domingo, 1 de mayo de 2005

Horror en las Profundidades XVI: El despertar tras la pesadilla


El día trancurrió sin incidentes mientras Vladimir y Giulietta descansaban.

Unos minutos después del amanecer la vampira abrió los ojos. Se encontraba bastante bien, mas tranquila y descansada que las noches anteriores. Se puso unos vaqueros y una camisa blanca antes de salir de la habitación hacia su despacho. Se acercó al armario del fondo y sacó dos botellas de vitae.

Mientras tanto Vladimir se incorporaba en la oscuridad de su habitación, al oir pasos acercarse por el pasillo supuso que sería Giulietta.

La lasombra llamó a la puerta.

- Adelante, - dijo en un debil tono de voz, aunque mejor que el de la noche anterior.

La vampira entró en la habitación y se sentó en el sillón junto a la cama del malkavian.

- ¿Cómo os encontráis esta noche? - dijo con una sonrisa mientras dejaba las botellas de sangre sobre un pequeña mesa.

- ... algo mejor... gracias - dijo mirando las botellas y después a la cainita. - ¿Y vos? - preguntó por cortesía, se la veía bien, mejor que él, de hecho. Lo cual no era dificil.

La mujer ayudó a Vladimir a incorporarse del todo.

- Tomad, os sentará bien. - Le tendió una de las botellas pasando por alto la pregunta del malkavian - Seguro que dentro de unas horas os encontrareis mucho mejor - afirmó con una sonrisa. Giulietta miró los hombros de Vladimir mientras este bebía, parecía que aquellas protuberancias oseas habían desaparecido del todo, quedándo tan sólo un leve mancha que pronto desaparecería.

Conforme el malkavian bebía, se sintió mejor. Apenas debía quedar sangre de homo chiroptera en su cuerpo, pero la cabeza seguía dolíendole. Como si tuviera resaca. Se frotó las sienes. Creía recordar haber soñado durante el día, pero no podía recordarla. Su cuerpo debía estar demasiado ocupado curando heridas y descansando como para acordarse de un simple sueño.

Se miró las heridas, evolucionaban bien. Apenas quedaría marca de las más profundas. Seguían teniendo mal aspecto, pero iban a mejor, y eso era lo que contaba. De vez en cuando, de alguna salia un poco de sangre.

- Gracias por vuestra hospitalidad, Giulietta. - la miró directamente a los ojos, y después paseo la mirada por la habitación. - ¿Qué fue lo que pasó? Recuerdo hasta que me enfrenté al homo chiroptera, - la cainita le miró raro cuando mencionó a la bestia - y después, caos, sangre, dolor, y despertar en esa habitación del sótano, -la miró arqueando una ceja - encadenado. - el gesto de la cainita se volvió algo más grave.

- ¿Homo chiroptera? - preguntó la mujer extrañada - supongo que os referís al nictucu... fuisteis un insensato al enfrentaros a una criatura como esa... obviamente entrasteis en frenesí, perdisteis el control absoluto... y nosotros llegamos demasiado tarde para impedir que os alimentarais de aquel ser... su sangre os transformó en un montruo sediento de sangre.

La mujer apoyó los codos en las rodillas inclinándose hacia delante. Observó ahora el pecho de Vladimir y se fijó en la herida que más tiempo tardaría en cicatrizar del todo. Continuó hablando.

- Apareció otro nictucu... aún no se como pero también fue derrotado... momento en el que tomé la decisión de... pararos los pies por decirlo de algún modo - dijo señalando su pecho - comprended que no tenía otra opción, debíamos salir de allí lo antes posible...

Parecía que le costaba continuar, pero aún así lo hizo...

- A la noche siguiente os encadené donde despertasteis anoche y... os hice una sangría para eliminar toda la sangre del nictucu que fuera posible - sentenció Giulietta, se quedó mirando al malkavian esperando su reacción.

