochecer y la vampiresa ya estaba saliendo del castillo.

Vladimir le había pedido que llegara antes de la hora prevista de partida, a las once; faltaban pocos minutos para que llegara la hora, aceleró la moto. Vladimir debió haber cambiado la hora del inicio de la cacería a las doce al menos, a estas alturas del año anochecía muy tarde y las noches eran muy cortas... o tal vez lo haya hecho a propósito para no estar mucho tiempo a solas conmigo antes de la cacería. Daba igual cual fuera el caso, esa noche Vladimir dejaría de ser un problema... Esa era la actitud que procuparaba tener la mujer, aunque en bajo esa autoimpuesta máscara interior había un mar de dudas que martilleaban su mente...

¡no, no, no! da igual que no quiera matarle... tengo que hacerlo

La mujer aparcó la moto cerca de La Salle, se relajó todo lo que pudo, y con una sonrisa se acercó a llamar a la puerta del edificio.

Ambrosio abrió la puerta y guió a la mujer hasta el despacho del Arzobispo, donde éste aguardaba. Ataviado de forma sencilla - camiseta negra ajustada de manga larga y vaqueros gris oscuro - Vlad terminaba de tomar el equipamiento habitual en sus cacerías vampíricas: una beretta y cuatro estacas, largas y finas, ajustadas con una cinta al brazo izquierdo.

Cuando los escuchó entrar, se giró hacia la puerta, ajustandose las gafas. Sonrió a la recién llegada.

- Buenas noches, señora Obispo. - realizó una pequeña reverencia, de forma divertida.

- Su excelencia... - Divertida ante el gesto de Vladimir la mujer correspondió a su reverencia.

- No nos entretengamos más, espero que estes preparada, en la Iglesia hay otros sabbatistas esperandonos. Han venido incluso de otras ciudades para colaborar en la cacería, acompañáme - dijo guiando a la mujer hacia la puerta con una mano en su espalda.

- Espero que el nombramiento cumpla con las expectativas que tenias cuando llegaste a esta ciudad. - Dijo mientras caminaban - Ya solo te faltaría un paso en el escalafón, pero de momento, tengo que conservarlo. Quién sabe, sin embargo, lo que deparará el futuro ¿verdad?

- Oh, vamos, mis ansias de poder tienen un límite, y dadas las circunstancias he de reconocer que me siento más que satisfecha - contestó Giulietta divertida.

Entraron en la Iglesia por un pequeño pasadizo que daba al ábside. Vladimir asomó la cabeza, y vió que el lugar estaba bastante concurrido. Más de lo que esperaba, incluso. Se giró hacia Giulietta.

- ¿Preparada? - la cainita asintió. Él la tomó del hombro y la llevó hacia la cámara principal, donde todos se pusieron en pie y se hizo el silencio. Solo resonaban los pasos de la pareja.

Llegaron hasta el altar, en cuyo centro se situó el rubio, dejando a Giulietta a su derecha, un escalón por debajo.

(no tengo ni idea de como puede ser una ceremonia Sabbat, así que cualquier tipo de sugerencia será bienvenida).

- ¡Hijos de Caín! - comenzó en tono enérgico y serio - Auténticos Hijos de Caín, que portamos orgullosos la Herencia de nuestro Padre. Nosotros, que proclamamos abiertamente nuestra superioridad, innegable, sobre la Humanidad, meros siervos de nuestros designios y deseos. Nosotros, que no negamos lo que somos, ni lo escondemos, y lo abrazamos con orgullo, al contrario que otros. Nosotros, que tenemos un plan y unos cometidos que cumplir, sin cometer la cobardía de quedarnos a un lado, mientras otros luchan nuestra guerra, para luego recoger las migajas. Nosotros, nos reunimos. - El silencio de la sala se mantuvo, todos las miradas estaban sobre él -

- En esta noche - continuó, bajando hasta la primera fila de asientos - damos un paso más hacia la Victoria Definitva contra los cobardes. Pero antes, nosotros, recibimos a un nuevo miembro. - extendio su brazo, señalando a Giulietta - Recibimos a Giulietta Strozzi, llegada desde tierras Italianas. Y no solo eso. La recibimos como nueva Obispo de esta ciudad. Sus méritos y capacidades han sido probados y reconocidos por vuestro Arzobispo - dijo con una mano en su pecho - Y si alguien considera que este nombramiento no es válido, que de un paso al frente y exponga sus argumentos. - en esta parte elevó el tono, haciendolo más agresivo, y mostrando los dientes a los presentes en la primera fila.

