jueves, 8 de diciembre de 2005

Ejerciendo de Arzobispo


El coche se detuvo delante de las inmediaciones del Castillo y el vástago abrió la puerta con suavidad. Había oído rumores de que el Sabbat éstaba por esta área de la ciudad, y como no estaba decantado por ningún bando en particular, decidió presentar sus respetos al Obispo local.
Se acercó a la puerta y llamó al timbre y esperó pacientemente a que le contestaran.

Ambrosio se acerco a la puerta con tranquilidad y parsimonia. Se recoloco la pajarita y se estiro el traje, acto seguido abrió la puerta.

- Buenas noches caballero. ¿Que desea?

Carlo miró al ghoul, sin decir nada mientras su mirada escrudiñaba al individuo. Recobró su compostura y con una ligera sonrisa en u expresión se dirigió a Ambrosio de la forma más educada posible.

Que tengáis una buena noche... Me han informado de que aquí reside el Obispo local y me gustaría poder ser recibido por el mismo.

Ambrosio abrió la puerta para ceder el paso al recién llegado.

- Pase caballero, ahora mismo anunciare su presencia al arzobispo... ¿Me cede su abrigo?

Arqueó una ceja cuando dijo "Arzobispo". ¿Es que este lugar es tan importante como para que hubiera un arzobispo? Cedió su abrigo a Ambrosio, haciendo un gesto de asentimiento cortés

- Muchas gracias, buen hombre

Ambrosio cogió el abrigo del cainita y lo colgó en un armario cercano.

- Por favor, sígame.

Comenzó a andar hacia el despacho donde se encontraba el arzobispo, Ambrosio llamo a la puerta, tras retirar la mano la puerta se abrió, era Dorian, que salía del despacho, al salir fijo su mirada en el recién llegado, le reconocía como el cainita que fue a la inauguración del Estigia.

Al fondo, tras el escritorio se encontraba Giulietta, vestida con un traje negro de raya diplomática y zapatos de tacón, estaba escribiendo en un libro que cerró en cuanto Ambrosio entro.

- Mi señora, tiene visita. - Dijo a la cainita.

- Gracias Ambrosio, puedes retirarte. - Contesto al mayordomo, que salió de la estancia cerrando la puerta tras de sí.

- Por favor, tome asiento. - La mujer se puso en pie y señalo a uno de los asientos situados frente a su escritorio.

Al ver a Dorian lo reconoció de inmediato. Había estado en la inauguración de Estigia y había estado vigilando sus movimientos mientras estuvo en el local. No le dio tiempo a pensar sobre el tema, ya que cuando llegó a la estancia donde se encontraba Giulietta, la frase que le dijo le disipó de sus pensamientos.

Por favor, siéntate.

Se sentó pesadamente sobre uno de los sillones, observando rápidamente las características del arzobispo. Le parecía rara la poca intervención del Sabbat, ya que parecía ser una mujer con garra, al menos en apariencia. No era especialmente atractiva, aunque algo en ella hacía que no pasara desapercibida.

- Que tengáis una buena noche... siento interrumpiros en vuestros quehaceres, no sabía que estuvieraias ocupada. Mi nombre es Carlo Contresco y vine a presentar mis respectos al obispado local. - Su acento era claramente italiano.

Giulietta se levanto y se apoyo en el gran escritorio frente a Carlo, le miro de arriba a abajo y le extendió la mano de forma amistosa pero firme.

- Encantada, mi nombre es Giulietta Strozzi, y tranquilo, no es nada importante lo que interrumpís. - Contesto en un perfectísimo italiano. - Con que presentar respetos al obispado... bueno, arzobispado en este caso, eso está bien, pero decidme, ¿habéis ido también a presentar vuestros respetos a nuestra "encantadora" príncipe? - Al hacer la pregunta miro fijamente a los ojos del cainita esperando una respuesta. Por un momento se recordó a sí misma, en la misma posición que Contresco ahora, la primera vez que vió a Vladimir.

Carlo aceptó la mano gustoso. Le parecía simpatizar con la encargada del Sabbat local. La verdad es que estaba de acuerdo con las creencias de la Mano Negra, aunque nunca se había decidido a llevarlas a cabo. Respondió bien a la mirada de la príncipe, estaba acostumbrado a ese tipo de situaciones sociales.

- Me alegro de al menos tener una compatriota en la ciudad. Aprendí castellano en una escuela privada, pero no es lo mismo. -Respondió sonriendo ligeramente, para luego proseguir con su conversación

- En realidad, ni pude concertar cita con la príncipe: al parecer está de viaje. Parece que no está demasiado interesada en los asuntos de la ciudad.

