
Tras la frenética noche con Vladimir y su nuevo cuerpo, Giulietta abandono la habitación poco antes del amanecer, mientras el cainita dormía, y se dispuso a descansar durante el día.
Una vez llegada la noche despertó (como todas las noches) y antes de nada fue a ver a Dorian.
- ¿Que tal esta Ambrosio?
- Se está recuperando. - Contesto el joven, que parecía muy cansado. - Pase la noche anterior y parte del día de hoy con él, se recuperara pronto aunque está bastante débil...
- Pareces cansado Dorian, ya me encargo yo de todo, esta noche y el día de mañana procura descansar.
- Gracias, bueno, me voy a dormir un rato. Por cierto, tienes correo. - Y el joven abandono la estancia hacia su habitación en el ala izquierda del castillo.
Giulietta subió a la habitación donde creía que Vladimir estaría, al menos fue allí donde le dejo la mañana anterior.
El cuerpo desnudo de Carla seguía en la cama, aunque daba la sensación de que no había nadie dentro, con cuidado la lasombra la tapó y se marchó para que descansara apaciblemente, tenía que recuperarse por si Vladimir decidía ocupar su cuerpo nuevamente.
¿Donde se habrá metido Vlad? le pareció del genero tonto ponerse a buscarlo por todo el castillo ya que sin un cuerpo no podía verle, así que se fue a su despacho, era donde más tiempo pasaba, así que si él quería verla sería el primer lugar al que acudiría, una vez allí comenzó a leer el correo.
Entre las muchas cartas había una de Roma, no tenia remitente, así que suponía de quien seria, se dispuso a leerla.
Giulietta guardo nuevamente la carta en el sobre y la introdujo en una cajita del segundo cajón. Saco hoja y pluma y comenzó a escribir sobre los avances que había obtenido, el fatídico destino del anterior arzobispo, su consecuente ascenso dentro del Sabbat, la nueva príncipe de la camarilla... sin mencionar en ningún momento la vuelta de Vladimir.
Una vez hubo terminado, metió la carta en un sobre, escribió la dirección de destino en Roma, y la guardo en un cajón, al día siguiente la enviaría.
Tras el frenesí y las revelaciones de la pasada noche con Giulietta, Vlad pasó el día entero descansando en el inmaterial, recuperando fuerzas tras la agotadora noche de posesiones, en sus múltiples modos y formas. Ardía en deseos de hablar con Giulietta, su Giu, aunque su situación respecto del otro habían sido desveladas, aun tenían muchas cosas que decirse.
Giulietta notó como la temperatura de la habitación descendía ligeramente. No supo porqué era, pero pronto lo averiguaría.
- ..Buenas noches, Giu...- oyó en su cabeza, mientras notaba una ligera brisa fría muy concentrada en la parte derecha de su cuello.
- Buenas noches, ¿has descansado? - Giulietta estaba tranquila, sabía que era Vlad quien hablaba. - Por cierto, LaTorre está a punto de llamar a las puertas del castillo. - Dijo señalando al pequeño monitor incrustado en el escritorio, mientras hablaba vio como Dorian abría la puerta y tras cruzar algunas palabras con LaTorre ambos entraban. - Aquí viene, por favor, no montes el numerito de poltergeist de castillo delante de él. - Dijo riendo a Vlad. Tapo nuevamente el monitor y Dorian entro en el despacho.
- LaTorre ha venido, por si no te acuerdas de él, es el tío grande que estaba con Salvina en la fiesta.
- Gracias Dorian, hazle pasar, y vuelve a tu cuarto, te dije que descansaras.
Dorian salió dejando la puerta abierta tras de sí.
Latorre vestía unos vaqueros azules,una deportivas blancas y una sudadera negra con capucha,encima de esta vestía una chaqueta de cuero. Sonrió en el momento de entrar al despacho. Rápidamente quedó cautivado por los brillantes ojos verdes de Giulietta.
Giulietta se puso en pie para recibir al recién llegado.
- ¡Buenas Noches! Señorita Strozzi
- Buenas noches. - Miro de arriba a abajo al brujah y su indumentaria.
Hizo una leve reverencia un tanto cómica por su vestimenta. Comenzó a dar vueltas por la habitación mirando al techo y al resto de la decoración.
- He de decir que me sorprende como ha dejado el castillo, es una delicia, lo digo en serio, me encanta Europa por sus castillos, es una pena que en mis país no se construyera ninguno...
- Si en su país no se ha construido ninguno intuyo que venís del nuevo mundo eso explica muchas cosas...americanos...
Se percató de que estaba desvariando, se frenó en seco y miró a Giulietta. Sus ojos se clavaron como puñales en aquellos ojos verdes, proyectando una mirada encantadora de las que solía disparar el joven brujah.
- Aunque a decir verdad, la belleza del castillo no se puede comparar con la belleza de su propietaria.
Se quedó quieto mirando aquellos ojos, esperando a que los carnosos labios que los acompañaban contestaran algo.
- Sois un adulador, - hasta a ella misma le había extrañado oírse decirle esas palabras a LaTorre, aunque educación era algo de lo que no andaba escaba y decir otra cosa hubiera sido un tanto brusco y descortés, - por favor, poneos cómodo. - Dijo señalando una de las sillas del otro lado del escritorio.
Latorre tomó asiento suavemente, se pasó la mano por el pelo, se acomodó y cruzó las piernas.
- Así que es cierto, el viejo Vlad no está al cargo de la ciudad... ¿se ha ido por algún motivo? ¿Viaje de negocios?... ¿por qué me extraña que alguien como él deje un puesto como el que ahora ocupáis de manera civilizada?, no sé, según tengo entendido le costó tanto alcanzar el poder, que me extraña que se haya ido sin más.
Se percató que quizá para no pertenecer a la secta había sido demasiado directo.
- Perdonad mi insolencia, quizá el paradero de Vladimir no sea de mi incumbencia, pero me ha sorprendido... ante todo he de daros mis felicitaciones, supongo que estas contenta por el... ascenso.
Giulietta miro un tanto extrañada al vampiro.
- Vladimir me lego este cargo por voluntad e iniciativa propia, a pesar de lo que pudiera pareceros el señor Von Thremischeck era una buena persona, aunque había que saber tratarle, tal vez vos no tuvierais ese tacto...
- Eso tengo entendido al menos...
- En cuanto a su paradero... bueno, hace unas semanas vio su ultimo amanecer y dejo este mundo definitivamente...
Un halo de leve tristeza empaño la mirada de la cainita... una tristeza que hace un par de días hubiera sido real, que ahora que Vlad había vuelto había desaparecido por completo, aunque claro, eso era algo que el brujah no tenia forma alguna de averiguar...
Al oír que Vladimir había muerto, frunció el ceño. No podía creerlo, la concepción que tenía de él no le permitía creerlo. Para Latorre era imposible que alguien tan orgulloso como Vlad decidiera quitarse la no vida. Puso una cara de incredulidad máxima, aunque pensó tratar de disimularla, no lo hizo.
- No me lo creo, no me creo que Vlad haya... desaparecido definitivamente... no le creo capaz de suicidarse de esa manera... no es que dude de su palabra pero... simplemente... suicidare es de cobardes... y abré tenido mis más y mis menos con el anterior Arzobispo pero no le creía un cobarde... vaya, sorpresa... en fin, que se le va a hacer...
Miró al suelo sorprendido con la mirada vacía. Recapacitó y miró a Giulietta.
- ¡Qué demonios! Venga Giulietta ¿dónde está la cámara oculta? esto es una de esas bromas del Sabbat ¿no?
La ira comenzó a apoderarse súbitamente de Latorre, pegó un salto y se levantó bruscamente.
- ¡¡¡ESE CABRÓN NO PUEDE ESTAR MUERTO!!!¡¡¡NO ES UN MALDITO COBARDE!!!"
Dijo señalando a Giulietta con una mirada iracunda en su rostro, parecía que el infierno se proyectaba en sus ojos. Por un instante se dejó llevar por la pasión del momento, se negaba a creerlo, pero lo más probable es que fuera cierto. Se resignaba a creer que era todo una sucia estratagema, mantuvo la posición durante un instante, cerró los ojos y trató de calmarse. Fue bajando lentamente le brazo que apuntaba a Giulietta. En contra oposición de como se había levantado, se fue sentando lentamente, despacio, se cogió la cabeza con ambas manos, levantó la mirada.