Nadie se atrevio a romper el silencio.

- En esta noche, damos un paso más hacia la victoria definitiva contra los cobardes - volvio a subir los escalones hacia el altar - Esta noche, esta ciudad pasa a ser nuestra. ¡Sabbatista! - cerró un puño energicamente - ¡Y que mejor manera que proclamar nuestro dominio que enseñando a los Humanos y a los cobardes quienes son sus amos! - el silencio se rompió con un rugido unánime.

- ¡Vamos, hermanos! La ciudad es nuestra. ¡Arrasad, mutilad y matad a vuestro paso! Aniquilad a quien se interponga en vuestro camino, dejad patente quien es el amo. ¡Marchad! - los despidió con un gesto de la mano, y los vampiros empezaron a salir de la Iglesia.

Vladimir se giró hacia Giulietta. Estaba excitado.

- Vamos, Giulietta, es nuestro momento. - dijo tendiéndole una mano.

- ¿A donde? - preguntó la mujer.

- Al Elíseo. Creo que allí tienen una deuda contigo.

- Perfecto... - contestó con una oscura sonrisa.

De la mano, el Arzobispo guió a su segunda fuera de la Iglesia, donde montaron en un coche, antiguo, pero razonablemente en buen estado. Fué el propio Arzobispo quien tomó el volante. Las calles eran ahora muy peligrosas como para que Ambrosio deambulara por ellas. Incluso sabiendo que quien le tocara se las vería con el Arzobispo, era un riesgo que prefería no asumir.

Giulietta parecía excitada, casi saboreando el miedo y la sangre de sus víctimas.

Mientras pasaban por las calles, presenciaron dantescas escenas propias de una pesadilla. Los vampiros entraban en locales y casas, de las cuales algunos humanos salían despavoridos, para encontrarse con más vampiros en las calles que daban cuenta de ellos. En algunas zonas se habian formado barricadas con coches y mobiliario urbano, por el simple apetito por la destrucción y la revuelta. Por todas partes se oían sirenas de policía, ambulancias y bomberos. El caos campaba a sus anchas.

Llegaron tras algun rodeo a las puertas del Jardín Botánico, sede del Eliseo. Las puertas estaban abiertas, y provenian gritos del interior. En guardia y con el armamento en las manos, la pareja cruzó el umbral, perparados para hacer frente a cualquier tipo de resistencia. Observaron como por algunos caminos de los jardines varios vástagos se enzarzaban en tiroteos y combate cuerpo a cuerpo.

Vladímir señaló a Giulietta una estructura dentro del jardin. Parecía ser la casa del guarda o de uno de los empleados. Un lugar perfecto para que un siervo humano viviera, y que en este caso, se escondiera. Hizo un gesto a la cainita para que le siguiera. Agachados para no llamar la atención de otros vástagos, llegaron bajo una ventana, por la que se asomaron cuidadosamente.

Giulietta pudo sentir el calor de la perdigonada, y los cristales caer sobre su cara y sus hombros. Pero ya había visto a su presa, y nada la detendría. Sonrió al comprender las referencias de Vlad a la deuda, recordando lo que ocurrió en la fiesta que dio a su llegada. Por fin tendría su venganza. Finalmente, mataría a Casimiro. Hizo un gesto al vampiro, que se asomó rápidamente por la ventana para atraer la atención del humano, mientras ella derribaba fácilmente la puerta a la velocidad del rayo.