Giulietta, que continuaba hablando en italiano, no pudo evitar una pequeña carcajada al oír la respuesta de Carlo.

- Pronto os daréis cuenta de que la hospitalidad y modales de la príncipe de esta ciudad dejan muchísimo que desear, y que al mismo tiempo su desfachatez alcanza límites insospechados.

La lasombra miro durante un instante al armario cercano al escritorio.

- Disculpadme, no os he ofrecido nada de beber, ¿gustáis? - Dijo en tono afable.

- Seria todo un placer. - Dijo esto en respuesta al ofrecimiento de Giulietta. Estaba totalmente de acuerdo con ella, era una actitud irresponsable la de dejar sus asuntos así, sin confiar en alguien para tomar las redes.

- Quizás sería una buena ocasión para extender influencia sobre algunas zonas de la ciudad, ¿no creéis? El ser que no evoluciona acaba pereciendo, se vuelve rígido e inmóvil.

Al oír la aceptación del cainita Giulietta se puso en pie y abrió el armario mientras el vástago continuaba hablando, pero sin dejar de atender a sus palabras, del armario saco dos finas copas y una elegante botella, todo ello de cristal, sirvió las copas y le tendió una a Carlo. La sangre que había servido no era sangre cualquiera, para un italiano la mujer se había decantado por sangre de su propia tierra nada como el vino de casa, sangre de una virgen italiana.

- Extender influencias... por supuesto... ¿y por qué no empezar por los recién llegados? jajaja - bromeo la cainita. - Para seros sincera, me resulta interesante y a la vez sospechoso que alguien que lo primero que hizo al llegar a la ciudad fue intentar ver a la príncipe de la camarilla hable al arzobispo sobre expandir las influencias del Sabbat... - dejo el tono jocoso a un lado y hablo con voz seria y firme. - ¿No estáis de acuerdo? - Bebió un ligero sorbo.

Le atraía el cálculo que tenía aquella mujer. No se trataba de ninguna juerguista o de alguien que se tomara las cosas en broma. Por esa misma razón le parecía extraño ver a tanto zona de la ciudad en posesión de la Camarilla mientras que Giulietta parecía ser una líder tenaz.

Dio un sorbo a la bebida, le parecía de buen gusto aunque no se entretuvo y cambó también su tono

- Cierto es...veo que sois una mujer observadora, quizás os extrañen mis palabras por parecer demasiado...abiertas. No soy absolutamente nadie como para criticar vuestra postura, francamente, sería la que yo adoptaría. Sin embargo... - Dejó la bebida a un lado.

- Lo cierto es que siempre he sido un solitario, no soy ningún estúpido mentecato que se dice llamar "Artista" cuando lo único que hace es criticar y caer en la perversión. Vengo a proponeros un acuerdo, porque mis ideales convergen bastante con los vuestros.

Giulietta volvió a ocupar su lugar tras el escritorio sentada en el cómodo sillón, se recostó y miro fijamente a Carlo.

- Vuestros ideales convergen con los míos... creo que lleváis poco tiempo en la ciudad y yo poco tiempo en el poder como para poder afirmar semejante sentencia con tanta rotundidad...

Giulietta parecía un tanto pensativa.

- Hablad.

- Quizás no me haya explicado con soltura. No os conozco, pero por lo que puedo ver, parecéis tomaros en serio vuestro puesto y no ser el típico aristócrata ladrador...Yo tampoco estoy avergonzado de mi existencia vampírica, ni creo que la tenga que ocultar frente a los mortales...Por eso mismo me fui de Italia, mis pensamientos no convergen con el resto de mi casa.

Cogió de nuevo su copa, su semblante era serio, aunque no por ello menos cortés.


- Mi interés no es poder, sino metas. La príncipe también tiene poder, pero no veo que haya establecido alguna meta u objetivo. Esa es la diferencia de pensamiento a lo que me refiero: no estoy hablando de que tenga o no poder, sino un objetivo específico.

Giulietta miraba pacientemente a Carlo. ¿Familia? ¿Italia? ... ¿un Giovanni?, esperaba que le contara aquello que parecía tener planeado.

- Esta bien, decidme de que metas habláis, vuestros planes si es que los tenéis y queréis compartirlos conmigo. En resumen, el verdadero motivo de vuestra visita.

Bebió de nuevo, estaba satisfecho de que Giulietta tuviera interés en lo que él quería decirle. Todo esto no se hubiera materializado sin una profunda reflexión de su pasado y no quería echarlo todo a perder. No se trataba de maldad, sino, es una cuestión de superioridad de la cual nunca se había dado cuenta anteriormente.