Ante los gritos de acusación del brujah Giulietta se levanto violentamente tirando la silla al suelo, apoyo fuertemente sus manos contra el escritorio y clavo su mirada en la del vástago (dominación) y grito:
- ¡¡¡¡¡¡CALLATE!!!!!!
No aparto la mirada del cainita con sus verdes ojos inyectados en sangre, unas sombras oscurecieron a la mujer y se movían a su alrededor de forma amenazadora.
- Jamás vuelvas a tratarme de mentirosa ni a dirigirte a mí en ese tono...
- Lo siento, siento haberme comportado así. No pretendía asustarla. Ya sabe, de vez en cuando tengo ataques de ira...un mal que padecen los míos...trato de controlarlo...lo siento...Me resigno a creer que es todo una broma de ese maldito loco, creo que está vivo en algún sitio partiéndose el culo de todos nosotros.
Cuando LaTorre pareció entrar en razón las sombras fueron disipándose y antes de desaparecer del todo colocaron el asiento de Giulietta en su sitio y esta se sentó sin dejar de mirar al cainita.
- Intenta evitar esos ataques en mi presencia, esta es la primera vez, y lo perdono, pero no habrá una segunda...
Nuevamente se puso en pie y se acerco a donde el brujah estaba sentando mientras se quitaba la chaqueta quedándose en camiseta de tirantes.
- Yo lo presencie todo, ocurrió en este castillo, y al intentar evitarlo casi sufro el mismo destino. - Dijo señalando alguna de las cicatrices que aun no habían terminado de curar, era quemaduras que solo el sol podría haber hecho.
Observó la herida, ningún cainita en su sano juicio se expondría a la luz solar por las buenas. Ciertamente decía la verdad. Vlad había muerto, se había suicidado.
- Eso debió doler. - Vladimir...maldito chiflado... ¿por qué lo hiciste? -Pensó Latorre.
- Está bien, siento haber dudado de ti, mis disculpas. Queda claro que no bromeabas...siento el tono, después de todo he sido descortés contigo...he venido a tú casa, y me he comportado de manera nefasta...si formara parte de tu secta supongo que merecería un duro castigo correctivo, pero el caso es que voy por libre, así que no se te suba el cargo a la cabeza, el tono que dispongo hacia el resto de los cainitas depende del tono que empleen ellos hacia mí no de su cargo, recuérdalo. Pero en este caso he metido la pata, te he faltado el respeto, y por eso SÓLO por eso, creo que te mereces una compensación.
Latorre se levantó despacio, cruzó las manos por detrás de la espalda, para ser un Brujah no se solía habitualmente comportar como tal, no le gustaba que el resto de cainitas pensara que era un simple tonto grandullón. Se encaminó a uno de los cuadros y lo miró. Permaneció callado un instante, absorto, estaba pensando.
Giulietta se coloco nuevamente la chaqueta y volvió a su asiento.
- Acepto tus disculpas, pero quiero dejar un par de cosas bien claras. La lasombra se recostó en el sillón - Por haber pertenecido a mi secta no te hubiera castigado, no estés equivocado, si no lo he hecho es por el clan al que perteneces, si un miembro de cualquier otro clan, sin importar su secta, me hubiera tratado así en mi propia casa hubiera sufrido las consecuencias, aunque fuera un Sabbat, y esto no lo haría por mi cargo, creeme... Creo que desde un principio te he hablado en un buen tono e incluso tratado de igual, así que no me intentes dar clases de falsa moral. Y procura no utilizar mi cargo y tu independencia como una excusa, no servirá de nada.
Giulietta dijo tono esto en un tono de voz muy alejado del enfado, era más una enseñanza que una reprimenda.
- Bien, ya que para mí el honor y el respeto son dos cosas muy valiosas me veo en deuda contigo, yo no hubiera sido tan condescendiente contigo si tú hubieras hecho lo que yo hice...por eso, estoy dispuesto a hacerte un favor, el que quieras, por tu respeto te concedo un favor. Sé que quizás piensas que no es gran cosa viniendo de un sucio Brujah como yo, pero aún así te lo cedo. No te acostumbres mucho a que haga esto, normalmente suelo cobrar por mis...favores.
Una sombra coloco en su sitio la silla del brujah y la lasombra hizo un gesto con su mano invitándole a sentarse nuevamente mientras escuchó atentamente la proposición de LaTorre.
Finalmente le contesto.
- Bien, acepto el favor que estas dispuesto a hacerme, aunque en estos momentos no hay nada que puedas hacer por mí, así que, si no tienes inconveniente dime donde puedo encontrarte y cuando requiera de tus servicios te lo haré saber, y estate tranquilo, soy una persona bastante razonable, no te pediré nada que escape a tus aptitudes o peligro tu integridad... no demasiado al menos.
Vlad retomó el cuerpo de Carla. Sabía que LaTorre estaba por allí, y pensó que podría divertirse.
Duchó a Carla lo más rápidamente que pudo y se puso el mismo escaso vestido que la noche anterior. Se dirigió corriendo a donde Giulietta y LaTorre conversaban.
Entro a trompicones en la habitación, y casi choca con el cainita, que miraba un cuadro cerca de la entrada.
Se recompuso y miró a Giulietta, sonrió y levantando una ceja. Esperó que ella entendiera el gesto. ¡Soy yo!
-Hola... - dijo con una tímida y dulce voz, dirigiéndose a ambos.
Esperaba haber llamado la atención del cainita.
Giulietta estaba un poco sorprendida ante la repentina entrada de Vlad, aunque procuró que no se le notara mucho, estaba deseando ver que pretendía hacer con LaTorre, así que no dijo nada, y espero a ver cómo reaccionaba este.
- Mi pequeña Carla, ¿qué haces aquí?
Vaya, Vaya que tenemos aquí, pensó Latorre.
Latorre miró a la joven, a decir verdad la observó detalladamente. Su cara angelical, sus curvas, su ojos, sus labios y finalmente reparó en sus...sus...sus dos razones de peso. Por un instante podría haber perdido los nervios, pero no era ni el sitio ni el lugar para ello. Volvió un segundo con Giulietta.
- Bien, me alegro de que aceptes mis disculpas. Podrás encontrarme en el Nuevo Estigia. Si no estoy allí, puedes dejarme el recado.
En ese momento volvió de nuevo con exuberante joven que había entrado en la sala hacía escasos segundos. La miró a los ojos y sonrió:
- Así que tú eres Carla...No hemos tenido el placer de ser presentados, me llamo Javier "La Torre" Wilkinson, pero todos me llaman Latorre.
Miró a Giulietta, de nuevo.
- No sabía que te gustasen...ya sabes...las...bueno...supongo que si no te la has merendado ya es porque...supongo que...no sé... ¿sois amantes?
Giulietta no pudo evitar una carcajada ante la última frase de LaTorre.
- Jajajajaja, bueno, las cosas de cama en la cama quedan ¿no? jajajajaja - la lasombra intentó ponerse algo más seria - fuera bromas, Carla es parte de mi rebaño, y ya sabes que no está bien acabar con los buenos ejemplares, es mejor saborearlos poco a poco, y bueno, podría decirse que esta jovencita cuenta con algunos privilegios. - Termino la frase dirigiendo un guiño de complicidad a Vladimir.
- Ho...hola Javier, encantada.- Vlad hizo que Carla sacara su mejor sonrisa y se pusiera un mechón del flequillo tras una oreja, de forma delicada.
Carla se acerco provocativamente a LaTorre:
- Caray, vaya músculos tienes... no había visto unos brazos así en mi vida... - dijo la mujer tocando uno de los brazos del cainita, con una expresión parte asombro, parte admiración. - Triunfarás mucho con las chicas con un cuerpazo así ¿no? - Vlad pensó que el papel de chica zorrinocentona le estaba saliendo bien, siempre le habían gustado así... se colocó de tal manera que fuera seguro que el cainita, bastante más alto que Carla, divisara sin dificultades su canalillo gracias al ajustado y escaso vestido.
LaTorre se sintió halagado por los comentarios de Carla, sin embargo no era suficiente para seducirle. Había recibido en miles de ocasiones comentarios de ese tipo hacia su cuerpo de atleta. Aquella chica le recordaba mucho a las chicas que le conseguía su mánager cuando se instalaban en algún lujoso hotel de Las Vegas. La típica chica florero sin cerebro con la que pasar un rato divertido. Sin embargo esa era otra época y era otro Latorre. En la actualidad odiaba ese tipo de mujeres, desde su abrazo buscaba algo distinto. Sin embargo miró de manera descarada su escote.