El pobre anciano estaba asustado, ingenuamente se había encerrado para tratar de evitar la intrusión de extraños, pero en este caso, esos extraños sabían donde buscar... Las sombras de la habitación desaparecieron en cuanto la mujer puso un pie en la sala. Casimiro, asió la escopeta y apuntó a Giulietta, pero antes de que le diera tiempo a apretar el gatillo un imponente zarcillo de oscuridad le golpeó dolorosamente en los brazos obligándole a soltar el arma, el hombre cayó de rodillas al suelo sujetándose el brazo con fuerza y una expresión de miedo y dolor en el rostro, su fin estaba cerca y lo sabía.

- Vaya vaya... - Giulietta comenzó a andar lentamente hacia el anciano - parece que el perrito faldero se ha quedado solito y desamparado - comentó la mujer con pena fingida mirando fijamente a Casimiro.

- Vamos puta, muerdeme y acaba con esto de una vez - espetó el anciano.

- ¿Morderte? antes moriría que beber de tu asqueroso cuello, además estás infectado con la escoria de Mariam, no sirves ni para alimentar a los perros... - daba vueltas alrededor de su víctima, mirándole con desprecio.

- ¿Entonces que quieres de mi? - miraba a su alrededor buscando algo con lo que contraatacar a la mujer, algo a lo que aferrarse para evitar el mortal destino que le esperaba...

- ¿Acaso no está claro? - rápidamente asió al anciano por el cuello y le puso en pie, el pobre hombre forcejeaba para librarse de la presa de la mujer se llevó las manos al cuello arañando y tirando de la mano de Giulietta. Desgraciadamente para él todos sus intentos eran en vano.

Cada vez apretaba más fuerte, el viejo notaba como sus pulmones luchaban por un poco más de aire, dando bocanadas como un pez fuera del agua. Cuando se nubló su vista y notó que la vida se le escapaba el anciano comenzó a toser fuertemente, Giulietta le había soltado y Casimiro se retorcía en la alfombra respirando sonoramente.

La lasombra se puso de cuclillas junto al jardinero, sin prestarle la más mínima atención miró la dastartalada caseta en la que se encontraban en busca de algo "digno" para la ocasión, fue así como una garrafa con gasolina llamó su atención junto a un viejo cortacesped. Se puso nuevamente en pie y guiñó un ojo a Vladimir, quien observaba divertido la escena al otro lado de la ventana.

El olor a gasóleo hizo embargó a Casimiro, quien aún trataba de incorporarse, dolorido. Giulietta estaba esparciendo el contenido de la garrafa a su alrededor mientras canturreaba para sí misma, tiró el recipiente vacio y palpó los bolsillos del pantalón buscando algo.

Ahi, sobre la mesa. Cogió el mechero, lo encendió y se volvió hacia el anciano.

- Le daré a Marian recuerdos de tu parte - dijo con fingida inocencia, se acercó a la puerta y justo antes de prender fuego a la caseta se despidió...

- Buenas noches... Casimiro - al pronunciar su nombre la estancia se volvió completamente negra, un vacío de oscuridad del que solo salían sonidos... el ardiente crepitar de las llamas y el lamento de un anciano, precediendo a los gritos de dolor y la peste a carne quemada.

Giulietta se alejó unos metros y permaneció de pie contemplando la escena.

Vladimir dejó que la vampiresa disfrutara de su momento el tiempo justo. El incendio atraería la atención de otros Vastagos, y todavía tenian cosas que hacer allí. Puso una mano en el hombro de la cainita.

- Prosigamos, Giulietta - dijo ladeando la cabeza hacia el edificio central de los Jardines - aún tenemos cosas que hacer.

La mujer asintió, y con paso acelerado, y usando la flora como cobertura improvisada, se fueron acercando al edificio sin llamar demasiado la atención de los vampiros del lugar, ocupados en matarse enre ellos, y que ya se habian percatado del incendio, que se extendía de la caseta a los arboles y plantas colindantes de forma voraz.

