lunes, 30 de mayo de 2005

Exposición en el Café

Clarisse llevaba tiempo pensando en volver a vender cuadros y tras unos días de ajetreo consiguió que todo estuviera listo para aquella noche. A las once se encendieron todas las luces y el espectáculo comenzó. Al poco, Vlad se personó en el local, vestido con un fino jersey negro de cuello alto, con una chaqueta marrón, y pantalón gris oscuro, con zapatos a juego con la chaqueta. No tenía grandes asuntos para esa noche, y estaba realmente interesado en alguna de aquellas obras, así que se dispuso a entrar en el local.

Se quedo algo paralizado al verlo tan vacio, permaneció en el umbral de la puerta esperando que no le pusieran trabas para entrar

¿Quizás es demasiado temprano? se preguntó, pero entró igualmente.

El sonido de pasos puso en aviso a Clarisse, que se acercó hasta la puerta con el mismo gesto neutro de siempre.

- Buenas noches Vladimir. - Dijo ligeramente sorprendida. - Sí que sois madrugador.

La mujer le ofreció la mano a modo de saludo al tiempo que le hacía un gesto para que le acompañase.

-A quien madruga Dios le ayuda - comentó mientras besaba suavemente la mano de la cainita en un gesto mil veces estudiado y repetido a lo largo del tiempo. Siguió a la cainita – incluso si eres un Condenado… Digamos que mis obligaciones me obligan a aprovechar el tiempo al máximo, pero supe de vuestra exposición y quise acercarme… - Espero no haber venido demasiado pronto... aunque bien pensado... tengo la oportunidad de ver vuestras obras más tranquilamente, e incluso comentarlas con vos antes de que estéis rodeada clientes... y en un momento dado, de poder hacer alguna oferta sin presiones.

Si le gustase el baile de máscaras que se traían entre manos la mayoría de los cainitas, hubiera fingido una sonrisa, sin embargo, su rostro permaneció con el mismo gesto sereno de siempre.

- Celebro vuestro interés en este arte, cada vez somos menos los que disfrutamos simplemente contemplando una imagen. - Dijo contestando a uno de sus diversos comentarios mientras llegaban ante "En algún lugar de la galaxia". - Si estáis interesado en alguna obra en especial decírmelo, será un placer comentarla con usted puesto que ahora estamos solos y no seremos interrumpidos.

La degenerada le miró con cierto brillo en los ojos que se podría interpretar como ilusión, a pesar de que el resto de su cara seguía pareciendo una máscara inerte.

- Bien, a decir verdad me llamó la atención "Atrapado". Pese a que el juego de perspectivas se me resistió, la imagen que vi en el diario me produjo una extraña sensación... quizás si pudiera verlo al natural, podría "extraer" algo más de su sentido.

La mujer asintió con la cabeza y con un gesto le indicó que avanzase pues un poco más adelante se hallaba "Atrapado" una lámina de tres realizadas en la misma técnica. Las tres estaban en la misma pared y enmarcadas de igual modo, con paspartú gris muy claro y marco fino negro, que resaltaba el realismo de lo dibujado. Eran de un formato que superaba un poco el folio y bajo ellas se hallaba una mesita para dos.

La primogénita observó los gestos del Arzobispo y esperó a que él dijese algo para comenzar con el comentario de la obra.

Vlad se concentró en el cuadro. Dejó la mente en blanco, y dejó que sus ojos vagaran por los trazos. Trató de extraer algo de los mismos, un sentido, un sentimiento, parte de lo que la autora había volcado al realizarlo. ¿A qué clase de confinamiento se refería? Procuró que su visión no se viera afectada por sus circunstancias personales, y su "particular forma" de ver las cosas.

Sentimientos y palabras rozaron su mente por un momento, de forma suave. Aunque se fueron rápido, las retuvo. Sería demasiado fácil hablar sobre lo que a él le inspiraba ese cuadro, por qué le interesaba, de quien sentía que era esa mano, pero prefirió esperar.

-Bien... ¿por qué esta técnica? ¿Qué sentido añadido se busca introducir al usar esta... perspectiva?

