
Giulietta fue hacia su despacho en busca de Vladimir, al cual habia dejado colgado hacia un buen rato para ir a ver a la setita.
Vlad se habia quedado esperando pacientemente a la mujer en su despacho. Otra no le quedaba, no tenía muchas alternativas salvo el castillo.
Estaba de pié, junto a uno de los estantes donde había libros y algunos objetos antiguos, cuando oyó pasos ligeros acercándose.
Por el sonido y la cadencia, supuso que eran de mujer, por tanto, salvo sorpresa, de Giulietta.
Giró la cabeza hacia la puerta, esperando a ver quien aparecía.
Giulietta entro en la sala y se dirigió a Vladimir, haciendo resonar sus tacones por toda la estancia.
- Lo siento, tenia asuntos importantes que resolver... pero me he tomado el resto de la noche libre, así que no nos molestaran más.
Vlad miro a Giulietta, se la veía muy resuelta
- Oh, no te preocupes, si tienes asuntos que atender, puedo buscar algo que hacer mientras tanto.
Se acercó a la mujer y paso una mano por su vientre, rodeándole y pasándola por la cintura.
- Pero si prefieres estar aquí, tanto mejor, para mí al menos. Ven, siéntate conmigo
Rodeando su cintura con el brazo, la llevó hacia los sofás del despacho, y espero que se sentara.
- Bien, ¿cómo va todo?- preguntó mientras servía una copa de vitae a la cainita, sonriendo.
Giulietta tomo asiento donde Vladimir le indico, dio un pequeño sorbo a la sangre.
- Bueno, últimamente están pasando muchas cosas, estoy bastante liada la verdad... nuevos vástagos en la ciudad, reuniones, noticias inesperadas...
Vlad se sentó junto a la cainita, recostado cómodamente en el sofá, pasando una mano suavemente por la espalda de la mujer.
- ¿Y bien, te ves capaz de lidiar con todo? Si necesitas algo de ayuda puedo intentar lo que esté en mi mano. No es mucho, dadas mis limitaciones físicas actuales, pero puedo intentar ponerte las cosas mas fáciles
Se acercó a la cainita, dando un suave beso en su hombro, apoyando la cabeza en él.
Giulietta parecía mas relajada, procedió a contarle a Vladimir las últimas novedades en la ciudad: su encontronazo con Alef Nefer, su reunión con Salvina, la orden de asesinato hacia Casimiro... todo aquello digno de mención.
- Creo que seré capaz de aguantar todo, pero son demasiadas cosas a la vez...
Notó que la cainita estaba algo más tranquila, mientras le contaba todo lo ocurrido. La miraba a los ojos, atento a sus palabras. De vez en cuando retiraba algún mechón de pelo que caía por su cara, o sus hombros. Le llamó especialmente la atención el asunto de Nefer, y rió con lo de Casimiro. Usar a Latorre para matar un ridículo sirviente, era surrealista.
Cuando terminó, sonrió.
- Vaya, parece que todo el mundo ha esperado que muriera, otra vez, para empezar a moverse.
Acarició su mejilla, deslizando la mano hacia la parte de atrás de su cabeza, enredando sus dedos entre su pelo.
De momento, lo que hizo fue sonreír, y flexionar las rodillas para ponerse al altura de la mujer. Pasando las manos por detrás de su cabeza, comenzó a llenar sus mejillas y sus labios de suaves besos. A veces mas rápido, a veces más lento. Casi con lágrimas en los ojos.
Giulietta sonrió con dulzura ante los besos de Vlad, con suavidad le empujo un poco para que se sentara con ella en el sofá y así apoyarse sobre su pecho, le gusta oír el latido de su corazón, su respiración, sentir como su calidez la envolvía, era relajante para la cainita estar abrazada a Vladimir, se sentía a gusto con él, aunque en cierto modo le envidiaba, porque el podía ver de nuevo la luz del sol... su reflejo... Giulietta suspiro profundamente.
Vlad notaba como Giu se relajaba estando con él. Pero el, sin saber porque, tenía un resquemor por dentro.
- ¿En qué piensas?
Giulietta suspiró.
- En cómo era la vida humana, al verte a ti me vienen muchas cosas a la memoria.