Vladimir miró hacia delante. Lo que acababa de oir cuadraba, tenía sentido. Así que era la sangre del nictucu lo que le provocaba los dolores de cabeza... y a saber que más. Había algo de interes en todo aquello... pero prefirió dar un pequeño rodeo.

- Nictucu, nictucu... ¿sabeis algo sobre esas criaturas? - dijo mirándola, mientras se acariciaba alrededor de la herida del pecho que miraba Giulietta. - Su tóxica sangre todavía hace que me duela la cabeza, y dado que maté a uno de ellos alimentandome de él, temo que pueda dejarme... secuelas. - dijo llevandose un dedo a la sien.

Giulietta ladeó la cabeza...

- Los nictucu se supone que son criaturas ancestrales... creados por el mismísimo Nosferatu para acabar con su propia progenie - suspiró - hay muy poca información sobre ellos... de hecho muchos piensan que son solo un mito, yo también lo pensaba... por tanto no tengo ni idea de los efectos que puede causar su sangre en un cainita, pero lo que ví ahí abajo no me gustó nada.

Miró fijamente a los azules ojos de Vladimir.

- Esperemos que los efectos de su sangre remitan en las próximas noches y todo se quede en un mal sueño...

- Si, esperemos... - el malkavian se quitó el pelo de la cara, se humedeció los labios y miró a la cainita. - Bien... Giulietta, una duda me asalta... - se aclaró la garganta - me habeis tenido cautivo, encadenado, y paralizado. A vuestra merced. ¿Considerasteis la posiblidad de matarme? ¿De diabolizarme? - vió el gesto alterado de la mujer - Es decir, que esté aqui, vivo, ya dice mucho, pero, sois miembro del Sabbat, y yo tengo curiosidad...

El rostro de la lasombra se oscureció levemente.

- Teneis razón, tendría que haber aprovechado la oportunidad, tendría que haberos diabolizado , tendría que haberos matado brutalmente y esparcido vuestras cenizas por La Salle... - mientras hablaba cerraba las manos en tensión - a estas alturas ya sería la nueva arzobispo de la ciudad... es lo mismo que hicisteris vos con Alcázar, así os hicisteis con el cargo... alegraos de que no seguí vuestro ejemplo.

Se irguió y abrió nuevamente las manos posándolas sobre sus piernas.

- Debería bastaros con saber que a pesar de haber tenido la oportunidad de acabar con vos no lo hice, no hagais que me arrepienta... excelencia.

El arzobispo notó la irritación de la lasombra. Debía haber sido muy duro resistir la tentación, y más con su sed de poder. Fuera por lo que fuera, el que no lo hubiera hecho daba una nueva dimensión a las cosas. Ahora, tenía que intentar aplacar a la cainita.


- Creeme, Giulietta, te lo agradezco.
- dijo, poniendo su mano sobre una de las de Giulietta, dio una suave palmada sobre esta, y la retiró - en adelante, procuraré no solo que no te arrepientas, si no que te alegres de no haberlo hecho. - sonriendo, miró hacia la ventana.

La lasombra asintió suavemente, le desconcertaban esos cambios en el trato con los que la sorprendía el arzobispo ocasionalmente, aunque no parecían molestarle. Se puso en pie y se acercó a la ventana a la que miraba Vladimir, descorrió las túpidas cortinas permitiendo que la tenue luz de la noche entrara en la habitación. Se quedó mirando por la ventana unos instantes pensativa.

- Espero que mi curiosidad no te haya hecho enfadar. - dijo, siguiendola con la mirada. - Si quieres, puedo decir a Ambrosio que prepare todo para que me marche de aquí, no quiero abusar de tu buena voluntad. - Sabía que aún apenas era capaz de moverse, pero queria ofrecer a Giulietta la oportunidad de quedarse tranquila en su castillo, sin que se enfrentara al dilema de echar al arzobispo de su morada.

- No es necesario, al fin y al cabo estás en tu casa - contestó con una sonrisa - además, preferiría seguir de cerca tu evolución, aún hay sangre del nictucu en tu cuerpo...