- Esa es la mano de Dios que no evita que mueran inocentes. La que mueve y domina las vidas de los creyentes y acaba por destrozarlas, porque no sé vos, pero yo sólo he visto un "milagro" y es que nosotros estemos aquí, contemplando un cuadro como si tal cosa cuando deberíamos de estar muertos. Es muy cruel. - Había dicho aquello totalmente en serio, no se guardó para sí lo que pensaba acerca de la Estirpe - Bueno, y ¿qué os sugiere?

Vlad se cruzó de brazos y reposó la vista sobre la imagen.

-¿Dios? Veo algo mas mundano en realidad- comenzó, mirando el cuadro fijamente - Soy, o eres, el ave que no puede emprender el vuelo, atrapada por la mano opresora, que la fuerza a quedarse en tierra, deformándola, aplastándola, y destruyéndola al fin. Intenta luchar pero no puede, le han cubierto el rostro para no ver a su verdadero enemigo, convirtiéndose su lucha en algo inútil, que solo consigue hacerle más daño. Clama pidiendo ayuda, pero su voz está rota, impedida por la máscara. Creo que las personas del final son los seres queridos, compañeros, amigos, lo que sea, cuyas vidas, o su destino, están ligadas al tuyo, o mío. Son arrastradas irremisiblemente por la lucha, y destruidas, al caer de las alas, por culpa del afán de lucha y liberación. Esas personas también piden ayuda, a veces no saben cómo, a veces simplemente te ruegan que dejes de luchar, y te dejes morir, para no caer y contar con una pequeña posibilidad de seguir existiendo. - Miró a Clarisse. No sabía si había hablado por él mismo, por ambos, o por las mil almas que descansaban dentro de la suya.

- Tenéis razón. Yo sólo he perfilado la imagen, ahora, depende de cada uno cómo quiera verla. No debería ser yo quien diga lo que es, o lo que a mí me parece puesto que sé lo que sentí al hacerlo pero, como casi todo artista, no sé qué perseguía con ello. Por eso me gusta el arte, porque no es exacto, es abstracto, puede ser lo que cada uno desee ver.

Se giró hacia Vlad cuando empezó a hablar y su mirada se fijó en él para continuar.

- Yo expresé así lo que dije antes, pero también puede verse como habéis dicho, o como la mano que juega a aplastar la libertad, que sería el amasijo que hay debajo. - Dijo mientras hacia un gesto con las manos señalando esa parte de la lámina. - O la huída de los esclavos de la mano del dueño...

Hasta los oídos de Giulietta llegaron las noticias de la inauguración de la exposición de Clarisse. La lasombra sentía una gran pasión por el arte, aunque la pintura no era uno de sus fuertes, sentía gran predilección por la escultura y sobre todo por la música. Pero creyó que si quería hacerse un hueco entre la sociedad cainita de la ciudad debía acudir. Además, el cuadro que la toreador le había regalado en su fiesta en el Castillo de Santiago llamo realmente su atención, quería comprobar si toda su obra era comparable a aquella.

Iba vestida con un traje de levita color crema y zapatos de tacón. Antes de entrar se detuvo y se dirigió a Dorian, quien la había llevado en coche hasta la galería.

- Espérame en el castillo, no creo que vaya a llegar muy tarde. - Giulietta se dio la vuelta mientras el joven mortal arrancaba y daba la vuelta siguiendo el mismo camino que hasta allí le había llegado.

La cainita abrió la puerta, aun con las gafas de sol puestas entro en la galería, solo vio al arzobispo y a la artista al fondo de la sala debatiendo animadamente frente a un cuadro. Le extrañaba mucho que aun no hubiera llegado nadie más, llegas demasiado pronto Giulietta..., pensaba para sí misma. Aunque también era cierto que la presencia de Vladimir allí era algo tranquilizador para ella. Vlad se giró al oír la puerta...

-Oh, mirad quien ha llegado – dijo en un tono absolutamente neutro.

La presencia de la cainita distaba de serle indiferente. Aunque no podía decir que le resultara totalmente agradable, ni tampoco desagradable en absoluto. Tras las noches que pasó en el castillo, Giulietta le habia visitado un par de veces para ver cómo seguía recuperándose. Habían sido unas visitas frías, algo distantes, quizá por simple ecuación y cortesía, pensaba Vlad. O por simple ambición, como le susurraban algunas de las voces.

Giulietta no pretendía interrumpir a los cainitas, pues parecían mantener una profunda conversación, por eso espero junto a los cuadros cercanos a la entrada, pero cuando el arzobispo reparo en ella se dirigió a la pareja.

