viernes, 3 de junio de 2005

Malas noticias


Había pasado ya un mes desde que volvieron de la excavación, y salvo por el pequeño incidente patuno de la exposión de Clarisse, el ambiente estaba muy calmado.

Las heridas de Vlad estaban totalmente curadas, y salvo una ligera marca en el pecho estaba como nuevo, o al menos eso aparentaba, puesto que una pequeña cantidad de sangre del nictucu aún circulaba por sus venas, aún había algo de aquel demonio en él, algo que a veces se manifestaba en terribles pesadillas diurnas, cada vez más frecuentes.

Giulietta sin embargo estaba tranquila y generalmente de buen humor, finalmente consiguió dejar a un lado la incertidumbre... por no haber matado a Vladimir... por aquel beso... La mujer optó por guardar todas aquellas preguntas y dudas en un caja y dejarla en un apartado rincón, algo le decía que no tardaría en llegar el momento en que tuviera que abrir esa caja y lidiar con las emociones... pero aún no.

Los dias transcurrían en el castillo con normalidad, hasta que...

Toc toc

Dorian entrenaba en el jardín cuando oyó como alguien llamaba a la puerta, al abrir vió a un joven repartidor de correo con un paquete en las manos.

- Buenos días, traigo un paquete para la señora... - miró el albarán - Giulietta Strozzi.

- Ha salido, yo lo cogeré, soy su hermano.

El muchacho le tendió el papel de entrega y ofreciéndole un bolígrafo le indicó donde debía firmar. Tras esto el repartidor le tendió el paquete y se despidió.

Dorian miró el remitente, Roma... era un paquete rectángular no muy grande, por la forma posiblemente se tratara de documentos, papeles o algo similar. Con el sonido de la furgoneta de reparto alejándose el joven cerró la puerta y dejó el paquete sobre la mesa del despacho de Giulietta.

Pasadas las once de la noche la vampira abrió los ojos en la oscuridad de su habitación, tras cambiarse de ropa y beber algo bajó al despacho, como siempre. Al ver el paquete de repente recordó que en las últimas semanas se había tomado una especie de vacaciones... llevaba bastante tiempo sin informar de sus actividades... en realidad lo había hecho de forma premeditada, no sabía muy bien que decirles; si se enteraban de lo ocurrido en la excavación y sobretodo, de la oportunidad que había desaprovechado... sería su ruina, incluso posiblemente su muerte.

Se sentó tras la mesa y desenvolvió el paquete, una caja negra, en su interior una carpeta marrón con lo que a simple vista parecía un dossier y un sobre blanco, lacrado con el sello de su sire.

Tomó el sobre entre sus manos y leyó su contenido, lo que aquella carta relataba estaba escrito en un idioma que muy pocos cainitas podrían entender...

Giulietta:

Ha ocurrido algo, algo terrible, una de nuestras sedes en el sur de España ha caido, no puedo decirte nada más al respecto tema.

Todo lo que necesitas saber es que ha habido cambios en tus órdenes, los altos cargos consideran que ya no es suficiente con que obtengas el cargo de obispo en la ciudad, tras este último ataque de la Camarilla necesitamos fortalecer nuestras defensas, necesitamos el arzobispado.

Afortunadamente tenemos el respaldo de La Mano, no les interesa nuestra caída. Encubrirán todas nuestras acciones hasta que recuperemos el control absoluto, eso incluye también tu misión, cuando acabes con la vida del actual Arzobispo ellos harán que ni el Sabbat descubra la realidad.

Recordarás que te hablé de un viejo amigo, Mika Vykos, bueno, ahora es más conocido como Sasha... en fin, gracias a el ella, he conseguido un informe detallado sobre Vladimir Von Thremischeck, es importante que lo estudies para saber por donde atacar, estudia bien la situación y hasta que llegue el momento averigua todo lo que puedas.

Recuerda que tan solo nosotros y escasos miembros de La Mano saben algo de esto, y espero que no olvides tampoco cual es el precio del fracaso en una misión como esta... por favor hija mia, se prudente.