La mujer se separó de la ventana y se acercó nuevamente a la cama donde descansaba Vladimir.

- Además, el arzobispo no debería estar desprotegido, en tu estado eres un blanco fácil.

El arzobispo sonrió y arqueo una ceja. Un blanco facil para ti, Giulietta, pensó, aunque prefirió guardarselo y borrar ese pensamiento de su mente. Si la cainita no le habia matado cuando pudo, no tendria mucho sentido que lo hiciera ahora. Quería confiar en ella. Escuchó algunas de las vocecillas reir de forma infantil en su cabeza. Las acalló como pudo, giró la cabeza hacia la mujer y miró a sus flamígeros ojos.

- Gracias por volver a la cueva a por mí. - sonó sorprendentemente sincero, esbozó media sonrisa - Creo que me habría vuelto loco pasando la eternidad ahi abajo.

- ¿Cómo no iba a hacerlo? - preguntó divertida, no pudo evitar reirse, sobretodo al pensar que lo más lógico en su situación hubiera sido no hacerlo. - Seguro que tu hubieras hecho lo mismo por mí. - Dijo guiñándole un ojo al malkavian.

En el fondo estaba bastante segura de sus palabras, al fin y al cabo Vladimir era quien salía ganando con que Giulietta siguiera con vida; aunque debido a los cargos que ocupaban cada uno, el beneficio no era recíproco.

- Será mejor que descanses un poco más, volveré dentro de un rato con más provisiones. - Dedicó una tranquilizadora sonrisa a Vladimir y comenzó a caminar hacia la puerta.

Vlad se despidió de ella con un gesto, y la siguió con la mirada conforme abandonaba la estancia. Cuando se hubo marchado, se quedó mirando la herida del estacazo. De una forma u otra, le debia su pellejo a Giulietta. No terminaba de comprender porque no le habia matado y ocupado el puesto. Hubiera sido tan fácil, y ella tenía tanto interes... Quizá su plan era más enrevesado aún. O no había plan, y habia sido un gesto de puro altruismo. Sonrió para sí con la ultima idea, por creerla improbable. No tenía forma de saberlo, así que solo le quedaba esperar.

Sonó la puerta, y Ambrosió entró en la estancia.

- Mi señor, ¿cómo os encontrais? - preguntó preocupado.

- He pasado por cosas peores, creo. Pero de momento bien. En más de un sentido, hay que esperar para ver por donde evoluciona esto. ¿Cómo es que anoche estabas tu aqui? ¿Te avisaron?

- No, vine por mi cuenta, pensé que la señora Giulietta podría saber algo. Cuando los vi aqui, me preocupé aún más. - el humano hablaba apresuradamente - Y cuando me dijeron que usted estaba aqui, malherido, casi provoco un conflicto armado, y...-

- Esta bien, Ambrosio, esta bien - el malkavian le detuvo - estoy bien, estás bien, y no parece que estemos en territorio hostil. De momento, basta con eso. - el humano asintió. - Ahora, quiero que intentes ayudar en las labores de este castillo, mientras yo esté aqui. Debemos compensar a nuestros anfitriones. Una cosa más, bueno, varias. - el humano puso más atención - necesito que vayas a La Salle, y me traigas ropa, algo cómodo. El neopreno ha visto mejores días. Trae también mi diario, se que sabes donde lo guardo. - el humano pareció ofendido - trae también la pequeña caja negra de la mesa de mi despacho, y los enseres para alimentarte. - la cara del humano se iluminó.

- Si, señor, ¿algo más? -dijo levantandose y yendo a la puerta.

- No, de momento.

Cuando el humano se marchó, Vlad se estiró dolorosamente hacia la mochila donde estaban las pocas pertenencias que pudo salvar de la cueva. Tomó su cuaderno, el diario de Lucerna, y se puso a repasar las notas, y a comparar los mapas.