El fuego les daba una buena cobertura, los camarillas que pudieran rondar el Elíseo se centrarían en el y no verían a dos sombras furtivas que entraban en el edificio.

Las alarmas hacía rato que habían saltado, así que no les fue dificil llegar hasta el salón de baile, donde entre la penumbra encontraron a 4 vampiros tratando de evitar a las hordas de sabbat que merodeaban las calles.

Giulietta extendió ambos brazos y como si descorriera una pesada cortina, la oscuridad de la sala fue arrastrada siguiendo el movimiendo de las manos de la cainita hacia un rincón. Ahora los cazadores y los cazados podían verse perfectamente.

Los vampiros estaban asustados y muy nerviosos, no esperaban encontrar al arzobispo de la ciudad en el Elíseo, a la mujer solo la conocían de vista.

Giulietta sonrió a Vladimir.

- Parece que tenemos suerte... excelencia... - dijo mientras hacía una reverencia señalándole a la presa.

El malkavian empuñó la estaca y guiñó el ojo a Giulietta antes de salir corriendo hacia el grupo de vampiros. La mujer le seguía unos pasos por detrás sin empuñar arma alguna, el brazo derecho en tensión con la mano abierta era todo lo que necesitaba. Vladimir corrió hacia la derecha de la sala, y Giulietta hacia la izquierda, diriéndose ambos hacia el mismo punto.

Los vampiros, al sentirse acorralados se prepararon para el ataque. El Arzobispo desenfundó y disparó a uno de ellos justo antes de saltar hacia el otro. El primero trató de esquivar el disparo, fallando por poco, y estuvo a punto de perder el equilibrio. El otro plantó cara al malkavian e intentó golpearle, pero la velocidad superior de Vladimir le permtió zafarse fácilmente y lanzar su estaca al corazón del adversario, dejandolo petrificado de forma instantanea.

Giulietta concentró su sangre en la mano abierta, uno de los vampiros se abalanzó tratando de cubrir a su compañero quien parecía concentrarse para actuar, rápidamente la mujer hizo una finta esquivando a su primer oponente, antes de que pudieran darse cuenta su brazo había atravesado el pecho del segundo vampiro, la lasombra sacó el brazo con fuerza mientras el cuerpo caía al suelo, tenía su corazón en la mano. Cuando el primer vampiro saltó nuevamente hacia Giulietta dos zarcillos salieron de las sombras agarrándole, aunque debido a la escasa distancia acertó a herir el brazo de la mujer, que dio un salto hacía atrás. Mientras sacaba el daga los zarcillos hicieron una presa sobre el cainita haciendo muy fácil que la mujer clava la afilada cuchilla su pecho.

Vladímir se giró hacia el vampiro al que había disparado, enfundando el arma y sacando otra estaca. Ambos oponentes se estudiaron unos instantes, dando pasos en circulo, y fintándo por turnos, buscando un hueco en la defensa del otro. El cainita saltó hacia el arzobispo, convencido de poder reducirlo, justo cuando un zarcillo de sombras le agarró por el cuello y el brazo, lanzándolo por los aires hacia la entrada de la sala.

La vampiresa sonrió a Vladimir, que se dispuso a adentrarse en las habitaciones del edificio, cuando por la puerta entró apresuradamente otro vampiro, que se detuvo apresuradamente al encontrar al que Giulietta había lanzado tirado en el suelo. Levantó la vista y encontró al arzobispo, que le miró fijamente a los ojos.

Al principio el vampiro se quedó paralizado sin saber bien que hacer. Miró a Giulietta, y luego de nuevo al Arzobispo, que se encorvó hacia delante, y empezó a extender una mano bocabajo hacia él. La melena le cubria parcialmente los ojos, dejando su rostro en sombras. El otro comenzó a temblar, dando pequeños pasos hacia atrás, aterrorizado. En ese momento, sus pies quedaron anclados al suelo, parecía como si su propia sombra le impidiese moverse. Giulietta sonrió.