Gregory Valkas

La carta cayó de las manos de Giulietta, la lasombra estaba inmóvil, si aún estuviera viva se le habría cortado la respiración... su rostro fue pasando de la sorpresa a la preocupación... miedo... desesperación... ira.

Rompió la carta en mil pedazos, sus ojos estaban encendidos en rabia, apretó con fuerza los puños clavando las uñas en la carne, la sangre brotaba manchando la alfombra, gritó con furia, las sombra de la estancia temblaban y se agitaban.

Hasta la biblioteca del piso superior llegó el desgarrado grito de la vampira, allí se encontraba Dorian, quien se llevó un buen susto al oir a su señora, al parecer no eran buenas noticias...

La mujer se desplomó en el sillón .

Céntrate Giulietta, no puedes perder el control de esa forma... ¡joder! ¡tendría que haber acabado con él cuando tuve la oportunidad!
dio una patada a la mesa es él o yo... si no cumplo la misión acabaré igual que Pablo DaCosta... Giulietta comenzó a recordad el caso de otro miembro de su sociedad, un joven vampiro con un futuro prometedor y un potencial sin límite, todos tenían grandes planes para él, pero en una ocasión no ató todos los cabos sueltos, no cumplió su misión como era de esperar... se convocó una Corte de Sangre, y fue su propia sire la primera en clavar sus fatales colmillos en su cuello...

Giulietta no participó ni en el juicio ni en la ejecución de aquel desdichado lasombra, pero si estuvo presente en ambos casos, puesto que como nueva promesa debía ser consciente del precio del fracaso. De hecho si Pablo DaCosta no hubiera fracasado como lo hizo sería quien estuviera ahora en su lugar. Los altos cargos tenían ahora los ojos puestos en ella, y a pesar del amor y devoción que su sire le mostraba, Giulietta tenía muy claro que no dudaría en ejecutar el castigo si se diera el caso.

Por miedo a las represalias y temor a la muerte, Giulietta se armó de valor y cogió la carpeta marrón donde se encontraba toda la información sobre Vladimir... el objetivo.

Debía dejar de pensar en él como en un compañero o un superior, ahora era sólo una víctima.

Abrió la carpeta y hechó un vistazo al conjunto de papeles y documentos. Al parecer Vlad había formado parte de una manada dirigida por Vykos, había información sobre otros miembros de la manada y sobre algunas de las misiones que habían llevado a cabo. Por lo visto Vladimir era un miembro un tanto conflictivo del grupo y había sido castigado por ello en repetidas ocasiones... Giulietta sintió lástima por él, ahora comprendía porque su mente estaba tan desquiciada, conocía bien los métodos de castigo de los tzimisce, y el sadísmo y crueldad de Vykos eran famosos incluso entre los de su propio clan... ese pobre loco había sufrido mucho, ya era hora de acabar con su dolor... para siempre.

Tras leer el dossier detenidamente salió del despacho en busca de Dorian.

- Tenemos trabajo - anunció mientras se sentaba en una silla junto al humano.

- Lo suponía... y me da la sensación de que es un trabajo que no te agrada mucho, ¿verdad?

- Eso es lo de menos - negó con la cabeza - necesito que reunas información sobre La Salle, sobretodo mapas, tanto antiguos como actuales, y sobre cualquir tipo de sistema de seguridad que tengan...

- ¿Planeas asaltar La Salle? - preguntó Dorian sorprendido.

- Algo así... necesito entrar sin ser vista.

- Está bien, me pondré a ello en seguida. - El joven se puso en pie y salió de la biblioteca.

Giulietta permaneció sentada allí sola y en silencio unos minutos. ¿Y ahora que? tal vez debería hacerle una visita... no debía perder el contacto con Vladimir, y ya hacía demasiadas noches que no sabía nada de él... Miró el reloj que colgaba de la pared, las 02:14, buena hora. Volvió a su despacho y rebuscó en el armarito donde guardaba su reserva de sangre, cogió un botella y salió del castillo, decidió ir a pie, dando un tranquilo paseo hasta las puertas de La Salle.

A trabajar, se dijo a sí misma antes de llamar a las puertas del edificio.

