viernes, 20 de enero de 2006

Club Contresco: Inauguración

Una construcción frente al mar rodeada de unos jardines planos decorados con árboles tropicales se erguía majestuoso acompañado de una iluminación que lo hacía más imponente. Había un cartel iluminado que transmitía mensajes de cortesía a todos los invitados mientras cambiaba en ocasiones anunciando: Casino Contresco

El interior consistía de un extenso pasillo alfombrado con una alfombra roja y decorado con una serie de cuadros modernos, que llevaba a una enorme estancia ocupada por diversos entretenimientos de azar, desde los más típicos a los más selectos. A medida que se avanzaba en el interior, se restringían las zonas en otros salones dedicados clases más selectas y adineradas, dejando a los curiosos en las tragaperras mientras los nuevos ricos gastaban inmensas cantidades de dinero en las ruletas.

Todo estaba decorado a la perfección anunciando la inauguración del local. Existía también un escenario en el fondo de todos los salones preparado para discursos y actuaciones.

Carlo entró en el local observando cada detalle a su alrededor, todo tenía que estar perfecto. Vestía un traje de fiesta de un color gris claro, recién comprado y su pelo se encontraba aplastado y recogido en lugar de su aspecto habitual.

Esperaba la presencia fundamental, la de los demás vástagos, sobretodo de los más importantes. Su presencia determinaría su futuro en la ciudad.

El coche se detuvo en la entrada del casino, un mozo abrió la puerta trasera, de ella salió Dorian que una vez en pie extendió la mano para ayudar a salir a su señora, Giulietta Strozzi. Una vez fuera, Ambrosio, que era quien conducía, dio media vuelta y volvió al castillo, donde aguardaría hasta que su nueva señora le llamara para ir a recogerles.

Dorian iba con un traje azul y una camisa blanca con el primer botón desabrochado, sin corbata y el pelo engominado hacia atrás, Giulietta se decanto por uno de sus mejores vestidos, ya que ese sería su primer acto público como Arzobispo de la ciudad. Llevaba unos zapatos negros con un alto tacón, un vestido rojo burdeos con cola por detrás y corto por encima de las rodillas con vuelo, manga larga y un gran escote acabado en pico a la altura del ombligo que tapaba lo suficiente pero mostraba la palidísima piel de la lasombra. El pelo recogido con algunos tirabuzones sueltos, maquillaje oscuro para los ojos y burdeos para los labios, y un pequeño bolso de mano. Llevaba unas finísimas pero oscuras gafas de sol.

La cainita iba cogida del brazo de Dorian, como si de una delicada dama se tratara, cuando entraron en el casino a la espera de que alguien les recibiera.

Apenas les habría dado tiempo para entrar cuando fueron recibidos por un hombre de aspecto similar a lo que se podría calificar de mayordomo, que tardó unos momentos en reconocer a la persona en cuestión como posible invitada. Iba ataviado con un traje negro con pajarita, y por sus entradas se deducía que alcanzaba los cuarenta sin demasiado esfuerzo.

- Buenas noches y bienvenidos a la inauguración. ¿Con quién tengo el placer de hablar?

Se notaba que aquel hombre estaba esperando la presencia de alguien inusual, ya que no parecía haberse molestado en atender a la mayoría de personas que habían entrado.

Fue Dorian el que contesto al "mayordomo", con voz serena y segura.

- La señorita Giulietta Strozzi.

Giulietta observo al hombre fijamente atreves de los oscuros cristales de sus gafas y sonrió casi imperceptiblemente.

El hombre miró a los dos escépticos durante un momento. Se acercó a lo que parecía ser un libro de visitas y hojeó un momento el pesado libro.

- Strozzi, Strozzi...

Al dar con lo que parecía ser el nombre, se giró sobresaltado hacia sus interlocutores, como si acabara de ver un fantasma. Con un gesto de la mano les invitó a que pasaran.