- Pregúntale a mi cuerpo, yo no sé nada, jejeje, han sido demasiados años como para poder volver a ver el sol sin más, como si nada. A la hora de comer, lo dejo suelto. Yo de por mí "no tengo estómago" para aguantar comida. -respondió intentando animarla.
Ponerse a comparar vida humana con vida inmortal podría ser una fuente de depresión para ambos, así que decidió optar por otro camino. Siguió enredando sus dedos con el pelo de ella durante unos instantes. Poco después, empezó a acariciar su cuello, sus mejillas. Toco sus labios con un dedo, pasándolo suavemente de un lado a otro de los mismos. Siguió acariciando suavemente su cuello, esperando alguna reacción de ella.
Giulietta descansaba en los brazos de Vladimir, podía oírse un leve ronroneo.
- ¿No quisieres volver a ser vampiro? - finalmente formuló la pregunta que durante varios días habia estado rondando por su cabeza.
Vlad cesó durante un momento de acariciar a Giulietta. Después continuó:
- Bueeeno, eso de tener superpoderes no está mal, ser superior a los humanos está bien, por aquello de controlarlos. Así mismo saber que tienes un par de métodos infalibles para suicidarte está bien, ya sabes, por si acaso. - comentó distraídamente, y de repente su tono se volvió serio - Pero hay mucha mierda en esto de ser vampiro, al menos desde mi punto de vista: tu sire puede ser lo más horrendo del mundo, y eso te va a marcar. A veces la inmortalidad es más una carga que un don. Dependiendo del clan que te abrace, puede ser una autentica putada, bien por los "defectos" del clan, o bien por el desprecio del resto. Luego está la guerra eterna, una estupidez como un piano. Parece que si no nos puteamos entre nosotros no estamos a gusto. Sabes que soy más partidario de la filosofía independiente que de cualquier otra. Esas guerras son de nuestros antepasados, no nuestras. Ah, y luego eso de matar o no matar al ganado, y todo el rollo moralista. En fin, no sé. 50-50 tal vez.
Tomó una de las manos de Giulietta y la llevó a su boca, besándola y mordisqueándola.
- Aunque luego, claro, teniendo en cuenta que soy un espectro y que me veo obligado a poseer cuerpos a los que me tengo que acostumbrar, y cuando lo he conseguido quedan inútiles porque les frio el sistema nervioso, pues mira, si fuera en un cuerpo propio, no de invitado, si que estaría bien, aunque tuviera que ser vampiro de nuevo, y no humano.
Tomó la mano de Giulietta, de tal manera que su fría palma quedara sobre su mejilla. Le encantaría poder sentirla como fuente de calor.
- Lo que si echo de menos es poder moverme fuera del castillo, ir de aquí para allá, de fiesta por ahí, salir de vez en cuando, matar a alguien, y todo eso. Lo normal, vaya. -sonrió - Además, creo que el libre albedrio me daría más oportunidades de ayudarte en tu "cruzada". Aquí dentro a veces me siento como un hombre objeto, para tus ratos libres, más que como un verdadero compañero.
Cerró los ojos y suspiró profundamente, notando como la cabeza de Giulietta subía y bajaba al tiempo que su pecho. Aquella conversación comenzaba a angustiarle.
Giulietta tenía los ojos cerrados.
- Hay formas de que vuelvas a ser vampiro y puedas salir de nuevo de este edificio, así que piénsatelo. - Dijo casi en un susurro.
Vlad se sobresaltó al oír las palabras de la mujer. La tomó por los hombros y la incorporó, presionándola ligeramente contra el respaldo del sofá
- ¿¡Cómo!? Es decir... - dijo levantándose- ¿Sabes si es posible volver a ser vampiro?
Cruzó los brazos, y comenzó a andar por la sala. No era cualquier cosa, lo que se estaba planteando allí.
- Vamos, ¡explícamelo!
Giulietta se incorporó de repente ante la reacción de Vlad tropezando y a punto de caer de bruces en el suelo.
- Bueno, no sé exactamente como, pero no es imposible.
Comenzó caminar hacia el baúl al fondo del despacho, se arrodillo ante él y tras abrirlo comenzó a sacar un montón de libros de rituales y brujería, tanto Sabbat como humana.
- Hace años, cuando aún era sacerdotisa, oí algo de que un vampiro cambio su alma de cuerpo, el caso era ligeramente distinto, ya que cambio de un cuerpo vampírico a otro, pero creo que aun así, si conseguimos ese ritual, podría funcionar contigo.