- Gracias por tus halagos y bonito escote, Carla....Es una pena que de pequeño me enseñasen a que no se debía jugar con la comida.
Volvió un momento con Giulietta.
- Posees un rebaño un tanto descarado...a pesar de ello, he de decir que tiene buen gusto a la hora de elegir el ganado...
Se dio media vuelta y comenzó a andar lentamente hacia la salida. A mitad de camino se paró. Sacó un cigarro y se lo puso entre los labios.
- Bueno no quiero abusar más de tu tiempo, supongo que tendrás cosas que hacer. El cometido de mi visita era felicitarte por tu ascenso pero visto lo visto...Creo que sería más oportuna darte el...el... ¿pésame?... A decir verdad Vladimir y yo no nos llevábamos nada bien, pero no eso quiere decir que deseara su muerte... si te soy sincero, siempre he pensado que era un completo cretino... era un cabrón con pintas de tantos otros... como yo... si te sirve de consuelo... lo... lo siento... supongo que era un buen líder... En cuanto al favor, omite eso de no poner en peligro mi no-vida, ya que es un servicio gratuito... quisiera divertirme al menos un poco,ya sabes donde encontrarme...
Sacó un mechero de gasolina y lo encendió,antes de acercarlo al cigarro dijo:
- Por cierto Giulietta,hazme un favor...cuidate esa fea herida del hombro ¿quieres?
Giulietta suspiro mientras LaTorre salía con su verborrea.
- Por favor, ciuda tus palabras y no fumes sin el permiso de tu anfitrión... en serio, necesitas un curso intensivo de modales y buena educación. Me da lo mismo de que clan seas y de que afiliación, pero he conocido nosferatu de la Camarilla con mas educación y sentido de la propiedad que tu.
Sabia que no era del todo correcto decir eso, pero estaba en su casa, ante alguien carente de la mínima cortesía, así que no le dio mucha importancia.
El hecho de que el cainita no entrara al trapo tampoco le sorprendió. Lo más cercano que sabía sobre "como seducir a un hombre" se reducía a un dialogo de película porno. De hecho, si hubiera caído, habría demostrado lo estúpido que Vlad pensaba que era. Supuso que una guarra de verdad y con experiencia, como Salvina Nefer, lo tendría fácil con él.
Cuando el tiparraco se hubo marchado, cerró la puerta.
- Bufff, - resopló. - Menudo gilipollas... ¿qué quería? - dijo, sonriendo a Giulietta y acercándose a ella. La abrazó desde atrás, pegando su mejilla a la de ella, y besándosela tiernamente.
Cuando LaTorre se hubo ibo ido Giulietta se recostó en el sillón y se dejo abrazar por Vladimir.
- Nada, solo quería felicitarme por el ascenso o darme el pésame, no lo ha dejado muy claro, y ponerte a parir durante un rato, es un chico un poco incongruente... se contradecía a si mismo... en fin... - Estaban nuevamente solos en el despacho de la cainita. - Demos una vuelta, paso demasiado tiempo en este despacho. Giulietta cogió a Vladimir de la mano y salieron juntos de la sala, terminando en el asilvestrado jardín del castillo. No estaba nada cuidado, los setos hacía tiempo que había perdido su forma y las platas crecían a sus anchas, pero no era feo, es más, tenida cierta belleza "salvaje" bastante agradable.
- Dime, ¿qué tal tu cuerpo? supongo que ya serás capaz de manejarte correctamente con el... ¿no? - Dijo Giulietta haciéndose la distraída, iniciando la conversación desde el tema, tal vez, más irrelevante.
- No va malamente, para que engañarnos - Vlad notó algo extraño... el frescor de la noche y su cuerpo hacían de las suyas... - Juas, mira esto, es increíble - dijo sonriente, señalándose el pecho. Se tocó y pellizco, un poco, como si no supiera muy bien que era aquello. Juntó las manos tras la espalda. - Aunque para qué mentirte... a veces echo de menos un cuerpo masculino...
Se paro y se giró ligeramente hacia la cainita, mientras esta seguía caminando.
- ¿Te pasa algo?-la notaba ligeramente ausente.
Giulietta negó con la cabeza.
- Tranquilo, estoy perfectamente. - Y sonrió, mientras miraba el cuerpo de Carla de arriba a abajo. - Aunque creo que yo también que necesitamos un cuerpo masculino. Para ti, claro... no sé, esto ha sido algo más que interesante, pero se me hace un tanto extraño pensar en ti como hombre pero verte como mujer... ¿no has pensado en hacer una nueva mudanza? - Sonrió con dulzura y fingida inocencia.
- Ah, sí, no te preocupes, esto era solo una prueba, algo así como un "¿que haría si tal?", búscame algunos candidatos que te agraden, a ver si coincidimos en gustos - dijo sonriendo y sacándole la lengua mientras se acercaba a ella. - Hmmm, no te hagas la inocente...-dijo tonteando, poniendo las manos en la cintura de la cainita. - Sabes que en vida tenía cierta predilección por las MÁS inocentes - dijo cínicamente.
- Esta bien, te traeré a un selecto grupo de jóvenes, y tu tendrás la última palabra para elegir al susodicho... con mi aprobación, claro. - Giulietta guiño un ojo a Vlad con picardía.
- Hmm, como quieras -dijo a la cainita.
- Dentro de un rato saldré al centro, a ver si encuentro algo interesante, ¿te parece bien? - Giulietta abrazo a Vlad. - Aunque bueno... si quisieras tú también podrías venir, aunque por lo que he visto con LaTorre, tus dotes seductoras están un poco oxidadas. - Rio.
- Claaaro, iría contigo al centro si no fuera porque, oh! mi alma está atada a este castillo, ya te lo dije, hmpf. - no pudo ocultar su ligero mosqueo. - ¿Que bien para ti no? Que tu amante no pueda marcharse nunca... - su rostro se tornó serio.
Giulietta estiro los brazos y se separo de Vlad.
- ¿Qué? ¿Hablas en serio? ¿Empezamos ya con las discusiones de pareja o qué? ¡JA! esto es absurdo. - Dijo en tono de indignación la cainita. - ¿Por quién me has tomado? No soy una cualquiera Vladimir, tal vez en vida o en muerte tú fueras algún putero o algo por el estilo, pero yo no. - Giulietta se sentía muy ofendida, además, le había pillado por sorpresa. Se dio media vuelta y camino hacia el interior del castillo. - Si estas atado a este castillo aquí permanecerás hasta que vuelva. - Dijo seriamente mientras se adentraba en el edificio.
- Hey hey hey! -Vlad marchó a paso ligero, todo lo que los zapatos de tacón le permitían, tras Giulietta. - Oye, no te pongas así, era una broma ¿vale? - el bamboleo de sus pechos al paso ligero le resultaba cada vez más incomodo. - Es decir, las referencias a que estoy aquí encerrado son hirientes, intencionadas o no. No digo que lo hicieras a posta, ni mucho menos. Simplemente he hecho un comentario. - Reflexionó sobre lo que acababa de decir. - No es que piense que estar aquí sea malo. Joder, al contrario, estoy como un rey, fantasma, pero rey, al fin y al cabo. Pero... - Se paró en seco. La cainita no parecía oír lo que decía. - Ooh, venga ya, Giu, por favor. ¿Estás oyendo algo de lo que te digo? - utilizó el tono más tranquilo y conciliador que pudo. No quería que pensara que estaba enfadado. Solo algo irritado. Y quería desenfadarla a ella.
Giulietta caminaba con paso firme, oía los torpes pasos y las palabras de Vladimir no pudieron evitar una ligera sonrisa, pero al encontrarse de espaldas al cainita este no pudo percibirlo. Cuando Vlad le pregunto si le estaba escuchando, la lasombra se limito a levantar una mano.
- No tardare. - Dijo en tono serio, y aunque no estaba enfadada intento simularlo.
- Owww... joder... - Vlad recordó porque las chicas no solían durarle más de una noche... - Huh, bien, haz lo que veas, - dijo mientras Giulietta se ponía las gafas de sol. - Supongo que la opinión de un lastimoso ser incorpóreo no cuenta, ¿verdad? - dijo en el tono mas melodramático burlesco, si estaba enfadada bien, si no pues también.
La empatía que le quedaba de sus días de andar hurgando en los cocos de la gente, de forma distinta a como lo hacía ahora, le decía que no era grave.