- Perdonen mi falta de atención, Sra. Strozzi...sea bienvenida, estábamos esperando su presencia.
Acto seguido les llevó por la estancia pasando de largo por la zona "normal", donde algunos estaban jugando a las cartas o a probar su suerte en las tragaperras, hacia una zona más selecta y más amena, con otro tipo de gentes y con juegos mejor adaptados.


Giulietta arqueo una ceja mientras el hombre consultaba el libro y finalmente se dio cuenta de quién era; humano... La lasombra dio un sonoro suspiro ante la aparente incompetencia del mayordomo. Cuando finalmente el hombre se decidió a acompañarles Dorian soltó a Giulietta y con una inclinación le cedió el paso.

- Espero que disfruten de las facilidades proporcionadas en nuestro establecimiento.

Dicho esto, el hombre que acompañaba a Giulietta y a Dorian se retiró de la forma más educada posible, dejándolos allí en la zona "especial". Unos minutos después, el sonido de un piano recorrió toda la estancia y en escasos momentos irradio por todo el local. Se trataba de una melodía de aspecto renacentista, sin ninguna referencia clara a alguno de los artistas de tal época. Producía un efecto tranquilizador y confinante a aquellos que la escuchaban, viéndose en la actitud más calma y más amena de algunos de los presentes que participaban en la ruleta.

Giulietta tomo asiento, Dorian hizo lo propio a su lado.

Ensimismada escuchaba la hermosa melodía. Tenía muy claro que quien tocaba era un cainta, solo ellos podían transmitir de aquel modo, aunque no podía saber quien la ciudad, lo cierto es que de los vampiros de la ciudad solo se había oído tocar a sí misma, aunque cada vez pasaba menos tiempo ante las teclas de marfil...

La lasombra se puso en pie mientras la música aun sonaba y se paseo por la estancia entre curiosa y aburrida.

Carlo salió de aquella habitación, bajó las escaleras y se dirigió hacia la estancia anterior. Al encontrar a Giulietta, pareció por un momento sonreír. Se acercó a ella viendo que no parecía estar demasiado entretenida.

- ¿No os divierten las atracciones de mi santuario? Quizás deberíais tentar a la diosa Fortuna, pues gran capricho tiene en veces de sonreír a nuestros clientes.

Giulietta se quito las gafas y las guardo en el pequeño bolso mientras se acercaba a Carlo.

- Los juegos de azar no son algo que me atraigan. Además, siempre tiendo a sacar provecho de formas poco ortodoxas y tengo un malísimo perder... en el juego, claro. - rió.

Giulietta miraba a su alrededor mientras hablaba sin detener la mirada en Carlo. Mientras tanto Dorian continuaba sentado observando al cainita de cuando en cuando.

- Por cierto, una hermosa melodía la que sonaba hace un momento.

- La suerte es algo muy interesante, pues es a ella a la que recurrimos para humillar los logros de alguien, o para intentar cubrir nuestros fallos... - Dijo invitándola a que se sentara en una de las mesas predispuestas para la fiesta. - Veo que tenéis aprecio por la música, es algo a lo cual doy mucho valor...Es una forma de expresión, una lengua...

Giulietta se sentó ante la invitación de Carlo.

- Sois italiano, apreciáis la música... vaya, al parecer sois más interesante de lo que creía, jajajaja - dijo en tono jocoso la mujer. - Por favor, continuad así, veamos si podéis seguir sorprendiéndome. - Todo esto en su italiano natal.

- Mas la pregunta sería que es lo que exactamente esperarais que fuera

Su voz parecía ser más jovial y su expresión más alegre. Siempre le había apasionado la música y el hecho de que su interlocutora preste un especial énfasis en ello le provocaba una inevitable simpatía y respeto. Normalmente se había dado de bruces con "líderes" monótonos y no más profundos que una lata cuya única ilusión e interés se basaban en controlar a más mentes desvariadas y asegurar su vacía existencia hasta el próximo milenio.