Vlad se acercó a Giulietta, y tomó uno de los libros. Eran antiguos, más de lo que quizás alcanzaba a comprender. La piel de las tapas le recordaba sospechosamente a la humana, y el tono rojizo de las paginas le hacía presagiar lo peor.
Hojeó por encima, y vio diagramas que le producían vértigo, textos en lenguajes incomprensibles, y partes en latín. Encontró por fin una parte en inglés. Ingles antiguo, muy antiguo, pero conforme iba leyendo, iba sintiendo nauseas y oyendo susurros, cada vez más fuertes.
Aquellos libros eran un peligro, un desafío a la cordura, algo que no debía existir.
Pero en ellos se hallaba probablemente su única vía de escape a su situación actual, así que debía hacer el sacrificio...
Sintió un vaivén, y vio como el cuerpo inerte de su anfitrión caía desplomado al suelo, desmayado. Volvía a ser un espectro. Se encontraba muy cansado. Debía descansar.
Aquello iba a resultar muy difícil. Giulietta vio algo extraño en la cara de Vladimir, lo siguiente fue su cuerpo en el suelo.
- Vlad ¿estas ahí? - Dijo hablando a la habitación en general con preocupación - ¿Qué ha pasado?
Estaba demasiado cansado como para intentar poseer a Giulietta. Se acercó a la mesa, tomó como pudo un bolígrafo y escribió, dando con éste en la mesa para llamar la atención de la cainita:
Acto seguido se retiro al interior de una de las estanterías y se aletargó. Necesitaba descansar. Que Giulietta se encargara del cuerpo y los libros. Ya seguiría el después.
Giulietta no estaba del todo segura de a lo que se refería Vlad, así que guardo los libros de nuevo en el baúl y cogió el cuerpo de Vladimir, con cuidado salió del despacho, parecía que nadie estaba cerca, subió las escaleras con mucho sigilo y entro en su habitación, con cuidado dejo el cuerpo del humano sobre su cama y lo tapo con una manta.
Salió de la habitación, en dirección a la cocina, humedeció un par de toallas y tras volver a la habitación puso una sobre la frente del hombre, se sentó en la cama a su lado, esperando alguna mejoría.
Giulietta sintió algo a sus espaldas similar a un escalofrío, en otras circunstancias se habría alarmado, pero ya se habia habituado a esa sensación y sabía que era la forma fantasmagórica de Vladimir.
- ¿Que te ha pasado? - Dijo sin dejar de mirar el cuerpo yacente.
El cuerpo despertó lentamente. Se sentía como... con resaca. Miró a Giulietta.
- Hmm, que bonito, despertar contigo a mi lado. Solo me faltaría que tu también estuvieras en esta cama, y me podría morir - sonrió, pero se torció en un gesto de dolor.
Uff, mi cabeza... - se incorporó en la cama.
- No sé, esos libros... el libro me hablaba... y me sentía mareado al leerlo. Cada vez peor. Sentía que se habría un agujero en mi cabeza, algo difícil de describir... - miró a Giulietta seriamente. -Sinceramente, esos libros son un peligro, y no deberían existir, pues el saber que contienen está más allá del control y el entendimiento de cualquier humano o vampiro.
Se acercó a ella, puso una mano en su mejilla. La besó en los labios y la miró a los ojos.
- Pero si es mi única oportunidad, de estar contigo para siempre, sin depender de un cuerpo que no es el mío, y poder ser libre, tendré que arriesgarme.
Volvió a besarla
-¿Me ayudarás? -sus ojos imploraban. La mirada de Giulietta se enterneció.
- ¿Cómo no iba a ayudarte? y puedes estar tranquilo, no tendrás que acercarte a esos libros si no lo deseas, yo me encargare de ellos, pero dime, has mencionado que te hablan... ¿qué es lo que has oído?
Su voz sonaba tierna, se preocupaba por él, aunque en el fondo sentía una tremenda curiosidad por saber lo que aquellos libros supuestamente le habían dicho, algunos de aquellos volúmenes eran muy comunes, aunque otros, como el que Vladimir sostuvo entre sus manos eran muy especiales y poco comunes, y en algunos casos, como aquel, únicos.