Giulietta pasó gran parte de la noche en su despacho, tumbada en el diván con un libro en las manos, ojeando las páginas más que leyendo, con la mente perdida en pensamientos que no terminaba de comprender. Lo más extraño era que no se arrepentía de su decisión, que no deseaba haber matado a Vladimir...

Dejó el libro sobre el diván y caminó hacía la puerta, al salir del despacho se cruzó con Ambrosio que acababa de llegar cargado con un par de maletas. Dorian se acercó a la entrada al oir la puerta y ayudó al mayordomo. Giulietta se limitó a mirarles... y continuó andando hacia el salón de baile, necesitaba tener las manos y la mente ocupadas.

No había entrado allí desde la fiesta del mes anterior... cuanta cosas han pasado en tan poco tiempo... se acercó a la zona de la orquesta y apartó la pesada tela que cubría el piano, un bello Érard de madera de palisandro, rozó las teclas de marfil con los dedos y sentó. La música comenzó a salir armoniosamente de las cuerdas... era la sonata nº8 de Beethoven, la Pathétique.

Ambrosio llegó a la habitación donde descansaba su señor con las maletas, y comenzó a sacar objetos de las mismas conforme este se las pedía. Pronto, Vladimir tenia a su alcance su diario, un libro no muy grueso de tapas negras rugosas, con un pequeño pero robusto candado que lo mantenia a salvo de miradas indiscretas, así como otros objetos que solian poblar la mesa de su despacho en La Salle.

Indicó a Dorian y Ambrosio que movieran una gran mesa de madera que habia en la habitacion para ponerla junto a la cama. Dolorosamente, se movio en la cama para poder trabajar en la mesa mientras seguia sentado, y desplegó un arsenal de lapices, reglas y diverso material de dibujo.

Ambrosio dejó un pantalon de deporte corto sobre la cama, y guardó algo mas de ropa en el armario. Indicó a Dorian que podia marcharse si quería, puesto que ya podía encargarse el del resto. Cuando el otro humano se fué, sacó un vial de su chaqueta, y carraspeó.

Vladimir se dio la vuelta, y extendio la mano para coger el vial y el pequeño puñal que Ambrosio le ofrecía. Lo puso bajo su muñeca, y se practico un corte. Cuando el vial estuvo lleno, cerró la herida con su saliva, y pasó los instrumentos a Ambrosio, que bebió ávidamente el contenido del vial.

- Mucho mejor así, -dijo- gracias, señor.

- Puedes retirarte, Ambrosio, quiero trabajar un poco.

- Como deseeis.

Cuando el humano se marchó, Vladímir desplegó su cuaderno con los mapas y anotaciones que realizó en la cueva, junto con el cuaderno de Lucerna, y se dispuso a unificarlo todo en un A3, mientras escuchaba la melodía de piano que resonaba en todo el castillo.



Giulietta continuó tocando sonatas al piano... Schumann, Grieg, Chopin... con los ojos cerrados, dejándose llevar al compás de la música, sus pies descalzos en los pedales, sus finas manos acariciando las teclas con firmeza. Las sombras del salón empezaron a tomar forma y a bailar en las paredes de la estancia, sus formas representaban las emociones de la cainita a corde con las notas que salían del piano.

Totalmente ajena al mundo que la rodeaba, con la mente en blanco, pasaron tres horas cuando dejó de tocar, terminando con el Diciembre de Las Estaciones de Tchaikovsky, estaba cansada, abrió los ojos, se calzó y permaneció unos minutos sentada ante el piano. Salió de la habitación y subió las escaleras en dirección a la habitación de Vladimir.

- Ambrosio, te he pedido que no me molestes...