Ambrosio saludó gratamente sorprendido a la visitante, y la invitó a pasar de forma diligente. Mientras la guiaba por los pasillos de La Salle, intentó entablar algo de charla insustancial, realizando las típicas preguntas de cortesía a las que Giulietta respondía con amabilidad mientras se dedicaba a observar detenidamente todo lo que podía: cuadros, paredes, puertas, cruces de pasillos…

En apenas tres minutos llegaron frente a la puerta negra del despacho del arzobispo. El humano llamó y entro, anunciando a la cainita. Sosteniendo la puerta, salió y se hizo a un lado. Mirando a la mujer, la invitó a pasar con un gesto. Una vez ésta entró, cerró la puerta y se dirigió a alguno de sus menesteres, pasillo abajo.

Giulietta encontró al arzobispo, vestido con unos sencillos vaqueros oscuros y una camisa de pico sentado con las piernas cruzadas en uno de los sillones del salón-despacho, realizando anotaciones rápidamente en un libro de tapas negras que parecía tener un cierre. Giulietta se acercó hasta la mesilla que había cerca del conjunto de sofá y sillones donde estaba el arzobispo y dejó la botella sobre la misma, al tiempo que el arzobispo cerraba el libro, lo depositaba sobre la mesa y se levantaba, apartando un mechón de pelo de su cara y ajustándose las gafas.

- Buenas noches, Giulietta. Hace mucho que no sabía de ti… ¿a qué debo el honor? – dijo sonriendo. El tono, amable, dejaba sin embargo intuir una levísima pincelada de sarcasmo.

- Buenas noches - contestó con una cálida sonrisa. Tras tomar la decisión de ir a La Salle no se le ocurrió pensar en un motivo que la llevara hasta allí, y ahora que tenía a Vladimir delante estaba en blanco. Se quitó las gafas de sol y las dejó sobre la mesita. - Supongo que no nos hemos visto más porque las noches son demasiado tranquilas en la ciudad, al menos últimamente... y también porque tus visitas al castillo han cesado - contestó guiñándo un ojo.

Miró a su alrededor y se puso en pie, comenzó a recorrer la estancia mirando las paredes, cuadros y estanterías con detenimiento.

- Me acabo de dar cuenta de que apenas conozco este lugar... tan solo había venido dos veces aquí, para presentarme y para ponerte los puntos sobre las íes - rió recordando aquella noche.

El Arzobispo levantó una ceja al oir a la cainita.

- ¿Así que una visita puramente social, eh? - preguntó en voz baja, casi más a si mismo que a Giulietta, mientras recogia el libro, cerraba la pluma y los ponía en la mesa del despacho. - Intuyo pues, que quieres te haga un recorrido turístico por mis dominios. - dijo caminando hacia la cainita con las manos en la espalda - sea pues, mientras me cuentas que te trae por aqui. - realizó un gesto con la mano invitando a la cainita a salir, abrió la puerta y salió tras ella.

Giulietta le miró como sorprendida.

- Me parece una buena idea.

La guió por los pasillos, contandole a grandes rasgos la historia del lugar: una de las mayores iglesias de la ciudad, anexionada a un colegio religioso desde su fundación, durante la conquista de las Américas, que paradójicamente servía como sede al Sabbat en aquella ciudad. Giulietta escuchaba con atención, sin perder detalle de todo lo que le rodeaba.

La mujer estaba atenta a las explicaciones del arzobispo, haciéndole preguntas no muy relevantes sobre la historia del lugar y sin perder detalle de las distintas estancias que visitaban.

Abandonaron las dependencias del Arzobispado, y salieron a un patio de columnas y arcos de medio punto con geranos alrededor. Llamaba la atención el sonido de una pequeña fuente, en el centro, donde se reflejaba la luz de la luna. Llegando al centro del patio, Vlad detuvo su discurso y se giró hacia la cainita, siempre con las manos a la espalda.

- Y aqui concluye la primera parte del tour... y bien ¿que te trae por aqui? Hacia bastante que no venías a verme. Como puedes ver, parece que estoy recuperado.