- Bien, veré que puedo hacer por aquí. Adioos cariñoooo, pasalo bieeen - dijo desde la puerta, con sorna.
Una vez cerrada la puerta, comenzó a hablar solo.
Una vez fuera del castillo Giulietta subió al coche y se condujo hasta la zona de marcha. Enfundada en una gabardina hasta los tobillos merodeaba por la zona, ningún pub le parecía el apropiado para lo que andaba buscando, además, en casi todos había demasiada gente, sudando, con mucho ruido... qué asco, aun así entró, solo allí podría encontrar lo que buscaba.
Se paseo entre la gente sopesando a cada hombre con el que se cruzaba, hasta que vio a un joven candidato, un chaval de unos 25 años, moreno de pelo corto y ojos castaños y un cuerpo bastante atlético. Giulietta se acerco a él y simplemente dijo una cosa.
- Espérame fuera. El joven, dominado por la lasombra, obedeció sin inmutarse y salió del local. Es increíble, los jóvenes de hoy en día no tienen fuerza de voluntad ninguna, son como marionetas.
Continuo dando vueltas, hasta que lo vio, era un hombre muy atractivo de unos 26 o 27 años, alto, fuerte, pelo rubio con melena, ojos claros y mirada profunda, unos labios bien perfilados y un culo que campeonato dicho sea de paso, seguro que sería el típico buscón o cabeza hueca, pero eso era lo de menos, lo que Giulietta buscaba era una carcasa, un contenedor, un envase bonito para Vladimir.
Sin dudarlo se acerco a él, estaba bailando con una joven, Giulietta se puso entre ambos y miro al joven fijamente.
- Sígueme.
La joven que bailaba con el elegido dio un empujón a la cainita y profirió el típico grito de novia indignada, a lo que Giulietta respondió con un fuerte empujón que la desplazó un par de metros haciendo que se golpeara con una columna, nada grave; ante la atónita mirada de algunos Giulietta salió del local seguida del joven. El resto de humanos pensó que se trataba de alguna de las distintas escenitas de celos e infidelidad que se veían a diario y en seguida le quitaron importancia.
Una vez fuera, el joven moreno esperaba a Giulietta.
- ¿Aun estas aquí? Vete. - No le necesitaba, ya había encontrado lo que buscaba, y aunque el trato había sido que llevaría varios cuerpos para que Vlad escogiera, cambio de idea, solo podría escoger a este.
Mientras Vladimir hablaba consigo mismo en el castillo. ¿Y ahora que hacemos contigo Carla? Creo que te devolveré a tu celda/cuarto/lo que sea. No estás mal, pero aparte de para el sexo, te veo poco útil como anfitriona... ¿cómo puedes dormir con ESTAS cosas? - dijo resituando los pechos en el vestido, que iban algo descolocados tras la mini-cabalgata.
Se quitó los zapatos de tacón para andar más cómodo, y al darse la vuelta, se encontró cara a cara con Dorian.
Dorian hacia escasos minutos que se había levantado de su merecida siesta, cuando iba de camino a la cocina a por algo de comer se encontró de frente con alguien que le resultaba familiar llevándose un pequeño sobresalto.
- ¡Joder!
Le sonaba mucho aquella chica, hasta que por fin despertó no se dio cuenta de quién era, a pesar de que no estaba seguro de cuál era su nombre.
- ¡Ey!, ¿qué haces aquí? deberías estar en el sótano ¿cómo demonios has salido?
Dijo el joven en un tono serio y autoritario.
- Hombre, Dorian ¿que tal? - dio una palmada en el hombro del joven, de forma distraída.
De repente se dio cuenta. Ostia puta, este tío no sabe nada, a ver como ostias se lo explico yo...
- A ver, es muy sencillo, de primeras es poco probable que me creas, pero, ahí va: Yo, soy, Vlad
Dijo de forma lenta y pausada. Cuando terminó, sonrió.
Dorian se que un poco extrañado.
- ¿Cómo? ¿Vlad? ¿De que estás hablando?
Cogió a Vlad del brazo y fue tirando de él hacia el sótano.
- Es una pena que una chica tan guapa haya acabado tan loca... - Dijo Dorian en voz baja para sí mismo.
Vlad se fue agarrando donde pudo, pero la fuerza del hombre no le permitía hacer mucho.
- En fin, tu lo has querido- le dijo
Abandonó entonces el cuerpo de Carla, que quedó inconsciente, y se metió en la cabeza de Dorian. Le costaba, dado el cansancio y que no estaba acostumbrado a él, pero hizo lo que pudo.
- Cu-cu, ahora estoy aquí, dentro de tu cabeza... soy Vlaaad
Dorian notaba una extraña presión en las sienes, se llevo las manos a la cabeza mientras veía como el cuerpo de la joven caía inconsciente.
- Arrrrrrrrrgggggggggggg - Dorian no sabía qué hacer, no era la primera vez que jugaban con su mente, pero si era la primera que lo hacían estando él plenamente consciente.
- Tranquilo chaval, durará solo un segundo. - procuró no ser violento para no hacer daño al muchacho. - Mira, en resumidas cuentas, morí, volví en forma de fantasma y ahora ando poseyendo cuerpos. Pregúntale los detalles a Giulietta ¿vale? Ahora, te rogaría que llevaras a Carla a su lugar, pero por favor, trátala bien, ella es, especial.
Dorian realmente parecía estar sufriendo, era un sujeto bastante susceptible a todo lo relacionado con las disciplinas mentales, de hecho, rara vez había sido dominado o presenciado, solo por Giulietta para "amaestrarle" cuando entró a sus servicios, pero siempre era un joven diligente y eficaz, por lo que no hacía falta la dominación.
- Vale, te creo, pero por favor, ¡sal! - El joven estaba doblado y casi de rodillas en el suelo.
- Ok, lo siento por el dolor, pero creo que no había otra manera. Saldré ahora, si quieres decirme algo, lo oiré
Acto seguido, abandono el cuerpo del joven.
Dorian respiro aliviado, noto como si un gran peso desapareciera. Estaba un poco asustado, era la primera vez que le pasaba algo similar. Una vez se hubo recuperado cogió en brazos el cuerpo de Carla y lo llevo a una de las habitaciones del ala izquierda del castillo, allí la acostó y dejo recuperarse en la oscuridad.
Vlad se marchó al despacho de Giulietta.
Como bien pudo, ya que eso de tomar objetos materiales todavía le costaba, escribió la siguiente nota:
La letra no era mejor que la de un niño de párvulos con Parkinson, pero se entendía.
Tras esto, y terriblemente cansado, se marcho dormitar fantasmagóricamente en algún rincón, a esperar la llegada de Giulietta.
Giulietta entró en el castillo seguida del joven cuyo nombre desconocía, aunque tampoco tenia interés alguno en saber cómo se llamaba, dejo las gafas en la entrada y se dirigió a su despacho, encontrando de camino a un azorado Dorian.
- ¡Giulietta! ¡Giulietta! - el humano corría hacia ella.
- ¿Qué ocurre? - Dijo un tanto preocupada la mujer.
- Vladimir, ha vuelto, ocupo el cuerpo de una chica del rebaño, luego la dejo y me hablo en la mente, no sé donde está ahora, debe andar suelto por el castillo... - dijo el joven mirando a su alrededor.
- Tranquilo Dorian, estoy al corriente, de hecho lleva ya un par de días rondando por aquí, primero poseyó a Ambrosio para comunicarse conmigo, y luego le cedí temporalmente el cuerpo de Carla. La próxima vez que le veas probablemente porte este cuerpo dijo señalando al joven que la acompañaba, así que no te asustes, porque probablemente le veas mucho por el castillo, no puede salir de él.
- Entiendo... - el joven estaba ya mucho más tranquilo. - ¿Pero porque no me lo dijiste antes?
- No tuve oportunidad. Ahora continúa con tus quehaceres.
Giulietta entró en su despacho y vio la nota del escritorio.
- ¿Estas aquí Vladimir? - Preguntó, no obtuvo respuesta.
Había pasado mucho tiempo fuera, entre su paseo por el pinar y la búsqueda de cuerpo casi no se había dado cuenta de que la noche había llegado a su fin, así que cogió papel y escribió:
Para Vladimir
Con un imperdible engancho el papel a la ropa del joven y le dio una orden.
- No salgas de la habitación.
Sin más, le cainita se retiro a sus aposentos y descansó hasta la noche siguiente.
Una vez llegada la noche despertó (como todas las noches) y antes de nada fue a ver a Dorian.