- Buenas noches, espero no estar interrumpiendo nada. - Giulietta sonreía tímidamente.

Iba a contestar cuando vio a Giulietta acercarse. Se alegraba de que alguien más hubiese llegado, empezaba a pensar que tendría que vender todas sus obras al Arzobispo...

- Buenas noches señorita Strozzi, usted nunca molesta. Es más, ahora podremos comentar las obras que también le agraden a usted, si es que hay alguna.

Dejó esa frase como esperando que la vampira contestase con "me gusta aquella", y retomar la conversación acerca de su obra.

Giulietta se alegró de no haber sido un estorbo para los cainitas.

- Lo cierto es que sus obras me parecen bastante interesantes, especialmente una de las publicadas en el periódico llamada "Dando un Corazón", me ha encantado, y en el caso de que este a la venta en posible que este interesada en adquirirla...

La lasombra hizo una breve pausa y prosiguió.

- Veo que domináis varios estilos de pintura y que vuestras obras son un tanto variadas, eso dice mucho a favor de un artista. Al menos eso opino yo, para seros sincera la pintura no es uno de mis puntos fuertes, disfruto enormemente contemplándola pero desconozco mucho sobre de los términos artísticos y los estilos. - El tono de voz de la cainita era un tanto humilde.

- Admitir la ignorancia es la muestra de que se quiere aprender aquello que no se conoce. - Dijo la artista con un tono medio alegre, animando a la Sabbat. - Para hablar de un cuadro no es necesario meterse en camisa de once varas, con observar su temática y sorprendernos con ella, ya estamos dando un gran paso. - se dio cuenta de que la mujer llevaba aún las gafas de sol. - Si no os las quitáis, no podréis observar nítidamente las láminas. - dijo amablemente. Esperaba que Giulietta no se lo tomara a mal, pero allí no había motivo para ocultar sus llamativos ojos y a la morena le gustaba ver la expresión de los mismos cuando hablaba con alguien.

Giulietta ni siquiera se había dado cuenta de que aun llevaba las gafas de sol puestas, estaba tan acostumbrada a llevarlas que casi formaban parte de su anatomía. Se las quitó y guardó en el pequeño bolso que llevaba.

- Lo siento, no me había dado cuenta, la costumbre - La cainita sonrió.

La puerta del local se abrió, Luccian esta vez iba mejor vestido, con un traje gris con rayas más oscuras, una camisa azul oscura sin corbata, y elegantemente peinado. Al entrar echó un vistazo a ambos lados de la sala, levantando la mano en forma de saludo al ver de lejos a Clarisse.

- Disculpe. Ahora les presentaré al recién llegado y continuaremos charlando.

Luccian se dirigió a donde se encontraban los tres individuos, al llegar a ellos miro a la toreador:
- Encantado de volver a verla, una exposición muy interesante. - Luccian sonrió y miro a su lado a los otros dos cainitas. - Perdonadme, creo que no nos conocemos, mi nombre es Luccian encantado. - Hizo un gesto de saludo a ambos, primero a las mujeres y luego al hombre.

Giulietta correspondió al recién llegado con una sonrisa y le tendió la mano.

- Mi nombre es Giulietta Strozzi. - Dijo la cainita también con acento italiano, a pesar de que siempre lo ocultaba ya por costumbre, cuando se cruzaba con algún compatriota no podía reprimir el alegre acento.

Vlad escuchó el agradable acento de Giulietta. Mirando al recién llegado, tendió su mano abierta hacia él:

- Vladimir von Thremischek, un placer - dijo estrechando su mano.

- Antes de que llegarais, y antes de que llegara la Srta. Strozzi, comentábamos sobre esta obra, "Tú" - dijo señalando el cuadro. - Clarisse sabrá ilustrarles sobre la obra, su sentido, y su técnica. - permaneció expectante, aquella obra, y la relación de la artista con ella, le habían intrigado, quería saber más, y conocer algo sobre sus interlocutores a través de sus interpretaciones y opiniones.