- No lo sé, eran susurros. No llegaba a entender lo que decían. Pero sus tonos no presagiaban nada agradable. Además eran ascendentes.
Se hizo a un lado y el tomo por los brazos gentilmente, invitándola a sentarse en la cama con él.
- Quizás si me expusiera a esos libros el tiempo suficiente lograría oírlos
La simple idea de volver a tomar esos libros le horrorizaba. Era algo que preferiría no tener que hacer. Era algo que Giulietta podría saber simplemente mirando a sus aterrorizados y húmedos ojos.
Giulietta se dejo llevar por Vladimir.
- No quiero que te acerques a esos libros, ya te he dicho que me encargaría yo... y el libro que has cogido... lo examinare a fondo, encontraremos algo, y volverás a ser un vampiro... - Giulietta trataba de que su voz sonara lo más calmada y tranquilizadora posible, mostraba confianza. - Ahora creo que deberías descansar.
Vlad la abrazó. La sentía a su lado, y a la vez, extrañamente lejos. Sabía que era su única oportunidad. Pero esos libros, y lo que le habia pasado.... solo podía interpretarlo como un mal presagio...
- Abrázame, por favor. -dijo Vlad casi entre sollozos. - La apretó contra sí. No quería perderla nunca. - Te quiero.
Giulietta acaricio le acariciaba el pelo con delicadeza y le miraba con dulzura, se recostó con él y le tapo con la manta, necesitaba descansar.
Vlad permaneció en silencio un tiempo, acariciando a Giulietta, su espalda, arriba y abajo, suavemente. Sus brazos. Besaba tímidamente, apenas un roce siquiera, sus mejillas. Le encantaba sentirla con él. Se le podía oír ronronear ligeramente incluso.
Abrió los ojos, y miró los fulgurantes ojos de Giulietta. Ojala nunca, nunca dejara de ver esos ojos.
- Quiero ayudarte con esto, no puedo dejar que tu sola te enfrentes a esa locura. ¿Estamos juntos en esto, vale? En esto y en todo.
Giulietta continuo abrazando a Vladimir hasta que este quedo dormido, al poco rato salió de la habitación, faltaba poco para el amanecer.
Vlad se habia quedado esperando pacientemente a la mujer en su despacho. Otra no le quedaba, no tenía muchas alternativas salvo el castillo.
Estaba de pié, junto a uno de los estantes donde había libros y algunos objetos antiguos, cuando oyó pasos ligeros acercándose.
Por el sonido y la cadencia, supuso que eran de mujer, por tanto, salvo sorpresa, de Giulietta.
Giró la cabeza hacia la puerta, esperando a ver quien aparecía.
Giulietta entro en la sala y se dirigió a Vladimir, haciendo resonar sus tacones por toda la estancia.
- Lo siento, tenia asuntos importantes que resolver... pero me he tomado el resto de la noche libre, así que no nos molestaran más.
Vlad miro a Giulietta, se la veía muy resuelta
- Oh, no te preocupes, si tienes asuntos que atender, puedo buscar algo que hacer mientras tanto.
Se acercó a la mujer y paso una mano por su vientre, rodeándole y pasándola por la cintura.
- Pero si prefieres estar aquí, tanto mejor, para mí al menos. Ven, siéntate conmigo
Rodeando su cintura con el brazo, la llevó hacia los sofás del despacho, y espero que se sentara.
- Bien, ¿cómo va todo?- preguntó mientras servía una copa de vitae a la cainita, sonriendo.
Giulietta tomo asiento donde Vladimir le indico, dio un pequeño sorbo a la sangre.
- Bueno, últimamente están pasando muchas cosas, estoy bastante liada la verdad... nuevos vástagos en la ciudad, reuniones, noticias inesperadas...
Vlad se sentó junto a la cainita, recostado cómodamente en el sofá, pasando una mano suavemente por la espalda de la mujer.
- ¿Y bien, te ves capaz de lidiar con todo? Si necesitas algo de ayuda puedo intentar lo que esté en mi mano. No es mucho, dadas mis limitaciones físicas actuales, pero puedo intentar ponerte las cosas mas fáciles
Se acercó a la cainita, dando un suave beso en su hombro, apoyando la cabeza en él.