Mientras que la fiesta proseguía sin problemas, uno de los camareros se acercó a la mesa sin darle tiempo ni siquiera a preguntar por la anticipación del vástago.

- ¿Deseáis tomar algo? Preocuparos no debéis de los gastos, todo es de mi cuenta propia.

- ¿Y qué intereses tenéis además de los que le corresponden a vuestro atareado oficio?

Giulietta se dirigió directamente al camarero:

- Un vodka para el joven. - Dijo mirando momentáneamente a Dorian. - Y yo tomare lo mismo que el señor. - Concluyo mirando a Carlo.

Volviendo a la conversación se giro hacia el cainita dispuesta a responder a sus preguntas.

- Yo no espero nada de nadie, aunque eso no quiere decir que en ocasiones no te sorprendan mínimamente como puede ser el caso. - Dijo mirando fijamente al vampiro. - En cuanto a mis intereses... pues los de todo Sabbat, conseguir poder, matar a mis antecesores, destruir a la Camarilla y expandir mi mandato, ¿es eso lo que esperáis oír? - Mientras hablaba su voz era fingidamente seria, era evidente que intentaba burlarse de los estereotipos; aunque no pudo evitar un carcajada durante la pregunta final.

El camarero asintió y no tuvo la necesidad de preguntar a Carlo lo que quería, ya que éste con un simple gesto le hizo entender "lo de siempre". El toreador respondió con una sonrisa a la mirada de Giulietta, y prosiguió.

- Cierto que vos poseéis esos intereses... pero me refería a algo más personal, si bien deseáis contarlo.

- Con que algo más personal... bueno, basta ya de bromas. - La cainita dejo de reír y con un aire más sereno pero no serio respondió. - Podría contestaros muchas cosas, pero como sé exactamente a qué os réferis... - A lo que se refieren todos pensó la mujer. - Me encantan la música, la opera, la literatura, la historia y aunque le parezca extraño y un tanto desacorde la astronomía... podría decirse que el arzobispo de la ciudad está en las estrellas... jajajaja

- ¿Hay algo más que queráis preguntar?

- Depende de lo que vos queráis contar. - Dijo esto sin ninguna aparente insinuación, aunque parecía que su mirada tenía un reflejo acogedor. Cuando el camarero sirvió las bebidas, el vástago miró por un momento el reloj. Eran más de las diez y media, todo estaba correcto. - Yo en mis tiempos jóvenes estudié bastante, fruto de una educación privada. Puedo decir que tengo algunos conocimientos básicos de astronomía, aunque mis deseos me llevaron al arte de la música...

Giulietta sonrió amablemente, al parecer el muchacho hasta puede resultar interesante en una ciudad tan aburrida... na.

- No hay nada que desee contar ya que tampoco tengo preguntas a las que responder.

A pesar de que la postura en la que la lasombra estaba sentada era bastante rígida su voz parecía dulce y amigable.

- Veo que el local está bastante concurrido, aunque solo de humanos, decidme ¿acaso no vendrá ningún otro vástago?

- He tratado de dar la imagen de que todos aquellos que se sientan lo suficientemente dignos como para acudir, que reparos no tengan en hacerlo. Mas certificado me he de realizar una petición personal a algún que otro personaje...

Bebió un sorbo de su copa, sujetándola entre los dedos mientras que sus ojos seguían fijos en la lasombra.

- He de decir que mi observación sobre la ciudad es muy similar a la vuestra. La actividad en este lugar perdido de la mano de Él no es muy significativa... Y siempre es bienvenido aquél que tenga la tenacidad de encender de nuevo la mecha.

Giulietta miro a Carlo y suspiro, ya conocía la historia.

- Para seros sincera y por experiencia propia creo que algunos de los vástagos de la ciudad no se dignaran a venir, como si los demás no fueran suficientemente buenos para ellos... aunque en el fondo eso es algo que incluso os beneficia...

La lasombra miro a su alrededor como distraída.

