miércoles, 20 de julio de 2005

Cumplir la misión


Samuel caminó calle abajo, y unos minutos mas tarde, se encontraba en La Herencia, donde el camarero le saludó.

- Vaya, otra vez tú por aquí, ¿que va a ser, lo de siempre?

- Si, por supuesto, lo de siempre. Je, casi podrías decir que soy ya un "habitual".

- Claro, vienes todas las noches desde hace una semana. Y las caras nuevas resaltan por aquí, ya me entiendes. - dijo, sirviendo una copa de rojo vitae.

Samuel se limitó a sonreir al camarero y a beber de su copa. Normalmente no permitiría a un humano vivir haciendo tantos comentarios sobre sus costumbres. Pero había sido un buen día, y la satisfacción por el deber cumplido salvaron la vida del chaval, al menos por esa noche. Pensó en los siguientes pasos a dar. La Salle no le supondría complicacion alguna, y si afinaba bien su plan, podría marcharse de la ciudad con el trabajo hecho antes de que en la pension donde había improvisado su refugio le reclamaran el segundo pago por la habitación que ocupaba. Ahora solo tenía que esperar...

Mientras tanto, en La Salle, Vladímir trbajaba febrilmente. Había conseguido finalmente dominar el ritual de apertura del portal. Ahora necesitaba ir más allá. Cruzarlo. ¿Porqué no?, se preguntó a si mismo. Durante las noches anteriores siguió investigando un poco más, mientras trazaba un pequeño plan y una lista de lo que necesitaría para visitar Arcadia. Siguiendo las instrucciones, indicó a Ambrosio que comprara varios objetos que necesitaría para y durante el viaje. Necesitaría dos espejos, uno para poder cruzar el portal en un sentido, y otro para hacer el viaje en sentido contrario.

Se encontraba precisamente trabajando en ese momento con los espejos. Eran idénticos, rectangulares, de aproximadamente veinte por cuarenta centímetros, lo justo para que cupieran sus pies juntos, y un poco más. Provenían inicialmente de un mismo espejo, que él mismo habia cortado tras realizar un pequeño ritual que había aprendido en los libros, para "preparar el cristal mundano para tornarse mágico".
El siguiente paso fue realizar otro pequeño ritual con ambos espejos, "hermanos, aunque separados, para que no olviden que son uno". Algunos ingredientes habían sido algo complicados de conseguir, pero tenia contactos y recursos suficientes para conseguirlos. Eso, y una determinación enfermiza.

Al rato, Samuel vio entrar a un mujer morena con gafas de sol en La Herencia, seguro que es ella, pensó. Giulietta se acercó a la barra y tras intercambiar unas palabras con el camarero le entregó una carpeta y salió de la cafetería tan rápido como había entrado.

Terminó la bebida y se acercó a hablar con el camarero.

Vlad observaba con satisfacción una de las piezas en las que había cortado uno de los espejos, en forma de lágrima, sosteniéndola en su mano. Observó ambos espejos, convertidos en auténticos puzzles, cada uno reflejando su rostro al menos una docena de veces. El corte del cristal lo había realizado tambien con un pequeño ritual, imbuyendo una pluma de cuervo de un poder especial que lo convertía en la herramienta más precisa y rápida que pudiera cortar el cristal, tal y como el que la usara lo veía en su mente, guiando su mano para que el corte fuera perfecto y evitando que el cristal se partiera. Estaba maravillado, pero debía continuar, ya faltaba muy poco.

De vuelta en el castillo Giulietta esperaba en el despacho a que Dorian regresara con información sobre el enviado. Cuando fue a dejar la carpeta el joven se quedo en los alrededores esperando a que el vampiro fuera a recoger la información.

Al parecer Dorian llevaba varios dias siguiendo de lejos a un recien llegado, algunos de sus contactos en la ciudad le habían confirmado que era un vampiro, aunque hasta que no le vio salir de la Herencia con la carpeta no creyó que realmente fuera él el enviado. Le había visto varias noches por los bajos fondos y la zona de marcha, se hospedaba en el hotel Doñana, ¿porque todas las sanguijuelas se hospedan siempre en el mismo sitio?

