jueves, 19 de enero de 2006

A medianoche en el pinar

Ahora que había recibido el legado de la gangrel, creyó oportuno el hecho de conocer más a fondo parajes que antes no solía visitar. Por eso se encontraba allí. Por eso y porque suponía que en aquel lugar Marian habría pasado mucho tiempo, pero aquello no era algo que su mente aceptase del todo.

Se dirigía hacia ninguna parte, Clarisse sólo daba un paseo.


Aquella noche el castillo parecia demasiado pequeño para Giulietta, necesitaba estar sola, y a pesar de que tan solo otras dos personas habitaban el lugar le parecia verlos en todas partes, bueno, en realidad no era solo a ellos a quien creia ver, si no a alguien que ya no deberia estar en este mundo... Asi que para relajarse y poder "respirar" aire fresco decidio dar un largo paseo por el pinar, aun no sabia porque nunca habia estado alli, y eso que por el momento le estaba pareciendo un lugar bastante agradable.

Al poco rato percibio la presencia de alguien, dio media vuelta y unos pasos mas alante una figura que reconocio a la perfeccion: Clarisse.

- Buenas noches. - Dijo en tono un tanto neutro, posiblemente por la sorpresa.

- Hola. - Dijo mientras se acercaba a ella. - Buena noche para un paseo, supongo.

Era la primera vez que no pensaba sus palabras antes de decirlas. No esperaba encontrarse con nadie, y menos con ahora, pero aquella era tan buena ocasión como cualquier otra.

- ¿Qué tal todo? Hace tiempo que no nos vemos. - Pregunto la toreador. - Hacer escenas de algo que podía ser meramente trivial no era lo suyo.


- Si, claro, una noche esplendida... espero no interrumpir nada... - Giulietta miro a su alrededor para asegurarse de que nadie las estaba observando. - No puedo quejarme la verdad, creo que las cosas me estan llendo mas bien de lo que esperaba... - la lasombra parecia un tanto pensativa- tal vez demasiado - dijo en un suave susurro.

- Dime, ¿vienes por aqui muy a menudo? Espero que no te importe que te tutee... - Dijo la lasombra con una sonrisa intentando cambiar de tema, si no fuera por aquellos ojos incluso pareceria la persona mas inocente del mundo.

- No, de hecho es la segunda vez. La primera fue para un cuadro que se me encargó y esta noche para conocer mejor la zona.

Miró hacia ningún sitio concreto y añadió.

- ¿Paseamos?

Hizo un gesto con el brazo a modo de invitación, sin contestar a lo del tuteo, aunque parecía darle igual.

Giulietta comenzo a caminar junto a Clarisee.

- Por supuesto.

Ambas comenzaron caminar por el pinar. Giulietta miraba a su alrededor de vez en cuando, principalmente para contemplar el paisaje, y ya de paso para comprobar que estuvieran solas.

- Es la primera vez que paseo por aqui. Desde hace un tiempo a esta parte no he tenido mucho tiempo libre, y ahora que dispongo de el he creido oportuno conocer un poco mejor los rincones de la ciudad.

- A mí me ha pasado lo mismo, aunque nunca he dispuesto de "tiempo libre" siempre encuentro algo que hacer, aunque puede que eso sea lo que ahora llaman hobby...

No pareció muy segura al pronunciar ese término. Continuaron andando un rato, y Clarisse no encontró nada que decirle.

- ¿Qué tal Vladimir? Hace tiempo que no se habla de sus andadas... Dijo recordando el momento pato en la exposición y los extraños textos que aparecían en el periódico.


Los recuerdos de aquel terrible amanecer asaltaron la mente de Giulietta, y el eco de una voz pronunciando su nombre dias despues en su despacho... la voz del malkavian.

- Bueno, podria decirse que Vladimir está en un mundo mejor... ha dejado el cargo y la no-vida.

Respondio muy seria la lasombra.

- ¿Cómo? - No se esperaba algo así, aunque su rostro continuó inmutable. A continuación se dio cuenta enseguida de que probablemente estuviese hablando con el nuevo Arzobispo y aquello sí que era un punto...

Giulietta suspiro y miro a la toreador.

- No soportaba mas su propia locura, asi que decidio acabar con ella, el amanecer que acabo con el y el viento que extendio sus cenizas fueron sus testigos. Pero tranquila, en el Sabbat no somos tan desorganizados como parecemos - la mujer rio - lo dejo todo bien atado antes de su marcha.

- Eso era evidente. - Hizo una pausa y siguió. - Bien, pues... bueno, felicidades, ¿no?. Supongo que os gustará el cargo, a pesar de la pérdida que supone.