- Espero no molestar Clarisse -dijo mirando ahora a mujer - por favor siga con la explicación, parece un interesante obra. - ... Luccian permaneció unos segundos mirando el dibujo con ojos entrecerrados, examinándolo bien, buscando algún detalle, pero sin moverse de su lugar, lo miraba desde su posición,

- Mmm... Tan sólo le decía al señor Thremischek que fue una obra por encargo para explicar nuestra naturaleza a un elegido para la Estirpe, puesto que no a cualquiera se le puede contar este secreto.

No entendía aún hoy, porqué el cuerpo muerto de aquella mujer con la boca llena de sangre y el rostro manchado por ella, había suscitado aquellas líneas, que notaba incompletas aún. El cuadro era para ella, lo pintó para ella y acabó con ella. Clarisse insistió que no era una buena idea, todos acababan igual.

Luccian siguió observando el cuadro tras la explicación de Clarisse:

- ...había conocido formas para explicar nuestra naturaleza, pero sin duda esta parece la más original, aunque parece realmente trágico - Luccian dijo esto con una sonrisa, en tono ironía, quitándole hierro al comentario suyo, aunque en su interior veía su existencia desde un punto de vista bastante trágico, se esforzaba para que los demás no vieran esa faceta suya.

Tardó un rato en responder, parecía sumida en sus propias reflexiones y las palabras de Luccian llegaron lejanamente a los tímpanos. Parpadeó un par de veces y al fin:

- No sé qué pensará usted, pero nuestra existencia es así, es trágica, es un dilema constante y una tristeza inmensa. El tener que, en la muchos casos, arrebatar vidas para que la nuestra siga adelante es, cuando menos... estremecedor.

Se había girado hacia el italiano y le miraba directamente a los ojos.

- ¿No lo cree así?

La mujer se cruzó de brazos y esperó su respuesta, mientras que el Arzobispo y Giulietta estaban en silencio.

Luccian quedo unos segundos mirándola y dijo aun mirándola a los ojos:

- Es cierto que en muchas ocasiones acabamos con la vida de los demás para seguir con nuestra existencia, es algo que no puede agradar a nadie el tener que matar para seguir aquí - Luccian volvió a mirar el cuadro - pero con el paso de los años nos acostumbramos a convivir con la muerte y es algo normal en nosotros - girando la cabeza un poco y en una voz muy baja murmura algo en italiano. Luccian vuelve a recomponerse y mira a Clarisse.

- Pero también opino que el estar aquí es porque lo deseamos, es decir aquel que no quiera seguir con esto tiene una opción a elegir muy rápida y sencilla... nadie sigue con esta existencia porque lo desee, eso creo yo, todo el que sigue aquí es porque tiene algo... algo que le hace querer estar en este mundo aun lo único que le da fuerzas para aferrarse a este mundo... o así es como lo pienso yo, en definitiva Clarisse, no creo que los que estemos aquí estemos solo por estar... aun así no creas que me agrada la idea de matar por seguir con esta falsa vida.

Las palabras del cainita afectaron al Arzobispo, que se sumió en sus pensamientos. No recordaba tener motivaciones duras, objetivos de importancia vital para él. Y además, no podía evitar matar cada vez que se alimentaba. Era un monstruo y lo sabía,...y lo peor era que, a diferencia del estereotipo Sabbatico, no estaba orgulloso.

Apretó los labios, mordiendo la parte de los mismos que quedaba dentro de su boca.
¿Pero iba acaso a dejarse morir en un amanecer? ¡NO! El no había elegido ser así, su Abrazo había sido fortuito y no buscado. No iba a abandonar por ser fruto de la irresponsabilidad y la locura de otros.

Por fruto del azar, del destino, o quién sabe, quizás porque era parte importante en el plan de alguien, había sido enviado como cargo del Sabbat a aquella ciudad. Y tenia ordenes. Ordenes que le importaran poco realmente. Prefería llevar su propia agenda. Pero estaba atado a aquel lugar, de momento.

Giulietta permanecía atenta a la pequeña discusión que estaba comenzando a alejarse cada vez mas de los cuadros... Desde luego la opinión de Giulietta era totalmente distinta a la de Clarisse...

- No creo que la vida sea tan trágica. Claro que tenemos que matar para sobrevivir, somos depredadores, y eso no es algo de lo que estar avergonzado, al igual que un león mata a una gacela o un águila a una cabra, nosotros matamos humanos. Algunos encuentran diversión en ello, otros lo ven como una simple necesidad, otros como una condena... cada uno tiene su punto de vista, pero no por ello nadie deja de hacerlo...

