martes, 14 de marzo de 2006

De lo viejo a lo nuevo

Últimamente parecía que por fin el pueblo estaba resucitando, Clarisse era ahora príncipe de la Camarilla, Vladimir no habia muerto y ahora vivía en su castillo en un cuerpo humano, la llegada del esposo de Salvina y con él la proclamación de un enemigo... y un sobre cerrado sobre su escritorio de remitente desconocido con matasellos de Praga.

Giulietta abrió la carta, y para su sorpresa esta estaba firmada por Gregory Valkas, su sire, mentor y jefe en Italia.

Giulietta:

No sé el motivo, pero ya no atiendes tus labores como te enseñé, hace mucho que no recibimos ningún informe, la última noticia tuya es de cuando te hiciste con el arzobispado, desde entonces no ha habido más que silencio.

Nuestros superiores me presionan y me piden información sobre tus avances, una información de la cual carezco.

Tengo unos asuntos que resolver por Europa, y tú eres el último punto de mi lista, así que iré a verte a San Lucar antes de regresar a Roma y mas te vale tener una buena excusa para justificar tu falta de compromiso con nosotros.

Me preocupas, tú y tu estado en nuestra sociedad. Tienes suerte de que me mandaran a mí a verte, ya que esa misión se la encomendaron en un principio a Fabián D'Firenza, y sabes también como yo que ese ser no diría nada bueno de ti.

Espero poder verte pronto, con cariño, Valkas.

P.D: estoy un poco cambiado desde la última que nos vimos antes de marchar de Roma, pero espero que aun así me reconozcas.


Giulietta guardo la carta junto al resto de las misivas de su sire con cierta impotencia.

Amaba y servía al Sabbat desde su abrazo, era una fiel seguidora de sus costumbres y sus ideales, pero estaba harta de que sus superiores más directos no hicieran mas que pedirle informes y explicaciones de cada paso que daba... y Valkas, sabía que en la quería como a una hija, pero amaba demasiado su trabajo como obviar a sus superiores.

La lasombra esperaría pacientemente la llegada de su sire, mientras tanto, continuaría con su intento de proclamar la ciudad para el Sabbat.


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Giulietta entro en su despacho cargada con una enorme y polvorienta caja, la dejo en el suelo al final de la estancia, en un apartado rincón, junto a un baúl. Se arrodillo a su lado y la abrió. En su interior habia muchos libros, unos más antiguos y otros más recientes, los fue sacando uno a uno y tras mirarlos todos detenidamente los fue colocando en el interior del gran baúl, que hasta ahora estaba vacío. Todos los libros trataban de brujería, allí estaban los más importantes de su colección, los no expuestos en los estantes de su despacho, muchos de aquellos libros eran diarios escritos por ella misma y otros cainitas de su "familia vampírica" sobre los rituales Sabbat, los ignobilis y los ritae.

Hacía mucho tiempo que no practicaba aquellos ritos, concretamente desde que dejo su antigua manada, y con ella, su cargo de sacerdotisa Sabbat. Giulietta creía que en aquellos libros casi olvidados podría encontrar lo que buscaba, la solución a un problema difícil de resolver. Ahora lo único que necesitaba era tiempo para retomar sus estudios...

El escritorio del arzobispo estaba empantanado, libros y hojas impedían ver la madera de la mesa. Giulietta estaba totalmente concentrada en la búsqueda de una solución y en el repaso de sus antiguas labores como sacerdotisa Sabbat. Esto último lo llevaba muy bien, recordaba más de lo que creía, pero ninguna solución para el primer planteamiento.

Vestía una mini falda y una camisa blancas, medio desabrochada dejando entrever el sujetador negro, estaba descalza, llevaba el pelo en una coleta y unas gafas, no sus habituales gafas de sol, si no unas gafas de ver sin graduación alguna, cuando era humana necesitaba gafas para leer, y ahora que el poder de su sangre le habia resuelto ese pequeño problema de vista, ella seguía usándolas, una de las pocas costumbres humanas que aún conservaba... aunque cada vez lo hiciera menos...

La lasombra apenas se dio cuenta de que la puerta del despacho se habia abierto y que Dorian se acercaba al ella.

- Hay novedades. - Dijo el joven.

- ¿No ves que estoy ocupada? - Contesto con brusquedad Giulietta.

- Es importante, está en la ciudad.

- ¿Para eso me interrumpes? A no ser que haya un eclipse solar en mitad de la noche no quiero que me vuelvas a interrumpir cuando estoy estudiando, ¿te ha quedado claro? - Para decir esto la mujer levanto la vista de los documentos y se quito las gafas, mirando seriamente a Dorian.

- Lo siento señora. - El joven abandono la estancia y Giulietta continuo con su estudio.

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