Giulietta parecía mas relajada, procedió a contarle a Vladimir las últimas novedades en la ciudad: su encontronazo con Alef Nefer, su reunión con Salvina, la orden de asesinato hacia Casimiro... todo aquello digno de mención.
- Creo que seré capaz de aguantar todo, pero son demasiadas cosas a la vez...
Notó que la cainita estaba algo más tranquila, mientras le contaba todo lo ocurrido. La miraba a los ojos, atento a sus palabras. De vez en cuando retiraba algún mechón de pelo que caía por su cara, o sus hombros. Le llamó especialmente la atención el asunto de Nefer, y rió con lo de Casimiro. Usar a Latorre para matar un ridículo sirviente, era surrealista.
Cuando terminó, sonrió.
- Vaya, parece que todo el mundo ha esperado que muriera, otra vez, para empezar a moverse.
Acarició su mejilla, deslizando la mano hacia la parte de atrás de su cabeza, enredando sus dedos entre su pelo.
De momento, lo que hizo fue sonreír, y flexionar las rodillas para ponerse al altura de la mujer. Pasando las manos por detrás de su cabeza, comenzó a llenar sus mejillas y sus labios de suaves besos. A veces mas rápido, a veces más lento. Casi con lágrimas en los ojos.
Giulietta sonrió con dulzura ante los besos de Vlad, con suavidad le empujo un poco para que se sentara con ella en el sofá y así apoyarse sobre su pecho, le gusta oír el latido de su corazón, su respiración, sentir como su calidez la envolvía, era relajante para la cainita estar abrazada a Vladimir, se sentía a gusto con él, aunque en cierto modo le envidiaba, porque el podía ver de nuevo la luz del sol... su reflejo... Giulietta suspiro profundamente.
Vlad notaba como Giu se relajaba estando con él. Pero el, sin saber porque, tenía un resquemor por dentro.
- ¿En qué piensas?
Giulietta suspiró.
- En cómo era la vida humana, al verte a ti me vienen muchas cosas a la memoria.
- Pregúntale a mi cuerpo, yo no sé nada, jejeje, han sido demasiados años como para poder volver a ver el sol sin más, como si nada. A la hora de comer, lo dejo suelto. Yo de por mí "no tengo estómago" para aguantar comida. -respondió intentando animarla.
Ponerse a comparar vida humana con vida inmortal podría ser una fuente de depresión para ambos, así que decidió optar por otro camino. Siguió enredando sus dedos con el pelo de ella durante unos instantes. Poco después, empezó a acariciar su cuello, sus mejillas. Toco sus labios con un dedo, pasándolo suavemente de un lado a otro de los mismos. Siguió acariciando suavemente su cuello, esperando alguna reacción de ella.
Giulietta descansaba en los brazos de Vladimir, podía oírse un leve ronroneo.
- ¿No quisieres volver a ser vampiro? - finalmente formuló la pregunta que durante varios días habia estado rondando por su cabeza.
Vlad cesó durante un momento de acariciar a Giulietta. Después continuó:
- Bueeeno, eso de tener superpoderes no está mal, ser superior a los humanos está bien, por aquello de controlarlos. Así mismo saber que tienes un par de métodos infalibles para suicidarte está bien, ya sabes, por si acaso. - comentó distraídamente, y de repente su tono se volvió serio - Pero hay mucha mierda en esto de ser vampiro, al menos desde mi punto de vista: tu sire puede ser lo más horrendo del mundo, y eso te va a marcar. A veces la inmortalidad es más una carga que un don. Dependiendo del clan que te abrace, puede ser una autentica putada, bien por los "defectos" del clan, o bien por el desprecio del resto. Luego está la guerra eterna, una estupidez como un piano. Parece que si no nos puteamos entre nosotros no estamos a gusto. Sabes que soy más partidario de la filosofía independiente que de cualquier otra. Esas guerras son de nuestros antepasados, no nuestras. Ah, y luego eso de matar o no matar al ganado, y todo el rollo moralista. En fin, no sé. 50-50 tal vez.
Tomó una de las manos de Giulietta y la llevó a su boca, besándola y mordisqueándola.
- Aunque luego, claro, teniendo en cuenta que soy un espectro y que me veo obligado a poseer cuerpos a los que me tengo que acostumbrar, y cuando lo he conseguido quedan inútiles porque les frio el sistema nervioso, pues mira, si fuera en un cuerpo propio, no de invitado, si que estaría bien, aunque tuviera que ser vampiro de nuevo, y no humano.