Lo dijo de forma seria y midiendo las palabras. Ahora ya no podía tener el más mínimo desliz con ella.

Giulietta asintio.

- Gracias, - No sabia porque de repente Clarisse volvia a tratarla de usted, tal vez por la noticia de su ascenso, pero fuera lo que fuese le daba lo mismo. - Puede que el cargo me guste, pero no por ello voy a dejar de cumplir con mi deber...

- Por cierto, hablando de altos cargos ¿que tal esta nuestra descortés principe Marian? - pregunto en un tono un tanto distraido.

- Resulta curioso que a pesar de que no os cayese bien, preguntéis por ella. - Hizo una cortísima pausa y continuó.- Supongo que bien, allá donde esté. Habrá sentido la llamada de la naturaleza, no lo tengo claro.

Clarisse continuaba paseando tranquilamente, a pesar de que la situación resultaba de lo más curiosa. Dos cargos, ambos ocupados por mujeres, de bandos enfrentados, paseando por en medio de un solitario pinar sin mayor preocupación.

- Precisamente por eso pregunto por ella, hay que tener cerca a los amigos, y a los enemigos más aún - Giulietta abrio bastante los ojos cuando se entero de la noticia. - Vaya, asi que ha huido... tal vez una ciudad era un lugar demasiado civilizado para ella...

Giulietta se alegraba la desaparicion de Marian, asi no tendria que tratar con ella de ninguna forma, aunque en el fondo le daba algo de rabia que marchara sin haber recibido su vengaza por su descortesia durante la fiesta de la lasombra...

- Bueno, por lo que tengo entendido a Marian no le abundaban los amigos o personas de confianza, asi que supongo que deberia darte la enhorabuena. - Dijo Giulietta esperando una confirmacion.

- Era apreciada por ciertos personajes de la ciudad, sólo que éstos no eran tan conocidos como yo, por ello... estoy ahora al cargo hasta que vuelva, si es que lo hace algún día.

Con aquella última frase había dejado entender que no estaba dando saltos de alegría por el cargo o que simplemente le daba igual.

- Sé que las formas de Mariam no eran de las mejores, pero a pesar de ello en la ciudad la paz estaba instaurada y los miembros de nuestra Estirpe se dedicaban cada uno a la suyo. ¿Te gustaría que siguiera así?

Se lo preguntó directamente porque perder el tiempo en vanas conversaciones no era su pasatiempo favorito.

Giulietta se sorprendio gratamente ante la pregunta de la toreador, sin tapujos pero con respeto, eso esta bien penso.

- Pues si te soy sincera me gusta la paz, por supuesto, aunque no me gusta que dependa de la Camarilla, claro... pero bueno, poco a poco veremos como le va a San Lucar con esta nueva generación de mandatarias. - Dijo guiñando un ojo.

Las palabras de la cainita no albergaban ningun tipo de maldad aparente, es mas, hasta parecia alegre aquella noche, hablaba como si de un tema cotidiano se tratara, dandole la importancia justa.

- Bueno, sea como sea, te felicito por su ascenso - Giulietta paró y tendio una mano a Clarisse - se que somos rivales, pero me gusta tener como competencia a alguien digno y educado.

La toreador aceptó el gesto y le estrechó la mano.

- Creo que no has estado nunca en el Jardín, muchos de la ciudad tampoco, con lo que es probable que haga dentro de poco jornada de puertas abiertas y nos vayamos conociendo todos un poco más.

Soltó la blanca y fría mano de la cainita, en contra de la suya, que era extrañamente tibia y mantenía cierto color, tras haberlas mantenido unidas un tiempo normal, el suficiente como para que ya hubiese sacado conclusiones.

Fuerte pero delicada y cuidada...

Algún día tendría que tener esa conversación con ella, alguna noche más bien.

Giulietta asintio.

- Claro, sera una placer visitar la sede del principado de San Lucar... cuando tengas una fecha prevista hazmelo saber, y alli estaré.

Ambas continuaron caminando.

- Bueno, creo que va siendo hora de que marche, aun me queda algo pendiente esta noche, pero volveremos a vernos.

- Sí, claro. Nos veremos. - Tras una pausa añadió.- Que tengas buena noche.

Observó como la cainita se alejaba para ocuparse de sus asuntos y ella continuó en solitario el paseo un rato más antes de volver al Elíseo.

Giulietta asintio y se alejo de la toreador, cogio el coche y condujo alejandose del pinar hacia el centro de la ciudad.

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