- ¿Que tal esta Ambrosio?
- Se está recuperando. - Contesto el joven, que parecía muy cansado. - Pase la noche anterior y parte del día de hoy con él, se recuperara pronto aunque está bastante débil...
- Pareces cansado Dorian, ya me encargo yo de todo, esta noche y el día de mañana procura descansar.
- Gracias, bueno, me voy a dormir un rato. Por cierto, tienes correo. - Y el joven abandono la estancia hacia su habitación en el ala izquierda del castillo.
Giulietta subió a la habitación donde creía que Vladimir estaría, al menos fue allí donde le dejo la mañana anterior.
El cuerpo desnudo de Carla seguía en la cama, aunque daba la sensación de que no había nadie dentro, con cuidado la lasombra la tapó y se marchó para que descansara apaciblemente, tenía que recuperarse por si Vladimir decidía ocupar su cuerpo nuevamente.
¿Donde se habrá metido Vlad? le pareció del genero tonto ponerse a buscarlo por todo el castillo ya que sin un cuerpo no podía verle, así que se fue a su despacho, era donde más tiempo pasaba, así que si él quería verla sería el primer lugar al que acudiría, una vez allí comenzó a leer el correo.
Entre las muchas cartas había una de Roma, no tenia remitente, así que suponía de quien seria, se dispuso a leerla.
Mi hermosa Giulietta,
Hace mucho que no sabemos nada de ti, tus informes son escasos e incompletos, y últimamente me arriesgaría a decir que inexistentes, espero noticias tuyas lo antes posible. De todos modos en poco tiempo viajaré a España, e iré a verte si dispongo del tiempo necesario.
Con cariño, Gregory Valkas.
Giulietta guardo nuevamente la carta en el sobre y la introdujo en una cajita del segundo cajón. Saco hoja y pluma y comenzó a escribir sobre los avances que había obtenido, el fatídico destino del anterior arzobispo, su consecuente ascenso dentro del Sabbat, la nueva príncipe de la camarilla... sin mencionar en ningún momento la vuelta de Vladimir.
Una vez hubo terminado, metió la carta en un sobre, escribió la dirección de destino en Roma, y la guardo en un cajón, al día siguiente la enviaría.
Tras el frenesí y las revelaciones de la pasada noche con Giulietta, Vlad pasó el día entero descansando en el inmaterial, recuperando fuerzas tras la agotadora noche de posesiones, en sus múltiples modos y formas. Ardía en deseos de hablar con Giulietta, su Giu, aunque su situación respecto del otro habían sido desveladas, aun tenían muchas cosas que decirse.
Giulietta notó como la temperatura de la habitación descendía ligeramente. No supo porqué era, pero pronto lo averiguaría.
- ..Buenas noches, Giu...- oyó en su cabeza, mientras notaba una ligera brisa fría muy concentrada en la parte derecha de su cuello.
- Buenas noches, ¿has descansado? - Giulietta estaba tranquila, sabía que era Vlad quien hablaba. - Por cierto, LaTorre está a punto de llamar a las puertas del castillo. - Dijo señalando al pequeño monitor incrustado en el escritorio, mientras hablaba vio como Dorian abría la puerta y tras cruzar algunas palabras con LaTorre ambos entraban. - Aquí viene, por favor, no montes el numerito de poltergeist de castillo delante de él. - Dijo riendo a Vlad. Tapo nuevamente el monitor y Dorian entro en el despacho.
- LaTorre ha venido, por si no te acuerdas de él, es el tío grande que estaba con Salvina en la fiesta.
- Gracias Dorian, hazle pasar, y vuelve a tu cuarto, te dije que descansaras.
Dorian salió dejando la puerta abierta tras de sí.
Latorre vestía unos vaqueros azules,una deportivas blancas y una sudadera negra con capucha,encima de esta vestía una chaqueta de cuero. Sonrió en el momento de entrar al despacho. Rápidamente quedó cautivado por los brillantes ojos verdes de Giulietta.
Giulietta se puso en pie para recibir al recién llegado.
- ¡Buenas Noches! Señorita Strozzi
- Buenas noches. - Miro de arriba a abajo al brujah y su indumentaria.
Hizo una leve reverencia un tanto cómica por su vestimenta. Comenzó a dar vueltas por la habitación mirando al techo y al resto de la decoración.
- He de decir que me sorprende como ha dejado el castillo, es una delicia, lo digo en serio, me encanta Europa por sus castillos, es una pena que en mis país no se construyera ninguno...
- Si en su país no se ha construido ninguno intuyo que venís del nuevo mundo eso explica muchas cosas...americanos...
Se percató de que estaba desvariando, se frenó en seco y miró a Giulietta. Sus ojos se clavaron como puñales en aquellos ojos verdes, proyectando una mirada encantadora de las que solía disparar el joven brujah.
- Aunque a decir verdad, la belleza del castillo no se puede comparar con la belleza de su propietaria.
Se quedó quieto mirando aquellos ojos, esperando a que los carnosos labios que los acompañaban contestaran algo.
- Sois un adulador, - hasta a ella misma le había extrañado oírse decirle esas palabras a LaTorre, aunque educación era algo de lo que no andaba escaba y decir otra cosa hubiera sido un tanto brusco y descortés, - por favor, poneos cómodo. - Dijo señalando una de las sillas del otro lado del escritorio.
Latorre tomó asiento suavemente, se pasó la mano por el pelo, se acomodó y cruzó las piernas.
- Así que es cierto, el viejo Vlad no está al cargo de la ciudad... ¿se ha ido por algún motivo? ¿Viaje de negocios?... ¿por qué me extraña que alguien como él deje un puesto como el que ahora ocupáis de manera civilizada?, no sé, según tengo entendido le costó tanto alcanzar el poder, que me extraña que se haya ido sin más.
Se percató que quizá para no pertenecer a la secta había sido demasiado directo.
- Perdonad mi insolencia, quizá el paradero de Vladimir no sea de mi incumbencia, pero me ha sorprendido... ante todo he de daros mis felicitaciones, supongo que estas contenta por el... ascenso.
Giulietta miro un tanto extrañada al vampiro.
- Vladimir me lego este cargo por voluntad e iniciativa propia, a pesar de lo que pudiera pareceros el señor Von Thremischeck era una buena persona, aunque había que saber tratarle, tal vez vos no tuvierais ese tacto...
- Eso tengo entendido al menos...
- En cuanto a su paradero... bueno, hace unas semanas vio su ultimo amanecer y dejo este mundo definitivamente...
Un halo de leve tristeza empaño la mirada de la cainita... una tristeza que hace un par de días hubiera sido real, que ahora que Vlad había vuelto había desaparecido por completo, aunque claro, eso era algo que el brujah no tenia forma alguna de averiguar...
Al oír que Vladimir había muerto, frunció el ceño. No podía creerlo, la concepción que tenía de él no le permitía creerlo. Para Latorre era imposible que alguien tan orgulloso como Vlad decidiera quitarse la no vida. Puso una cara de incredulidad máxima, aunque pensó tratar de disimularla, no lo hizo.
- No me lo creo, no me creo que Vlad haya... desaparecido definitivamente... no le creo capaz de suicidarse de esa manera... no es que dude de su palabra pero... simplemente... suicidare es de cobardes... y abré tenido mis más y mis menos con el anterior Arzobispo pero no le creía un cobarde... vaya, sorpresa... en fin, que se le va a hacer...
Miró al suelo sorprendido con la mirada vacía. Recapacitó y miró a Giulietta.
- ¡Qué demonios! Venga Giulietta ¿dónde está la cámara oculta? esto es una de esas bromas del Sabbat ¿no?
La ira comenzó a apoderarse súbitamente de Latorre, pegó un salto y se levantó bruscamente.
- ¡¡¡ESE CABRÓN NO PUEDE ESTAR MUERTO!!!¡¡¡NO ES UN MALDITO COBARDE!!!"
Dijo señalando a Giulietta con una mirada iracunda en su rostro, parecía que el infierno se proyectaba en sus ojos. Por un instante se dejó llevar por la pasión del momento, se negaba a creerlo, pero lo más probable es que fuera cierto. Se resignaba a creer que era todo una sucia estratagema, mantuvo la posición durante un instante, cerró los ojos y trató de calmarse. Fue bajando lentamente le brazo que apuntaba a Giulietta. En contra oposición de como se había levantado, se fue sentando lentamente, despacio, se cogió la cabeza con ambas manos, levantó la mirada.