- No sé, sería un poco triste haber sido la única que ha venido para daros la bienvenida a la ciudad de forma oficial y corresponder con educación a su invitación... porque de ser así antes de tiempo os creareis una mala opinión de los cainitas de San Lucar.

- Es interesante ese tipo de actitud, pues demuestra que algunos piensan que son meramente tangibles... - Dijo en un tono divertido mientras observaba a la actitud de la lasombra. Dentro de poco llegaría la ocasión esperada.

- No es cuestión de que me haga una opinión, mas la que poseen respecto a mi persona. El pequeño mosquito no resulta ser una amenaza hasta que inyecta su enfermedad letal, ¿no es cierto?

Asintió.

- Si, pero en ocasiones ese pequeño mosquito es insoportable, su zumbido, revoloteo... sin necesidad de inyectar su veneno.

Giulietta se dio cuenta de que el vampiro miraba a menudo su reloj.

- ¿Estáis esperando a alguien o algún acontecimiento es especial?

Carlo miró a Giulietta y sonrió.

- Me temo que no puedo ocultaros mi sorpresa por mucho más tiempo, si bien os pido que tengáis que esperar hasta que las doce suenen.

Giulietta miro descaradamente el reloj de Carlo.

- Aun queda más de una hora hasta las doce, ahora que me lo habéis confirmado siento una curiosidad aun mayor...

La lasombra empezaba a aburrirse de tanto hablar de zumbidos, mosquitos e insinuar maldades que solo ella entendía sobre los príncipes de la Camarilla.

- Ciertamente dijo en un tono un tanto distraído, bebió un sorbo de "vino" mientras echaba un vistazo general a su alrededor.

Carlo sonrió al ver el interés de la lasombra. Ciertamente, el único motivo de su control sobre las horas no se basa solamente en su "espectáculo" principal, sino que estaba esperando la presencia de otros.

- Me temo que os estoy impacientando. Verdad es que espero algo en particular, ya que he de creer en que algunos hayan podido tener la ocasión de acudir a la fiesta. Por eso...

Fue interrumpido por un hombre vestido en traje de corbata y gafas de sol, cuyos modales no eran muy discretos.

- Perdone, señor Contresco...

La mirada del vástago fue fulminante. Se levantó bruscamente de la mesa y simplemente le dijo a Giulietta algo como "Discúlpeme" antes de alejarse un momento con el hombre.

¿Acaso no os caben en esas huecas molleras que exigí no tener que sufrir interrupciones?

El hombre carraspeó y miró a su jefe con aire sumiso.

- Verá señor, nos han informado que han llegado ciertos invitados, entre ellos un hombre que se hace llamar Alef Nefer, de cuya invitación no ha sido confirmada...También ha llegado el señor Latorre, aunque sin invitación, como habéis dicho...

La expresión de Carlo pareció relajarse y de ella apareció algo calificable como una sonrisa. Como a la miel acuden las moscas, parece que suscitamos interés...

- De acuerdo, tráiganme a ese Don Nefer, y dadle al señor Latorre una demostración de hospitalidad por parte de la casa.

El hombre de las gafas asintió y rápidamente se esfumó entre los presentes en el salón. Carlo volvió a la mesa dispuesto a terminar su conversación.

- Me parece que más invitados han acudido y me requieren... ¿Necesita algo más de mi persona antes de que deje de disfrutar de su presencia?

Giulietta negó con la cabeza.

- En absoluto, ya he acaparado suficiente vuestra atención en una noche, en la que sin duda estaréis algo atareado. Aunque si no es molestia quisiera bajar yo también al salón, así podría relacionarme algo más con el resto del mundo.

- Por supuesto, sois libre de circular en todo lugar que os plazca...pero he de pediros que no debáis entrar en aquella puerta, pues es restringida incluso para invitados

Dijo esto en un tono de cortesía y simpatía, si bien cuando menciono lo de la puerta sus ojos emitían un brillo serio. Después de los agradecimientos y despedidas, Carlo bajó hacia donde estaba Alef Nefer, conducido por un asistente.