Giulietta prestó atención, la descripción fisica que Dorian le había dado no le recordaba a ningún miembro de su sociedad, aunque teniendo en cuenta la indumentaria tan llamativa que llevaba seguro que se trataba de un disfraz. En pocos minutos la cainita se cambió de ropa y cogió su estoque favorito del armero. Era de esperar que el enviado intentara cumplir su misión lo antes posible ahora que tenía la información que Giulietta había recopilado, y teniendo que aún faltaban muchas horas para el amanecer era probable que el ataque se produjera esa misma noche.

- Has hecho un buen trabajo, - dijo a Dorian mientras salía - a partir de aquí seguiré yo.

Se internó en la oscuridad de la noche y se dirigió con cautela al hotel Doñana. Ahí es donde se encontraba la última vez que le vió Dorian, y de eso hacía menos de una hora, seguramente estaba en su habitación revisando la información... ahora solo queda esperar. Oculta en las sombras de un callejón cercano al hotel, Giulietta permanecío alerta, a la espera de que el asesino hiciera la primera jugada.

Tras realizar otro pequeño ritual "para que las piezas de cristal tomen consciencia por si mismas", cada cristal comenzó a brillar con un tenue fulgor, diferente para cada uno. Despues entonó una alabanza de "armonización", y el color del fulgor se unificó, siendo rojizo para uno de los espejos, y verdoso para el otro.
Sintió un leve calor en sus manos al coger las piezas, sonriendo al comprobar que todo marchaba tal y como había leído y como los cristales de cada espejo resonaban en la misma frecuencia, siendo frecuencias distintas para cada espejo.
Intercambió la mitad de los cristales entre los dos espejos, y verificó riendo que el encaje era perfecto. Era parte de otro ritual, para que "aun estando fragmentados, los dos espejos vuelvan a ser uno". Finalizó dicho ritual con otra alabanza de "armonización mayor", consiguiendo ahora que el fulgor se unificara en un tono azulado, idéntico para ambos espejos, comprobando además que la frecuencia del sonido fuera la misma. Celebró su éxito, bebiendo una copa de vitae.

Un par de horas después le pareció ver a una figura moverse furtivamente en uno de los laterales del hotel, Giulietta se acercó lo suficiente como para confirmar sus sospechas, la figura avanzaba con cautela en dirección a La Salle con Giulietta siguiendo sus pasos en la distancia.

Habían llegado al recinto del arzobispado, la oscura figura se detuvo bajo la ventana de una de las habitaciones contiguas al despacho y en pocos segundos entró sin dificultad.

Vlad estaba recogiendo el despacho. Entonando un suave mantra, separó las piezas uno de los espejos, y las envolvió todas en una gasa blanca, que guardó en un cofrecito de plata. Tanto la gasa como el cofrecito habían sido tratados anteriormente, al igual que la gasa negra y el cofrecito de bronce que usó para guardar de la misma forma el otro espejo. Ambos espejos debían permanecer así durante un día completo, para que el ritual funcionara definitivamente.

Guardó los cofres en cajones separados de diferentes muebles de su despacho. Permaneció de pie frente a la mesa, observando unos documentos relativos al Arzobispado. Vió su teléfono móvil al lado y pensó en llamar a Giulietta, pero creyó que sería mejor trabajar un poco, para variar.