El vampiro estaba demasiado absorto en su empeño de conseguir un mapa unificado de la cueva, como para haberse dado cuenta de que la que habia entrado era Giulietta. La cainita esbozo media sonrisa y arqueo una ceja, y dio la vuelta a la cama para ver lo que estaba haciendo, mientras observaba las cicatrices de la espalda del arzobispo, aún estaban terminando de cerrarse, con suerte en un par de días desaparecerían del todo, aunque había algunas marcas más oscuras, aquellas zonas de donde habían surgido los apéndices óseos, esas tardarían más en curar...

- Ya que estás, podrías preguntar a Dorian o a Giu si sería posible que me alimentara esta noche. - la cainita se paró justo al lado de la mesa, con los brazos en jarras, Vlad levantó la cabeza de la mesa - Oh ... eres ... - fue lo unico que acertó a decir, con una mezcla de torpeza y sobresalto, al encontrarse dos llamas verdes donde esperaba ver un craneo afeitado.

Giulietta sonrió. Se le había olvidado llevar más alimento a Vlad, observó las dos botellas de vitae, ahora vacías, sobre la mesa, miró nuevamente al vampiro, debía estar hambriento, las siguientes noches necesitaría mucha sangre con la que terminar de curar sus heridas.

- Venía a ver que tal estabas, pero ya veo que te encuentras mejor, - comentó hechando un rápido vistazo a los papeles del escritorio - pareces ocupado. Voy a por la cena, ahora vuelvo.

- Ah, bien, gracias - Vlad sonrió levemente, algo nervioso. Observó como la cainita se marchaba de la habitación, girándose todo lo que sus heridas le permitían.

La lasombra salió de la habitación y volvió unos minutos después de la mano de un joven de unos diecisiete años, Vlad creía recordarle de la noche del ritual. Giulietta le acercó a la cama para que el cainita puediera alcanzarle con facilidad. Dió un paso hacía atrás y permaneció de pie unos instantes, titubeando, dudando entre quedarse o dejar a Vladimir a solas.

- Quédate - pidió el vampiro. - será solo un momento.

Giulietta tomó asiento en el sillón al otro lado de la cama mientras Vlad se alimentaba. El vampiro tomó de la mano al muchacho, y lo sentó a su lado. El chico olía raro, pero ello no le importó lo más minimo a la hora de hincarle el diente a su joven cuello. Mientras se alimentaba, miró un par de veces a Giulietta, que le observaba sin perder detalle. Se sintió mucho mejor conforme sentía la sangre nueva fluir por su cuerpo. Una vez saciado, curó la herida del cuello del muchacho, y lo apartó de su lado con amabilidad, haciendo que se levantara y se hiciera a un lado.

Una vez Vladimir hubo terminado Giulietta se puso en pie y se sentó al borde de la cama a su lado.

- Parece que la recuperación va bastante bien - miraba las cicatrices del cuello y los hombros, fue bajando la mirada para centrarse en la cicatriz que la estaca había dejado en su pecho, torció un poco el gesto, una brizna de pesar se podía intuir en su mirada. Volvió a mirar a los ojos del malkavian. - ¿Cómo te encuentras?

- He estado peor. - sonrió candidamente a Giulietta, mirandola a los ojos.- Esta vez por suerte los de mi Estirpe estaban para ayudarme en lugar de para inflingirme dolor, - se acordaba de sus dolorosas experiencias con sus superiores Tzimisce, y su gesto se oscureció por un momento. Miró a los ojos de Giulietta, que parecían algo atribulados. Dudo entre preguntarle, o pasar por encima de ello - Mira, he estado trabajando en un mapa de la cueva, en base a mis anotaciones - le mostró el A3. - gracias al diario de un explorador muerto que encontré allí abajo, he podido completarlo - cogio el diario de la mesa, y se lo extendió a Giulietta - quizás quieras leerlo, el final es bastante interesante. Al parecer hay dos galerías aun por explorar, pero una tiene la entrada bloqueada y el suelo de la otra es muy inestable, así que no se si merece la pena volver a bajar, teniendo en cuenta la posibilidad de que haya mas nictucus....