Giulietta era bastante tolerante, pero nunca le gusto demasiado ese aire de mártir que rodeaba a algunos de los suyos. Para la Lasombra matar era parte de su naturaleza.

El Arzobispo rompió su auto impuesto silencio.

- La diferencia, señorita Strozzi, y supongo que los demás estarán al menos parcialmente de acuerdo conmigo, reside en que en este caso, el depredador, nosotros - se puso una mano en el pecho - no necesitamos matar a la presa para alimentarnos. De hecho, díganme, salvo muy probablemente en el Abrazo, y cuando estaban cumpliendo órdenes... ¿cuántas veces estiman que fue realmente necesario matar a su víctima?

Era un bonito discurso, pero él mismo era incapaz de alimentarse sin matar. Lo sabía, y le reconcomía por dentro. Un tarado mental. Y un monstruo. Eso es lo que era. Y vivía cada día con ese pensamiento, ahogando las voces de los muertos en su mente.

- Tal vez no sea imprescindible que matemos para alimentarnos, cierto. Pero creo que son muy pocos los que al alimentarse, dejándose llevar por la sensación de poder, no han acabado con su victima... muy pocos - Al decir estas palabras Giulietta no se dirigió a nadie en particular, sabía que el arzobispo había matado al alimentarse, al fin y al cabo lo hizo en su presencia. Y ella misma lo había hecho cientos de veces, pero el momento requería la horrible generalización.

- Personalmente no veo nada malo en matar de vez en cuando a alguna víctima. Si, esto puede sonar un tanto macabro, pero es lo que hay, todos lo hemos hecho alguna y vez, y estoy casi segura de que todos hemos disfrutado de la experiencia en uno u otro sentido... - Cientos de imágenes y escenas fluían por la mente de la cainita a velocidad vertiginosa. - Creo que ese sentimiento de culpa que reprime a algunos es algo innecesario y si me permiten un tanto absurdo, seguro que aunque no nos acordemos en su momento tuvimos motivos para hacer lo que hiciéramos, que de esa acción sacamos conclusiones, ya fueran buenas o malas, aprendemos algo... el arrepentimiento me parece... como decirlo, ¿muy... humano?

La respuesta de Giulietta agradó en parte al Malkavian. El hecho de que hiciera su discurso de forma pausada y segura decía bastante en su favor. Habría esperado algo similar a una bravata sanguinaria. Sin embargo, el fondo seguía sin satisfacerle.

- Ojala pudiera encontrar consuelo y verdad en tus palabras, Giulietta - fue lo único que alcanzó a decir. Cruzó sus brazos sobre el pecho, y empezó a mordisquearse el pulgar izquierdo, lanzando miradas a toda la sala, de forma rápida, y sus interlocutores. Comenzó a balancearse ligeramente, adelante y atrás, y a respirar de forma acelerada.

Clarisse observó a Vladimir y se acercó a él, su mano tocó su brazo, extrañamente cálida, y se quedó allí apoyada mientras comenzaba a hablar. No sabía exactamente por qué, pero sintió que debía tener aquel gesto. Lo mismo porque había demostrado ser distinto, y eso decía mucho a su favor. La reacción del vampiro fue un ligero brinco que la alejó de ella. Se le veía bastante agitado.

- Algunos sentimos que somos más que depredadores, porque al fin y al cabo, todos hemos sido humanos y, como tales, hemos tenido cierta moral y cierto sentimiento de igualdad con los nuestros. Quizá sea por eso que muchos quieren aferrarse a ese hecho e intentar continuar con su vida de la forma más natural posible.

Había pronunciado aquellas palabras mirando al Arzobispo a los ojos, pero realmente hablaba con la vampiro. Se giró hacia ella y continuó, separándose del rubio.

- El arrepentimiento sólo está ahí para recordarnos que realmente somos lo que "comemos" nosotros podíamos haber sido aquel. Sin embargo, por caprichos del destino somos diferentes. Sin esa especie de conciencia que da la alarma en nuestra cabeza... ¿qué seríamos? ¿Sólo colmillos y sed? No creo que una existencia así pudiera acabar en buen puerto.

Ella misma estaba en aquella sala por ser demasiado cobarde como para acabar con todo, aunque infinidad de veces hubiese sentido el reclamo de Lorenzo.