Vladimir se colocó frente a frente con el otro, y enseño sus colmillos. El otro vampiro estaba muy agitado, al borde del frenesí, aunque nunca llegaría a sufrirlo, pues corrió la misma suerte que su compañero, paralizado por una estaca. El Arzobispo sintió una mano agarrar su pierna, y en apenas tres segundos, dejó al vampiro del suelo paralizado con otra estaca.

- Prosigamos. El tiempo apremia. - Pasó junto a la italiana a paso ligero y subió rápidamente unas escaleras. La cainita le seguía de cerca.

El piso superior consistia de un pasillo con cinco puertas. El cainita notó como la temperatura subía. El fuego estaba devorando los jardines, y si no se daban prisa, caerían junto con la casa.

- Giulietta, registraremos cada uno una habitación cada vez. Si necesitamos ayuda, nos llamaremos - la cainita asintió y se dirigió a la primera puerta.

No tuvieron suerte en las primeras cuatro habitaciones, y en apenas diez minutos estaban frente a la ultima habitación, a la que entraron en tromba. A diferencia de las otras, que eran habitaciones de invitados o salas de lectura u otras actividades sin mas transcendencia, esta parecía importante. Parecía ser el despacho de la Principe, si es que alguna vez la gangrel pasaba el tiempo en algo como un "despacho". Examinaron la sala a primera vista, y Giulietta se apresuró a investigar un ordenador portatil que había sobre la mesa mayor del despacho.

Vlad encontró diversos libros antiguos. La sorpresa llegó cuando los ojeó por encima: eran estudios y compendios sobre las hadas y su mundo. Recientemente se habia interesado por esa raza, así que decidió llevarse esos libros. Corrió hacia una de las habitaciones anteriores.

Mientras, Giulietta realizó un par de interesantes hallazgos en el ordenador. Primero, que la dueña, inepta para la tecnología, no había protegido nada con contraseña. Segundo, una carpeta "sujetos", con varias carpetas dentro... en un vistazo rápido vio que habia una llamada "giulietta_strozzi", lo que le sorprendio. Pero más aún le interesó la llamada "vlad_thremischeck". La abrió y encontró varios documentos, uno de ellos llamado "sarah_seldon". La sire de Vladimir... pensó.

Iba a abrir el documento justo cuando entró Vladimir con un par de mochilas. Lanzó una a Giulietta y comenzó a llenar la otra con los libros, de diversos grosores y tamaños.

- Aprisa, Giulietta, o acabaremos como ese pobre humano al que has quemado vivo.

La mujer asintió y comenzó a guardar en la mochila los libros que Vladimir le daba y algún que otro documento que pareciera tener interés. En un momento que Vladimir le daba la espalda guardando material, cogió el portatil y lo escondió al fondo de la mochila, que una vez llena sujetó a su espalda.

- Debemos irnos ya - sentenció la mujer al ver el fuego en la planta baja por la ventana del despacho.

Salieron por la puerta principal, dejando atrás al trio de cainitas paralizados por las estacas. Que ardan, pensó Vladimir, mientras corría por los jardines con Giulietta siguiendole de cerca. Tuvieron que volver por otro camino diferente, ya que el incendio se habia propagado de la caseta a los jardines.

Finalmente llegaron al coche, montaron y salieron de alli a toda velocidad. Los bomberos tardarían en llegar, estando la ciudad sumida en el caos como estaba. Vladímir parecía contento, la ciudad ya era del Sabbat, estaban mostrando su autoridad, y habia conseguido algunas chucherías interesantes.

- ¿Qué opinas de la noche? -preguntó - ¿Suficiente para tu nombramiento y una cacería de sangre, o esperabas más?

- Ha sido de lo más divertido, hacía tiempo que necesitaba algo así. - Giulietta parecía satisfecha, mucho, y más lo estaría cuando tuviera tiempo de cotillear en el portatil, a solas. - Aunque ahora deberíamos retirarnos, mejor no tentar más a la suerte, además tan sólo faltan un par de horas para el amanecer.