Mientras hablaba, se dio cuenta de que la cainita seguía teniendo la mirada triste, casi distante. En un arranque de algo así como arrojo, acarició su mejilla con el dorso de una mano.

- ¿Te encuentras bien?

Giulietta estaba ensimismada, escuchaba hablar a Vladimir pero sin prestarle toda su atención, hasta que acarició su cara... en ese momento la lasombra pareció volver a la realidad, estaba sorprendida, tanto por el gesto del malkavian como por el hecho de que le hubiera agradado... sin saber muy bien porqué, concentró su sangre para hacer que su rostro cobrara algo de vitalidad, haciendo que la fria mano del vampiro sintiera el calor humano.

El vampiro sintió un leve calor en su mano, e hizo lo propio con su sangre. Acariciaba el pómulo de la vampiresa con su dedo pulgar, mientras sus dedos descansaban en su cuello. Sus rostros estaban algo mas cerca. Agitado, en silencio, sin saber que decir, simplemente miraba expectante a los ojos de Giulietta, que parecía haber vuelto a la realidad. Incluso las voces habían callado, expectantes.

La mujer miraba fijamente los ojos de Vladimir, levantó la mano lentamente, acercándola a su cara. Cuando la yema de sus dedos estuvo a punto de rozarle alguien llamó a la puerta, la lasombra bajó la mano y se apartó del vampiro, quien atizó a vislumbrar un atisbo de desconcierto en su mirada. Giulietta dio paso a Dorian con una sola palabra:

- Adelante.

El joven abrió la puerta y entró en la estancia dejando la puerta abierta tras de sí.

- Buenas noches - saludó el mortal. No parecía esperar a Giulietta allí. - Venía a ver si el arzobispo necesitaba algo... - titubeó.

Mientras hablaba Giulietta se puso en pie y se acercó al joven mortal de mirada perdida que aún esperaba en la estancia y le cogió de la muñeca.

- Creo que todo está bien por aquí, será mejor que le dejemos trabajar tranquilo - dijo caminando hacia la puerta y señalando el escritorio lleno de papeles junto a la cama con la mano libre. El joven, inclinó la cabeza despidiendose de Vladimir y salió de la habitación.

- Si necesitas algo... - dijo antes de salir. Vladimir no acertó a decir nada.

La lasombra salió cerrando la puerta con ciudado. Miró al joven humano directamente a los ojos y este comenzó a caminar escaleras abajo. Aún faltaban un par de horas para el amanecer, bajó a su despacho, antes de llegar al escritorio se detuvo ante el espejo que colgaba en la pared y permaneció unos minutos de pie, inmóvil, contemplando la estancia vacía.

Vladimir se quedó pensativo frente al escritorio. ¿Qué acaba de pasar?, se preguntaba. Echó un nuevo vistazo al plano, y le dio la impresión de que aquello no tenía mucho sentido. No el plano en sí, que era más o menos correcto, sino el haberlo hecho. Se recostó en la cama, con el torso apoyado en el cabecero. Se sorprendió mirando la mano con la que habia tocado a Giulietta. Frotó el pulgar contra el índice, mirando al vacío, y se llevó la mano bajo la nariz. Frunció los labios y los hizo chasquear, en un gesto de frustración.

Se tocó la cicatriz del pecho con esa misma mano. Evolucionaba bien, o eso parecía... Se tumbó completamente en la cama. Mañana será otro día.

De repente Giulietta sintió la imperiosa necesidad de destrozar el espejo, ese espejo que se negaba a reflejarla... cerró el puño con fuerza, debía contenerse. Apenas recordaba su rostro, no recordaba como era su forma de moverse, no sabía ni como eran ahora sus propios ojos... desde su abrazo había acudido a muchos pintores para que la retraran, pero nunca se reconocía a sí misma en los lienzos...

Acostumbrarse a esa sensación y aprender a restar importancia al hecho de no tener reflejo era el único motivo por el que había espejos en el castillo, aunque por mucho tiempo que pasara rodeada de ellos, en ocasiones esos sentimientos resurgían. Ahora ni siquiera se veia a sí misma en sus acciones o emociones.