Vladímir consiguió calmarse un poco, aunque estaba aun bastante nervioso. Las últimas palabras de la mujer no podrían expresar de forma mejor lo que él había pretendido exponer antes. Sin embargo, sintió un atisbo de una cara oculta, que difería de sus palabras. O quizás lo imaginó, por identificación empática. Sea como fuere, aquello le entristeció un poco.

Giulietta no perdió detalle de por lo que Vladimir estaba pasando, pero pensó que sería mejor dejarle que se calmara él solo.

- Si, una vez fuimos humanos, igual que las mariposas fueron una vez orugas, y no por ello dejan de volar.

La Lasombra sabia de sobra que no era necesario matar, pero para ella era uno de los pequeños placeres de la no-vida. Desde luego no era algo que hiciera a diario, cuando nos habituamos a algo pierde su emoción y deja de ser especial. La vampira se recreaba con recuerdos, unos viejos y otros no tanto de noches en las que lo único a lo que había dedicado sus horas era a alimentarse de un solo humano, en cierto modo le entristecía que algunos vampiros no pudieran vez la belleza en la caza. Para ella los humanos rara vez eran más que comida o seres de los que sacar algún provecho, desde luego había excepciones, como Dorian, pero no abundaban.

- A lo que me refiero es que a ya no somos humanos, ¿porque comportarnos como ellos? Los humanos también matan, y no me refiero a que lo hagan para alimentarse, si no por placer... en cierto modo, algunos puede que sigamos siendo muy humanos...

Una involuntaria y picara sonría apareció en el semblante de la cainita.

...Luccian miro a Giulietta y esbozando de nuevo una sonrisa dijo:

- Por más que muchos lo digan nosotros no somos humanos el comportarse como ellos es intentar ser algo que nunca seremos, no pienso que sea bueno ni malo, solo que somos distintos muy distintos. -Luccian se acerco un poco a la pared donde estaban los cuadros y empezó a mirarlos de lejos - este tema es algo conflictivo, el hablar de mortales entre seres como nosotros siempre acaba molestando a alguien, y hay muchos que no les gusta acordarse de lo que antes eran, no sé si se dará el caso pero muchas veces así ocurre.

Luccian hizo este comentario intentando cerrar este tema, era un tema que él estaba empezando a ver conflictivo, pues las reacciones de cada uno así lo hacían parecer, además a Luccian tampoco le gustaba hablar de los humanos como de un objeto, Luccian sabia firmemente que nunca volvería lo que antes fue, quizás ese sentimiento de no volver a ser lo que fue le moleste, Luccian siempre tuvo dudas respecto al tema de los mortales, pensaba que no debió haber empezado esta conversación, intentaría evadirla.

- Además estamos aquí para ver los cuadros de Clarisse, no para discutir la existencia de los mortales - Luccian hijo los ojos en el siguiente cuadro

Vlad, en su estado de semi-psicosis, sonrió al oír a Giulietta. Su metáfora de las mariposas y las orugas le resultó muy graciosa. El tic de su ojo derecho aumentó de intensidad, y su boca se torció en una sonrisa demente.

Sin embargo, fue Luccian el que apretó el gatillo del arma que apuntaba directamente a su cordura.

Conforme el cainita hablaba, Vlad se iba encorvando sobre sí mismo, haciéndose un ovillo, mientras reía. Al principio, fue una leve risa, pero fue aumentando en intensidad. Una risa maníaca, demente, histérica y nerviosa. Entonces sucedió.

Empezó a graznar.

Se irguió sobre sí mismo, y con la mano derecha imitando la forma de la cabeza de un pato, señalo con la otra mano a Giulietta. Con un gesto en la cara que podría interpretarse como de ligera irritación, graznó un par de veces a la cainita, abriendo mucho "el pico".

Cuando comenzó a ver la transformación del malkavian el brazo izquierdo de Clarisse se dobló y alzó. Chasqueó los dedos y las puertas del local se cerraron, pues no era recomendable que de aquello se enterasen más que los presentes.

Después se giró a Luccian, y entonces se explayó, gritando los graznidos y señalándolo descaradamente con la mano izquierda. La cabeza de pato se agitaba frenética, adelante y atrás, abriéndose y cerrándose, en asombrosa coordinación con los graznidos. La cara del Arzobispo tenía el ceño fruncido, gesto torcido, y ojos iluminados, todos los signos de un cabreo monumental.

Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cu Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cuaaaajk cuac cuack cuaaaajk Cuajk cuack cuack cuaaaaajck cuajc cuac cuack cu!!!!

Cuando terminó, se quedó parado, mirando al suelo, respirando pesadamente, como si hubiera hecho un gran esfuerzo físico. Poco a poco, su mano derecha fue bajando, y volviendo a una posición relajada.

Giulietta presencio anonadada la actuación del arzobispo... había presenciado ataques de locura anteriormente, pero esto era totalmente nuevo para ella: ¡es un puñetero pato!... no me extraña que la gente no le tome en serio...

La vampira al principio estaba mas que desconcertada, cuando "el pato" la señalo no pudo evitar retroceder un paso con una mueca mezcla de asombro y algo de temor, aunque cuando "el pato" se dirigió a Luccian se vio incapaz de reprimir una ligera carcajada interna, le resultaba de lo mas comico ver a un alto cargo del Sabbat haciendo el ridiculo de semejante forma, en el fondo lo encontraba hasta divertido. Supongo que esto es mejor que algunos de esos políticos chupasangres que nos controlan, al menos este tiene su gracia, pensaba la lasombra.

Cuando pareció que el pato se había ido, al ver a Vladimir tan exhausto hizo el ademan de acercarse a él para ofrecerle apoyo, dio un paso al frente y alargo un brazo hacia el malkavian, pero finalmente prefirió volver a su sitio, debía controlarse solo.

La mirada de Clarrisse se mantuvo sobre Vladimir en todo momento con su gesto de siempre, pero algo era diferente en aquellos ojos observadores, como si compartiese parte de su tormento, sin burla, ni sorpresa, ni admiración, simplemente como a una persona.

Se acercó a él lentamente, no por miedo, sino porque él se había alejado de ella antes y, suponía que sería por algo. Cuando le notó calmado extendió un brazo hacia él con la mano abierta.

- ¿Se encuentra bien?

Quizá no era la pregunta más inteligente del mundo, pero aquel silencio tras la tormenta rompía sus tímpanos como campanas doblando en día de boda en una gran iglesia.

Vlad apretó los dientes con rabia. Había sido dominado sin darse cuenta, por las simples palabras de un cainita. Había perdido el control, y las consecuencias serían catastróficas... su autoridad se vería seriamente afectada por esto, sobre todo cuando comenzara a circular la historia del "Pato Vampiro". En una serie de dibujos animados infantiles vale, pero él, aquí, ahora. Que desastre...

Y luego estaba Giulietta. El poco respeto que le tuviera, y la imagen que ella se hubiera hecho de él, quedarían totalmente diluidos por esto... Eso no iba más que a complicar las cosas. Hacia mucho que no sufría un episodio como este de enajenación mental... se había dominado bastante bien. Hasta ahora. Maldita fuera su alma una y mil veces. Se irguió, como si nada hubiera pasado. Miró a Clarisse, y carraspeó.

- Ehm, si, gracias, ya estoy bien... ¿por donde íbamos? - Dudaba mucho que colara el viejo truco de "aquí no ha pasado nada". Pero tenía que intentarlo...

- Íbamos a comentar la siguiente obra puesto que de esta ya hemos hablado bastante... - Clarisse lo dejó pasar, aliviada porque la cosa no fuese a más. Las puertas del local se abrieron discretamente, aunque dudaba de que fuese a llegar alguien más.

-Bi-bien entonces... me resultaron interesantes las obras de temática inquisitorial. Si no es molestia, y nadie tiene objeción alguna, me gustaría continuar por allí. - Continuó Vladimir. Debía actuar rápido, y desviar la atención a otro asunto, antes de que a nadie se le ocurriera hacer ningún comentario o pregunta del que acabara arrepintiéndose.

Espero que esto sea la calma que sigue a la tormenta y no el inicio de una tempestad... pensaba Giulietta. Muy hábil y considerado cerrar las puertas por parte de Clarisse... espero que sea igualmente prudente con este acontecimiento cuando salgamos de aquí... y que Luccian haga lo propio....

