lunes, 4 de julio de 2005

Paranoia

El estado de Vladímir empeoraba día tras día.

La sensación de estar siendo observado y perseguido apenas le daba un respiro, e incluso en su descanso, soñaba con su acehador, cada vez más cerca de él, estrechando el círculo, apretando la soga alrededor de su cuello. Habia dias enteros en los que era incapaz de quitarse esas imagenes de la mente, y andaba siempre crispado y al borde de la crisis nerviosa.

Por tanto, había decidido no salir de su refugio más, alimentandose únicamente de su reserva de vitae embotellada, o de algun miembro de su escaso rebaño. Pasaba las horas resolviendo los asuntos del Arzobispado que podian solucionarse mediante correos electrónicos o llamadas telefónicas, puesto que tampoco admitía más visitas. Giulietta se encargaba del resto, y era la única, junto a Ambrosio, que le veía. La mujer pasaba de tanto en tanto a verle, observándole cada vez con más pesar por su demacrado estado mental, mientras intentaba, a veces inutilmente, sacarle de su estado de tensión permanente. Sin embargo, había desistido ya de que saliera del refugio, ya que la reacción de Vlad ante tal proposición era cada vez más brusca y desagradable.

Pese a todo, la relación entre ambos se había estrechado. Ahora podía decirse que eran realmente amigos, compartiendo horas de conversación y trabajo conjunto, hasta que Giulietta se hartaba de sus paranohias y se marchaba, dejándolo a solas, para volver dos o tres noches más tarde, con la vana esperanza de encontrarlo en mejor estado.

Sin embargo, las horas de estudio le rentaban. Había conseguido completar varios rituales simples, y hecho algun que otro contacto con el mundo feérico: abrir una ventana en el aire para observarlo, o hablar con alguno de los seres que lo pueblan, aunque por poco tiempo y con resultados irregulares. No cejaba en su empeño y seguía experimentando, compartiendo el entusiasmo de cada pequeño logro con Giulietta, quien sonreía y le animaba, aunque por dentro le diera lástima por su pobre alma atormentada, enloquecida y obsesionada.

Una noche, como tantas otras, Giulietta volvió al castillo tras visitar a Vladimir, el cielo estaba despejado y las estrellas iluminaban la oscuridad a su alrededor, por lo que la mujer decidió ir dar un rodeo y pasear por el pinar antes del amanecer. Pensaba en lo perturbado que estaba el arzobispo, lo que empeoraba cada día, en como ese estupido estudio sobre las hadas parecía ser lo único que aún le ataba a la realidad... en ese momento se dio cuenta de sufría al verle ese estado. Fue un duro golpe para Giulietta darse cuenta de que aquella fingida amistad y preocupación que mostraba era real, tal vez en el fondo lo siempre lo hubiera sabido... tal vez por eso le salvó la vida en la excavación, y ahora no hacía más que retrasar su ejecución... Sabía todo sobre el sistema de seguridad de La Salle, sabía como llegar hasta Vladimir sin que ni él mismo se diera cuenta y matarle en el más absoluto silencio... Giulietta por fin se dio cuenta, de que si no lo había hecho aún, jamás sería capaz de hacerlo...

Con estos pensamientos lidiaba la lasombra, paseando por el pinar durante horas, hasta que se dio cuenta de que la noche no era ya tan oscura... sobresaltada miró a su alrededor, como si acabara de salir de un trance. Está amaneciendo... comenzó a correr.

Estaba empezando a clarear, Giulietta miraba a su alrededor buscando algún sitio donde guarecerse, pero tan solo los arboles la rodeaban, apretó el paso, concentró su sangre para correr aún más rápido, consciente de que tan solo tenía un par de minutos hasta el amanecer. Empezaba a sentir calor... para un vampiro esta es una extraña sensación que tan solo tiene cuando está demasiado cerca del fuego, y según dicen algunos, antes de que tu propio cuerpo estalle en llamas.

Negó con la cabeza corriendo cada vez a más velocidad, ya estaba llegando al linde del bosque, desde allí sólo tendría que bajar la calle desierta hasta el castillo. Extendió los brazos hacía atrás para dejar que el abrigo cayera al suelo, estaba frenando su carrera.

Corría ya por el asfalto cuando el primer rayo de sol despuntó en el horizonte a espaldas de Giulietta, podía ver el castillo a escasos metros, pero estaba cansada... un último esfuerzo... tras bajar un poco la velocidad notó una punzada de dolor que la atravesaba, emitió un grito de dolor y aceleró presa del pánico.

Por fin, el castillo, frente a ella se alzaba la fortaleza que sería su salvación. Cuando estaba a menos de diez metros de la puerta esta se abrió y Dorian salió corriendo hacia ella, cuando Giulietta le vio sintió tal alivio que estaba a punto de desfallecer, el humano la cogió en brazos y entró al castillo cerrando la puerta tras de sí.

Estaba tumbada en el suelo intentando recomponerse mientras el joven la examinaba rápidamente, aunque algunas zonas su piel estaba ligeramente enrojecidas, estaba bien. Dorian pudo al fin respirar aliviado, mientras la llevaba a su habitación.

El joven estaba esperando a Giulietta junto a la ventana cuando la vió llegar, normalmente su señora volvía a casa con suficiente antelación al amanecer, pero aquella noche... eso ya daba igual, lo importante es que su señora estaba sana y salva.

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