Justo en ese momento, escuchó un leve siseo a su espalda. Saltó longitudinalmente sobre la mesa de su despacho, buscando protección, pero no pudo evitar ser alcanzado y recibir un par de cortes en el brazo izquierdo que dolieron más que lo que cualquier arma mundana debería, se giró ligeramente y vió como dos formas negras surgían de uno de los pasadizos que usaba para salir clandestinamente de su despacho, seguidas de una figura humana, un vampiro.
Antes de reconocer al asaltante, mientras cogía una estaca que guardaba en la cajonera de la mesa, se dió cuenta de que por la puerta de entrada del despacho aparecía aceleradamente Giulietta, llamándole a gritos, seguida de un preocupado Ambrosio. El sombío atacante se giró hacia la entrada quedando paralizado al ver a la mujer, la había visto antes, hacía unas horas en la Cafetería de la Herencia, si ella era quien había incumplido su misión al dejar con vida a Vladimir... ¿que hacía ahí ahora? ¿acaso venía a ayudarle?. La certera daga que la vampira le lanzó mientras corría hacia él fue la respuesta. Cuando ya casi la tenía encima disparó sin dudar dos veces sobre la vampira con un arma corta, derribándola y frenando su avance.
Al presenciar aquello, Vlad se dejó llevar por su instinto, y notando como sus musculos se tensaban y sus colmillos afloraban, se abalanzó en medio de una neblina roja sobre el asaltante, que utilizó de nuevo los zarcillos de sombra para bloquear la mano que intentaba clavarle una estaca y hacer una presa sobre el cuello del Arzobispo, para evitar ser mordido.
Giulietta se levantó del suelo y reinició la carrera mientras Ambrosio observaba la escena atónito. Estaba entre dioses, poco podía hacer para ayudar a su señor. La mujer desenvainó el estoque y avanzó hacia el vampiro desde detrás de Vlad, para evitar más disparos.
Solo cuando se vió con el avance y los movimientos bloqueados por los zarcillos de sombra, consiguió Vlad volver en sí lo suficiente como para distinguir a su oponente. Era Samuel, el joven neonato que se le había presentado hacia apenas unas noches. Todo encajaba. Le había estado observando y vigilando, para tener un ultimo gesto, dando a la víctima la posiblidad de conocer a su verdugo.
Le miró fijamente a los ojos, y el lasombra pudo ver como los del Arzobispo se tornaban amarillos. Se sintió ligeramente mareado, y vió un relámpago amarillo salir de los ojos del malkavian antes de que todo se volviera negro.
En un segundo, recobró la vista. Pero se encontraba en una llanura de verdes pastos, y podía ver el sol... aunque aún podía escuchar los pasos de Giulietta acercándose y el forcejeo del malkavian con sus zarcillos de sombra. Se restregó los ojos con las manos, parpadeó, y lo que vió le gustó incluso menos: la verde llanura se iba cubriendo desde su origen, cerca del horizonte, de una marea amarilla que avanzaba hacia él. Pestañeo de nuevo, y casi la tenía encima. Pudo distinguir lo que componía la marea... ¡patos! Patos pequeños y amarillos, que saltaban y corrían hacia él, abriendo sus picos desenfrenadamente. Picos llenos de ¡dientes! Se dio la vuelta y echó a correr llanura abajo, tratando de evitar tan triste destino.
De vuelta en la realidad, Vlad se liberó de los zarcillos, al estar su artífice ocupado en otras cosas. Miró los cortes en su brazo, y se encargó de terminar de cerrarlos, mientras Giulietta se acercaba.
- ¿Qué le has hecho? - inquirió la mujer, estoque en mano.
- Digamos que no puede fiarse de sus ojos. Su cuerpo ha quedado paralizado al no poder su cerebro encontrar correspondencia entre lo que ve y el resto de los sentidos. Permanecerá así un rato más, el tiempo justo para preparar un interrogator... ¡EH!
La cabeza de Samuel rodaba por el suelo mientras Giulietta limpiaba el arma. Había conseguido salvar a Vladímir, al menos de momento. El cainita la agarró del brazó de forma brusca.
- ¿Qué demonios has hecho? ¡Ahora nunca sabré quien le envió! - rugió.
- ¡Escucha! Éste solo ha sido el primero - replicó enérgicamente la cainita soltandose de Vlad - Vendrán más pronto, si no están ya de camino.
- ¿Pero quíen los manda? ¿Qué sabes tu de esto? - le irritaba no sólo no obtener respuestas, sino que surgieran mas preguntas.
- He conseguido desvelar su plan con el tiempo justo para venir a ayudarte, - dijo seriamente- si hubiera aparecido mas tarde no se que podría haber pasado - acarició el rostro del arzobispo- tenemos que prepararnos para cuando lleguen, pero necesitas esconderte, dejar de ser un blanco fácil. Y ya ves que la seguridad del Arzobispado deja bastante que desear...
Vlad hizo una mueca de reproche y miró hacia el pasadizo por el que Samuel había entrado. Giulietta tenía razón al respecto. Quizá una temporada fuera le viniera bien, después de todo.

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