Giulietta se dirigió a los cuadros a los que hacia mención el arzobispo como si la breve charla y todas sus consecuencias no hubieran sido más que un mal sueño, esperaba que alguien comentara las obras antes de dar su sincera pero a la vez simple y poco profesional opinión de ellas, pues a pesar de su gran interés por la Inquisición por toda Europa la única opinión consistente que podría dar seria en sentido histórico, y no artístico.

- Estas obras son realmente interesantes, en mi opinión no solo por el componente artístico, si no por su significado y lo que haya podido inspirar a la artista. - Dijo Giulietta mientras con una voz tranquila alternaba la vista con las obras cercanas y los presentes.

- Clarisse, este cuadro es bastante bueno... ¿como lo titulais? - preguntó Luccian.

- "A la hoguera", es un título que no deja dar mucho de sí a la obra, pero es lo que plasmé realmente, ¿no?

Las sombras alargadas continuaban estando allí. Vlad casi pudo oír los gritos de aquellos que se quemaban y sentir el calor de las hogueras. Ella había estado allí, había sido testigo de la fe ciega y lo maleables que son los humanos.

- Eran tiempos muy diferentes, o eso dicen. Sólo quise expresar lo que debieron ser aquellos castigos públicos. - La mujer había estado mirando al cuadro momentáneamente, luego fijó su mirada en la de Luccian, que quedó mirando a Clarisse durante un rato, pensativo. - Muchos cayeron en el fuego... - volvió a mirar el cuadro. - Fue una época muy dura para muchos, pero ya paso, no hay que preocuparse más.

Luccian volvió a mirar hacia Clarisse.

- Me gustan sus cuadros, tenéis alguno personal, ¿algún retrato de alguien en especial?, dice que cuando se retrata a alguien especial, se plasma más de lo normal, normalmente son cuadros muy interesantes.

- Las hay. Hay obras personales que sólo al mirarlas yo pueden transmitir algo, sin embargo... no hay un retrato de alguien especial, puesto que no conozco esa palabra aplicada a una persona, tendrá que disculparme. - Bajó la vista en señal de disculpa. Su tono de voz, sin titubeo, revelaba que estaba diciendo la verdad y su rostro estaba tan relajado e imperturbable como el mármol blanco de una estatua, sin embargo, al mirar en lo profundo de sus ojos, Luccian pudo percibir un atisbo de tristeza, quizá producida por la dura realidad de sus palabras. ¿Qué escondía la toreador tras aquel frío semblante? - Sin embargo, dispongo de más colecciones, de diversa temática, aparte de esta. Si me avisan con antelación, podré hacer una pequeña exposición privada para ustedes.

Giulietta permaneció como ausente durante la breve charla entre los vampiros, realmente no tenía nada en mente, aunque en lo profundo no hacia más que darle vueltas al incidente del arzobispo, aunque era algo tan imperceptible que ella misma a penas se estaba dando cuenta. Con la pregunta de Clarisse volvió a la realidad.

- Bueno, si es cierto que tu galería esta atestada de cuadros a mi no me importaría ayudarte a rebajarla... realmente creo que tienes talento y el cuadro que me regalasteis necesita algo más de compañía. - La Lasombra sonrió con cortesía.

- Es un honor para mí el escuchar esas palabras, quizá otros ángeles puedan acompañar al que os regalé. He pintado muchos de ellos, lienzos, láminas... son unas criaturas fascinantes, sin duda. - No pareció muy entusiasmada con la idea en sus gestos, pero sí en la medio alegre entonación que le dio a las palabras. Era una vampiro distante. - Por encargo también puedo hacer lo que me pidan, casi cualquier cosa, pero me temo que los materiales tendrán que proporcionarlos ustedes si son algo especiales. - La morena miró al Arzobispo, el único que no se había pronunciado tras su ataque.

- La verdad, estaría interesado en adquirir algunas de las obras que ya hemos visto. Si lo prefiere, podríamos terminar de verlas todas, y después pasar a los negocios. ¿Qué opinan? - dijo esto ultimo dirigiéndose a los otros dos, pero mirando a Giulietta principalmente.

La mujer se limitó a asentir con ganas de que la otra pareja de vampiros interviniera en la conversación.

Pero nada más que banales conversaciones tuvieron lugar el resto de la velada, que terminó con la compra de algún que otro cuadro por parte de todos los asistentes.

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