Vlad se revolvió en la cama, con los ojos abiertos. Se incorporó, y alargó la mano hacia una de las maletas que le trajo Ambrosio, de la que sacó varias piezas con las que montó un par de muletas. Se quitó el neopreno de una maldita vez, y se puso los pantalones deportivos cortos que le trajo Ambrosio.

Con un quejido, se incorporó sobre las muletas. Notó que posiblemente se le había abierto alguna herida de la pierna, pero lo ignoró. Se dirigió hacia la puerta, y todo lo silenciosamente que pudo - si Ambrosio le viera entraria en cólera - bajó por el pasillo y las escaleras.

Hasta el fino oído de Vladimir llegó un ruido, sonaba como si algo se hubiera roto en el piso de abajo. Cansado por el esfuerzo, y concentrándose para que las heridas de sus piernas volvieran a cerrarse, el vampiro llegó a la planta baja. Miró a los lados del pasillo, e identificó por donde estaba el despacho de Giulietta. Esperaba encontrarla allí, no tenía cuerpo para dar muchas más vueltas. Llegó hasta la puerta, llamó y abrió, encontrandola sentada en el sofá de su despacho con un libro en las manos, una copa de vitae a medias en la mesa, y el suelo lleno de cristales rotos, algunos manchados de sangre, al mirar a la pared vio el gran espejo hecho añicos.

La lasombra bajó el libro al oir los golpes en la puerta, se puso en pie al ver que era Vladimir quien había llamado, sorprendida se puso en pie y se acercó rápidamente a él.

- Aún no deberías hacer esfuerzos - las palabras sonaron a mezcla de reproche y preocupación. Hizo que Vladimir se apoyara en ella y con ciudado le llevó hasta el diván, para que se sentara.

Al sentarse, Vlad se percató del espejo roto de la pared. Sabía que los miembros del clan Lasombra carecían de reflejo en espejos, y que tampoco podían ser filmados o fotografiados. Vio tambien las heridas de una de sus manos, aunque no hizo comentarios al respeto. Quizá Giulietta tuviera algun trauma al respecto, o quizá simplemente había sido por puro enfado y frustración, ¿pero por qué? ... estaba pensando demasiado. Se dió cuenta de que Giulietta le miraba directamente a los ojos, con una mezcla de preocupación ... y algo más, que no acertaba a distinguir.

- ¿Estás bien? - la pregunta típica, pero no se le ocurría otra forma de afrontarlo - antes estabas ida, ausente, ¿hay algo que te preocupe, y que puedas compartir? - trató de usar el tono más amable y conciliador que pudo.

Giulietta miró su propia mano, la pequeña herida que acababa de hacerse ya estaba más que curada, aunque algo de sangre había salpicado el puño de la camisa. Miró el espejo y nuevamente centró su mirada en Vladirmir. Parezco una loca yo también.

- Si... si, estoy bien, nada de lo que preocuparse - rio suavemete aunque de manera un poco forzada - es solo que últimamente han pasado muchas cosas, pero nada ya ha pasado todo, ¿no? - mientras hablaba hizo un disimulado dobladillo en el puño de la camisa para ocultar la sangre.

Suspiró y continuó hablando.

- Dime, ¿hay algo que quieras decirme? - preguntó con inocencia; al fin y al cabo, si tal como estaba había bajado hasta despacho sería por algo.

Vlad se quedó mirándola. Tan solo habia bajado para preguntar por ella -¿en que estaría yo pensando?- , y parecía cerrarse en banda. ¿Ahora qué?.

- No, bueno... es solo que antes me quedé algo ... preocupado... sólo eso. Pensé que quizas quisieras hablar un poco, no sé. - se sintió avergonzado de sí mismo. La pausa se le hizo eterna - Quizá sea mejor que me vaya. - se levantó sobre las muletas, reprimiendo un quejido, y se fijó en el libro - ¿Que lees? - preguntó, girado para mirar a Giulietta.