Ante los gritos de acusación del brujah Giulietta se levanto violentamente tirando la silla al suelo, apoyo fuertemente sus manos contra el escritorio y clavo su mirada en la del vástago (dominación) y grito:
- ¡¡¡¡¡¡CALLATE!!!!!!
No aparto la mirada del cainita con sus verdes ojos inyectados en sangre, unas sombras oscurecieron a la mujer y se movían a su alrededor de forma amenazadora.
- Jamás vuelvas a tratarme de mentirosa ni a dirigirte a mí en ese tono...
- Lo siento, siento haberme comportado así. No pretendía asustarla. Ya sabe, de vez en cuando tengo ataques de ira...un mal que padecen los míos...trato de controlarlo...lo siento...Me resigno a creer que es todo una broma de ese maldito loco, creo que está vivo en algún sitio partiéndose el culo de todos nosotros.
Cuando LaTorre pareció entrar en razón las sombras fueron disipándose y antes de desaparecer del todo colocaron el asiento de Giulietta en su sitio y esta se sentó sin dejar de mirar al cainita.
- Intenta evitar esos ataques en mi presencia, esta es la primera vez, y lo perdono, pero no habrá una segunda...
Nuevamente se puso en pie y se acerco a donde el brujah estaba sentando mientras se quitaba la chaqueta quedándose en camiseta de tirantes.
- Yo lo presencie todo, ocurrió en este castillo, y al intentar evitarlo casi sufro el mismo destino. - Dijo señalando alguna de las cicatrices que aun no habían terminado de curar, era quemaduras que solo el sol podría haber hecho.
Observó la herida, ningún cainita en su sano juicio se expondría a la luz solar por las buenas. Ciertamente decía la verdad. Vlad había muerto, se había suicidado.
- Eso debió doler. - Vladimir...maldito chiflado... ¿por qué lo hiciste? -Pensó Latorre.
- Está bien, siento haber dudado de ti, mis disculpas. Queda claro que no bromeabas...siento el tono, después de todo he sido descortés contigo...he venido a tú casa, y me he comportado de manera nefasta...si formara parte de tu secta supongo que merecería un duro castigo correctivo, pero el caso es que voy por libre, así que no se te suba el cargo a la cabeza, el tono que dispongo hacia el resto de los cainitas depende del tono que empleen ellos hacia mí no de su cargo, recuérdalo. Pero en este caso he metido la pata, te he faltado el respeto, y por eso SÓLO por eso, creo que te mereces una compensación.
Latorre se levantó despacio, cruzó las manos por detrás de la espalda, para ser un Brujah no se solía habitualmente comportar como tal, no le gustaba que el resto de cainitas pensara que era un simple tonto grandullón. Se encaminó a uno de los cuadros y lo miró. Permaneció callado un instante, absorto, estaba pensando.
Giulietta se coloco nuevamente la chaqueta y volvió a su asiento.
- Acepto tus disculpas, pero quiero dejar un par de cosas bien claras. La lasombra se recostó en el sillón - Por haber pertenecido a mi secta no te hubiera castigado, no estés equivocado, si no lo he hecho es por el clan al que perteneces, si un miembro de cualquier otro clan, sin importar su secta, me hubiera tratado así en mi propia casa hubiera sufrido las consecuencias, aunque fuera un Sabbat, y esto no lo haría por mi cargo, creeme... Creo que desde un principio te he hablado en un buen tono e incluso tratado de igual, así que no me intentes dar clases de falsa moral. Y procura no utilizar mi cargo y tu independencia como una excusa, no servirá de nada.
Giulietta dijo tono esto en un tono de voz muy alejado del enfado, era más una enseñanza que una reprimenda.
- Bien, ya que para mí el honor y el respeto son dos cosas muy valiosas me veo en deuda contigo, yo no hubiera sido tan condescendiente contigo si tú hubieras hecho lo que yo hice...por eso, estoy dispuesto a hacerte un favor, el que quieras, por tu respeto te concedo un favor. Sé que quizás piensas que no es gran cosa viniendo de un sucio Brujah como yo, pero aún así te lo cedo. No te acostumbres mucho a que haga esto, normalmente suelo cobrar por mis...favores.
Una sombra coloco en su sitio la silla del brujah y la lasombra hizo un gesto con su mano invitándole a sentarse nuevamente mientras escuchó atentamente la proposición de LaTorre.
Finalmente le contesto.
- Bien, acepto el favor que estas dispuesto a hacerme, aunque en estos momentos no hay nada que puedas hacer por mí, así que, si no tienes inconveniente dime donde puedo encontrarte y cuando requiera de tus servicios te lo haré saber, y estate tranquilo, soy una persona bastante razonable, no te pediré nada que escape a tus aptitudes o peligro tu integridad... no demasiado al menos.
Vlad retomó el cuerpo de Carla. Sabía que LaTorre estaba por allí, y pensó que podría divertirse.
Duchó a Carla lo más rápidamente que pudo y se puso el mismo escaso vestido que la noche anterior. Se dirigió corriendo a donde Giulietta y LaTorre conversaban.
Entro a trompicones en la habitación, y casi choca con el cainita, que miraba un cuadro cerca de la entrada.
Se recompuso y miró a Giulietta, sonrió y levantando una ceja. Esperó que ella entendiera el gesto. ¡Soy yo!
-Hola... - dijo con una tímida y dulce voz, dirigiéndose a ambos.
Esperaba haber llamado la atención del cainita.
Giulietta estaba un poco sorprendida ante la repentina entrada de Vlad, aunque procuró que no se le notara mucho, estaba deseando ver que pretendía hacer con LaTorre, así que no dijo nada, y espero a ver cómo reaccionaba este.
- Mi pequeña Carla, ¿qué haces aquí?
Vaya, Vaya que tenemos aquí, pensó Latorre.
Latorre miró a la joven, a decir verdad la observó detalladamente. Su cara angelical, sus curvas, su ojos, sus labios y finalmente reparó en sus...sus...sus dos razones de peso. Por un instante podría haber perdido los nervios, pero no era ni el sitio ni el lugar para ello. Volvió un segundo con Giulietta.
- Bien, me alegro de que aceptes mis disculpas. Podrás encontrarme en el Nuevo Estigia. Si no estoy allí, puedes dejarme el recado.
En ese momento volvió de nuevo con exuberante joven que había entrado en la sala hacía escasos segundos. La miró a los ojos y sonrió:
- Así que tú eres Carla...No hemos tenido el placer de ser presentados, me llamo Javier "La Torre" Wilkinson, pero todos me llaman Latorre.
Miró a Giulietta, de nuevo.
- No sabía que te gustasen...ya sabes...las...bueno...supongo que si no te la has merendado ya es porque...supongo que...no sé... ¿sois amantes?
Giulietta no pudo evitar una carcajada ante la última frase de LaTorre.
- Jajajajaja, bueno, las cosas de cama en la cama quedan ¿no? jajajajaja - la lasombra intentó ponerse algo más seria - fuera bromas, Carla es parte de mi rebaño, y ya sabes que no está bien acabar con los buenos ejemplares, es mejor saborearlos poco a poco, y bueno, podría decirse que esta jovencita cuenta con algunos privilegios. - Termino la frase dirigiendo un guiño de complicidad a Vladimir.
- Ho...hola Javier, encantada.- Vlad hizo que Carla sacara su mejor sonrisa y se pusiera un mechón del flequillo tras una oreja, de forma delicada.
Carla se acerco provocativamente a LaTorre:
- Caray, vaya músculos tienes... no había visto unos brazos así en mi vida... - dijo la mujer tocando uno de los brazos del cainita, con una expresión parte asombro, parte admiración. - Triunfarás mucho con las chicas con un cuerpazo así ¿no? - Vlad pensó que el papel de chica zorrinocentona le estaba saliendo bien, siempre le habían gustado así... se colocó de tal manera que fuera seguro que el cainita, bastante más alto que Carla, divisara sin dificultades su canalillo gracias al ajustado y escaso vestido.
LaTorre se sintió halagado por los comentarios de Carla, sin embargo no era suficiente para seducirle. Había recibido en miles de ocasiones comentarios de ese tipo hacia su cuerpo de atleta. Aquella chica le recordaba mucho a las chicas que le conseguía su mánager cuando se instalaban en algún lujoso hotel de Las Vegas. La típica chica florero sin cerebro con la que pasar un rato divertido. Sin embargo esa era otra época y era otro Latorre. En la actualidad odiaba ese tipo de mujeres, desde su abrazo buscaba algo distinto. Sin embargo miró de manera descarada su escote.