- Como quieras - asintió el vampiro, girando a la derecha en el cruce por el que pasaban. En unos minutos, se encontraban a las puertas del Castillo de Santiago.

- Bien, pues esto es todo por esta noche. Quizá me pase mañana para recoger los libros que hay en tu mochila ¿de acuerdo? Las Hadas son una raza con la que no he tenido contacto nunca, y de las que menos posibilidades he tenido de estudiar, me gustaría profundizar en ello, aunque con la proclamación, no se si dispondre de todo el tiempo que quiera. - sonrió - Quizá ahora me convierta en un líder ocupado.

- Como quieras - asintió la mujer. Ya sabes donde encontrarme. Y delega en mi alguna tarea, ahora soy tu mano derecha, ¿recuerdas? - hizo el papel lo mejor que supo, en realidad la curiosidad sobre lo que podría encontrar en el portatil era lo único que tenía en mente en ese momento. Bajó del coche y se despidió del Arzobispo. - Buenos días, eminencia.

- Buenos días, Giulietta. - retomó el camino cuando la mujer llegó hasta la puerta, y condujo hasta La Salle. Una vez allí, dejó la mochila y las armas en el despacho, y se retiró a descansar sin más dilación. Había sido una noche agotadora a la par que productiva, y queria estar bien descansado para comenzar su estudio a la noche siguiente. Ah, sí, y encargarse de las tareas que surgieran. Intuía que las siguientes noches serían bastante agitadas.

Cuando el coche de Vladimir se alejó Giulietta entró apresuradamente en la casa, nada más entrar encontró a Dorian, al ver su cara la mujer se dio cuenta de que su ropa estaba salpicada de sangre y su brazo teñido de rojo por completo.

- Vaya... parece que te lo has pasado bien... - Dorian parecía algo molesto, no le gustaban aquellas cacerías Sabbat, a veces pensaba que él mismo podría haber llegado a ser la víctima en una de esas macabras noches.

- Ellos atacaron primero - contestó la mujer encogiendose de hombros - no ha sido para tanto... bueno, ahora me voy, que tengo que mirar unas cosillas - y con una sonrisa se fue hacía el despacho.

Se quitó el jersey ensangrentado y antes de dejarlo en el suelo se limpió el brazo malamente. Sacó el portatil del fondo de la mochilo y lo encendió. Mientras se cargaba la configuración pensaba en la carpeta con información sobre Vladimir, esperaba encontrar nuevos datos sobre él, posiblemente alguno útil... y ¿porqué no admitirlo? también quería saber que contenía la carpeta con su nombre.

Aquí está "vlad_thremischeck", abrió la carpeta y ojeó los documentos de su interior. Al parecer no había nada que Giulietta no supiera ya, que Vladimir había trabajado bajo las órdenes de Vykos, etc, etc... la carpeta de "sarah_seldon". En ella tan sólo encontró un archivo, al parecer Marian conocia personalmente a la sire de Vlad, no era nada interesante, datos irrelevantes sobre una desquiciada malkavian.

Justo antes de cerrar el documento y darse por vencida... ¿Qué demonios es esto? ¿esta zorra es esteril? ¡no puede engendrar chiquillos! no era posible, Giulietta convencida de que Sarah Seldon era la sire de Vlad, al menos así constaba en el dossier que su sire le había enviado, además recordaba haber oído al propio Vladimir mencionarla... esa información tenía que ser errónea, no importa cuán cerca pudo llegar Marian hasta Sarah, tenía que estar equivocada... no había otra opción, ¿no?

Hechó un vistazo a la carpeta con su nombre, se sorprendió de lo poco que había, no había ninguna información sobre Giulietta antes de su llegada a la ciudad.

Decepcionada apagó el ordenador y subió al piso de arriba, faltaba poco para que saliera el sol y necesitaba descansar.