Tomó la mano de Giulietta, de tal manera que su fría palma quedara sobre su mejilla. Le encantaría poder sentirla como fuente de calor.
- Lo que si echo de menos es poder moverme fuera del castillo, ir de aquí para allá, de fiesta por ahí, salir de vez en cuando, matar a alguien, y todo eso. Lo normal, vaya. -sonrió - Además, creo que el libre albedrio me daría más oportunidades de ayudarte en tu "cruzada". Aquí dentro a veces me siento como un hombre objeto, para tus ratos libres, más que como un verdadero compañero.
Cerró los ojos y suspiró profundamente, notando como la cabeza de Giulietta subía y bajaba al tiempo que su pecho. Aquella conversación comenzaba a angustiarle.
Giulietta tenía los ojos cerrados.
- Hay formas de que vuelvas a ser vampiro y puedas salir de nuevo de este edificio, así que piénsatelo. - Dijo casi en un susurro.
Vlad se sobresaltó al oír las palabras de la mujer. La tomó por los hombros y la incorporó, presionándola ligeramente contra el respaldo del sofá
- ¿¡Cómo!? Es decir... - dijo levantándose- ¿Sabes si es posible volver a ser vampiro?
Cruzó los brazos, y comenzó a andar por la sala. No era cualquier cosa, lo que se estaba planteando allí.
- Vamos, ¡explícamelo!
Giulietta se incorporó de repente ante la reacción de Vlad tropezando y a punto de caer de bruces en el suelo.
- Bueno, no sé exactamente como, pero no es imposible.
Comenzó caminar hacia el baúl al fondo del despacho, se arrodillo ante él y tras abrirlo comenzó a sacar un montón de libros de rituales y brujería, tanto Sabbat como humana.
- Hace años, cuando aún era sacerdotisa, oí algo de que un vampiro cambio su alma de cuerpo, el caso era ligeramente distinto, ya que cambio de un cuerpo vampírico a otro, pero creo que aun así, si conseguimos ese ritual, podría funcionar contigo.
Vlad se acercó a Giulietta, y tomó uno de los libros. Eran antiguos, más de lo que quizás alcanzaba a comprender. La piel de las tapas le recordaba sospechosamente a la humana, y el tono rojizo de las paginas le hacía presagiar lo peor.
Hojeó por encima, y vio diagramas que le producían vértigo, textos en lenguajes incomprensibles, y partes en latín. Encontró por fin una parte en inglés. Ingles antiguo, muy antiguo, pero conforme iba leyendo, iba sintiendo nauseas y oyendo susurros, cada vez más fuertes.
Aquellos libros eran un peligro, un desafío a la cordura, algo que no debía existir.
Pero en ellos se hallaba probablemente su única vía de escape a su situación actual, así que debía hacer el sacrificio...
Sintió un vaivén, y vio como el cuerpo inerte de su anfitrión caía desplomado al suelo, desmayado. Volvía a ser un espectro. Se encontraba muy cansado. Debía descansar.
Aquello iba a resultar muy difícil. Giulietta vio algo extraño en la cara de Vladimir, lo siguiente fue su cuerpo en el suelo.
- Vlad ¿estas ahí? - Dijo hablando a la habitación en general con preocupación - ¿Qué ha pasado?
Estaba demasiado cansado como para intentar poseer a Giulietta. Se acercó a la mesa, tomó como pudo un bolígrafo y escribió, dando con éste en la mesa para llamar la atención de la cainita:
cuidar
cansado
descansar
seguir
cuidado libros
Acto seguido se retiro al interior de una de las estanterías y se aletargó. Necesitaba descansar. Que Giulietta se encargara del cuerpo y los libros. Ya seguiría el después.
Giulietta no estaba del todo segura de a lo que se refería Vlad, así que guardo los libros de nuevo en el baúl y cogió el cuerpo de Vladimir, con cuidado salió del despacho, parecía que nadie estaba cerca, subió las escaleras con mucho sigilo y entro en su habitación, con cuidado dejo el cuerpo del humano sobre su cama y lo tapo con una manta.