- Voy a montar un Club, una sala de fiestas con diversos juegos y entretenimientos...quizás el tema os interese. Mi intención es conseguir influencia, y con ella moldear la situación de la ciudad de una forma sutil... No se trata de algo brusco, por lo que dudo que llamaría la atención. Además, las palabras y la reputación hacen más daño que simples estacas y palos. Quizás entonces "podríamos"... - Hizo un énfasis en la última palabra - Conseguir invertir las tornas.

Giulietta permanecía impasible, aunque estaba totalmente atenta ¿un club? ¿Ese es su maravilloso plan? no puede ser... jajajaja.

- Con que un club, ¿que pretendéis conseguir realmente? ¿En que consistirá ese club? y lo más importante ¿hacia donde queréis girar las tornas?

- Quizás no os habéis dado cuenta de que el verdadero "poder", por así decirlo, reside en las masas. El pastor que conduzca su rebaño con presteza puede hacer lo que desee con él: eso es a lo que me refiero. Quizás mi propuesta os parezca una memez...

Paró un momento para proseguir.

- Sin embargo, es más efectivo que enviar perros o simples insultos. Ganar prestigio a través de actos sociales da fuerza para influir en las acciones que pueden afectar el desarrollo de los eventos. Si se consigue dejar a la príncipe sola, sin nadie a quien recurrir, no tendrá más remedio que abandonar la ciudad por más tiempo que un par de meses. Mi intención con abrir el local que os dije anteriormente serviría como centro a largo plazo para reunir tanto ganado, como finanzas y contactos... En resumen, obtener el monopolio de esta ciudad. La fama no consiste en ser famoso: sino tener una buena imagen social y usarla en tu beneficio.

Esperó la respuesta de la Arzobispo, era cuestión de que pensara en su sugerencia, que aunque algunos podrían calificar de absurda, normalmente es la que prevalece frente a palos y piedras.

A Giulietta seguía sin convencerle la idea, estaba casi segura de que ocurriría la historia de siempre, inauguraría el club, iría gente durante unos días y luego caería en el olvido como todo en aquella ciudad, le gustaría poder equivocarse... bueno, pensandolo seriamente, en realidad le era un tanto indiferente.

- Bueno, si esos son vuestros planes no sé realmente que esperáis de mi, de todos modos, sea lo que sea prefiero esperar un tiempo prudencial antes de embarcarme en ninguna cruzada o campaña. En cualquier caso agradecería me dijerais donde os alojáis para poder localizaros en caso de que sea preciso.

- Perdonad mi falta de atención...aquí tenéis - Contresco le dio una tarjeta donde marcaba su número de teléfono móvil y su dirección.

De todas formas, llamadme por teléfono si realmente necesario...prefiero no usarlo. La dirección que podéis ver aún no está en uso, aún necesito unos días para amueblar mi estancia. Por ahora me encuentro en el hotel Doñana.

Giulietta guardo la tarjeta en una pequeña caja de madera que había sobre la mesa.

- Con que el hotel Doñana... creo que todos pasamos por el nada más llegar a esta ciudad, jajaja.

- Bueno, ¿algo más que deseéis comentarme?

- De mi parte no, pero si vos deseáis compartir algo conmigo, estaría dispuesta a oíros.

Carlo miró un momento su reloj de cuerda.

- De todas formas, sabed que mi casa es igualmente la vuestra y si acaso tenéis algún apuro no dudéis en llamarme.

Giulietta se puso en pie y extendió la mano hacia Carlo.

- En ese caso esto es todo por el momento. Si necesitáis algo no dudéis en hacérmelo saber.

La aceptó y se puso de pie igualmente.

- Ha sido un placer hablar con vos, Doña Strozzi.

Después de aquella despedida se limitó si salir del castillo por el mismo camino por el que había entrado, no hacía falta que le acompañaran.

En cuanto Carlo hubo salido del castillo Dorian entro en el despacho.

- Ese es, el es a quien vi merodeando en la inauguración del Estigia. Simplemente entró, echó un vistazo y se fue, es como si estuviera buscando algo o a alguien... - Hablo el mortal nada más entrar en la sala.

- Lo suponía, es nuevo en la ciudad. Estate tranquilo por el momento y deja tus paranoias a un lado por un momento. - Contesto la mujer con voz serena.

- No deberías fiarte del Giulietta.

- Y no lo hago, sabes que no me fio de nadie. - Elevo algo la voz al pronunciar la última palabra. - Y ahora déjame tranquila, tengo cosas que hacer.

Dorian salió sin decir nada más.

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