- Gracias por tus halagos y bonito escote, Carla....Es una pena que de pequeño me enseñasen a que no se debía jugar con la comida.
Volvió un momento con Giulietta.
- Posees un rebaño un tanto descarado...a pesar de ello, he de decir que tiene buen gusto a la hora de elegir el ganado...
Se dio media vuelta y comenzó a andar lentamente hacia la salida. A mitad de camino se paró. Sacó un cigarro y se lo puso entre los labios.
- Bueno no quiero abusar más de tu tiempo, supongo que tendrás cosas que hacer. El cometido de mi visita era felicitarte por tu ascenso pero visto lo visto...Creo que sería más oportuna darte el...el... ¿pésame?... A decir verdad Vladimir y yo no nos llevábamos nada bien, pero no eso quiere decir que deseara su muerte... si te soy sincero, siempre he pensado que era un completo cretino... era un cabrón con pintas de tantos otros... como yo... si te sirve de consuelo... lo... lo siento... supongo que era un buen líder... En cuanto al favor, omite eso de no poner en peligro mi no-vida, ya que es un servicio gratuito... quisiera divertirme al menos un poco,ya sabes donde encontrarme...
Sacó un mechero de gasolina y lo encendió,antes de acercarlo al cigarro dijo:
- Por cierto Giulietta,hazme un favor...cuidate esa fea herida del hombro ¿quieres?
Giulietta suspiro mientras LaTorre salía con su verborrea.
- Por favor, ciuda tus palabras y no fumes sin el permiso de tu anfitrión... en serio, necesitas un curso intensivo de modales y buena educación. Me da lo mismo de que clan seas y de que afiliación, pero he conocido nosferatu de la Camarilla con mas educación y sentido de la propiedad que tu.
Sabia que no era del todo correcto decir eso, pero estaba en su casa, ante alguien carente de la mínima cortesía, así que no le dio mucha importancia.
El hecho de que el cainita no entrara al trapo tampoco le sorprendió. Lo más cercano que sabía sobre "como seducir a un hombre" se reducía a un dialogo de película porno. De hecho, si hubiera caído, habría demostrado lo estúpido que Vlad pensaba que era. Supuso que una guarra de verdad y con experiencia, como Salvina Nefer, lo tendría fácil con él.
Cuando el tiparraco se hubo marchado, cerró la puerta.
- Bufff, - resopló. - Menudo gilipollas... ¿qué quería? - dijo, sonriendo a Giulietta y acercándose a ella. La abrazó desde atrás, pegando su mejilla a la de ella, y besándosela tiernamente.
Cuando LaTorre se hubo ibo ido Giulietta se recostó en el sillón y se dejo abrazar por Vladimir.
- Nada, solo quería felicitarme por el ascenso o darme el pésame, no lo ha dejado muy claro, y ponerte a parir durante un rato, es un chico un poco incongruente... se contradecía a si mismo... en fin... - Estaban nuevamente solos en el despacho de la cainita. - Demos una vuelta, paso demasiado tiempo en este despacho. Giulietta cogió a Vladimir de la mano y salieron juntos de la sala, terminando en el asilvestrado jardín del castillo. No estaba nada cuidado, los setos hacía tiempo que había perdido su forma y las platas crecían a sus anchas, pero no era feo, es más, tenida cierta belleza "salvaje" bastante agradable.
- Dime, ¿qué tal tu cuerpo? supongo que ya serás capaz de manejarte correctamente con el... ¿no? - Dijo Giulietta haciéndose la distraída, iniciando la conversación desde el tema, tal vez, más irrelevante.
- No va malamente, para que engañarnos - Vlad notó algo extraño... el frescor de la noche y su cuerpo hacían de las suyas... - Juas, mira esto, es increíble - dijo sonriente, señalándose el pecho. Se tocó y pellizco, un poco, como si no supiera muy bien que era aquello. Juntó las manos tras la espalda. - Aunque para qué mentirte... a veces echo de menos un cuerpo masculino...
Se paro y se giró ligeramente hacia la cainita, mientras esta seguía caminando.
- ¿Te pasa algo?-la notaba ligeramente ausente.
Giulietta negó con la cabeza.
- Tranquilo, estoy perfectamente. - Y sonrió, mientras miraba el cuerpo de Carla de arriba a abajo. - Aunque creo que yo también que necesitamos un cuerpo masculino. Para ti, claro... no sé, esto ha sido algo más que interesante, pero se me hace un tanto extraño pensar en ti como hombre pero verte como mujer... ¿no has pensado en hacer una nueva mudanza? - Sonrió con dulzura y fingida inocencia.
- Ah, sí, no te preocupes, esto era solo una prueba, algo así como un "¿que haría si tal?", búscame algunos candidatos que te agraden, a ver si coincidimos en gustos - dijo sonriendo y sacándole la lengua mientras se acercaba a ella. - Hmmm, no te hagas la inocente...-dijo tonteando, poniendo las manos en la cintura de la cainita. - Sabes que en vida tenía cierta predilección por las MÁS inocentes - dijo cínicamente.
- Esta bien, te traeré a un selecto grupo de jóvenes, y tu tendrás la última palabra para elegir al susodicho... con mi aprobación, claro. - Giulietta guiño un ojo a Vlad con picardía.
- Hmm, como quieras -dijo a la cainita.
- Dentro de un rato saldré al centro, a ver si encuentro algo interesante, ¿te parece bien? - Giulietta abrazo a Vlad. - Aunque bueno... si quisieras tú también podrías venir, aunque por lo que he visto con LaTorre, tus dotes seductoras están un poco oxidadas. - Rio.
- Claaaro, iría contigo al centro si no fuera porque, oh! mi alma está atada a este castillo, ya te lo dije, hmpf. - no pudo ocultar su ligero mosqueo. - ¿Que bien para ti no? Que tu amante no pueda marcharse nunca... - su rostro se tornó serio.
Giulietta estiro los brazos y se separo de Vlad.
- ¿Qué? ¿Hablas en serio? ¿Empezamos ya con las discusiones de pareja o qué? ¡JA! esto es absurdo. - Dijo en tono de indignación la cainita. - ¿Por quién me has tomado? No soy una cualquiera Vladimir, tal vez en vida o en muerte tú fueras algún putero o algo por el estilo, pero yo no. - Giulietta se sentía muy ofendida, además, le había pillado por sorpresa. Se dio media vuelta y camino hacia el interior del castillo. - Si estas atado a este castillo aquí permanecerás hasta que vuelva. - Dijo seriamente mientras se adentraba en el edificio.
- Hey hey hey! -Vlad marchó a paso ligero, todo lo que los zapatos de tacón le permitían, tras Giulietta. - Oye, no te pongas así, era una broma ¿vale? - el bamboleo de sus pechos al paso ligero le resultaba cada vez más incomodo. - Es decir, las referencias a que estoy aquí encerrado son hirientes, intencionadas o no. No digo que lo hicieras a posta, ni mucho menos. Simplemente he hecho un comentario. - Reflexionó sobre lo que acababa de decir. - No es que piense que estar aquí sea malo. Joder, al contrario, estoy como un rey, fantasma, pero rey, al fin y al cabo. Pero... - Se paró en seco. La cainita no parecía oír lo que decía. - Ooh, venga ya, Giu, por favor. ¿Estás oyendo algo de lo que te digo? - utilizó el tono más tranquilo y conciliador que pudo. No quería que pensara que estaba enfadado. Solo algo irritado. Y quería desenfadarla a ella.
Giulietta caminaba con paso firme, oía los torpes pasos y las palabras de Vladimir no pudieron evitar una ligera sonrisa, pero al encontrarse de espaldas al cainita este no pudo percibirlo. Cuando Vlad le pregunto si le estaba escuchando, la lasombra se limito a levantar una mano.
- No tardare. - Dijo en tono serio, y aunque no estaba enfadada intento simularlo.
- Owww... joder... - Vlad recordó porque las chicas no solían durarle más de una noche... - Huh, bien, haz lo que veas, - dijo mientras Giulietta se ponía las gafas de sol. - Supongo que la opinión de un lastimoso ser incorpóreo no cuenta, ¿verdad? - dijo en el tono mas melodramático burlesco, si estaba enfadada bien, si no pues también.
La empatía que le quedaba de sus días de andar hurgando en los cocos de la gente, de forma distinta a como lo hacía ahora, le decía que no era grave.
- Bien, veré que puedo hacer por aquí. Adioos cariñoooo, pasalo bieeen - dijo desde la puerta, con sorna.
Una vez cerrada la puerta, comenzó a hablar solo.
Una vez fuera del castillo Giulietta subió al coche y se condujo hasta la zona de marcha. Enfundada en una gabardina hasta los tobillos merodeaba por la zona, ningún pub le parecía el apropiado para lo que andaba buscando, además, en casi todos había demasiada gente, sudando, con mucho ruido... qué asco, aun así entró, solo allí podría encontrar lo que buscaba.
Se paseo entre la gente sopesando a cada hombre con el que se cruzaba, hasta que vio a un joven candidato, un chaval de unos 25 años, moreno de pelo corto y ojos castaños y un cuerpo bastante atlético. Giulietta se acerco a él y simplemente dijo una cosa.
- Espérame fuera. El joven, dominado por la lasombra, obedeció sin inmutarse y salió del local. Es increíble, los jóvenes de hoy en día no tienen fuerza de voluntad ninguna, son como marionetas.
Continuo dando vueltas, hasta que lo vio, era un hombre muy atractivo de unos 26 o 27 años, alto, fuerte, pelo rubio con melena, ojos claros y mirada profunda, unos labios bien perfilados y un culo que campeonato dicho sea de paso, seguro que sería el típico buscón o cabeza hueca, pero eso era lo de menos, lo que Giulietta buscaba era una carcasa, un contenedor, un envase bonito para Vladimir.
Sin dudarlo se acerco a él, estaba bailando con una joven, Giulietta se puso entre ambos y miro al joven fijamente.
- Sígueme.
La joven que bailaba con el elegido dio un empujón a la cainita y profirió el típico grito de novia indignada, a lo que Giulietta respondió con un fuerte empujón que la desplazó un par de metros haciendo que se golpeara con una columna, nada grave; ante la atónita mirada de algunos Giulietta salió del local seguida del joven. El resto de humanos pensó que se trataba de alguna de las distintas escenitas de celos e infidelidad que se veían a diario y en seguida le quitaron importancia.
Una vez fuera, el joven moreno esperaba a Giulietta.
- ¿Aun estas aquí? Vete. - No le necesitaba, ya había encontrado lo que buscaba, y aunque el trato había sido que llevaría varios cuerpos para que Vlad escogiera, cambio de idea, solo podría escoger a este.
Mientras Vladimir hablaba consigo mismo en el castillo. ¿Y ahora que hacemos contigo Carla? Creo que te devolveré a tu celda/cuarto/lo que sea. No estás mal, pero aparte de para el sexo, te veo poco útil como anfitriona... ¿cómo puedes dormir con ESTAS cosas? - dijo resituando los pechos en el vestido, que iban algo descolocados tras la mini-cabalgata.
Se quitó los zapatos de tacón para andar más cómodo, y al darse la vuelta, se encontró cara a cara con Dorian.
Dorian hacia escasos minutos que se había levantado de su merecida siesta, cuando iba de camino a la cocina a por algo de comer se encontró de frente con alguien que le resultaba familiar llevándose un pequeño sobresalto.
- ¡Joder!
Le sonaba mucho aquella chica, hasta que por fin despertó no se dio cuenta de quién era, a pesar de que no estaba seguro de cuál era su nombre.
- ¡Ey!, ¿qué haces aquí? deberías estar en el sótano ¿cómo demonios has salido?
Dijo el joven en un tono serio y autoritario.
- Hombre, Dorian ¿que tal? - dio una palmada en el hombro del joven, de forma distraída.
De repente se dio cuenta. Ostia puta, este tío no sabe nada, a ver como ostias se lo explico yo...
- A ver, es muy sencillo, de primeras es poco probable que me creas, pero, ahí va: Yo, soy, Vlad
Dijo de forma lenta y pausada. Cuando terminó, sonrió.
Dorian se que un poco extrañado.
- ¿Cómo? ¿Vlad? ¿De que estás hablando?
Cogió a Vlad del brazo y fue tirando de él hacia el sótano.
- Es una pena que una chica tan guapa haya acabado tan loca... - Dijo Dorian en voz baja para sí mismo.
Vlad se fue agarrando donde pudo, pero la fuerza del hombre no le permitía hacer mucho.
- En fin, tu lo has querido- le dijo
Abandonó entonces el cuerpo de Carla, que quedó inconsciente, y se metió en la cabeza de Dorian. Le costaba, dado el cansancio y que no estaba acostumbrado a él, pero hizo lo que pudo.
- Cu-cu, ahora estoy aquí, dentro de tu cabeza... soy Vlaaad
Dorian notaba una extraña presión en las sienes, se llevo las manos a la cabeza mientras veía como el cuerpo de la joven caía inconsciente.
- Arrrrrrrrrgggggggggggg - Dorian no sabía qué hacer, no era la primera vez que jugaban con su mente, pero si era la primera que lo hacían estando él plenamente consciente.
- Tranquilo chaval, durará solo un segundo. - procuró no ser violento para no hacer daño al muchacho. - Mira, en resumidas cuentas, morí, volví en forma de fantasma y ahora ando poseyendo cuerpos. Pregúntale los detalles a Giulietta ¿vale? Ahora, te rogaría que llevaras a Carla a su lugar, pero por favor, trátala bien, ella es, especial.
Dorian realmente parecía estar sufriendo, era un sujeto bastante susceptible a todo lo relacionado con las disciplinas mentales, de hecho, rara vez había sido dominado o presenciado, solo por Giulietta para "amaestrarle" cuando entró a sus servicios, pero siempre era un joven diligente y eficaz, por lo que no hacía falta la dominación.
- Vale, te creo, pero por favor, ¡sal! - El joven estaba doblado y casi de rodillas en el suelo.
- Ok, lo siento por el dolor, pero creo que no había otra manera. Saldré ahora, si quieres decirme algo, lo oiré
Acto seguido, abandono el cuerpo del joven.
Dorian respiro aliviado, noto como si un gran peso desapareciera. Estaba un poco asustado, era la primera vez que le pasaba algo similar. Una vez se hubo recuperado cogió en brazos el cuerpo de Carla y lo llevo a una de las habitaciones del ala izquierda del castillo, allí la acostó y dejo recuperarse en la oscuridad.
Vlad se marchó al despacho de Giulietta.
Como bien pudo, ya que eso de tomar objetos materiales todavía le costaba, escribió la siguiente nota:
Soy Vlad. Explicar Dorian. Cuidar Carla
La letra no era mejor que la de un niño de párvulos con Parkinson, pero se entendía.
Tras esto, y terriblemente cansado, se marcho dormitar fantasmagóricamente en algún rincón, a esperar la llegada de Giulietta.
Giulietta entró en el castillo seguida del joven cuyo nombre desconocía, aunque tampoco tenia interés alguno en saber cómo se llamaba, dejo las gafas en la entrada y se dirigió a su despacho, encontrando de camino a un azorado Dorian.
- ¡Giulietta! ¡Giulietta! - el humano corría hacia ella.
- ¿Qué ocurre? - Dijo un tanto preocupada la mujer.
- Vladimir, ha vuelto, ocupo el cuerpo de una chica del rebaño, luego la dejo y me hablo en la mente, no sé donde está ahora, debe andar suelto por el castillo... - dijo el joven mirando a su alrededor.
- Tranquilo Dorian, estoy al corriente, de hecho lleva ya un par de días rondando por aquí, primero poseyó a Ambrosio para comunicarse conmigo, y luego le cedí temporalmente el cuerpo de Carla. La próxima vez que le veas probablemente porte este cuerpo dijo señalando al joven que la acompañaba, así que no te asustes, porque probablemente le veas mucho por el castillo, no puede salir de él.
- Entiendo... - el joven estaba ya mucho más tranquilo. - ¿Pero porque no me lo dijiste antes?
- No tuve oportunidad. Ahora continúa con tus quehaceres.
Giulietta entró en su despacho y vio la nota del escritorio.
- ¿Estas aquí Vladimir? - Preguntó, no obtuvo respuesta.
Había pasado mucho tiempo fuera, entre su paseo por el pinar y la búsqueda de cuerpo casi no se había dado cuenta de que la noche había llegado a su fin, así que cogió papel y escribió:
Para Vladimir
Con un imperdible engancho el papel a la ropa del joven y le dio una orden.
- No salgas de la habitación.
Sin más, le cainita se retiro a sus aposentos y descansó hasta la noche siguiente.
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