Giulietta se despidió de Carlo. ¿Que no entre? chico listo, es como decirle a alguien que no mire hacia abajo, ¿y qué hace ese alguien? mirar. La lasombra dio un paso en dirección a la puerta Joder, ¿porque me hacen esto? si entrara y me pillaran seria una fama horrible, un arzobispo que se cuela en las dependencias ajenas... aunque también es cierto que las cámaras de vigilancia no me verán... no pudo evitar reir.

Finalmente la mujer desistió y se encamino al piso de abajo.

- Vamos Dorian. Dijo al joven.

- ¿Acaso no vas a entrar?

- ¡Oh! Cállate, anda vamos...

Ambos bajaron al gran salón.

Clarisse echó un ojo por la sala y vio a Giulietta bajando la escalera acompañada de Dorian, o así creía recordar que se llamaba aquel hombre.

Hacían buena pareja, una lástima que ella no estuviese viva y que él fuese su sirviente o peor, su ghoul.

Se dirigió tranquilamente hacia ellos.

Giulietta miraba a su alrededor con algo de aburrimiento en el rostro, fue entonces cuando vio a Clarisse dirigirse hacia ellos.

- Buenas noches Clarisse. - Dijo en tono amable la cainita dirigiéndose al toreador.

- Buenas noches señora. - Dijo Dorian mientras inclinaba casi imperceptiblemente la cabeza.

Se le hacía raro tratar con ella desde la noche en el pinar, pero suponía que eso era lo normal.

- Buenas noches Giulietta, Dorian - Dijo mirándoles sin saber, por un momento, qué más añadir.- Me alegra el saber que no os perdéis una fiesta. Añadió con gesto amable. Yo acabo de llegar y no hago más que ver caras nuevas.

¡¡¡Menuda conversación!!! ¡Un poco más y llegas al nivel de merluza!

Para ser de un Clan social, se había lucido...

- ¿Gente nueva dices? bueno, acabo de bajar del segundo piso y tampoco me ha dado mucho tiempo a echar un vistazo por aquí... - Dijo mirando a su alrededor un tanto distraída.

- Oh sí, ya sabes, hay que salir a la "luz" de vez en cuando, no vaya a ser que la den a una por muerta demasiado pronto... - Giulietta sonrió, algo forzada, pero sin acritud. - Aunque por el momento esto parece estar tan decaído como siempre... de todos modos creo que nuestro anfitrión prepara algo, mira su reloj de pulsera con inquietud, espero que sea al menos entretenido...

Clarisse medio sonrió ante las palabras del Arzobispo.

- Vaya, ya que conocéis al anfitrión, ¿podríais decirme quién es?, sería muy descortés por mi parte no agradecerle la invitación al señor Contresco.

Se puso al lado de Giulietta para no darle la espalda a la sala y así no tener que girar la cabeza con descaro para poder verle.

Giulietta miro hacia donde Carlo se encontraba con disimulo mientras describirá su físico y su indumentaria a Clarisse.

- Allí están Carlo, Latorre... y no reconozco al tercer hombre...

- Vaya, gracias. - Observó al hombre durante un momento y añadió. - Que disfrutéis de la fiesta, no os entretengo más.

Clarisse colocó sus manos en un brazo de cada uno apretando suavemente, a modo de "hasta luego".

La elegante y alargada figura de la morena vampiro se dirigió hacia la barra donde estaban los tres hombres con las manos en los bolsillos.

- Buenas noches, caballeros.

Saludó con la mirada a La Torre y al señor Nefer y acabó por dejar sus azules ojos sobre Carlo.

- Hay un ambiente agradable en la sala, le felicito por ello señor Contresco. - Sacó las manos de su escondite y extendió la diestra hacia él. - Mi nombre es Clarisse Erichkrause, y le agradezco su invitación, no tenía por qué haberse molestado.