- Si, te veo bastante bien - comentó mirándole de arriba abajo - Me alegro - sonrió - Bueno... ahora las cosas están tan tranquilas que he pensado en venir a hacerte una... - gesticuló con la mano - ...una visita de cortesía - torció mínimamente el gesto - si no estas ocupado, claro.

- No, no ando demasiado estresado. Ultimamente mis únicas preocupaciones son las pesadillas que tormentan mi sueño, y que cada vez son más duras y aberrantes. Hay días que despierto totalmente derrotado. - Su gesto era serio - Se dio la vuelta, y miró a la fuente. Giulietta le miró preocupada.

- Aparte, estoy realizando ciertas averiguaciones... de interés para ambos. - Giulietta le miró interesada - Tengo la firme sospecha de que la Camarilla ha dado esta ciudad por perdida. Los tres miembros principales de la secta estan, según creo, apartados totalmente de la vida publica, e incluso diría que no estan en la ciudad, siquiera.

Giulietta pareció entender, y la expectación aumentó. Era extraño que después de la gran actividad de la Camarilla en la ciudad los meses anteriores de repente se paralizara de esa forma... ¿acaso Roma tendría algo que ver? si tanto necesitaban la ciudad era probable que hubieran iniciado una especie de "limpieza"...

- Si así fuera, y espero confirmación pronto, podriamos estar a apenas dias de reclamar esta ciudad, de una vez por todas, para el Sabbat. - Se acercó a la mujer y sonrió - Sinceramente, no puedo esperar a informar a Vykos...

- ¿A Vykos? - bingo... Giulietta comenzó a tirar del hilo, aquello parecía interesante. Puso cara de extrañeza antes de continuar - ¿A Sasha Vykos?

- Si, Vykos. Por su orden estoy aqui. Para "eso" -dijo refiriendose a Vykos de forma despectiva - tomare esta ciudad. Y a "eso" le compraré mi libertad, llegado el momento. - hizo un gesto a la mujer - pero por ahora, continuemos.

¿No te gustan los tzimisce eh? no me extraña... pensaba la mujer.

La guió por otra entrada, al patio, y tras un breve pasillo, entraron por uno de los laterales a la iglesia, apenas iluminada con unos pocos cirios. Vlad habló a Giulietta sobre el estilo arquitectónico de la iglesia, las tallas y figuras que alli descansaban, asi como peculiaridades sobre los actos liturgicos relacionados con la Semana Santa, muy popular en aquella ciudad. Sin embargo, Giulietta habia perdido un poco la atención en aquello, buscando la oportunidad de inquirir más sobre la relación entre Vlad y Vykos.

Finalmente, llegaron al altar, Vlad comentó algun detalle más que Giulietta ignoró, pensando su pregunta proxima, y se deutiveron. El vampiro se giró hacia la mujer.

- Bien, pues... diría que este es final del tour. ¿Preguntas? - dijo en un tono alegre.

Asentía ante las explicaciones de Vladimir, sin dejar de perder detalle de las instalaciones, entradas, salidas, ventanas, seguridad... La mujer permaneció pensativa un rato una vez Vladimir inició el silencio. No parecía probable que por iniciativa propia él iniciara una conversación sobre su historia con Vykos, al menos no de momento.

- Nada que preguntar... ha sido un paseo agradable, ¿qué tal una copa?

- Como quieras - dijo el vampiro comenzando a caminar.

Guió a la mujer por un camino diferente al que habian tomado para llegar allí. Llevaba directamente de la iglesia a las dependencias del Arzobispado sin pasar por el colegio, como hicieron en el primer recorrido. Avanzaba en silencio, a la altura de Giulietta, esperando que ésta entablara conversación, ya que era la visitante. Tras un silencio ya algo incómodo la mujer comenzó una trivial conversación sobre lo que Vladímir le había contado del edificio, palabras vacias para llenar el silencio que les rodeaba.

Salieron por un pasillo a un pequeño patio interior vacío de adornos, y entraron a otro pequeño pasillo, más estrecho y antiguo, que los llevó finalmente frente al despacho de Vladimir, quien abrió la puerta para la vampiresa, que entró dedicandole una sonrisa.

La lasombra devolvió el gesto y entró en la sala.

El Arzobispo se dirigió a una vitrina de la que extrajo dos sencillas copas para dárselas a Giulietta, que las sirvió, dándole la suya al vampiro.

- A nuestra salud - alzó la copa hacia Vladimir y bebió, imitando éste su gesto.

- Bien, ahora dime, ¿cómo vas a proclamar Sabbat esta ciudad? ¿cuando?

- Verás, cuando mis informadores me confirmen lo que sospecho, simplemente soltaré la bomba en todos los canales de información habituales de la Estirpe y la Red Malkavian. Obviamente, lo hago así a sabiendas de que nadie podrá darme réplica. Siendo por tanto la proclamación legítima por omisión.

Giulietta asintió, sorbiendo de la copa, y entrecerrando ligeramente los ojos observando al arzobispo.

- Sin embargo, además - continuó el vampiro - para dotar de más fuerza a la declaración, y quedar mejor con los altos cargos, que siempre ansían la sangre, organizaré una cacería de sangre. Esa noche, todo humano y miembro de la Camarilla que se nos cruce será aniquilado sin compasión. No es que me agrade especialmente el método, pero necesito hacerlo efectista, por mi conveniencia.

El rostro de Giulietta se iluminó con la expectación de una caza de sangre, pero su mente maquinaba algo mas... La mujer vio en la cacería la oportunidad perfecta para conseguir la plena confianza del arzobispo, quien no sospecha no teme, y eso era lo que la mujer buscaba, la sorpresa.

-
Me parece una idea fantástica, se que no es propio de ti hacer ese tipo de actos, pero realmente lo considero algo más que oportuno - asintió convencida de sus palabras - conseguirás limpiar las calles y agradar a los peces más gordos de un sólo golpe.

- Bien, Giulietta, te tendré al tanto, entonces. Ahora, si me disculpas, tengo asuntos que atender, a no ser que desees algo más...

- No realmente, me conformo con saber que estas mejor, y el hecho de saber que es posible que en breve tomes el control de la ciudad, me agrada mucho más - la cainita sonrió - Me marcharé a dar una vuelta por la ciudad, hace tiempo que no... "salgo".

Tras esto, el vampiro guió personalmente a la mujer hasta las puertas de La Salle, en silencio. Se despidió de ella cuando se marcho y la observó caminar con gracia calle abajo. Cerró las puertas y volvió dentro, apoyándose en las paredes, para no caer al suelo. Las pesadillas del día anterior le habían afectado más de lo normal, y se encontraba mal.

Cuando llegó al despacho, se percató de la fría sangre que perlaba su frente, cual sudor. Cayó al suelo de rodillas y vomitó sangre, a causa del esfuerzo de mantener las apariencias delante de Giulietta. Se arrastró hasta la botella de vitae, y trató de beber, pero tenía el estómago cerrado.

Ambrosio entró en el despacho, y se sorprendió al ver a su señor en tal estado. Le ayudó a incorporarse.

- Ayúdame a llegar a mi habitación ... las pesadillas - dijo entre toses.

- No os esforceis, mi señor.

Al poco tiempo, Vlad yacía, casi febril, en su cama, incapaz de hacer nada sin ayuda. Despidió a Ambrosio, que se marchó preocupado.

En las calles del centro de la ciudad, Giulietta reflexionaba sobre lo que habia visto en el castillo... ningún dispositivo de seguridad a la vista, aunque eso no significaba que no hubiera, solo que estaban muy bien disimulados. Hoy en dia todo vampiro que apreciara su vida tenía un buen sistema de seguridad en su guarida.

La lasombra se había fijado en varios puntos clave donde deberían estar situadas las inapreciables cámaras, aunque lo cierto era que la videovigilancia le traía sin ciudado, ya que su maldición tenía también algunas ventajas... Giulietta no solo no se reflejaba en los espejos, sino que tampoco aparecía en videos o fotografías de ningún tipo.

Las alarmas eran tema aparte, seguro que tanto puertas como ventanas estában armadas... tendría que ingeniárselas para entrar sin hacerlas saltar.

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