Giulietta negó con la cabeza mientras Vladimir intentaba levantarse, le puso las manos sobre los hombros para que volviera a sentarse. Cogió el libro y lo dejó a un lado.

- Venga ya, ¿no pretenderas que me crea que has bajado solo para preguntar que estoy leyendo? - arqueó una ceja, Vlad no estaba seguro de si bromeaba o hablaba en serio.

Ante el silencio del sorprendido malkavian Giulietta suspiró y continuó hablando.

- Últimamente han pasado muchas cosas, hemos hemos pasado por momentos muy duros en estos dias, sobre todo tu - dijo mirándole de arriba a abajo - y ahora también ha ocurrido algo extraño ahí arriba, ¿no?

Vladimir dudo por un momento, no tenia control alguno sobre la situación, sin embargo la cainita le estaba dejando jugar. O mejor dicho, estaba jugando con él, y dejándolo creer que quizá tenía algo que decir al respecto. No lo sabía, no podía saberlo y no queria perder más tiempo pensando más de la cuenta.

- Bueno, yo no diría que lo de antes fuera "extraño" - sonriendo, aplicó calor a su mano, la acercó a la cainita y retiró un mechón de pelo de su cara, dejando que sus dedos rozaran su piel. Mirandola a los ojos, se acercó lo suficiente como para que sus narices casi se tocaran. Se detuvo solo un segundo, para comprobar sus reacciones, y concentró su sangre en su cara, justo antes de besarla.

Giulietta abrió los ojos desmesuradamente ante el cálido beso del cainita, esperaba cualquier tipo de reacción menos esa, aunque no parecía desagradarle del todo... finalmente aumentó su temperatura corporal y se dejo llevar por el beso de Vladimir. Cuando este se separó de ella abrió los ojos lentamente y arqueó levemente una ceja mirándole fijamente. Estaba confusa, aunque en cierto modo la situación le parecía un tanto divertida... no sabía como reaccionar, de hecho, ahora ni si quiera estaba segura de porque le había dejado besarla...

- Tienes razón, lo que ocurrió antes arriba no fue extraño... pero esto si lo ha sido.

- Supongo... que era por esto por lo que habia bajado a verte.

La lasombra mostró su extrañeza.

- ¿Supones? - torció el gesto.

- Es una forma de hablar - seguía acariciando el negro cabello de la mujer, no sabia de donde salia esa determinación que le dominaba, pero simplemente se dejo llevar y se acercó de nuevo a la mujer, buscando sus labios.

Giulietta dejó que los labios de Vladimir rozaran los suyos, pero antes del beso se apartó de él con suavidad.

- Creo que será mejor que te ayude a ir a la habitación, está a punto de amanecer - dijo cogiendo el brazo del malkavian y poniéndolo alrededor de sus hombros para ayudarle a andar.

Vladimir recibió las palabras de la mujer como un jarro de agua fría. Quizá se había precipitado, había forzado demasiado la situación, pero pensaba que era lo que pedía el momento.

- No... no es necesario, puedo volver solo - dijo algo confuso, cogiendo las muletas.

- Prefiero acompañarte - fue la unica respuesta que obtuvo. La mujer parecía inexpresiva.

Subieron juntos y en silencio hasta la habitación, en la puerta, Vlad se giró hacia Giulietta:

- Bueno, diría que lo que ha pasado abajo sí ha sido algo extraño - sonrió inocentemente. - Los - la cainita puso dos dedos sobre los labios del vampiro, y puso los suyos en posición de "silencio".

- No digas nada - le hizo girarse y lo guió hasta la cama, quedandose en la puerta puerta mientras éste se tumbaba - ya hablaremos mañana.

Vlad se quedó en la cama mirando al techo cuando la cainita cerró la puerta tras de sí. Esta vez sí, parece mañana será otro día, pensó.


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