Salió de la habitación, en dirección a la cocina, humedeció un par de toallas y tras volver a la habitación puso una sobre la frente del hombre, se sentó en la cama a su lado, esperando alguna mejoría.
Giulietta sintió algo a sus espaldas similar a un escalofrío, en otras circunstancias se habría alarmado, pero ya se habia habituado a esa sensación y sabía que era la forma fantasmagórica de Vladimir.
- ¿Que te ha pasado? - Dijo sin dejar de mirar el cuerpo yacente.
El cuerpo despertó lentamente. Se sentía como... con resaca. Miró a Giulietta.
- Hmm, que bonito, despertar contigo a mi lado. Solo me faltaría que tu también estuvieras en esta cama, y me podría morir - sonrió, pero se torció en un gesto de dolor.
Uff, mi cabeza... - se incorporó en la cama.
- No sé, esos libros... el libro me hablaba... y me sentía mareado al leerlo. Cada vez peor. Sentía que se habría un agujero en mi cabeza, algo difícil de describir... - miró a Giulietta seriamente. -Sinceramente, esos libros son un peligro, y no deberían existir, pues el saber que contienen está más allá del control y el entendimiento de cualquier humano o vampiro.
Se acercó a ella, puso una mano en su mejilla. La besó en los labios y la miró a los ojos.
- Pero si es mi única oportunidad, de estar contigo para siempre, sin depender de un cuerpo que no es el mío, y poder ser libre, tendré que arriesgarme.
Volvió a besarla
-¿Me ayudarás? -sus ojos imploraban. La mirada de Giulietta se enterneció.
- ¿Cómo no iba a ayudarte? y puedes estar tranquilo, no tendrás que acercarte a esos libros si no lo deseas, yo me encargare de ellos, pero dime, has mencionado que te hablan... ¿qué es lo que has oído?
Su voz sonaba tierna, se preocupaba por él, aunque en el fondo sentía una tremenda curiosidad por saber lo que aquellos libros supuestamente le habían dicho, algunos de aquellos volúmenes eran muy comunes, aunque otros, como el que Vladimir sostuvo entre sus manos eran muy especiales y poco comunes, y en algunos casos, como aquel, únicos.
- No lo sé, eran susurros. No llegaba a entender lo que decían. Pero sus tonos no presagiaban nada agradable. Además eran ascendentes.
Se hizo a un lado y el tomo por los brazos gentilmente, invitándola a sentarse en la cama con él.
- Quizás si me expusiera a esos libros el tiempo suficiente lograría oírlos
La simple idea de volver a tomar esos libros le horrorizaba. Era algo que preferiría no tener que hacer. Era algo que Giulietta podría saber simplemente mirando a sus aterrorizados y húmedos ojos.
Giulietta se dejo llevar por Vladimir.
- No quiero que te acerques a esos libros, ya te he dicho que me encargaría yo... y el libro que has cogido... lo examinare a fondo, encontraremos algo, y volverás a ser un vampiro... - Giulietta trataba de que su voz sonara lo más calmada y tranquilizadora posible, mostraba confianza. - Ahora creo que deberías descansar.
Vlad la abrazó. La sentía a su lado, y a la vez, extrañamente lejos. Sabía que era su única oportunidad. Pero esos libros, y lo que le habia pasado.... solo podía interpretarlo como un mal presagio...
- Abrázame, por favor. -dijo Vlad casi entre sollozos. - La apretó contra sí. No quería perderla nunca. - Te quiero.
Giulietta acaricio le acariciaba el pelo con delicadeza y le miraba con dulzura, se recostó con él y le tapo con la manta, necesitaba descansar.
Vlad permaneció en silencio un tiempo, acariciando a Giulietta, su espalda, arriba y abajo, suavemente. Sus brazos. Besaba tímidamente, apenas un roce siquiera, sus mejillas. Le encantaba sentirla con él. Se le podía oír ronronear ligeramente incluso.
Abrió los ojos, y miró los fulgurantes ojos de Giulietta. Ojala nunca, nunca dejara de ver esos ojos.
- Quiero ayudarte con esto, no puedo dejar que tu sola te enfrentes a esa locura. ¿Estamos juntos en esto, vale? En esto y en todo.
Giulietta continuo abrazando a Vladimir hasta que este quedo dormido, al poco rato salió de la habitación, faltaba poco para el amanecer.
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