Tras unos segundos observando a sus congéneres mientras hablaban, lGiulietta cambio algo de dinero por fichas y fue a probar suerte en las mesas de juego. Decidió empezar con algo simple y puro azar: la ruleta, apostando pequeñas cantidades al principio y algo más según avanzaba la partida.

Cuando abandono el juego por puro aburrimiento sus pérdidas eras mínimas. Ahora llegaba a lo interesante: el Black Jack. No hagas trampas Giulietta... nada de dominar al crupier... no no no... Pensaba divertida para sí misma.

Finalmente, sin hacer trampa alguno jugó durante al menos 20 o 30 minutos, gano algo, aunque poco, sus ganancias no eran muy grandes puesto que tampoco lo eran sus apuestas, el juego no era algo que la entusiasmara, pero en aquellos instantes era la mejor forma de pasar el rato.

Mientras tanto, Dorian, que se había separado de su señora, disfrutaba como un niño jugando a los dados, empezó con muy buen pie, grandes apuestas y aun mejores ganancias, las mujeres revoloteaban a su alrededor echándole miradas cómplices y deseándole suerte.

Aunque más avanzada la noche, lo que parecía una buena corazonada en una apuesta demasiado alta se la jugó.

Un Dorian decepcionado y sin blanca abandonó las mesas de juego en busca de su señora.

- Ya son casi las doce.

Giulietta se puso en pie y ambos se encaminaron tranquilamente a la terraza, donde empezaban a juntarse todos los presentes.


Una pequeña muestra de fuegos artificiales, venida desde la fuente, abrió la función. Éstos eran regulares, de varios colores que se abrían en una esfera parpadeante. Tras este pequeño aviso, las aguas de la fuente que formaban corrientes ascendientes en fila india, empezaron a cambiar de colores lentamente, reduciendo progresivamente la pausa entre color y color, hasta que éstos eran parpadeantes.

La fila de chorros de agua se sincronizó en una especie de "ola", que era acompañada por una marcha rápida de Mozart que resonaba por toda la zona, usando un sistema subterráneo que funcionaba de igual manera al que tenía instalado el cainita en el interior del casino. Esta ola discurrió varias veces, hasta que los chorros ascendientes se detuvieron de súbito.

Unas luces brotando de la superficie del agua acompañada de otros efectos, crearon una "cortina" que parecía ser un telón. La música entonces discurrió suave, y gracias a un juego de luces complejo, se pudo avistar la forma de un hombre, que parecía vestir una capa.

Éste se puso un yelmo y una espada, se subió a su caballo y empezó a cabalgar lentamente. Tras unos segundos, se detuvo de súbito, todos los sonidos del caballo, trote, movimientos del hombre y gestos, tenían una recreación de fondo bien conseguida.

La imagen de una damisela medieval aparecía a continuación. Una obra de teatro, donde la bella dama era presa de un malvado dragón, para luego ser rescatada por el noble caballero y su corcel, se dibujaba en cielo estrellado gracias a los efectos del agua, luces y focos.

Todo ello acompañado por la música de un piano, que adecuaba perfectamente la representación.

Finalmente, tras el fin de la pieza, hubo un momento de calma donde la música era la principal protagonista. Unos fuegos de todos géneros y colores iluminaron los cielos, formando diversas formas. Las luces dibujaron también varias siluetas entre ellas las de dos ángeles que representaron el fin de la actuación. La música se detuvo para dar paso a los aplausos del ganado, que eran siempre bien recibidos.

Una vez el espectáculo hubo terminado Giulietta no esperaba nada mas de la velada, así que decidió volver a su castillo huyendo de las vanas conversaciones con el resto de cainitas. Aunque busco a Contresco entre la multitud para despedirse, al fin y al cabo era el anfitrión, y la educación le obligaba a hacerlo.

Finalmente le diviso entre la multitud, se acerco a él y tras despedirse sin demasiadas florituras, Dorian y Giulietta salieron del local en dirección al castillo.

No hay comentarios: